Cierra los ojos e imagina
que hoy fué ayer y mañana será hoy,
se detiene el tiempo para siempre,
y siempre sería un mismo día,
que amanece y transcurre
para calcar una jornada
que viviste eventualmente,
desprovista de impredecibilidades,
normal, al uso,
sin excesivas emociones.
Te levantas a la misma hora,
pierdes el mismo autobús
comes lo mismo,
idénticos sentimientos,
repetición mecánica de acciones,
pensamiento y reflexión,
fumas lo mismo, bebes lo mismo,
y vas a la cama en el momento
en que coinciden sol y luna.
Revives recuerdos,
encuentros,
quizás lágrimas,
o algún que otro cruce de sonrrisas
ya vividas y por vivir,
eternamente iguales.
Para mañana cerrar el círculo
donde empezaste;
en la contingente cotidianeidad
donde no tiene sentido envejecer,
Reflejando pasos,
y símiles trazados
en espejo circular,
como si el principio y el final de los tiempos
murieran en abrazo lastimero.
Ahora detente
e imagina de nuevo
que ese momento
me hubiera llegado hace tiempo,
como si a todos nos tuviera
que tocar la hora.
Pues bien,
desgraciadamente
aquel día me olvide de verte,
pero no pude olvidarme de pensar en ti.