{"id":989,"date":"2011-07-13T21:24:31","date_gmt":"2011-07-13T19:24:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=989"},"modified":"2011-09-15T11:54:59","modified_gmt":"2011-09-15T09:54:59","slug":"142-marcos-y-la-senorita-cora-por-whistler","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/142-marcos-y-la-senorita-cora-por-whistler\/","title":{"rendered":"142- Marcos  y la se\u00f1orita Cora. Por Whistler"},"content":{"rendered":"<p>Cuando la muerte no era m\u00e1s que una posibilidad rara, algo que les suced\u00eda a otros pero no a m\u00ed, me daba igual que los d\u00edas fueran de sol o lluvia, que la ciudad se extendiera o permaneciera inm\u00f3vil, tener vacaciones en Agosto o Septiembre, o si mi pelo parec\u00eda el de un gentleman o el de un camorrista que acaba de liquidar una pelea callejera con cierta dificultad. <!--more-->Simplemente viv\u00eda. Me aferraba al hoy por naturaleza y el futuro era mi aliado. \u00a1Yo!, un hombre con extensa actividad y \u00e9xito social. Ahora, sin embargo, la muerte y Cora son mis inseparables compa\u00f1eras. Ella, Cora, duerme a mi lado mientras decido levantarme. La otra, la muerte, no s\u00e9 d\u00f3nde andar\u00e1 escondida, pero la presiento a cada instante, husmeando infatigable todos los rincones de mi casa, tratando de descubrir una rendija min\u00fascula por la que adentrarse y acabar con todo de un plumazo. Ahora la ciudad es siempre demasiado peque\u00f1a por mucho que la sigan estirando, las vacaciones las prefiero en primavera y ni qu\u00e9 decir de mi rebelde cabellera: la mantengo firme a golpe de peine, para estar permanentemente presentable, como si estar bien peinado fuese condici\u00f3n necesaria para morir bien. Si llueve, me siento protegido. Pero si luce el sol, extiendo el estor de la oficina por no s\u00e9 qu\u00e9 miedo a qu\u00e9. Cierro las ventanas y, lo reconozco, a menudo lloro. No poseer una piel libre para exponer al sol es, sin duda, peor que haber muerto ya. Aunque no, \u00a1no es cierto! A\u00fan me queda Cora. Cora la valiente, la s\u00f3lida Cora, hecha de una sola pieza, compacta, resuelta y tan fr\u00e1gil a la vez, regando con l\u00e1grimas la cama donde en la noche, si llega, habr\u00e1 al fin paz.<\/p>\n<p>Marcos se ir\u00e1 en una hora. Cada minuto sopesado, planificado en sus m\u00ednimos detalles, ejecutado con la precisi\u00f3n del que comprende que no dispone de tiempo. Desde que la muerte ha dejado de ser una realidad ajena, se me ha borrado el pasado y s\u00f3lo el instante cuenta. A veces me imagino mirando fijamente la arena fresca de su tumba, un d\u00eda templado y com\u00fan de lluvia. Todos se han camuflado en sus casas, excusados por la inclemencia del tiempo, infectados de culpabilidad. Yo sola. Sola en pie, con la vista echada a la tierra, recuperando, al fin, todo el pasado abruptamente. Pudiendo erradicar las l\u00e1grimas de mi rostro, exonerada del violento acecho de la sinraz\u00f3n, de la ausencia de porvenir. Recuperando la frescura de los aromas, el repertorio de sabores ocultos en los alimentos,\u00a0 el calor del tel\u00e9fono al sonar. Sin que todo me parezca podrido, sin que me sobresalte nada. \u00a1Nadie! Sin dudas, sin preguntas, sin cambios de acera, sin miradas atr\u00e1s. Sin terror. Sin terror a perderle porque \u00e9l ya est\u00e1 ah\u00ed, yaciente, sin que se le note ya ni la cojera ni esa otra se\u00f1al, secreta, m\u00e1s rotunda y falaz que la propia muerte: la marca que esa misma muerte deja cuando ha errado por pura casualidad.<\/p>\n<p>Trato de no hacer ruido al incorporarme, al tomar la muleta y caminar con su ayuda de metal. He conseguido ser independiente para asearme y prefiero que ella permanezca en la cama, fingiendo dormir. S\u00e9 que sus ojos dirigidos al ventanal del dormitorio est\u00e1n abiertos. Pero ella disimula. Yo disimulo. As\u00ed todo parece m\u00e1s normal. En esta primera hora del d\u00eda nos vamos diciendo adi\u00f3s, cada vez que entro y salgo de la habitaci\u00f3n, mientras estoy en el ba\u00f1o, si me peino o me visto, cuando desayuno. Despedirnos para siempre cada ma\u00f1ana es parte de nuestra rutina. Esa rutina reducida a la noche, cuando nos sentimos seguros en el calor del cuerpo ajeno, lado a lado mirando el techo o penetr\u00e1ndonos con el impulso de toda esa vida de la que carecemos, aunque sabemos como es. Ella atiende a mis dificultades para desplazarme. Sin embargo, se reafirma en su quietud marm\u00f3rea. Ese es nuestro pacto t\u00e1cito desde mi salida del hospital: mantener a raya a la minusval\u00eda y no permitir la pena. Al menos nosotros dos en eso nos respetamos. Renunciando a comportarnos como v\u00edctimas, somos capaces de extraer, en medio del delirio, un tanto de verdad. Nos acompa\u00f1amos as\u00ed. Y podemos, hoy por hoy, mirarnos de frente, directamente al fondo de los ojos.\u00a0<\/p>\n<p>Ya huele a ducha lenta, a jab\u00f3n de sastre mezclado con su piel. Pronto irrumpir\u00e1 en la habitaci\u00f3n la fragancia del caf\u00e9. Las sensaciones de la ma\u00f1ana y la noche son las pocas que conservo. Durante el d\u00eda, todo lo anega la incertidumbre, la fetidez de la muerte. Nada m\u00e1s existe. Todo se reduce a la distracci\u00f3n, al consuelo. Mientras \u00e9l desayuna, yo imagino un futuro normal para mi vida. Cuando entra en el dormitorio tras el desayuno, me gusta voltearme para verle. Se sienta en su lado de la cama, con toda la ropa al alcance, desnudo, permiti\u00e9ndome observar sus estrechos brazos, el cogote, la espalda con la columna bien marcada, los muslos entreabiertos. Empieza siempre por la camisa, lo m\u00e1s f\u00e1cil. Despu\u00e9s viene lo complicado, sobre todo el pantal\u00f3n. Es una tortura para \u00e9l. Se enreda con una y otra pernera, cae, pierde los estribos y a menudo gime antes de reponerse y volverlo a intentar. Y yo me contengo. En realidad sabe que no duermo, pero ni siquiera el primer d\u00eda me pidi\u00f3 ayuda. Abrocharse los zapatos es un sufrimiento. La pierna mala le tira cuando se dobla, como si se fuera a rasgar de nuevo. La habitaci\u00f3n est\u00e1 ba\u00f1ada con la primera luz. Es hermoso, a pesar de todo, vivir este momento crudo. Contemplar su cuerpo amarilleado por este sol.<\/p>\n<p>Mientras me visto observa mis deslavazados movimientos. Me escruta el cuerpo con una pasi\u00f3n que puedo sentir sobre mi espalda. Como si me abrazara desde atr\u00e1s. Para m\u00ed, en este momento arranca el v\u00e9rtigo real. Desplazarme con mis tres piernas hasta la calle, saludar a Ra\u00fal. Ra\u00fal, pretendiendo lo contrario, es la conciencia n\u00edtida de la muerte expectante. Miro por la ventana y todav\u00eda no est\u00e1. A\u00fan no es la hora fijada para hoy. \u00c9l nunca se retrasa. Se amolda perfectamente a los cambios de horario, a despertar antes que el sol o a dormitar hasta las diez. Una exigencia m\u00e1s de su trabajo. Funcionar a expensas de las decisiones del mutilado de libertad. La s\u00e1bana blanca dibuja los accidentes del cuerpo de Cora. Su respiraci\u00f3n se acent\u00faa siempre en este instante, cuando es consciente de que ya voy a partir. Esas fotos sobre la mesilla de noche, que nunca me gustaron, son ahora un pen\u00faltimo consuelo, pasajes alegres de la vida de antes. Me adentro en ellos y parece que vuelven. Como si fuera primavera. Im\u00e1genes en color oliendo a un pasado ya de blanco y negro. Im\u00e1genes que luchan a la vez por recuperar su espacio como posibilidad. Cora sonriendo a la c\u00e1mara en lo alto del cerro de San Marcial, cuando \u00e9ramos unos reci\u00e9n llegados. Cora recostada en mi hombro con el Bidasoa al fondo. Marcos y Cora en una calle peatonal de Ir\u00fan, celebrando el traslado con los nuevos compa\u00f1eros. Y esa otra instant\u00e1nea no enmarcada, sin soporte, sin hueco asignado pero omnipresente, que se esparce por el ambiente todo y reina en medio de tanta apariencia de felicidad: Marcos en el hospital, con la pierna desgarrada, con la sangre en sus venas hecha pedazos.<\/p>\n<p>Se aproximar\u00e1 a besarme. Le responder\u00e9 adormilada. Saldr\u00e1 de la habitaci\u00f3n y escuchar\u00e9 como la puerta se abre. Adi\u00f3s. Adi\u00f3s. El beso, por favor. Dame mi beso. No soporto ya m\u00e1s la espera. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Ra\u00fal? \u00bfNo le ves? Hay que entender. Quiz\u00e1 se retrasa porque seguramente \u00e9l tambi\u00e9n tenga alguien cerca aguardando su beso. Nosotros, los marcados, comprendemos la esencia de la valent\u00eda en la misma medida que la del terror. \u00a1Ra\u00fal! Al fin y al cabo, yo soy tambi\u00e9n tu esposa. Tu madre, tu hermana, tu primer amor. Soy la mujer m\u00e1s querida por cada uno de vosotros, los marcados. Ra\u00fal, Miguel \u00c1ngel, Txentxo, Jos\u00e9, Gabriel, Olatz, Xabier&#8230;, Marcos, Marcos, Marcos. Mi beso. Mi beso, por favor.<\/p>\n<p>Cada vez que la beso al marcharme, pienso en c\u00f3mo me acogi\u00f3 al final de la escalera a mi salida del hospital. Sus pupilas se anclaron a las m\u00edas. Sonri\u00f3 de una manera tenue, sin forzar, puso las llaves del coche en mis manos y me dijo: me ha dicho el m\u00e9dico que puedes conducir; ll\u00e9vame a casa; estoy cansada. Cada vez que la beso al marcharme, le agradezco su acompa\u00f1amiento, su lucha contra la resignaci\u00f3n, su \u00edmpetu, su cuerpo, su ser. Cada vez que la beso al marcharme, me alargo, me extiendo un poco sobre su piel, la impregno de m\u00ed al tiempo que me dejo invadir por su calor de cuna, por toda la paz que hemos fabricado aqu\u00ed. Me la llevo porque la necesito para sobrevivir. \u00a1Ah\u00ed est\u00e1 Ra\u00fal! Aqu\u00ed est\u00e1 tu beso, Cora.<\/p>\n<p>Cierra la puerta con sigilo para no sobresaltarme. Me incorporo. Froto mis piernas para sacarme un poco el fr\u00edo que deja su salida, los calambres que me recorren el cuerpo. Voy a la ventana. A trav\u00e9s de la cortina trasl\u00facida veo a Ra\u00fal en la acera de enfrente. Apenas ha abandonado la adolescencia. Quiz\u00e1 la edad le ayude a sentir de otra manera el riesgo. Quiz\u00e1. \u00bfHay, acaso, una edad id\u00f3nea para enfrentar el terror? \u00bfEs, acaso, una edad mejor que otra para eso? Ya sale Marcos. Decidido, como siempre. Saluda a Ra\u00fal con la mano antes de cruzar. Se encuentran. Los dos parecen despreocupados, pero no lo est\u00e1n. \u00a1No! No lo est\u00e1n.<\/p>\n<p>En alguna ocasi\u00f3n le he dicho que camine a mi altura. Sin embargo, siempre se retrasa un poco. Uno o dos pasos nada m\u00e1s. Lo suficiente para concentrarse en su trabajo y hablar lo indispensable, lo que por educaci\u00f3n o por cautela no se puede omitir. Guard\u00e1ndome la espalda imp\u00e1vido. Nos aproximamos al coche. Como cada ma\u00f1ana le pido que se detenga a unos metros de nuestro objetivo. Se\u00f1alo unos cubos de basura llenos, indic\u00e1ndole que los utilice como parapeto. Accede de mala gana, pero sin rechistar. Recorro solo el \u00faltimo tramo&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; El coche es el primer peligro del d\u00eda y el que m\u00e1s miedo da. La otra vez fue ah\u00ed. En una ma\u00f1ana como esta. \u00a1Claro!, desde entonces todas las ma\u00f1anas son gemelas de aquella y portan id\u00e9ntica informaci\u00f3n. Marcos se agacha. Comprueba bajo el veh\u00edculo durante un par de minutos o tres. Estoy obligada a dejar de mirar. No lo soporto. \u00a1Inaguantable tensi\u00f3n! Busco de nuevo la seguridad de la cama. Me siento. Con todas mis fuerzas me tapo las orejas. Fabrico con las manos un zumbido apaciguador, un perd\u00f3n anticipado para el que no hay cabida. Aprieto los dientes hasta que desde las enc\u00edas parten clamores que me inundan de dolor. De tan cerrados que est\u00e1n mis ojos, la rabia de mis l\u00e1grimas no puede, ni por asomo, tratar de escapar. No consigo evadirme, pero as\u00ed es mejor. Sufrir con \u00e9l, morir con \u00e9l. A menudo pienso que deber\u00eda acompa\u00f1arle cada ma\u00f1ana. No me atrevo a propon\u00e9rselo porque con ello traicionar\u00eda nuestro acuerdo t\u00e1cito. Un minuto. Tiempo lento. Dos, tres, cuatro m\u00e1s. \u00a1Qu\u00e9 transcurran ya! Vendr\u00e1 el ruido del motor y, por un instante, la angustia ceder\u00e1.\u00a0<\/p>\n<p>No hay nada visible ah\u00ed abajo. Entro en el coche. Me aseguro de que Ra\u00fal se protege adecuadamente. Pongo la llave en el contacto. Dispongo el espejo para poder contemplar la mitad superior de mi cara y mi frente. Saco el peine de la guantera. Lo paso mi pelo una y otra vez. Con calma. Ritualmente y con dedicaci\u00f3n. Devuelvo el peine a su lugar. Restablezco la posici\u00f3n del retrovisor. Agarro el volante. Lo palpo con suavidad&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; Un minuto m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; Atraigo la imagen de Cora. Su rostro copa mi visi\u00f3n blanca. Cora, mi se\u00f1orita Cora&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; Marcos&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; Giro la llave, dispuesto a arrancar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando la muerte no era m\u00e1s que una posibilidad rara, algo que les suced\u00eda a otros pero no a m\u00ed, me daba igual que los d\u00edas fueran de sol o lluvia, que la ciudad se extendiera o permaneciera inm\u00f3vil, tener vacaciones en Agosto o Septiembre, o si mi pelo parec\u00eda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,5],"tags":[],"class_list":["post-989","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalistas-del-jurado","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/989","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=989"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/989\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":993,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/989\/revisions\/993"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=989"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=989"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=989"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}