El campo palpa tus rodillas
cantando al aire tu pena:
los nacionales te miran
con los ojos de escopeta.
Abrazándote está la oliva,
llorando en estación seca,
el cielo azul que se crispa
vistiendo de duelo la meseta.
Los caminos buscan salida
alejándose de la escena,
van mirando hacia arriba
rezando entre pistolas huecas.
Apuntando y sin mirilla
disparan en la cabeza
que por arma de fuego vencida
cae en brazos de la tierra.
¡Asesinos de piel y madera
sellando en metal la condena!
¡Mirad su sangre en huida,
calada yace en la arena!
De negro va la campiña
mientras a lo lejos suena
la campana de una vida:
ha muerto Lorca el poeta.