Sombra tenue es tu reflejo,
copla vana hay en tu risa,
trémula como la brisa,
impúdica ante el espejo.
Mucho te adornas y esmeras,
como en aquéllas mis noches;
con intención, y derroche
de agravio que me infirieras.
Pero sabemos los dos,
y él no es indiferente,
que aún anidan en tu mente:
mi imagen y mi voz.
Me ves, sueño consciente,
palpando tu piel oscura,
con manos hechas dulzura;
y me gozas y me sientes.
Finges ser una diosa,
altiva, tensa y fría,
si bien recuerdas los días
de mis frases amorosas.
En tu gélido ser, distante,
hay fibras que palpitan,
añorando que las derrita
mi calor por un instante.
De mi ausencia recelosa,
fías de amor simulado,
mas cierta que a mi lado
tú serías más dichosa.
Todo sé, pues vivo en ti,
como espíritu del espejo;
y ves tan claro mi reflejo,
porque estoy presente ahí.
No volveré, lo sabes bien,
ni de mis labios los besos,
evocarás mi carne y huesos,
hasta que mueras también.
Así, cuando le amas a él,
es mi cuerpo que acaricias,
y exhumas febril mis caricias
de los pliegues de tu piel.