{"id":946,"date":"2011-07-12T12:16:53","date_gmt":"2011-07-12T10:16:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=946"},"modified":"2011-07-12T12:16:53","modified_gmt":"2011-07-12T10:16:53","slug":"134-supervivencia-animal-por-la-tortuga-azul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/134-supervivencia-animal-por-la-tortuga-azul\/","title":{"rendered":"134- Supervivencia animal. Por La tortuga azul"},"content":{"rendered":"<p>Nada en el mundo la hubiera podido hacer cambiar de idea cuando, aun siendo joven, decidi\u00f3 divorciarse. Pensaba que le quedaba mucho camino por recorrer y que ser\u00eda mejor hacerlo acompa\u00f1ada por otro hombre que llenara su vida m\u00e1s que aquel a quien Ella hab\u00eda amado conmovida por un solapado chantaje emocional que tard\u00f3 tiempo en descubrir. <!--more-->Era guapa, atractiva,\u2026 Ella lo sab\u00eda, pero m\u00e1s que como guapa, Ella se hubiera definido como sensual. Nunca fue \u201cuna gran cosa\u201d, \u201cnunca tuvo un cuerpo s\u00faper diez\u201d, siempre se hab\u00eda preocupado por su figura y por su aspecto, pero \u201cnunca hab\u00eda ido a un gimnasio, ni hab\u00eda trabajado su f\u00edsico\u201d, explotaba en bruto lo que la naturaleza le hab\u00eda dado. Con todo, era evidente que nadie pod\u00eda discutirle su \u00e9xito con los hombres y eso le bastaba para no necesitar nada m\u00e1s, se sent\u00eda \u201ctriunfadora\u201d.<\/p>\n<p>El tiempo pas\u00f3 y se cans\u00f3 de compartir lechos acelerados y de vivir relaciones ef\u00edmeras. Su belleza se fue solidificando y su lozan\u00eda de juventud se transform\u00f3 en un claroscuro no muy identificado en su rostro. En su mente los recuerdos furtivos de un amor intenso, pasional, de los que a nivel de calle podr\u00edamos decir \u201ct\u00f3rridos\u201d; un amor vivido a\u00f1os atr\u00e1s con un hombre nada amigo de los compromisos, pero poco esquivo a las entregas desinteresadas de sus muchas \u201camigas\u201d como \u00c9l las nombraba. Ella hab\u00eda olvidado su nombre, prefer\u00eda no acumular recuerdos que pudieran pasarle facturas afectivas y desde el principio se hab\u00eda acostumbrado a reconocerlo como \u00c9l. Con este nombre figuraba en todas sus agendas personales y listas telef\u00f3nicas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00c9l tambi\u00e9n ten\u00eda ya cierta edad. Hab\u00eda conocido miles de lechos, muchos de ellos ofrecidos a la carta en una p\u00e1gina de contactos de la red cibern\u00e9tica, a la que era asiduo y a la que \u201centraba\u201d con mirada felina en much\u00edsimos momentos del d\u00eda, de la semana, del mes, del a\u00f1o, del\u2026Se habr\u00eda transformado en un cazador de almas femeninas anhelantes de cari\u00f1o y esperanzas. Hab\u00eda aprendido a disparar al coraz\u00f3n de ellas con palabras estudiadas que intentaban parecerse a los sentimientos, pero que en el fondo eran fr\u00edas, f\u00f3rmulas sentimentales m\u00e1s pr\u00f3ximas a desarrollos matem\u00e1ticos que a frases pronunciadas con el coraz\u00f3n. A fuerza de o\u00edrse decir siempre las mismas palabras, los vocablos hab\u00edan perdido el significado para \u00e9l, se hab\u00eda transformado en mero significante.<\/p>\n<p>En ninguno de los lechos visitados se sinti\u00f3 nunca c\u00f3modo; en ninguno de los corazones encontrados haya el calor que le sacara de su g\u00e9lido refugio. Sus ojos verdes eran cada vez m\u00e1s felinos, m\u00e1s acechantes.\u00a0 Se acostumbr\u00f3 a las relaciones de usar y tirar, r\u00e1pidas, fr\u00edvolas, intranscendentes,\u2026 casi siempre repetitivas y mon\u00f3tonas, pero vitales para \u00e9l. Necesitaba de su sabia para seguir respirando, para seguir sinti\u00e9ndose vivo.<\/p>\n<p>Las mujeres disputaban, pero \u00c9l nunca pretendi\u00f3 retener a ninguna. Tras un matrimonio tormentoso y el nacimiento de una hija, se convirti\u00f3 en un hombre distante de las mujeres, aunque siempre ligado a sus cuerpos. \u00c9l tampoco hab\u00eda ido nunca a un gimnasio. Su piel era morena, su cuerpo fibroso, su pelo cano, sus ojos\u2026 \u00bfSus ojos?&#8230; Sus ojos siempre verdes. A Ella la volvi\u00f3 loca durante algunos a\u00f1os de su vida, aquellos a\u00f1os en los que la pasi\u00f3n convert\u00eda sus encuentros en pura brasa, en pasi\u00f3n incontenida. Abrazos, besos apresurados, cuerpos sudorosos y ardor. Dos cuerpos convertidos irremediablemente en brasa.<\/p>\n<p>Cuando aquella tarde de s\u00e1bado son\u00f3 el tel\u00e9fono, Ella qued\u00f3 sorprendida. Ya no recordaba el tiempo que hac\u00eda que aquel timbre estridente no romp\u00eda con su llanto la soledad\u00a0 de la tarde de los s\u00e1bados. Sinti\u00f3 un estremecimiento que le recordaba al asombro cuando al otro lado de la l\u00ednea escuch\u00f3 la voz de \u00c9l. No hab\u00edan pasado los a\u00f1os. Era el mismo timbre de voz que la sobrecog\u00eda anta\u00f1o cada vez que la escuchaba. Lo reconoci\u00f3 enseguida, pero pens\u00f3 que \u00c9l se iba a dar cuenta de que hab\u00eda marcado un n\u00famero equivocado y se disculpar\u00eda para colgar el tel\u00e9fono sin tiempo para decir nada. Pero no sucedi\u00f3 as\u00ed. \u00c9l mismo le confirm\u00f3 que hab\u00eda error alguno, pues Ella no hab\u00eda podido evitar pregunt\u00e1rselo. Todo estaba bien. Por lo fluido de la conversaci\u00f3n y lo amigable que resultaba, hac\u00eda el efecto que hubieran hablado por \u00faltima vez la tarde anterior. \u00c9l la invit\u00f3 a cenar y ella se dej\u00f3 seducir. No tardaron en crecer las rosas de la pasi\u00f3n, ni los lirios de la esperanza dentro de Ella. Supon\u00eda que \u00c9l tambi\u00e9n se hab\u00eda cansado de transitar por la vida y cansado de recorrer lechos se hab\u00eda decidido reposar en uno de ellos por un tiempo m\u00e1s prolongado, tal vez indefinido, con un poco de suerte\u2026 en el de Ella. La conversaci\u00f3n le otorgaba la licencia de poder pensar as\u00ed. Ella estaba c\u00f3moda. Ilusionada, nerviosa, fren\u00e9tica.<\/p>\n<p>Los aromas del ba\u00f1o la envolvieron, los perfumes la embriagaron, los recuerdos se volvieron sensuales, libidinosos. La agujas del reloj la empujaban hac\u00eda la noche.<\/p>\n<p>Se encontraron a la hora acordada. Ninguno de los dos falt\u00f3 a su palabra con la hora acordada. Cenaron relajadamente. Bebieron saboreando las espumas de los alcoholes. Los vapores et\u00edlicos dieron paso a las confesiones m\u00e1s susurradas. \u00c9l habl\u00f3 de lo cansado que estaba de recorrer lechos miles. Ella no se pronunci\u00f3 al respecto pues pesaban en su discurso los valores tradicionales de la educaci\u00f3n femenina. Las palabras de \u00c9l reafirmaban las esperanzas de Ella. Decidieron regresar a casa dando un paseo. La noche era c\u00e1lida y tranquila. Nunca hab\u00edan vivido demasiado lejos, el camino de regreso los acercaba a la casa de Ella. Qu\u00e9 hacer si \u00c9l insinuaba subir a tomar la \u00faltima copa cuando llegaran al portal. Ella buscaba una respuesta a la situaci\u00f3n para cuando se planteara, no quer\u00eda parecer que lo estaba deseando, no quer\u00eda darle a entender que hab\u00eda olvidado todos los desprecios que llegara a hacerle en tiempos pasados, no quer\u00eda recordar que \u00c9l era hombre de mucho recorrido y de dif\u00edcil estacionamiento. Mientras \u00c9l monologaba. A medida que se acercaban al portal de Ella los nervios crec\u00edan en los dos. \u00c9l bajaba m\u00e1s la voz, Ella se mostraba m\u00e1s nerviosa. Los ojos de Ella brillaban en una luz que la noche no era capaz de reflejar. \u00c9l se acerc\u00f3 a Ella y le habl\u00f3 casi al o\u00eddo. Le hizo una proposici\u00f3n susurrada, imperceptible, desafiante, provocadora. Ella casi no pod\u00eda escucharle, no por la cadencia de la voz, sino por los nervios que la atenazaban. El est\u00f3mago parec\u00eda querer romperse, el coraz\u00f3n se le dilataba con la llegada de las palabras de \u00c9l. A cada nueva palabra, a cada nueva pregunta, a cada nueva proposici\u00f3n\u00a0 formulada sin ning\u00fan tipo de decoro o de decencia,\u00a0 Ella quer\u00eda morirse, no pod\u00eda soportarlo, el dolor era cada vez mayor. \u00c9l le hablaba de querer salir de la soledad, de querer renunciar a conocer m\u00e1s mujeres que no le condujeran a la NADA, en su mente estaba ahora la necesidad de iniciar una nueva etapa, enfocarla vida desde otro \u00e1ngulo mucho m\u00e1s tranquilo y prometedor. \u00c9l le confesaba completamente entregado que ten\u00eda la necesidad de experimentar un nuevo tipo de relaci\u00f3n, un nuevo tipo de amistad. Y entre susurros al o\u00eddo le confesaba que necesitaba tener amigos varones para poder compartir aficiones, ir de fiesta o al futbol, ir a cenar, a conocer gente,\u2026 Su reconocida afici\u00f3n por las mujeres le hab\u00eda impedido cultivar el terreno de la amistad masculina desde siempre y su natural timidez tambi\u00e9n hab\u00eda contribuido a ello. \u00c9l siempre hab\u00eda envidiado a los hombres que sal\u00edan en grupo, que hac\u00edan pe\u00f1a, que se re\u00edan y divert\u00edan en los bares, en las discotecas, en los restaurantes,\u2026 aquellos que hablaban de motos, que montaban en moto y que iban a los circuitos a ver carreras de motos y ahora a la edad que ten\u00eda y sin ninguna habilidad para cultivar las amistades masculinas no sab\u00eda qu\u00e9 hacer para llegar a tener un amigo, dos, varios o muchos de ellos. \u00c9l, mientras Ella se dispon\u00eda a cruzar el portal que daba entrada al bloque de pisos donde viv\u00eda iba m\u00e1s all\u00e1 en su estramb\u00f3tica proposici\u00f3n y le ped\u00eda casi con tono de s\u00faplica que le acompa\u00f1ara a una fiesta de \u201csingles\u201d que\u00a0 se celebrar\u00eda en un conocido local de la ciudad pr\u00f3ximamente; estaba seguro que yendo acompa\u00f1ado por Ella los hombres se iban a cercar en tanta cantidad que \u00c9l podr\u00eda hablar con ellos de hombre a hombre con la intenci\u00f3n de hacer nuevas amistades a partir de ah\u00ed.<\/p>\n<p>A Ella le faltaban las fuerzas. Intentaba no escuchar, evadirse mentalmente. Sent\u00eda fr\u00edo en medio de una noche c\u00e1lida y agradable, casi sin brisa. Mientras \u00c9l refugiado en sus sue\u00f1os de nuevas amistades segu\u00eda envuelto en la palabra. Ella busc\u00f3 en su bolso la llave del portal. Mientras \u00e9l hablaba, Ella abri\u00f3 la puerta combinada en hierro y cristal. Entr\u00f3 sin realizar grandes movimientos, sigilosamente, casi deslizando el calzado sobre las baldosas de m\u00e1rmol rosado que tan bonito luc\u00eda con los reflejos de la luz artificial, pero no encendi\u00f3 la luz. Se movi\u00f3 sobre las baldosas casi por intuici\u00f3n, llevaba por la memoria del d\u00eda a d\u00eda, con paso firme en busca de la puerta del ascensor que se anunciaba abierta por la luz que nac\u00eda de su interior. La puerta cay\u00f3 con suavidad. \u00c9l esperaba que Ella abriera de nuevo, que la puerta se le hubiera escapado de las manos sin querer y as\u00ed poder recuperar su mon\u00f3logo con Ella, concretar si le iba a ayudar en su nuevo proyecto. \u00c9l contaba con la ayuda de Ella. Ten\u00eda plena confianza en su amor incondicional.<\/p>\n<p>Ella mientras, no quer\u00eda que nada la sacara de aquel estado de semiinconsciencia. Mir\u00f3 hacia arriba para que la luz del ascensor le ba\u00f1ara el rostro. Ten\u00eda los ojos cerrados, la vista cansada por las horas de la noche. L\u00e1grimas en el h\u00edgado, en los intestinos, en el est\u00f3mago y en el coraz\u00f3n. Apret\u00f3 con suavidad el bot\u00f3n de la s\u00e9ptima planta y la puerta se cerr\u00f3 sumiendo en la m\u00e1s profunda oscuridad el rellano de aquel inmenso y portal. En la calle la noche guardaba silencio y la luna ocult\u00f3 sus brillos entre las opacas sedas\u00a0 de las nubes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada en el mundo la hubiera podido hacer cambiar de idea cuando, aun siendo joven, decidi\u00f3 divorciarse. 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