Dicen que no hay peor sentimiento
que el de tener la esperanza muerta,
pues es como fenecer despierto,
vivir con el alma en pena.
Los días son melancólicos
bajo el sol de tu ausencia
y la luna ya no ilumina
mis noches de tristeza.
En mi mente sólo veo nubes grises
y por la ventana se escapan mis sueños
que se convierten en viento libre,
que se van, como tus besos.
Me echaste de tu vida
cuando yo respirar tu aire quiero
y me pediste que te olvidara
envenenándome por dentro.
Y desearía robarte el tiempo
para que conmigo lo compartieras,
recuperar cada uno de los momentos
en los que tu mirada era sincera.
Para que en tu corazón me hicieras espacio
¡yo daría lo que fuera!
Pero la razón habló primero
y dejaste que el abandono me envolviera.
Y yo te miro
pero no te veo
pues lo que observo
son mis recuerdos.
Y te digo que te quiero,
aunque sea con el pensamiento,
mientras escucho el lamento
pues sé que estoy muy lejos.
El espíritu, mudo,
y las entrañas abiertas;
son agujeros que derraman
mi vida entera.
No hay manera de explicarlo
y aunque cada uno siga su senda
y ya no estés a mi lado,
nunca cicatrizará tu brecha.
Y quiero que te vayas
y me eches de menos.
Así comprenderás
lo que dejaste atrás en el tiempo.
Pues yo me he convertido
en esa foto en blanco y negro
que mantienes oculta
en el baúl de tus recuerdos.
Mas yo ansío despertar
de tu memoria eterna
y alcanzar tu suave mano
que la alegría me devuelva.
Dicen que no hay mayor felicidad
que la de realización propia y ajena,
mas yo perdí toda ilusión
y mis lágrimas llueven sobre la tierra.