Doce lumis a las diez de la mañana,
una excursión de monjas
por la calle Montera,
veinte guiris en Jacinto Benavente
empezando el Camino de Santiago,
bragueros para herniados
y cinturones como minifaldas
coronando unas piernas increíbles,
imperdibles, ligueros y zapatos
con plataformas de quince centímetros,
motoristas que abren paso,
camino de Exteriores,
a un cónsul de la India, Embajadores,
Plaza de Santa Ana, donde estaba
un convento que fundara en mil quinientos
Santo Juan de la Cruz (y de Teresa),
Plaza del Ángel y el Café Central,
junto a la tumba de Lope de Vega.
Hay un reloj de sol, justo a la izquierda
del Teatro Español. Una gitana
que, vestida de negro, me ofrece una ramita
de romero. No quiero.
Y me amenaza con García Lorca.
¡Y yo pensando en ti!
Aquí, en Madrid.
¡Y yo pensando en ti!