{"id":961,"date":"2011-07-13T01:58:02","date_gmt":"2011-07-12T23:58:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=961"},"modified":"2011-07-13T01:58:02","modified_gmt":"2011-07-12T23:58:02","slug":"137-el-cocheron-de-baudilio-por-kobver","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/137-el-cocheron-de-baudilio-por-kobver\/","title":{"rendered":"137- El cocher\u00f3n de Baudilio. Por Kobver"},"content":{"rendered":"<p>No pod\u00eda creer lo que su primo le estaba anunciando. Su primo carnal, a fin de cuentas. El p\u00e1nico se adue\u00f1\u00f3 de sus pensamientos, no estar\u00e1s hablando en serio, \u00bfverdad?, se sinti\u00f3 perdido, desconcentrado. \u00bfQu\u00e9 iba a ser de \u00e9l si \u00fanicamente hab\u00eda aprendido a manejar el proyector? Hu\u00e9rfano.<!--more-->\u00a0Si \u00e9l s\u00f3lo entend\u00eda de cine, si no sab\u00eda de nada m\u00e1s. Si las pel\u00edculas son toda mi vida. Al parecer, no hab\u00eda vuelta atr\u00e1s: su primo hab\u00eda decidido destinar el cocher\u00f3n a otros menesteres m\u00e1s provechosos y a Baudilio le resultaba imposible dar cr\u00e9dito a lo que sus o\u00eddos escuchaban. Su primo carnal, para mayor tragedia. Triste. Los pases dejaban poco margen, por lo visto. Y menos en esta ciudad de pobretones, m\u00e1s preocupados siempre por sobrevivir que de so\u00f1ar. A Madre le habr\u00eda gustado presenciar este momento, pens\u00f3 Baudilio con amargura. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 ganarme ahora la vida si en los \u00faltimos treinta a\u00f1os no he hecho otra cosa que estar pegado al proyector y no quitar ojo de la pantalla? Y dejar volar la imaginaci\u00f3n, por encima de todo.<\/p>\n<p>El primo de Baudilio quer\u00eda probar suerte con alg\u00fan negocio que fuera m\u00e1s rentable para poder jubilarse con cuatro duros en el bolsillo, cuatro duros que no les extra\u00eda a los pases de las pel\u00edculas, programa doble los domingos, a las tres y a las seis. A pesar de que Baudilio no demandaba casi nada. Le era suficiente con estar mantenido, simplemente ped\u00eda eso. Adem\u00e1s de la libertad para escoger los t\u00edtulos que se proyectaban, claro. Si bien por atender la taquilla y hacer de acomodador tambi\u00e9n me saco unas pesetillas con las propinas. Magras, pero propinas al fin y al cabo. Que para algo soy yo el que tiene que poner y quitar las sillas todos los santos d\u00edas. Nada, en realidad, bien mirado.<\/p>\n<p>Mientras amontonaba y recog\u00eda las banquetas de madera \u2013duras como piedras, pulidas por el uso-, a Baudilio siempre le invad\u00eda la misma obsesi\u00f3n: a \u00e9l le habr\u00eda encantado emular a los h\u00e9roes del cine negro, \u00e9sos que nada m\u00e1s entrar en un bar de dudosa reputaci\u00f3n \u2013un velo de humo en suspensi\u00f3n difuminando los rostros de los presentes- saludan a los compadres con un inapreciable arqueo de ceja (o, a lo m\u00e1s, asiendo el ala desgastada de su sombrero) y sin necesidad de pronunciar palabra alguna, \u00e9sos a quienes el encargado conoce por su nombre y les conduce a una mesita que espera vac\u00eda al fondo del establecimiento, por supuesto en penumbra y por supuesto alejada del bullicio que montan los actores de reparto, \u00e9sos a los que sirven lo de siempre sin tener que pedirlo. Qui\u00e9n pudiera comportarse de esa forma, pensaba Baudilio justo antes de que se desvaneciera la imagen fraguada dentro de su mente, ojal\u00e1 fuera yo uno de ellos.<\/p>\n<p>Tales iconos del cine eran los que habitaban las enso\u00f1aciones de Baudilio. Personajes ideales, sin miedos ni dudas, que daban sentido a un mundo perfecto de fantas\u00eda. Los que Madre desde ni\u00f1o intent\u00f3 sacarle de la cabeza por todos los medios. Los que por desgracia s\u00e9 que nunca lograr\u00e9 encarnar. Cuyas ficticias vidas de libreto se insinuaban m\u00e1s apetecibles de ser vividas que la solitaria existencia de un cincuent\u00f3n corto de vista, t\u00edmido y sonriente. Porque dec\u00eda que le ten\u00edan sorbido el seso y le hab\u00edan robado la juventud. Porque no conozco ni un solo bar de dudosa reputaci\u00f3n cerca del cocher\u00f3n y el alcohol me provoca acidez de est\u00f3mago. A quienes culpaba absurdamente por haberla privado de convertirse en abuela. Y mucho menos me conocen por mi nombre, a m\u00ed, que siempre me he encargado de ocultado. Sin reparar en lo dichoso que se sent\u00eda Baudilio parapetado en su puesto, escuchando el ronquido familiar de la vieja maquinaria en funcionamiento, comprobando el m\u00e1gico fluir de sus escenas preferidas. Incesante. Gracias a Dios. Infinito. Sin necesidad de salir a la calle, tan s\u00f3lo para recoger las sillas. Viviendo sin miedos ni dudas \u2013\u00e9l tambi\u00e9n- al menos durante sus cien minutos de metraje. Maravilloso.<\/p>\n<p>Ella me quer\u00eda mucho. Baudilio evoca un recuerdo dulce, agradable, lejano. La memoria de una gratitud en la que siempre persist\u00eda alg\u00fan recodo en tinieblas. Aunque Madre estaba equivocada, admiti\u00f3 Baudilio. Ella nunca entendi\u00f3 que apartarle del cocher\u00f3n habr\u00eda supuesto condenarle a la desdicha y \u00e9l nunca supo interpretar que sus desvelos encarnaban la decisi\u00f3n de quererle a su manera. A su peque\u00f1o. A su \u00fanico hijo. Al que deber\u00eda haberla dado una nietecita. En lugar de a la manera de Baudilio, que consist\u00eda en imaginar que hab\u00eda sido bautizado con otro nombre. Un nombre apropiado para un gal\u00e1n de pel\u00edcula en blanco y negro: exactamente la clase de hombre sin pasado ni futuro \u2013ni ataduras de clase alguna- que sabe c\u00f3mo tratar a la bella protagonista; que domina la t\u00e9cnica de mascullar monos\u00edlabos en un idioma extranjero al tiempo que fuma displicente \u2013el centelleo de la lumbre horadando la oscuridad- un cigarrillo apenas colgado de los labios; que se asoma al mundo desde el refugio de sus gafas de cristales ahumados con un escepticismo que le brota de las entra\u00f1as. Algo inalcanzable -alguien inalcanzable, en realidad- para quien no se llamaba Mike ni John sino Baudilio, no es lo mismo, suena diferente, con este nombre no se va a ninguna parte (aunque Madre le hab\u00eda insistido una y otra vez en que hac\u00eda de \u00e9l algo especial, Baudilio nunca acert\u00f3 de peque\u00f1o a descifrar si cargar con ese nombre constitu\u00eda lo mejor o lo peor que le hab\u00eda sucedido en su vida; cuando creci\u00f3, despej\u00f3 todas sus dudas con resignaci\u00f3n). Para quien se ahogaba entre toses irreprimibles cada vez que aspiraba un poco de humo, la asfixia cr\u00f3nica debe de ser una dolencia contra la que est\u00e1n inmunizados los guionistas de cine porque a ninguno se le ocurri\u00f3 nunca atribu\u00edrsela al tipo duro que, justo antes de que comenzaran a desfilar los t\u00edtulos de cr\u00e9dito, se quedaba \u2013merecidamente, sin duda- con la chica. Para quien, en definitiva, portaba gruesas lentes de miope en lugar de gafas oscuras, in\u00fatiles por dem\u00e1s para trabajar en la semipenumbra del cuartito de proyecciones.<\/p>\n<p>Baudilio no pod\u00eda creer lo que su primo hab\u00eda hecho, la decisi\u00f3n que hab\u00eda tomado, la traici\u00f3n que hab\u00eda cometido. Se acabaron los pases. Me dej\u00f3 sin mis rollos, sin mis peque\u00f1as. Alquil\u00f3 el cocher\u00f3n a un feriante ambulante que deseaba instalarse en la ciudad. Sin mis h\u00e9roes de cinemascope. Arrumb\u00f3 todas las sillas en el antiguo vestidor de Madre, donde nadie hab\u00eda entrado en a\u00f1os. Oblig\u00f3 a Baudilio a recorrer las calles y preguntar en los comercios y revisar los anuncios por palabras en busca de un trabajo que no quer\u00eda. Sin mis sesiones dobles del domingo ni mis propinas ni mis finales conocidos de memoria y mil veces vistos. Su primo carnal, s\u00ed, su primo carnal. Por primera vez Baudilio se vio en la necesidad de decidir por s\u00ed mismo para intentar acomodar su universo de fotogramas detenidos en el tiempo (benditas hero\u00ednas rubias que nunca envejec\u00edan) a un mundo consumido por las prisas. En el que los acontecimientos no obedec\u00edan a un gui\u00f3n afinado con esmero de orfebre ni nadie aseguraba un desenlace con laurel para el valiente y plomo para el traidor. Baudilio se sent\u00eda descentrado, Baudilio hab\u00eda dejado de poseer el control: inesperadamente Baudilio hubo de enfrentarse a una vida que desconoc\u00eda. Y que descubri\u00f3 que no comprend\u00eda. Y tampoco le gustaba.<\/p>\n<p>Por fortuna para \u00e9l, el azar fue esquivo con el primo de Baudilio. El feriante gener\u00f3 mayores problemas que ingresos, y eran m\u00e1s los meses en que no percib\u00eda la renta que los que lograba cobrar algo. Transcurrido apenas un a\u00f1o, Baudilio consigui\u00f3 convencer a su primo y el cine regres\u00f3 al cocher\u00f3n, pues al menos no le provocaba quebraderos de cabeza porque yo me encargaba de todo. Y los pases siempre dejaban alg\u00fan beneficio, por modesto que fuera, eso s\u00ed.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s, el orden reg\u00eda de nuevo la vida de Baudilio y \u00e9ste hab\u00eda recuperado su met\u00f3dica rutina de pasi\u00f3n y seguridad, aventuras y certidumbre. Seleccionar los t\u00edtulos. Colocar las sillas. Afinar el proyector. Quedarse extasiado ante el pared\u00f3n de cal que hac\u00eda las veces de pantalla. Recogerlas. Baudilio se afanaba en cumplir a la perfecci\u00f3n todas las tareas que las proyecciones del cocher\u00f3n exig\u00edan, y pensaba. Procuraba no distraerse ni dejar nada a medias ni confiar en la improvisaci\u00f3n ni retrasarse en sus horarios, y pensaba. Pensaba interminablemente, dolorosamente, que he estado tan ciego como Madre. Desde el primer d\u00eda. Siempre.<\/p>\n<p>Toda su vida Baudilio hab\u00eda estado convencido de que nada habr\u00eda querido m\u00e1s que poder compartir pantalla con sus \u00eddolos de celuloide, ser como ellos, uno de ellos, y al cabo de los a\u00f1os descubro ahora que estaba por completo equivocado porque adem\u00e1s no sabr\u00eda ni qu\u00e9 hacer ni c\u00f3mo comportarme dentro de una pel\u00edcula. Baudilio comprendi\u00f3 con sorpresa que la verdadera felicidad la experimentaba simplemente so\u00f1ando ser una estrella, viviendo esas vidas de superproducci\u00f3n, meti\u00e9ndose en su piel como espectador pero sin abandonar la invulnerabilidad del cuartito de proyecciones, porque yo no he nacido para ser protagonista \u2013no con este nombre que tengo- sino tan s\u00f3lo para imaginar que lo soy. Nunca m\u00e1s dudas. E imaginarlo siendo Baudilio, el del cocher\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ndo miedo, a partir de ahora? Desear ser mejor que ser. Despu\u00e9s de todo, superada con creces la mitad de su existencia, Baudilio hizo mentalmente las paces con su madre: los pases son todo mi mundo, eso es innegociable, pero quiz\u00e1s no resulte tan grave llamarme as\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No pod\u00eda creer lo que su primo le estaba anunciando. Su primo carnal, a fin de cuentas. El p\u00e1nico se adue\u00f1\u00f3 de sus pensamientos, no estar\u00e1s hablando en serio, \u00bfverdad?, se sinti\u00f3 perdido, desconcentrado. \u00bfQu\u00e9 iba a ser de \u00e9l si \u00fanicamente hab\u00eda aprendido a manejar el proyector? 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