La noche te hace bonita,
desnuda en el oleaje
del sueño.
Pareces como una ermita
pintada sobre un paisaje
norteño.
La libertad te embellece,
el infinito te eleva,
te asoma.
En lo lejano, parece
que la distancia se beba
tu aroma.
Entremezclada en la hierba
y en la humedad del cemento,
me miras.
Sobre el silencio te observa
mi corazón, que del viento,
respiras.
Escribo mientras te hablo
lanzándote mi estribillo
de besos.
Mas no conozco el vocablo
que aprese como un anillo
tus huesos.
La voluntad se me escapa
para salir a tu encuentro
sin calma.
Para buscarte en el mapa,
desde la esquina hasta el centro
del alma.