{"id":999,"date":"2011-07-14T00:04:00","date_gmt":"2011-07-13T22:04:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=999"},"modified":"2011-07-14T15:53:48","modified_gmt":"2011-07-14T13:53:48","slug":"144-gabriela-andres-y-el-clima-por-gabriel-millas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/144-gabriela-andres-y-el-clima-por-gabriel-millas\/","title":{"rendered":"144- Gabriela, Andr\u00e9s y el clima. Por Gabriel Mill\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El a\u00f1o que Andr\u00e9s se instal\u00f3 en el barrio, el clima pareci\u00f3 enloquecer: el invierno era abrasante mientras que en verano no\u00a0dejaba de nevar. La rutina parec\u00eda haberse vuelto del rev\u00e9s, o del derecho, qui\u00e9n sabe. Todo coincidi\u00f3 con su llegada, por lo que no se pod\u00eda evitar que las personas mayores no le cogieran \u201cojeriza\u201d, como comentaba mi madre cuando ven\u00eda de misa, con el rosario todav\u00eda en la mano.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Pero tuvimos suerte: el bar que Andr\u00e9s abri\u00f3 no cerraba ning\u00fan d\u00eda de la semana. All\u00ed nos refugi\u00e1bamos, como si fu\u00e9ramos murci\u00e9lagos en cuevas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Andr\u00e9s era un tipo peculiar que nos recib\u00eda unos d\u00edas de manera efusiva, otros d\u00edas casi escupi\u00e9ndonos. Pero a\u00fan as\u00ed, siempre volv\u00edamos, entre otras cosas, porque cocinaba unos bocadillos comibles \u2014comparado con lo que se cocinaba en el resto del barrio\u2014, y era el \u00fanico \u2014en esto s\u00ed era experto\u2014 que contrataba mujeres explosivas. En especial recuerdo una preciosa camarera latina por la que todos babe\u00e1bamos, con caderas anchas y morros carnosos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Andr\u00e9s no sol\u00eda pasar desapercibido, y menos si era la primera vez que se le ve\u00eda. Siempre que tiro de memoria, me viene a la mente su man\u00eda m\u00e1s caracter\u00edstica: de noche, siempre llevaba puestas sus gafas de sol. \u201cTotal, para la mierda que hay que ver por la noche\u201d nos dec\u00eda cuando le pregunt\u00e1bamos por aquella vieja costumbre, como si su respuesta cerrara la cuesti\u00f3n as\u00ed, sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Adem\u00e1s, \u00e9l no supo \u2014o no quiso\u2014 acostumbrarse al clima: en invierno, cuando m\u00e1s apretaba el sol, llevaba su inseparable abrigo de pana; en verano, en los d\u00edas en los que la nieve nos casi nos imped\u00eda salir de casa, se le pod\u00eda ver con su desgastada camiseta de tirantes sirviendo tras la barra. A menudo nos dec\u00eda que no iba a ceder, que m\u00e1s le val\u00eda \u201cAl tal Clima\u201d (como si \u00e9ste fuera una persona que pudiera elegir) adaptarse a \u00e9l. Curiosamente, nunca lo encontramos constipado, ni con fr\u00edo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0No pod\u00edamos evitar culparle, a medio camino entre la broma y la precauci\u00f3n por el miedo que nos transmit\u00edan nuestras madres sobre \u201csus poderes sat\u00e1nicos\u201d, de la locura de tiempo que sufr\u00edamos. Lo hac\u00edamos al calor achicharrante del invierno, cuando sal\u00eda a atendernos a la terraza; o dentro del bar, en los d\u00edas m\u00e1s g\u00e9lidos del verano. Tambi\u00e9n le rog\u00e1bamos que nos atendiera Gabriela, pero hac\u00eda o\u00eddos sordo a esta sugerencia, incluso nos amenazaba con rabia de echarnos del local si no dej\u00e1bamos de hablar de ella, \u201ccon esos ojos de cerdos y esas palabras que no las merec\u00eda una mujer as\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0As\u00ed pasamos los diecis\u00e9is a\u00f1os, sin saber muy bien si el clima seguir\u00eda igual o no en el futuro, si los \u00e1rboles perder\u00edan las hojas o florecer\u00edan cuando toca, si alguna vez Andr\u00e9s se adaptar\u00eda al clima o si por fin nos dejaba deleitarnos con Gabriela mientras nos serv\u00eda, y mirarle el escote con desespero, como tratando de encontrar el sentido de la vida all\u00ed adentro, all\u00ed escondido en alg\u00fan lugar entre sus dos pechos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Una noche, casi a los dos a\u00f1os de encontrarse en el barrio, y con el clima igual de raro que \u00e9l, nos dijo que deb\u00eda confesarnos algo. Lo vimos angustiado, como si soportara un secreto milenario sobre sus hombros. Los cuatro amigos nos miramos sin saber por qu\u00e9 a nosotros, ya que tampoco hab\u00edamos entablado una amistad con \u00e9l m\u00e1s all\u00e1 de ser clientes asiduos, pero la curiosidad pudo m\u00e1s que la duda que nos invadi\u00f3 a todos a la vez\u2014sin necesidad de que nos la cont\u00e1ramos\u2014 sobre si nos har\u00eda un conjuro o algo por el estilo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Le dijo a Gabriela que ya pod\u00eda irse a casa y cerr\u00f3 las puertas del local, cabizbajo. Puso el aire acondicionado para combatir el calor invernal \u2014que era m\u00e1s asfixiante conforme nos acerc\u00e1bamos a febrero\u2014 y nos sirvi\u00f3 nuestras primeras cervezas, unas ca\u00f1as que no estaban todo lo fr\u00edas que deb\u00edan servirse y quiz\u00e1 por eso es que todav\u00eda las recuerdo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u201cEstoy demasiado enamorado de Gabriela y, y\u2026\u201d dec\u00eda, balbuciente, con los labios temblando, cerca de darle un infarto o tener una revelaci\u00f3n m\u00edstica.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Nos estuvo contando su amor por Gabriela. Estuvo dos horas narrando su tormento desde que la contrat\u00f3 nada m\u00e1s llegar al barrio y, realmente, parec\u00eda estar enfermo de amor. Pero ni una palabra de lo del clima, que era lo que de verdad nos importaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Debi\u00f3 notar algo de decepci\u00f3n en nuestras caras, ya que lo que hab\u00eda empezado de manera solemne, con esa enfermiza declaraci\u00f3n de amor, se estaba convirtiendo en un mon\u00f3logo insulso, como si lo pronunciara una m\u00e1quina. Su voz se volv\u00eda dura y ya no daba muestra de desespero. Esper\u00e1bamos y esper\u00e1bamos a que en cualquier momento, Gabriela tuviera algo que ver con el clima, como si por estar enamorado de ella, \u00e9l tuviera la fuerza de modificarlo \u2014cosas m\u00e1s fuertes se han conseguido por amor\u2014. Pero ese momento no llegaba y nuestra juventud no aguantaba m\u00e1s aquellos rollos amorosos. Si acaso, sonre\u00edamos al escuchar el nombre de Gabriela.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando no aguantamos m\u00e1s y nos pusimos a bostezar, algo aturdidos por el alcohol, dijo que nos fu\u00e9ramos y que no volvi\u00e9ramos por all\u00ed, \u201cSois unos cr\u00edos. Babe\u00e1is por Gabriela. \u00a1Ella es una mujer, no una chiquilla!\u201d dijo y, con un exagerado manotazo, tir\u00f3 los vasos de la mesa al suelo. Se ech\u00f3 a llorar sobre la mesa y nos miramos, aguantando una carcajada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Nos levantamos mareados\u2014era la primera vez que beb\u00edamos\u2014 y salimos de all\u00ed entre risas, cogidos por los hombros, bromeando acerca de Gabriela, Andr\u00e9s y el clima. Se nos hab\u00eda pasado la modorra y ten\u00edamos ganas de pasear.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El calor nos recibi\u00f3 de lleno en la calle e hizo que nuestra juerga fuera mayor. Entonces o\u00edmos un ruido similar al de un trueno. Nos miramos extra\u00f1ados porque la noche estaba despejada. Encogimos los hombros y continuamos paseando y cantando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Si nos hubi\u00e9ramos girado, quiz\u00e1, hubi\u00e9ramos visto un peque\u00f1o reguero de sangre deslizarse por debajo de la puerta del bar (el peri\u00f3dico al d\u00eda siguiente hablaba de un suicidio), pero no lo hicimos: est\u00e1bamos desesperados por cruzarnos con la sensual Gabriela. Pero no hubo suerte. Perra vida.<\/p>\n<p>****************************************************<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hoy he vuelto por el barrio el cual abandon\u00e9 al poco del incidente de Gabriela, Andr\u00e9s y el clima, porque trasladaron a mi padre a otra ciudad por motivos laborales.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El clima sigue su curso natural \u2014al que estamos acostumbrados, quiero decir\u2014y el bar que regentaba Andr\u00e9s ha sido suplantado por un Restaurante Chino que apesta a fritanga desde varios metros antes de llegar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los vecinos que quedan, los m\u00e1s mayores, casi no recuerdan nada de aquellos tres inviernos y tres veranos tan inveros\u00edmiles. Los tienen, incluso, como una parte de alg\u00fan sue\u00f1o o una pel\u00edcula. Pero como algo ajeno a sus vidas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0He quedado con amigos para comer en un restaurante famoso y nada ha sido lo mismo. Nos ha atendido una camarera, pero ya no era Gabriela, esa mujer que era capaz de hacer que alguien cambiara el clima por los efectos de su amor. Al menos eso pens\u00e1bamos y lo cre\u00edamos tan cierto como que dos y dos siempre son cuatro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0(Unos a\u00f1os despu\u00e9s me inform\u00e9 de que lo sucedido durante aquellos tres a\u00f1os no ten\u00eda nada de sobrenatural, sino m\u00e1s bien de Cambio Clim\u00e1tico que sufrimos en la actualidad. De todas formas, esto no lo dije durante la comida \u2014aunque de nuevo, creo que todos lo sab\u00edamos\u2014 porque no quer\u00eda estropear un pasado que todos guard\u00e1bamos como irrepetible).<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Al acabar de comer, pagu\u00e9 la cuenta, me desped\u00ed con desgana de mis amigos y los dej\u00e9 tomando caf\u00e9.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El a\u00f1o que Andr\u00e9s se instal\u00f3 en el barrio, el clima pareci\u00f3 enloquecer: el invierno era abrasante mientras que en verano no\u00a0dejaba de nevar. La rutina parec\u00eda haberse vuelto del rev\u00e9s, o del derecho, qui\u00e9n sabe. 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