{"id":817,"date":"2011-07-07T20:34:50","date_gmt":"2011-07-07T18:34:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=817"},"modified":"2011-07-07T20:34:50","modified_gmt":"2011-07-07T18:34:50","slug":"110-abegunde-por-el-ladron-sigiloso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/110-abegunde-por-el-ladron-sigiloso\/","title":{"rendered":"110- Abegunde. Por El Ladr\u00f3n Sigiloso"},"content":{"rendered":"<p>En Yoruba significa nacida en lunes aunque Abegunde naci\u00f3, por azares de la vida, un domingo. Es por ello que \u00e9sta, la m\u00e1s generosa, amable y jubilosa criatura de cuantas criaturas haya engendrado sin pudor este monstruoso mundo, no da mucha importancia a los nombres ni a las fechas.<!--more--><\/p>\n<p>Abegunde creci\u00f3 en un hermoso y miserable trozo de tierra en el que los animales viven m\u00e1s tiempo que las personas. Aprendi\u00f3 de su padre a caminar siempre descalza y con la cabeza inclinada, como hacen los temerosos de Dios y los nobles de coraz\u00f3n. De las tortugas aprendi\u00f3 a no tumbarse nunca boca arriba, sobre todo cuando uno ya pasa de cierta edad y las elongaciones se resienten de pasadas contracturas o accidentes musculares. Al paso torvo y curvo y en verdad largo de los d\u00edas de su vida, y al manifestarse la naturalidad y el vigor de sus formas en todo su esplendor, las abejas se suicidaban por amor al sentir el aroma de sus cabellos incitantes y sonrientes como la miel. A los dieciocho a\u00f1os, Abegunde representaba el profundo e inalcanzable arcano de la belleza hecha carne y hueso. Sus muslos de \u00e9bano estaban siempre c\u00e1lidos y h\u00famedos.<\/p>\n<p>Fallecido su padre, recogi\u00f3 los b\u00e1rtulos y abandon\u00f3 la vacada. El p\u00e1ramo que ella tanto quer\u00eda no saciaba sus expectativas. Le parec\u00eda aburrido y a veces culpaba la tierra por ser de aquella manera \u2013pasiva e indulgente-, como si aquel espacio des\u00e9rtico tuviera alguna culpa de ser as\u00ed. Muy pronto comprendi\u00f3 que era posible hacer algo al respecto, y con la ayuda de Dios, parti\u00f3 en busca de la posibilidad. Abegunde camin\u00f3 por el ardiente polvo de la tierra yerma hasta llegar al mar. Se zambull\u00f3 en \u00e9l, y sosteniendo la respiraci\u00f3n, nad\u00f3 durante meses hasta llegar a una tierra ruidosa y agitada en la que los hombres se pelean por un trozo de papel. Abegunde descubri\u00f3 el dinero y no le pareci\u00f3 gran cosa.<\/p>\n<p>Abegunde lee la Biblia sin saber leer, toca el tambor sin saber tocar, y nada sin saber nadar, tal es la peculiaridad y el enigma de su genio. En su cultura no existe la idea de saber hacer algo o por lo menos no son tan estrictos en su forma de enjuiciar y valorar aptitudes. Las realidades, por otra parte, existen tal como se manifiestan, y nadie se preocupa por todo lo dem\u00e1s. Si algo ha ocurrido es porqu\u00e9 as\u00ed lo ha querido Dios. No hay m\u00e1s que hablar. All\u00ed de donde viene Abegunde, nunca se debe dejar de hacer algo inmediatamente. Es muy dif\u00edcil corregir, o aconsejar, porque no hay formas preferibles a otras. Cada una de ellas tiene su momento y hay que respetar su aparici\u00f3n, am\u00e9n de sus ritmos internos de crecimiento, ocaso y\u00a0 muerte. Es impensable, asimismo, que alguien exija disculpas, adem\u00e1s de una rectificaci\u00f3n p\u00fablica, o que se pidan elecciones anticipadas.<\/p>\n<p>Abegunde no comprende como los hombres blancos son capaces de dar tantas vueltas a los asuntos. La cuesti\u00f3n de los \u00e1ngulos y las perspectivas la trae de cabeza, y s\u00f3lo pasados los tres a\u00f1os empieza a acostumbrarse a que otras personas tengan ganas de hablar y de comentar la actualidad, un poco por encima y de pasada. Ignoraba completamente que se pudiesen decir tantas cosas, muchas de ellas sin fundamento alguno, y en conjunto con semejante impunidad. Ella deja hacer sin protestar, e incluso alguna vez, dadivosa como es desde su m\u00e1s tierna infancia, realiza preguntas f\u00e1ciles de responder, deliberadamente, para que sus clientes se puedan lucir con todo tipo de explicaciones elaborad\u00edsimas sobre c\u00f3mo son las cosas, en comparaci\u00f3n con c\u00f3mo eran antes, y directamente relacionado, todo ello, con lo que se espera de las cosas, en un futuro. Abegunde sonr\u00ede encantada \u2013sabe que aquello ha complacido al cliente, garantiz\u00e1ndose una buena propina- y se pone manos a la obra con lo que de verdad sabe hacer. Si algo tiene claro es que uno debe conocer sus limitaciones.\u00a0<\/p>\n<p>Abegunde, prostituta y cristiana devota, compagina su trabajo en el burdel con un fervor religioso asentado en la caridad y el amor al pr\u00f3jimo. Insisto: tan entregada es el alma de esta c\u00e1ndida mujer que trabaj\u00f3 durante meses ignorando que a su actividad correspond\u00eda, por ley, una retribuci\u00f3n econ\u00f3mica. Una vez m\u00e1s, el fruto de la discordia y los malos entendidos. Finalmente acept\u00f3 el dinero de mala gana, \u00fanicamente para apaciguar los temores de su patrona a una inspecci\u00f3n de trabajo, pero sabiendo interiormente que con aquellas transacciones comerciales se estaba interponiendo gravemente en la voluntad del Se\u00f1or, que no convirti\u00f3 la madre naturaleza en un casino por razones m\u00e1s que evidentes.<\/p>\n<p>Abegunde est\u00e1 siempre dispuesta a asumir las consecuencias de sus actos, a diferencia de muchos hombres blancos que parecen tener la impresi\u00f3n de que todo acontecimiento es aislado y aut\u00f3nomo. Ahora ya se ha acostumbrado a comisiones, extras y bonificaciones por incentivos. Incluso hace cosas por dinero, sin darse cuenta, pero en su fuero interno sigue considerando que todo acto que no tenga como finalidad \u00faltima el complacer a Dios, en toda su inmensidad, es reprensible y se deber\u00eda evitar a toda costa, porqu\u00e9 trae mala fortuna y porqu\u00e9 aquello le persigue a uno de por vida.<\/p>\n<p>Hemos mencionado que Abegunde no sabe leer, ni escribir, ni hablar sin someter sus oraciones a verdaderas aberraciones gramaticales. Confunde sonidos y en general no se la entiende demasiado bien cuando intenta expresarse. En general, se podr\u00eda decir que destroza el castellano, por delante y por detr\u00e1s, sin contemplaciones ni ambages o subterfugios. Aunque parezca mentira, ello no dificulta la comunicaci\u00f3n con sus clientes y compa\u00f1eras, siempre fluida gracias a su amplia sonrisa, la sencillez de sus modales y el brillo de sus ojos que derraman eterna gratitud. Tambi\u00e9n ayuda su forma exagerada de gesticular.<\/p>\n<p>Est\u00e1 afiliada al Partido Carlista, no por principios, sino por corresponder a la amabilidad del anciano que barre la mugre acumulada en los lavabos del prost\u00edbulo, el bueno de Salinas, al que aludiremos brevemente, para poner en contexto esta amistad de naturaleza sin igual. Abegunde acude a los m\u00edtines semanales de la congregaci\u00f3n y agita la bandera del partido ovacionando los discursos de los dem\u00e1s miembros, a pesar de no entender nada de lo ah\u00ed se trama. Lo hace porque Salinas siempre la ha tratado muy bien, nunca le ha rogado que se pusiera de cuatro patas, y ha defendiendo siempre, hasta las \u00faltimas consecuencias, su honor, exigiendo que se respetasen sus derechos laborales hasta la \u00faltima coma. Salinas tambi\u00e9n abraza la causa del anticolonialismo, lo cual supuestamente deber\u00eda favorecerla para conseguir un estatus de exiliada pol\u00edtica, o de luchadora por la libertad de su patria. Estas cuestiones le quedan bastante lejos a Abegunde, que prefiere delegar estas gestiones en personas de confianza y no meterse en problemas.<\/p>\n<p>Salinas quiso ser soldado, pero ahora limpia los lavabos en un burdel. Quiso ser alto, pero ahora su cabeza apenas sobresale por el mostrador. Quiso no dejar crecer nunca un bigote tupido, pero ahora una apelmazada masa de pelos enredados cubre su labio superior. Tan s\u00f3lo un prop\u00f3sito sobrevive \u00e9ste perpetuo ciclo de frustraci\u00f3n y desenga\u00f1o; Salinas quiso y todav\u00eda quiere, porque puede, matar al Rey.<\/p>\n<p>Si sus manos ajadas y su dignidad obrera no se estremecen al contactar con las deposiciones burguesas, mucho menos iban a temblar ante la oportunidad de hacer justicia a don Carlos Mar\u00eda Isidro. Una embriagadora sensaci\u00f3n de orgullo y pertenencia a la clase trabajadora se apodera de Salinas, cada vez que se encuentra en presencia de la Cruz de Borgo\u00f1a. Salinas exige propinas (adem\u00e1s de un retorno al Antiguo R\u00e9gimen), erguido y arrogante, agitando un peque\u00f1o cesto repleto de monedas y mirando hacia otro lado, como si aquello no fuera con \u00e9l. Suele acompa\u00f1ar la petici\u00f3n de limosna de una diatriba en favor del \u201csocialismo, federalismo y autogesti\u00f3n\u201d los tres pilares b\u00e1sicos para la configuraci\u00f3n pol\u00edtica del Estado seg\u00fan la ideolog\u00eda carlista, tal y c\u00f3mo ha podido saber Abegunde, recientemente. El lento y fatigoso devenir de las horas tras el mostrador le permite dedicar al ocio la mayor parte de su jornada laboral. Es entonces cuando Salinas clava su mirada en revistas er\u00f3ticas de la posguerra mientras sorbe con estruendo su petaca de g\u00fcisqui y planea con sumo detalle \u2013no puede haber un solo fallo en la concepci\u00f3n ni en la ejecuci\u00f3n del asalto- el atentado que deber\u00e1 poner fin a la lacra de este pa\u00eds, que no es otra, como todo el mundo sabe, que la Monarqu\u00eda borb\u00f3nica.<\/p>\n<p>Salinas se ha mantenido casto durante toda la vida, no por falta de ganas de consumar y consumir, sino por una alarmante carencia de decisi\u00f3n e iniciativa. Se confiaba pensando en que todo aqu\u00e9l mundo de encajes, ligas y sujetadores ya llegar\u00eda, pero los a\u00f1os fueron pasando, y por su parte nunca vio nada m\u00e1s que unas piernas descubiertas, concretamente las de la famosa actriz y amante del Duque de H\u00edjar, Carmen S\u00e1nchez, en una representaci\u00f3n de <em>Los intereses creados<\/em>, desde la \u00faltima fila de platea, por all\u00e1 en los a\u00f1os veinte. Con el tiempo, Salinas ha dise\u00f1ado un discurso legitimador del decoro y la continencia, para justificar ante los dem\u00e1s una conducta tan estramb\u00f3tica como chocante, pero la realidad es que Salinas nunca ha sabido gustar a mujeres ni a hombres. Cualquier cosa le serv\u00eda, en realidad, al ser una persona, desde siempre, f\u00e1cil de complacer y poco dada a las exigencias. Pero no consegu\u00eda gustar a nadie. \u00c9l lo atribu\u00eda a cuestiones socio-econ\u00f3micas, como no, y a prejuicios de clase, pero lo cierto es que su aspecto desali\u00f1ado y sucio, sus dientes amarillos, su aliento p\u00fatrido y et\u00edlico, y en definitiva, su absoluto desinter\u00e9s por cuestiones apol\u00edticas no ayudaban a hacer de \u00e9l un objeto de deseo particularmente vistoso para el p\u00fablico en general. Hoy en d\u00eda le gusta pellizcar a las mujeres en el trasero cuando entran en el ba\u00f1o, como se hac\u00eda en los viejos tiempos, pero el flirteo no suele ir m\u00e1s all\u00e1 de una bofetada de reprimenda. Siente, eso s\u00ed, especial predilecci\u00f3n por la patrona y sus abultados senos. A pesar de sus discrepancias pol\u00edticas y de las continuas disputas, insultos y vejaciones a las que se someten diariamente \u2013 la patrona defiende, como es natural, los derechos del empresario y la abolici\u00f3n de los sindicatos- en el peque\u00f1o y endurecido coraz\u00f3n de Salinas empieza a florecer, muy lentamente, un extra\u00f1o sentimiento hasta ahora desconocido, semejante a una tibia galanter\u00eda, fruto de su car\u00e1cter siempre so\u00f1ador e inquieto.<\/p>\n<p>Los muslos de Abegunde, extra\u00f1os a los siempre enmara\u00f1ados avatares de la pol\u00edtica, ya no relucen como sol\u00edan. La hierba no crece a su paso. Su piel agrietada y fl\u00e1cida se derrama sobre s\u00ed misma como una catarata. Abegunde echa de menos los berridos de los tocinos, m\u00e1s sensatos que toda la necedad del hombre blanco, empe\u00f1ado en quejarse, protestar y organizar reuniones y mociones de censura para cambiar las cosas. Cuando los hombres blancos insisten en la idea de reunirse para elaborar una estrategia de acci\u00f3n, Abegunde se r\u00ede y se retira a sus aposentos para pintarse las u\u00f1as. Piensa participar en el atentado que prepara Salinas, pero \u00fanicamente por lealtad, y porque se comprometi\u00f3 en un momento en que se encontraba desprevenida, y antes de pens\u00e1rselo dos veces, ya hab\u00eda dicho que s\u00ed. Habr\u00e1 que matar al Rey, piensa Abegunde, si eso es lo que cuesta mantener la palabra.<\/p>\n<p>A pesar de su decadencia f\u00edsica, un \u00fanico tormento agita su car\u00e1cter apacible y sosegado, y no se trata, ni mucho menos, del hecho que sus pechos hayan perdido soporte. El estertor de su madre al desangrarse, con los ojos en blanco, abierta de piernas, las s\u00e1banas te\u00f1idas de rojo. As\u00ed naci\u00f3 Abegunde, domingo (un amanecer antes de lo previsto), el d\u00eda en que Nuestro Se\u00f1or estaba descansando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Yoruba significa nacida en lunes aunque Abegunde naci\u00f3, por azares de la vida, un domingo. Es por ello que \u00e9sta, la m\u00e1s generosa, amable y jubilosa criatura de cuantas criaturas haya engendrado sin pudor este monstruoso mundo, no da mucha importancia a los nombres ni a las fechas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-817","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/817","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=817"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/817\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":821,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/817\/revisions\/821"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=817"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=817"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=817"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}