{"id":782,"date":"2011-07-06T18:56:18","date_gmt":"2011-07-06T16:56:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=782"},"modified":"2011-07-06T18:56:18","modified_gmt":"2011-07-06T16:56:18","slug":"104-el-paso-de-los-arqueros-por-nabetse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/104-el-paso-de-los-arqueros-por-nabetse\/","title":{"rendered":"104- El paso de los arqueros. Por Nabetse"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todo ocurri\u00f3 en Siles, una ma\u00f1ana de agosto, cuando el calor azuzaba las conciencias y el bosque arropaba el encanto de las hadas y el mal genio de los duendes. La comitiva transitaba por senderos angostos y escarpados. Ramajes oscuros y follajes espesos. <!--more-->Ribeteaban despacio. A veces agazapados, entre la espesura. Otras, las menos, erguidos sobre los pinos cercenados por el hacha de los hambrientos. El susurro del monte resoplaba en cada pendiente. Los dos arqueros le segu\u00edan de cerca. Ni lo suficiente como para ser una amenaza, ni tan lejos como para que \u00e9l se fugara. Ellos le proteg\u00edan, y \u00e9l, al mismo tiempo, les tem\u00eda. Sus rostros, ocultos bajo unos pasamonta\u00f1as funestos por donde s\u00f3lo asomaban unos ojos negros, que en ocasiones vio rojos de ira, reflejaban las siluetas de las monta\u00f1as agrestes y azules que entornaban su paso sobre sus almas. De vez en cuando, en alguna curva de la altiplanicie, deten\u00edan el paso, ellos a unos metros de \u00e9l, y \u00e9l acariciaba la cruz de oro que herv\u00eda en su pecho. Le tranquilizaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los arqueros no hablaban, ni con \u00e9l, ni entre ellos. Cumpl\u00edan su cometido con impecable profesionalidad. Quien les comandaba les dijo que \u00e9l deb\u00eda llegar al castillo, s\u00f3lo eso. Y eso har\u00edan. En ocasiones, cuando el sol se camuflaba detr\u00e1s de un tronco o una nube perezosa que no quer\u00eda seguir las indicaciones del viento, el camino se tornaba tan tenebroso que tem\u00eda por su vida. Entonces era cuando se\u00f1alaba a los arqueros con sus ojos y ellos devolv\u00edan esa mirada insidiosa, a veces intrigante, y no pod\u00eda dejar de fijarse en los machetes que portaban en el cinto y en cuantas vidas hab\u00edan sesgado antes de convertirse en su escolta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abYa falta poco para llegar al castillo que controla los caminos de levante\u00bb, se dijo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 All\u00ed hallar\u00eda al alto representante de los Ziries, a quien iba dirigida su s\u00faplica. El calor los aporreaba sin compasi\u00f3n, con mort\u00edfera inquina. Bajo sus pobres ropas eclesi\u00e1sticas portaba un pu\u00f1al de acero, tra\u00eddo de uno de tantos reinos ocupados. Los arqueros no sab\u00edan nada, pues nada les dijo. Y \u00e9l a\u00fan desconoc\u00eda de parte de quien estaban ellos. Sus ojos, moriscos en ocasiones, piadosos a ratos, albergaban el brillo de los insensibles. La crueldad de quienes perdieron su alma hac\u00eda tiempo y que solamente serv\u00edan a un se\u00f1or: la avaricia. Bien pagados. Tierras de Siles que los Ziries les prometieron, pero que nunca iban a ceder, pues pronto ser\u00edan ocupadas de nuevo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El maestre le encomend\u00f3 la gloriosa haza\u00f1a de negociar una rendici\u00f3n pac\u00edfica. Los Ziries deb\u00edan retirar sus tropas. Abandonar las torres. Despojar el castillo de cualquier se\u00f1al de ocupaci\u00f3n por su parte. Desposeer los caminos que transitan los \u00e1rabes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Nadie matar\u00e1 a un cl\u00e9rigo \u2015le dijo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero un cl\u00e9rigo que transita por caminos, escoltado por dos arqueros, es f\u00e1cil presa de ladrones. Es un cl\u00e9rigo rico. Es un cl\u00e9rigo muerto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las sandalias medio rotas. Dolor en los pies. Sed en su garganta. Ya no le parece tan buena idea matar a Zawi. Su muerte no supone nada. Nada mejora en esta ocupaci\u00f3n. Pero su misi\u00f3n ya est\u00e1 escrita y est\u00e1 demasiado cansado para pensar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Camina despacio, los ojos fijos en la tierra. Veredas recubiertas de piedras. Trozos de lanzas y esquirlas de escudos que alg\u00fan ej\u00e9rcito abandon\u00f3 en la lucha. All\u00ed, m\u00e1s arriba, donde las ara\u00f1as tejen entre varias ramas, all\u00ed est\u00e1 el muro. Piedras apiladas con barro, que un d\u00eda construyeron para proteger ese sendero. \u00daltimo reducto de una defensa in\u00fatil. Pero ahora la orden de Segura de la Sierra reclama sus tierras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Ahora o nunca \u2015le dijo el maestre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Casi no puede pensar. Los arqueros est\u00e1n m\u00e1s cerca que antes. Su aliento sangriento casi toca su nuca. No les puede ver la boca, pero jurar\u00eda que sonr\u00eden. Los muros de piedra que contienen la monta\u00f1a pasan a su lado. Manchas rojas de guerreros los ti\u00f1en. Ya se imagina ante Zawi. Escoltado por soldados bereberes con cimitarras en sus cintos. Con miradas asesinas. Se lo imagina sentado en su trono. Abrigado por una docena de mujeres cuyos pies permanecen atados entre s\u00ed. Los soldados esperan la orden. Zawi los mira y les dice con los ojos: \u00abCuando baje la barbilla lo mat\u00e1is\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entonces ellos desenvainan sus espadas. Alguna, a\u00fan sucia de la sangre del \u00faltimo emisario del maestre Pelay. Una org\u00eda de v\u00edsceras ti\u00f1e la sala del castillo. Entonces \u00e9l invoca a los arqueros. \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n?\u00bb, se pregunta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Le siguieron hasta all\u00ed por los montes de Siles y ahora que deb\u00edan dar su vida a cambio de la suya, ahora no los ve&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Recobra el sentido, pues se qued\u00f3 dormido, mientras caminaba cerca del muro de piedra. A\u00fan falta para llegar al castillo y los arqueros se han separado. Entre los tres forman un tri\u00e1ngulo perfecto. Van detr\u00e1s de \u00e9l, a la misma distancia entre ellos que de su espalda. Sus ojos chispean en la oscuridad del bosque. Una lechuza sonr\u00ede. Alg\u00fan lobo a\u00falla a lo lejos. No supone una amenaza, de momento. Ti\u00f1e el camino de sangre, sus sandalias ya no aguantan m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y entonces esa maldita sensaci\u00f3n de la que vino huyendo. El miedo se apodera de \u00e9l. Ahora tiene miedo a morir. A ser ensartado por las cimitarras de la guardia personal de Zawi. A ser troceado y esparcido por los bosques de Siles. A que esos arqueros oscuros y tenebrosos, que vigilan el camino que \u00e9l anda, no hagan nada, pues nada podr\u00e1n hacer una vez hayan entrado en el castillo. Y la muerte es la que rige sus pasos. Pues ya sabe el cometido de los arqueros. Ya no puedo regresar. Le matar\u00e1n&#8230;, sin dudarlo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya ve la falda de la monta\u00f1a, donde est\u00e1 enclavado el castillo. Varios soldados caminan a pie cerca de la puerta abierta. Un grupo de mujeres sostienen tinajas. Un manto de estrellas cubre el cielo de Siles. Los arqueros se relajan. La luna sonr\u00ede mientras una nube la tapa. Un anciano le pregunta a qui\u00e9n viene a ver. Los dem\u00e1s le miran con indiferencia, es lo que produce ver a un cl\u00e9rigo. Los arqueros, sin embargo, causan recelo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Vienen conmigo \u2015les dice\u2015. Son mi escolta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Varios hombres armados les acompa\u00f1an al interior del castillo. Murmullos a su paso. La luna se destapa y arroja haces de luz sobre las almenas. Le crujen las tripas. Un olor a comida inunda el ambiente. Es la hora de cenar y ellos est\u00e1n muertos de hambre. Los arqueros no dicen nada, pues nada han dicho en todo el viaje.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abY la hospitalidad <em>zirie&#8230;<\/em> \u00bfqu\u00e9 ha pasado con ella?\u00bb, se pregunta el cl\u00e9rigo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Imagina que ellos piensan que los cl\u00e9rigos son completamente anacoretas y que rechazar\u00eda cualquier ofrecimiento. Lo mismo har\u00edan los arqueros, eso seguro. Los soldados se deben a su oficio, por encima de cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y \u00e9l a punto de morir y con el est\u00f3mago vac\u00edo. Pens\u00f3 bien el maestre cuando le encomend\u00f3 esa misi\u00f3n, pues ya sab\u00eda que todos se fiar\u00edan de un cl\u00e9rigo. Pues tambi\u00e9n calcul\u00f3 que de arrepentirse en el \u00faltimo instante, pues es sabido que es humano, los arqueros terminar\u00edan el trabajo. \u00abY qu\u00e9 piensan ellos\u00bb, se pregunta. Fueron compa\u00f1eros de viaje durante la caminata hasta el castillo, pero en ning\u00fan momento les oy\u00f3 hablar, ni siquiera entre ellos. No musitaron palabra alguna y todo lo que hicieron fue escudri\u00f1ar el monte en busca de sombras y atenazar con recelo el mango de sus pu\u00f1ales, cuando alg\u00fan ruido les sorprendi\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y llegaron al interior del castillo. Los arqueros se quedaron fuera, la guardia de Zawi no les dej\u00f3 pasar. Antes de franquear la puerta los vio atiborrarse de manjares.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abMejor suerte que yo, tendr\u00e1n\u00bb, se dijo \u00abpues morir\u00e1n con el est\u00f3mago lleno\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Qu\u00e9 se te ofrece cura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No hay mujeres en la sala, como so\u00f1\u00f3 ver\u00eda, mientras caminaba. La presencia de mujeres en el trono suaviza la muerte. Pero si hay bereberes con cimitarra. Tan grandes que casi tocan el techo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Vengo a ofrecerte un trato.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y mientras tanto va rezando y encomend\u00e1ndose al alt\u00edsimo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Qu\u00e9 trato es ese.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Alguno de los soldados ya va tomando posiciones.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015La paz \u2015le dice, mientras acaricia la cruz del pecho con los dedos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Zawi sonr\u00ede mientras bebe un sorbo de algo, el cura no sabe qu\u00e9.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Paz de nuestros pueblos \u2015le dice\u2015. Convivencia \u2015inventa una palabra nueva.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Y me hablas de paz t\u00fa que te haces escoltar por dos arqueros \u2015recrimina.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Me protegen de los ladrones \u2015se escusa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un rato de silencio, hasta se puede o\u00edr crecer la hierba del prado donde los soldados se entrenan.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015S\u00e9 a qu\u00e9 has venido cl\u00e9rigo. S\u00e9 por qu\u00e9 est\u00e1s aqu\u00ed. S\u00e9 por qu\u00e9 te acompa\u00f1an dos arqueros, que a estas horas ya est\u00e1n muertos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015La paz -musita de nuevo, entre estert\u00f3reos suspiros.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015No hay paz aqu\u00ed cl\u00e9rigo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Pero&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2015Solo te dir\u00e9 una cosa \u2015clama con voz en\u00e9rgica\u2015. Regresa a Siles, regresa por el mismo camino por donde has venido. Regresa solo y dile a tu maestre Pelay que Zawi no se rinde.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Silencio. Las palabras ya terminaron. La luna tapa las nubes y \u00e9stas las monta\u00f1as y \u00e9stas, a su vez, el horizonte. No hay lejan\u00eda en el cielo. Los cuerpos de los arqueros yacen en la tierra. Los \u00e1rboles supuran l\u00e1grimas de resina que resbalan hasta las rocas de la falda del castillo. \u00abNo te gires cl\u00e9rigo\u00bb, se dice a s\u00ed mismo en voz baja, para que su alma pueda o\u00edrlo. \u00abLlegar\u00e9 muerto al cielo o vivo al infierno, pero no te gires\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y el camino de regreso se le hizo m\u00e1s f\u00e1cil. Ya no hab\u00eda arqueros para protegerlo, pero sab\u00eda que nadie le atacar\u00eda. La luna alumbraba con misericordia sus pasos y en cada esquina o\u00eda el llanto de un lobo. A cada tramo el gemir de una jineta. Luego, despu\u00e9s de la noche vino el d\u00eda, como siempre, como ha sido desde el principio de los tiempos. A trav\u00e9s del \u00faltimo reducto de espesura, se termin\u00f3 el muro de piedra construido con los restos de las iglesias. Y all\u00ed, en el campo anta\u00f1o plagado de flores, vio el cl\u00e9rigo a las tropas del maestre Pelay P\u00e9rez Correa, formando para atacar el castillo. Y supo que la \u00faltima oportunidad de una victoria pac\u00edfica se hab\u00eda desvanecido. Ahora llegaban las armas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todo ocurri\u00f3 en Siles, una ma\u00f1ana de agosto, cuando el calor azuzaba las conciencias y el bosque arropaba el encanto de las hadas y el mal genio de los duendes. La comitiva transitaba por senderos angostos y escarpados. 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