Ninguno sabe de la espera
si primero no repiqueteó sus dedos
sobre el mostrador y se contagió
la vesania del que mira
a través de los ventanales
el tiempo detenido y las figuras de cera
de un atardecer desquiciado de domingo
cuando las horas se ajan
huérfanas de sucesos.
Café de remembranzas.
Margot, vaho de mujer y lejanía,
manchas de rouge y rumor de tangos.
Café de paganas letanías.
Margot, notas de sueños parisinos
de bohemios famélicos y necios
que pergeñaron la urdimbre del desengaño
antes de vislumbrar el vacío de la botella.
Café de la supremacía
del arte sobre la muerte.
Los fantasmas insurgentes
nos ocultamos detrás
de los afiches de anticuario
que penden de tus paredes raídas
y en el último rincón de la trastienda
hurgamos los títulos de tu biblioteca.
Ensayamos mil mutismos,
borrachos de remordimientos y alcohol,
consternados de tanto paladear
el mejunje de la empalagosa gloria
y la hiel de traiciones reabiertas
que sirve para embadurnar servilletas de papel
con garabatos literarios.
Yo mismo te confié en secreto
la memoria de mi padre,
mis monólogos existencialistas,
mis libros con todos sus márgenes vencidos
y la lectura silenciosa de mi tristeza,
sin el consuelo de que acaso un día
alguien deje caer mi nombre por descuido
sobre una pequeña placa de bronce
en una esquina de cualquiera de tus mesas
atestadas de cicatrices.
Quisiera pasar esta tarde sentado en la más destartalada mesa de este sitio tan hermosamente poético al que me has hecho casi, sentir el olor. ¡Felicitaciones! Eres un exelente poeta, aún si nadie deja caer tu nombre en una placa de bronce. ¡Suerte en el concurso!
Que melancolía que me trasmite este poema, si tuviera que vencer al olvidado, me encantaría hacerlo en una de estás placas de bronce que tan bien has relatado. Al fin y al cabo, todos seremos un nombre y una cifra.
Espero que a este poeta que derrama su tristeza en las mesas del café Margot, le llegue la luz dichosa.
Me gustan mucho estos hallazgos: «Un atardecer desquiciado de domingo / cuando las horas se ajan huérfanas de sucesos» y «Margot, vaho de mujer y lejanía, / manchas de rouge y rumor de tangos».
hermoso
Ojala ganes Nicolas!
Sin lugar a dudas la descripción que tu haces de este Café, sólo alguien con una gran sensibilidad puede hacer, sensaciones que se cruzan donde el tiempo parece detenerse y hacer que uno mismo sienta la necesidad de detenerse en este lugar y pensar sobre el misterio del tiempo. Mucha suerte en el concurso!!!
El sabor de esta poesia me recuerda a la melancolia de algun poema de Borges. Excelente!.
Una sensibilidad incrible…bellísimo. ¡ Felicitaciones !
Mauro Fran, abriste la puerta de los recuerdos mas profanos y sublimes de mi vida, gracias.
Gracias por tu poema!!!!
nostalgico… muy lindo!
mucha suerte!!
Poesia de gran sensibilidad!!!
no es necesario el certámen, ya sos el ganador!!
igual:
Mucha Suerte!!!
¡Felicidades por los pequeños detalles que son tan importantes para reflexionar e introducirnos en tu poesia»
Gracias Mauro por tan bello poema que me recuerda a mi padre. Felicitaciones!!!!
Mauro Fran: Bello tu poema y linda la conexión de tus palabras, siempre he pensado que preguntas, respuestas, imaginación y mil imágenes se encuentran sobre todo en lo cotidiano.
«la lectura silenciosa de mi tristeza» así es hermano, siempre. Hermoso
¡ LA PRIMERA ESTROFA ES SUFICIENTE!
No le encuentro un sólo punto débil.
187 «La Jugada de la Permanentadora de Pestañas», por Elhido
Me gusta esta forma de escribir, porque saca a flote un sentimiento que a veces me cuesta saber su significado. Sólo los privilegiados del lenguaje, pueden articularlo, para que les sirva de catarsis y muchos nos quedemos sin saber que le pasa al escritor. De esas palabras, tú construyes tu poesia y la haces tuya, como si uno fuera el autor. Este hombre merece un reconocimiento por como hace su trabajo. Denota que sabe de que va esto de escribir.
Estas palabras difíciles de transcribir son sentimiento puro.
Tu poema tiene el sentido de la nostalgia, tristeza pero también el swing de las palabras. El sonido de las mismas viste de elegancia, sensatez y expresión de sentimientos profundos el escenario. Es muy bello
Acertada manera de describir y sostener la emoción en el espacio entre nostalgioso y querido del lugar tan bién «explicado»,tan bién que casi se deja ver a traves de tus palabras,dicha y gloria para vos Mauro…!!
El arte de la poética y el arte de sentir los cafés de Buenos Aires, la melancolía, el aroma a los recuerdos, la mirada sensible …
Mucha suerte y que la escritura emerja de modo permanente.
Un buen poema. Recreas perfectamente la «atmósfera» del café «Margot» tanto en el plano físico, real, como en el plano anímico, tal vez el más importante. Estableces un diálogo con él, y traen tus palabras la pátina del tiempo que lustra sus veladores. Cualquier rincón hablaría de tantas cosas… Gracias a tí lo he visitado y he sentido su presencia.
En la parte crítica (pues si no parece encendido elogio, y tal piensen que somos amigos) tan sólo dos detalles: Apreciaría algo más de economía en las palabras (cuestión de gustos) y suprimiría alguna de las rimas consonantes, o al menos, las distanciaría más. No te digo eliminarlas todas como algunos propugnan, porque soy amigo de la libertad en estos aspectos (si el resultado lo merece y el tuyo lo merece).
Te voto con un siete y te deseo suerte en el concurso. Aprovecho también la ocasión para invitarte a leer mi poema y a que dejes allí tu opinión sincera si así lo deseas.
Un saludo.
Me gusta, deja un regusto amargo de melancolía. Creo que todos hemos estado alguna vez en el cafe Margot
Creo que ha llegado el momento oportuno para agradecer a todos los comentarios recibidos que, sin duda, me han enriquecido como escritor. Confieso que he dudado en aportar alguna opinión sobre los poemas de mis compañeros en este certamen, ya que formo parte del mismo y no quiero teñir, aunque sea inconscientemente, de subjetividad a ninguna de mis apreciaciones (podeis considerarlo una tara de mi parte).
No obstante, los he leído a todos y he quedado impresionado por la calidad artística de los mismos, más allá de mis preferencias poéticas.
Algunos poetas me han invitado a leer y comentar sus trabajos. Aún no lo he llevado a cabo. Les ruego que no lo consideren una descortesía de mi parte. Sólo que soy un pésimo crítico literario.
Tengo una especie de «doble personalidad poética»: una cuando escribo, la otra cuando leo. Cuando me transformo en un lector de poesías dejo de lado todo tecnicismo. Me interno en los versos como «un hombre prehistórico en un bosque de abedules», rebusco los sonidos, los silencios, los colores, los aromas; me apropio de los vocablos, de los espacios en blanco y los degusto como un salvaje.
Hecha esta salvedad, acepto la invitación de mis compañeros para que lea y comente sus poemas.
Empero, lo más importante es el acto de escribir en sí mismo; el que todavía haya gente en este mundo utilitario que se detiene a bosquejar un poema.
En fin, no quiero extenderme en demasía, cierro con mis más sinceras felicitaciones a los participantes, con el deseo de la mejor fortuna en este concurso y, fundamentalmente, en su vida poética.