NOCHE DE JAZZ Y ALCOHOL. Por Josep Esteve Rico Sogorb

La noche sabe a jazz, oscura como el alma sombría de quien sueña despierto La noche sabe a whisky, a barras empapadas de sudores y alcohol. Un hombre a solas, enfrentado a su destino Un personaje solitario a las tres de la madrugada vagando por las calles un lunes cualquiera. Un personaje buscándose a si mismo: – < < aún no se si me encontraré...>> -. La soledad me deja escapar airoso de la mediocridad: – < > -. La soledad me reconforta: La noche siempre sabrá a jazz… …a sudor y alcohol…. ….a sudor y alcohol… ….a s-u-d-o-r…. y… Leer más

El sueño. Por Isidro R. Ayestarán

Querido diario: Hoy les he visto pasar de nuevo. Sí, ya sé que llevo mucho tiempo dándote la murga con ellos. Qué le vamos a hacer, hermoso. Tú eres el único que me escucha. Así que te aguantas y me soportas unos minutos, que para eso estamos dedicamos el uno al otro en estas jornadas nocturnas… Pues eso, que anoche volví a caminar por el parque que rescato una y otra vez en todos mis sueños. Y allí estaban ellos, sonriéndome al tiempo que se comían la vida y se la llevaban a la boca entre arrumacos y miradas de… Leer más

MANIQUIES DE BAR. Por Josep Esteve Rico Sogorb

Hoy supe de la imbecilidad de las gentes y fui victima de la pasividad ajena. Sobre el mostrador del viejo barucho unos hombres se sumergían en el remolino del alcohol bebiendo lentamente hasta la embriaguez que les envolvíó en su nube iniciando una búsqueda de confortantes anhelos Conversaban a gruñidos dándose gritos que rompían el silencio de la estancia Sus mentes depravadas poseían torpes cerebros intoxicados de vino. Y sus cuerpos, tan esclavos de las pasiones se afianzaban a la Vida, encadenándose sin remedio a la inesperada visitación de la Muerte. (Josep Esteve Rico Sogorb, del libro «Estas son nuestrasruinas»,… Leer más

ODIO EL ALCOHOL. Por Josep Esteve Rico Sogorb

Acabaré – quizás si, quizás no – por aborrecer el alcohol que nos envenena las noches. Posiblemente, porque sentí a la Cólera encender iras y odios en las frías noches de invierno. O porque – ¿recuerdas? – corrímos enfurecidos por los desolados callejones. Recuerda que entramos en casa airadamente, cerrando puertas a patadas. Aún guardo muy bien aquellas frases tuyas tan fuertes, resonando como golpes sacudiendo mi orgullo hasta desnudarlo. Aquel queso blanco que estrellaste con rabia contra el cuadro del pasillo que terminó roto en el cubo de la basura. Recuerdo el abismo que se abrió en nuestra cama… Leer más