La cabeza del monstruo. Por Ángeles Morales
Se empecina en acercar su boca grandiosa a mí y escupir en mi oído millones de gérmenes que al cabo de un rato comienzan a declararme la guerra en mi interior. Tiene los ojos chiquitos, de aceituna aún por madurar, y de su mandíbula cuelga a todas horas un hilo de incertidumbre donde se columpian sus pensamientos. Me mira y retrocede, fingiendo enojo. Y entonces sacude su cabeza magna despojándose de intenciones. Yo lo contemplo clavada al suelo, con los brazos en alto para agarrar su furia. La cabeza del monstruo se desenrosca sola; eso me lo enseñó mi madre,… Leer más
