{"id":868,"date":"2011-07-09T01:47:04","date_gmt":"2011-07-08T23:47:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=868"},"modified":"2011-07-09T01:47:29","modified_gmt":"2011-07-08T23:47:29","slug":"119-el-diablo-que-llevas-dentro-por-alcione","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/119-el-diablo-que-llevas-dentro-por-alcione\/","title":{"rendered":"119- El diablo que llevas dentro. Por Alcione"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hay situaciones en la vida que parecen estar dise\u00f1adas para hacerte re\u00edr. Incluso cuando sean catastr\u00f3ficas. Como cuando el otro d\u00eda viste caer a un ni\u00f1o de un columpio y estampar su cara contra la tierra del parque. Fue algo visceral; casi at\u00e1vico.<!--more-->\u00a0Sentiste una especie de espasmo que te hizo golpearte el pecho mientras te carcajeabas y te atropellabas de aire, con la seria amenaza de terminar atragantado de j\u00fabilo. Fue tan revelador verle llorar desconsolado, que desde entonces te asomas todas las ma\u00f1anas al balc\u00f3n de tu quinto piso con la esperanza de captar otro instante parecido; uno de esos segundos en los que eres capaz de alcanzar el sentido de la vida a trav\u00e9s de la desgracia ajena.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hoy es s\u00e1bado. Hace un buen d\u00eda. Otro m\u00e1s a a\u00f1adir a tu secuencia de lo absurdo. Porque todo es absurdo. Lo sabes. Absurdo e ir\u00f3nico. Lo \u00fanico que pude interrumpir tu fingida pauta de tranquilidad es la gravedad del presente. O tu destino. Pero ya tienes experiencia en esquivar la desdicha que supone vivir, as\u00ed que haces como si no te murieses de aburrimiento y te asomas de nuevo a tu balc\u00f3n para buscar la escena que te haga olvidar que est\u00e1s al borde del abismo. Nubes; coches; un gato. Lo que ves parece reconfortarte porque indica la exacta decrepitud de la naturaleza humana. O al menos as\u00ed te gusta catalogarlo: como exacta decrepitud de la naturaleza humana. Aferrado a la barandilla, contemplas c\u00f3mo el conductor de un Ford <em>Inercia<\/em> desiste en su maniobra de aparcamiento en l\u00ednea tras su tercer intento fallido. <em>\u00a1Pero si te sobran tres palmos!<\/em> Gritas. Y escupes y todo con la intenci\u00f3n de acertar sobre el cap\u00f3 como si el salivazo fuese una impronta definitiva, la r\u00fabrica que pone a cada cual en su lugar. Pero en ese instante sopla una inquieta brisa que transporta las semillas de tramontana y el gargajo no hace otra cosa que dispersarse, difuminarse y caer como purpurina l\u00edquida sobre una gaveta cargada de patatas que un viejo sin casco lleva atada con tres pulpos el\u00e1sticos a la parte trasera de su Rieju amarilla. Y ya est\u00e1. Nadie se entera de nada. Estornudas porque tienes alergia a las gram\u00edneas y el Ford se aleja y el caos se distorsiona contra el efecto Dopper-Feciau del cascado motor de la motocicleta que, tras pasarse un sem\u00e1foro en \u00e1mbar, se pierde tras la arboleda raqu\u00edtica y descuidada de un ins\u00edpido jard\u00edn urbano. La vida se estanca y queda varada; tan s\u00f3lo perdura el err\u00e1tico vuelo de los gorriones y el chillido inerme de unas golondrinas que vienen y van ara\u00f1ando el cielo mientras las jacarandas lloran y colorean las aceras de violeta. Entonces te recompones, bostezas, te desperezas y, cuando alcanzas la ridiculez m\u00e1xima al desencajar tu mand\u00edbula, te das cuenta de que el vecino de enfrente te est\u00e1 mirando con una mueca de soterrada indignaci\u00f3n. Nada m\u00e1s saberse descubierto, se oculta en el sombr\u00edo interior de su habitaci\u00f3n y corre las cortinas con un tir\u00f3n que alberga toda la rabia del mundo. Es entonces cuando caes en la cuenta de que vas en calzoncillos. Pero m\u00e1s all\u00e1 del rubor, sabes que no existe otra opci\u00f3n que pensar en positivo y combatir el reproche mordi\u00e9ndote el labio y llev\u00e1ndote la mano a la entrepierna para defender tu orgullo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es s\u00e1bado. No tienes nada que hacer. El sol brilla y decides que es un buen d\u00eda para ir a la playa. As\u00ed que entras en casa, te tiras sobre el sof\u00e1 y enciendes el televisor. Mientras haces zapping piensas que deber\u00edas ponerte a buscar trabajo. Aunque sea en internet. Puede que si consigues algo, por ejemplo los fines de semana \u00ad\u2013para no agobiarte\u2013,\u00a0 ahorres lo suficiente como para dar de nuevo de alta el coche y disfrutar, en los d\u00edas como hoy, de un d\u00eda de playa. \u00bfQue por qu\u00e9 no vas en autob\u00fas? \u00bfY pagar siete euros? Los autobuses no son dignos. Hay que tener demasiadas cosas en cuenta. Demasiados horarios. Y eso no va contigo. T\u00fa eres libre. Eres escritor y necesitas sentir que nada te ata. Por eso dejaste tu \u00faltimo trabajo; porque era de lunes a s\u00e1bados y \u2013a\u00fan siendo de media jornada\u2013 terminabas exhausto. Llegabas a casa con el alma derrotada y al ponerte frente al ordenador lo \u00fanico que compon\u00edas eran fracasos. Cosas como \u00ab<em>odio la vida, quiero suicidarme\u00bb. <\/em>Y al principio te sent\u00edas orgulloso porque sab\u00edas que era un endecas\u00edlabo puro de construcci\u00f3n acad\u00e9mica, pero al final el tiempo se impone y desvela el verdadero significado de las cosas. Lo que un d\u00eda cre\u00edste genial, al cabo de una semana no es m\u00e1s que una chorrada inmunda; algo vomitivo que te hace plantearte seriamente por qu\u00e9 demonios sale el sol cada d\u00eda. Lo \u00fanico honrado que puedes hacer al respecto \u2013lo sabes muy bien\u2013 es se\u00f1alar con el rat\u00f3n la frase, pulsar el bot\u00f3n derecho y elegir la opci\u00f3n <em>suprimir<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llevas tiempo ech\u00e1ndote la culpa cuando a principios de mes llegan las facturas y la \u00fanica que aporta es tu novia. Es buena persona y la quieres, pero en el fondo sabes que no est\u00e1s enamorado y que si est\u00e1s con ella es porque eres incapaz de vivir solo. Sabes cocinar, limpiar, hacer la colada y organizar tu tiempo, pero eres un gandul redomado que se ha acostumbrado a que se lo den todo hecho; a tener sexo al despertar; a que se dejen tocar. Y cuando tu novia llega a casa despu\u00e9s de estar once horas de pie sirviendo copas en un bar de mala muerte en el que todos los d\u00edas tiene que enfrentarse a alg\u00fan viejo verde que quiere tocarle el culo, todav\u00eda tienes el valor de hacerte el agobiado y de ponerle pegas cuando te pide por favor que le hagas un masaje en los gemelos. Est\u00e1s harto de verla llegar cabizbaja, con los hombros ca\u00eddos y una sonrisa forzada para agradecer tu bienvenida, y como est\u00e1s harto y te duele (porque aunque seas un ogro, te duele) cuando sabes que va a entrar por la puerta apagas corriendo la televisi\u00f3n y te sientas frente a tu escritorio para hacerle ver que est\u00e1s trabajando. \u00ab\u00bfC\u00f3mo va tu novela, cari\u00f1o?\u00bb \u00ab\u00a1Te tengo dicho que no me gusta que me preguntes esas cosas!\u00bb Y ella aguanta. Aguanta porque eso es lo \u00fanico que saber hacer. Es lo que le ha tocado en la vida. Un cabr\u00f3n la dej\u00f3 embarazada a los diecisiete y luego estuvo dos a\u00f1os viol\u00e1ndola y peg\u00e1ndole palizas hasta arrebatarle la voluntad. Y ella aguant\u00f3. Por eso ahora estar contigo le resulta gloria bendita\u2026 y t\u00fa te aprovechas. Y lo haces sabiendo que, de tan enamorada, es incapaz de ver el diablo que llevas dentro. Porque ella, s\u00ed, a pesar de los pesares y al contrario que t\u00fa, sabe lo que se siente al amar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es s\u00e1bado. Hace un buen d\u00eda para ir a la playa. En la televisi\u00f3n no echan gran cosa, pero no tienes ganas de ponerte a escribir. Esa novela de esp\u00edas que cre\u00edste poder acabar porque en t\u00fa mente ya estaban todas las escenas bien encajadas para un final perfecto de hollywood, la has terminado abandonando porque no eres capaz de escribir un best seller. Para eso se necesita investigar, documentarse, saber qu\u00e9 funciones tiene un polic\u00eda o un detective o un comisario\u2026 as\u00ed como estar al tanto de las diferentes misiones de todas las organizaciones de inteligencia del mundo. Te abruma la necesidad de saber tanta informaci\u00f3n para poder escribir. T\u00fa eres libre y escribes sobre lo que te inspira y te hace sentir. No pretendes llegar a tus ut\u00f3picos lectores a trav\u00e9s de la informaci\u00f3n. Para eso ya est\u00e1n las enciclopedias. Lo que t\u00fa pretendes es cogerlos por las entra\u00f1as y no soltarlos hasta que sangren palabras. \u00c9sa es tu misi\u00f3n. Tu sue\u00f1o. As\u00ed que abandonas esa novela de esp\u00edas y sigues escribiendo retazos de nader\u00eda en una especie de diario en el que de uvas a peras escribes todas las cosas que te desbordan.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abHoy es s\u00e1bado. Hace un buen d\u00eda para ir a la playa. Mi novia tiene media jornada. La sorprender\u00e9 cocin\u00e1ndole un buen plato de macarrones&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Estornudas. Y eso es como un aviso; algo que interpretas como s\u00edntoma ineludible de que tu propuesta literaria es sumamente degradante, casi radioactiva. Est\u00e1s acabado. Ya s\u00f3lo vales para escribir memeces en un diario. De manera que no dudas en coger el tel\u00e9fono \u2013que acaba de empezar a sonar\u2013 y aceptas con sumisa irritaci\u00f3n que una teleoperadora con acento ecuatoriano te haga una encuesta sobre la calidad de los servicios que ofrece tu compa\u00f1\u00eda telef\u00f3nica. Hace m\u00e1s de seis meses que llamas desde el tel\u00e9fono de tu novia porque tu tarjeta caduc\u00f3 por no haberla recargado en un periodo de nueve meses, a\u00fan as\u00ed contin\u00faas haciendo la entrevista porque te sientes solo y, aunque sea s\u00e1bado y haga un buen d\u00eda para ir a la playa, aquel acento ecuatoriano te pone inesperadamente cachondo y disfrutas contestando del uno al diez las preguntas que te propone mientras te coges la polla y te muerdes el labio. \u00abTodo est\u00e1 podrido\u00bb. Es un pensamiento que te parte el cerebro como un rayo mientras contestas. \u00abTodo est\u00e1 jodidamente podrido\u00bb. Te sientes embotado nada m\u00e1s colgar el tel\u00e9fono. Apagas el televisor y vas hacia tu habitaci\u00f3n para sentarte frente al escritorio. Pero no escribes nada. Est\u00e1s seco. Simplemente te conectas a internet. La nariz empieza a gotearte. Gracias a Dios que no es sangre. Es simplemente esa clase de moco l\u00edquido que interrumpe tu intento por meterte al <em>feisbuc<\/em> para ver si encuentras a alguien a quien contarle tus penas. Coges un pa\u00f1uelo. Te suenas. Sigues embotado. Maldices las gram\u00edneas y los d\u00edas de sol y brisa y playa. Pero el moco no declina, y ante su persistente determinaci\u00f3n por amargarte el momento, decides masturbarte porque sabes por experiencia que \u00e9se es el \u00fanico y verdadero remedio contra la congesti\u00f3n. Todo es absurdo. Lo sabes. Y cuando por un momento levantas la cabeza y ves al vecino mirando c\u00f3mo te la cascas con desaprobaci\u00f3n desde su ventana, ni por un instante se te ocurre esconderte o cerrar las cortinas, sino que entornas los ojos y sonr\u00edes cuando est\u00e1s apunto de correrte porque sabes que, incluso cuando sean catastr\u00f3ficas, hay situaciones en la vida que parecen estar dise\u00f1adas para hacerte re\u00edr.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hay situaciones en la vida que parecen estar dise\u00f1adas para hacerte re\u00edr. Incluso cuando sean catastr\u00f3ficas. Como cuando el otro d\u00eda viste caer a un ni\u00f1o de un columpio y estampar su cara contra la tierra del parque. Fue algo visceral; casi at\u00e1vico.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-868","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/868","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=868"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/868\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":873,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/868\/revisions\/873"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=868"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=868"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=868"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}