“El último mono” de Amado Gómez Ugarte

AutorJAmado Gómez Ugarte Nacido en Llodio (Álava). Ha sido columnista de Opinión de periódicos como “EL MUNDO del País Vasco”, “TRIBUNA de Salamanca” y “El Periódico de Álava”. Ha obtenido, entre otros, los siguientes premios literarios: Premio de Novela Corta Casino de Lorca, Jauja, Ciudad de San Sebastián, Julio Cortázar, Clarín, Ciudad de Coria, Ciudad de Peñíscola… Entre sus libros publicados destacan “La Secana”, “Para siempre” y “El vuelo de la Mariposa”, editados por Bassarai. “Bidaia ahaztezina”, “Ni eta nire kontuak” y Ni eta nire metroa”, publicados por Elkar, “El barco varado”, publicado por la editorial Nostrum. Y ya está… Leer más

IV. EL PALACIO CASTELLANO (2). Por Francisco Arsis Caerols

IV. EL PALACIO CASTELLANO (2) Gracias a Dios que el frac que había tomado prestado de mi querido amigo Vincent era más o menos de mi propia talla. No es que estuviese en muy buenas condiciones, pero para el caso pensaba que era más que suficiente. Me sorprendió ver reflejada mi propia figura en el espejo, con aquel porte tan distinguido en mi persona, y que jamás antes había podido contemplar. No podía sentirme menos satisfecho, y realmente estaba deseando que llegase de una vez el momento del inicio de aquella velada tan especial para mí. Al traspasar el muro… Leer más

Maltrato familiar. Por Ángel Alekhine Juárez Sotelo

Escena 1 (en un bar, hombres hablando, varios vestidos de uniforme militar) Arturo (gordo, algo corpulento) levanta su vaso de cerveza para tomar. Lo deja de nuevo en la mesa. –Cuándo me vas a dar lo que me debés del arma, le dice al otro que tiene en frente. Renuente, rechaza que le debe algo, le dice que el arma no sirve, que le devuelva el dinero. La discusión se va acalorando más, debido al estado de ebriedad. Un amigo del adeudado llega y le dice a su compañero que no se deje de ese militar tal por cual. Arturo… Leer más

El último abrazo. Por brujapiruja.

Hacia algunos días que había visto en la televisión a un hombre que empezó a dar abrazos gratis a todos aquellos que se cruzaban en su camino. Abría sus brazos sin miedo alguno y acogía a cuantos viandantes quisieran aceptarlo.Me pareció una idea tan fantástica que empecé a practicarla a diario con todos aquellos que me rodean. Abrazos sin ton ni son, ¡abrazo gratis! – les decía -, y me lanzaba en cualquier momento con los brazos abiertos aunque no viniera a cuento. Y nos abrazábamos y nos reíamos entre bromas, celebrando una vez más que estábamos un poco locos… Leer más