{"id":768,"date":"2011-07-06T11:08:05","date_gmt":"2011-07-06T09:08:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=768"},"modified":"2011-07-06T11:08:05","modified_gmt":"2011-07-06T09:08:05","slug":"102-la-doble-muerte-del-hacedor-de-lluvias-por-huiliche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/102-la-doble-muerte-del-hacedor-de-lluvias-por-huiliche\/","title":{"rendered":"102- La doble muerte del hacedor de lluvias. Por Huiliche"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 L<\/em><\/strong>a tierra ten\u00eda grietas como arrugas de vieja curtida al sol.\u00a0 Desde hac\u00eda dos a\u00f1os, el pueblo de Magaz era un p\u00e1ramo. No hab\u00eda ca\u00eddo una sola gota de agua en todos esos meses. Y esa cruel sequ\u00eda estaba destruy\u00e9ndolo todo, cada rinc\u00f3n. Reinaba un silencio morboso. Los animales hab\u00edan muerto, las plantas se hab\u00edan secado y los p\u00e1jaros se hab\u00edan mandado a mudar, para no morir de sed. La gente del pueblo tambi\u00e9n hab\u00eda empezado a secarse y ya no sab\u00edan qu\u00e9 hacer con ese flagelo.<!--more--><\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Fue por aquel entonces cuando don Manuel Contreras L\u00f3pez, herrero de oficio y devoto de la Virgen de las Sierras, crey\u00f3 que lo \u00fanico que podr\u00eda salvarlos ser\u00eda un milagro.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Y por eso, subi\u00f3 hasta la ermita para orar.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Comenz\u00f3 rezando una serie de rosarios, luego un centenar de avemar\u00edas, m\u00e1s tarde apel\u00f3 a padrenuestros, glorias, credos y p\u00e9sames e incluso record\u00f3 aquella oraci\u00f3n al \u00e1ngel de la Guarda, que\u00a0 su madre le hab\u00eda ense\u00f1ado. Al principio, lo hizo con los ojos cerrados y en voz muy baja. Luego, mir\u00e1ndole los ojos a la Virgen, de rodillas, transpirando y a los gritos. As\u00ed toda la noche.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Todav\u00eda muchos recuerdan aquella ma\u00f1ana de agosto en que empez\u00f3 a llover. Eran unas gotas gordas, sabrosas, que ca\u00edan con fuerza y mezclaban la tierra como un chocolate delicioso. Fue de madrugada, cuando el sol hab\u00eda empezado a despuntar y unas nubes negras parecieron venir corriendo desde la l\u00ednea del horizonte.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Esa misma ma\u00f1ana en que todos agradecieron que comenzara a llover, encontraron a Manuel, muerto, al pie de la Virgen, con su rosario en la mano y a\u00fan genuflexo.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Al ver que la lluvia se volv\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s copiosa, los vecinos aleccionados por Cipriano \u2014que adem\u00e1s de amigo de Manolo, era el alcalde y el due\u00f1o del bar\u2014,\u00a0 sumaron dos m\u00e1s dos y se convencieron de que Contreras L\u00f3pez, el herrero devoto de la Virgen de las Sierras, hab\u00eda sido el verdadero hacedor del prodigio y deb\u00eda ser recompensado.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Y nada mejor para ello que convertirlo en estatua.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>As\u00ed lo hicieron.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Le destrabaron las piernas, estiraron su anatom\u00eda, ya un poco r\u00edgida, llamaron a un experto en esculturas, ba\u00f1aron el cuerpo en bronce y lo colocaron sobre un pedestal.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>A partir de ese d\u00eda, Manolo pas\u00f3 a vivir en medio de la plaza, hecho estatua, con una placa que dec\u00eda:<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u201cMANUEL CONTRERAS L\u00d3PEZ,<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>ESTE HOMBRE FUE UN SANTO\u201d.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Diluvi\u00f3 durante el primer mes. Y durante el segundo y el tercero.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Magaz volvi\u00f3 a te\u00f1irse de un verde intenso; los \u00e1rboles levantaron sus ramas, como agradeciendo.\u00a0 Retornaron los p\u00e1jaros y con ellos sus colores y sus cantos; las plantas dieron flores y trajeron insectos, fragancias. De gris, el paisaje se torn\u00f3 multicolor.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>La gente sali\u00f3 a pasear con sus paraguas, disfrutando del agua y muchos se animaron a ba\u00f1arse bajo la lluvia, para gozar de ese placer que se les hab\u00eda negado durante aquellos fatales a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Pero esa lluvia, ese man\u00e1, no tard\u00f3 en convertirse en otra cat\u00e1strofe para el pueblo. Porque la lluvia nunca par\u00f3.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Y diluvi\u00f3 durante diez a\u00f1os seguidos.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Fueron los tiempos en que todos se resignaron a usar galochas y el Observatorio Meteorol\u00f3gico Nacional tuvo que instalar una sede regional frente al Ayuntamiento. Las casas cruj\u00edan bajo los truenos y los rel\u00e1mpagos. Los ni\u00f1os nac\u00edan pasados por agua y a los viejos hab\u00eda que sacarles el moho de la entrepierna. Y los j\u00f3venes que se hab\u00edan ido a la ciudad para estudiar, regresaron s\u00f3lo cuando quer\u00edan tener una arriesgada jornada de pesca. Durante esos a\u00f1os, cada uno de los habitantes de ese peque\u00f1o pueblo espa\u00f1ol debi\u00f3 aprender a convivir con la lluvia.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Pero un d\u00eda todo habr\u00eda de cambiar: cuando don Manuel, el autor de aquel \u201cmilagro\u201d, el hombre que hab\u00eda devuelto la lluvia a la zona y que, desde hac\u00eda mucho tiempo hibernaba hecho una estatua, decidi\u00f3 volver a la vida.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Aquella ma\u00f1ana, la estatua estir\u00f3 las rodillas, terriblemente entumecidas. Distendi\u00f3 los brazos con dificultad y tom\u00f3 fuerzas para moverse. Todo le costaba much\u00edsimo. Respir\u00f3 profundo, baj\u00f3 del pedestal y camin\u00f3, como pudo, unos pasos.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Un autom\u00f3vil que pas\u00f3 velozmente, lo empap\u00f3. El agua comenz\u00f3 a despegarle el cabello, engominado a fuerza de bronce.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Es que Don Manuel hab\u00eda empezado a extra\u00f1ar. Desde su lugar privilegiado en medio de la plaza pod\u00eda ver apenas lo que le permit\u00eda su posici\u00f3n y lo cierto es que su corazoncito querend\u00f3n lo estaba empujando desde hace rato al regreso. Quer\u00eda ver a los viejos conocidos, a sus hermanas, recobrar sus recuerdos, ver qu\u00e9 hab\u00eda sido de su herrer\u00eda.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Aquella ma\u00f1ana, Don Manuel se convenci\u00f3 de que val\u00eda la pena el esfuerzo y se decidi\u00f3 salir a pasear por el pueblo. Por eso se encamin\u00f3 al bar de don Cipriano, su amigo, aquel que hab\u00eda sido el \u00faltimo alcalde que \u00e9l recordaba.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Arduo trabajo le cost\u00f3 llegar hasta peque\u00f1o local de la calle Rioja. Charcos, peque\u00f1as lagunitas, estanques con peces en el medio de la calle, sorprendieron al resucitado. Al llegar al bar, cuatro hombres que jugaban a la brisca, cuando lo vieron entrar, detuvieron la partida. Murmuraban, susurraban. Uno de ellos se le acerc\u00f3 para preguntarle si necesitaba ayuda y agreg\u00f3:<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Tienes muy mal color\u2014 le dijo, mir\u00e1ndolo de cerca.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Don Manuel quiso responderle que peor color ten\u00edan sus pantalones sucios, pero no le salieron las palabras. Apenas unos sonidos de goznes herrumbrados.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Una mujer que estaba junto a la ventana, se tom\u00f3 la cara y peg\u00f3 un grito, cuando vio que parte del bronce de una de las piernas de Manuel ca\u00eda con estr\u00e9pito, para llenar el piso de polvo dorado.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>El muchacho que estaba detr\u00e1s de la barra, boquiabierto, miraba el oxidado maquillaje que no hab\u00eda terminado de desprenderse de la anatom\u00eda de esa estatua viviente.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Q&#8230; q&#8230; \u00bfqu\u00e9 va a to\u2026 mar? \u2014le pregunt\u00f3, con miedo y casi por costumbre.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Ci-pri-a-no \u2014alcanz\u00f3 a articular Manuel.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>El joven jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo mencionar el nombre de esa bebida. Pero luego relacion\u00f3 que de ese modo se llamaba su abuelo. Entonces, le respondi\u00f3 que Cipriano hab\u00eda muerto hac\u00eda m\u00e1s de seis a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Manuel empalideci\u00f3 tanto que su rostro se volvi\u00f3 verde oliva. Se son\u00f3 los dedos, lo que provoc\u00f3 un chasquido parecido a una cerradura antigua abriendo una puerta. Y volvi\u00f3 a preguntar, esta vez por Magdalena, una de sus hermanas.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>El chico, m\u00e1s asustado, busc\u00f3 ayuda con la mirada, pero ninguno de los parroquianos, que miraban pasmados sin hacer nada,\u00a0 estaba dispuesto a socorrerlo.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Usted debe querer decir Lenita, la peluquera&#8230; \u2014le respondi\u00f3 finalmente, luego de pensar un rato\u2014. Pues lamento decirle que ella no tuvo mejor suerte. Muri\u00f3 una tarde&#8230; hace unos ocho a\u00f1os, mientras intentaba hacerle un peinado a prueba de truenos a su hermana, quien tambi\u00e9n falleci\u00f3, meses despu\u00e9s, por la tristeza&#8230;<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Vaya\u2026 \u2014dijo Manuel, sin entender de esas extra\u00f1as modas\u2014. Parece que hoy no es un buen d\u00eda para regresar&#8230;<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Sali\u00f3 a la calle y mir\u00f3 el pueblo. Todo hab\u00eda cambiado. Descubri\u00f3 que la casa de Antonia, la lechera, se hab\u00eda convertido en un negocio de art\u00edculos de pesca, y le llam\u00f3 la atenci\u00f3n esa M may\u00fascula que adornaba el antiguo local del sastre, que ahora \u2014parec\u00eda\u2014 se apellidaba <em>Mc Donalds<\/em>.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Deseoso de recuperar parte de su pasado, retorn\u00f3 a su vieja herrer\u00eda. El frente se manten\u00eda igual a c\u00f3mo \u00e9l recordaba. Las puertas estaban cerradas. Las empuj\u00f3 con escaso esfuerzo y, para su sorpresa, se abrieron con facilidad. All\u00ed dentro, adem\u00e1s de sombras,\u00a0 muebles, yunques y herramientas llenas de polvillo y olvido, habitaba un gran bote con motor fuera de borda, sobre unas ruedas neum\u00e1ticas.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Mir\u00f3 dentro de la embarcaci\u00f3n y descubri\u00f3 unas canastas con redes y ganchos y unas boyas de colores y unas cuantas ca\u00f1as de pescar. M\u00e1s all\u00e1 unas cajas con ex\u00f3ticas tablas de colores.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Oli\u00f3 su vieja vivienda. Y ya ni siquiera le pareci\u00f3 familiar.<\/p>\n<p>Triste fue para Manolo darse cuenta que todo lo que \u00e9l hab\u00eda conocido ya no exist\u00eda.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Pens\u00f3 unos instantes y, al fin, retorn\u00f3 al \u00faltimo lugar que recordaba haber transitado en vida: la antigua ermita de la Virgen de las Sierras.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Ascender hacia la gruta le cost\u00f3 much\u00edsimo. All\u00ed arriba encontr\u00f3 a una Santa Mar\u00eda imp\u00e1vida que lo mir\u00f3, como en aquella noche, con sus ojos pl\u00e1cidos.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Hasta all\u00ed hab\u00eda llegado hac\u00eda diez a\u00f1os. Hasta all\u00ed hab\u00eda ido en procura de un poco de paz, respondiendo a algo que hab\u00eda escuchado de boca de Cipriano: \u00abAgua, Manuel, agua. No s\u00e9 qu\u00e9 habr\u00e1 que\u00a0 hacer, pero necesitamos agua\u00bb.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014La estatua de la plaza ha desaparecido\u2014dijo el nieto de Cipriano, que corri\u00f3 hasta la emisora de radio local.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Pero, \u00bfqu\u00e9 te has fumado?\u2014, bromearon.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u2014Joder, hombre, que nada\u2026 Cre\u00e9dme, si es que la estatua acaba de estar en el bar y dej\u00f3 todo dorado\u2014 insisti\u00f3 el joven que pidi\u00f3 a Pepe, el jefe de la radio, que lo acompa\u00f1ara hasta la plaza.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Y \u00a1vaya que era verdad!, confirm\u00f3 el periodista. No s\u00f3lo que la estatua no estaba. Los pasos que hab\u00eda dado Manolo esa ma\u00f1ana hab\u00edan quedado grabados, como sellos amarillos, en el suelo barroso.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Como sabuesos, el cronista de la radio local junto con el nieto de Cipriano, siguieron los rastros.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Vieron sus huellas en la antigua herrer\u00eda que ahora serv\u00eda de garaje para el bote de Prefectura.\u00a0 Observaron c\u00f3mo iba dejando pinceladas doradas, en el sendero que sub\u00eda a la cumbre. Ellos ascendieron entre los matorrales, cubri\u00e9ndose de los rayos, que a esa altura de la monta\u00f1a eran muy peligrosos. Y llegaron hasta la ermita.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>All\u00ed lo encontraron: muerto, mojado, fl\u00e1cido, limpio de los bronces, viejo como no parec\u00eda cuando estaba en medio de la plaza. Y ahogado en un charco.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Al verlo, Pepe, el joven periodista, supo que ese hallazgo lo har\u00eda famoso y que aquella ser\u00eda la mayor noticia que dar\u00eda el periodismo del pueblo.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>As\u00ed fue la doble muerte de Manuel quien nunca supo que todo Magaz festej\u00f3 con bombos y platillos su ausencia.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Mucho menos hubiera podido entender c\u00f3mo disfrutaron todos los vecinos de esa gran fiesta que se realiz\u00f3 al d\u00eda siguiente en plena plaza.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Estuvo el gobernador, el alcalde, la Guardia Civil, los vecinos\u00a0 m\u00e1s antiguos, los j\u00f3venes, los peque\u00f1os con uniformes escolares viendo c\u00f3mo, sobre el mismo pedestal que Manolo hab\u00eda ocupado y ahora estaba vac\u00edo, se colocaba una placa adicional.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>Esta todav\u00eda existe, y dice:<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>\u00abPOR FIN SE HIZO JUSTICIA<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/strong>CON QUIEN ANEG\u00d3 NUESTRA HISTORIA\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La tierra ten\u00eda grietas como arrugas de vieja curtida al sol.\u00a0 Desde hac\u00eda dos a\u00f1os, el pueblo de Magaz era un p\u00e1ramo. No hab\u00eda ca\u00eddo una sola gota de agua en todos esos meses. Y esa cruel sequ\u00eda estaba destruy\u00e9ndolo todo, cada rinc\u00f3n. Reinaba un silencio morboso. Los animales [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-768","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/768","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=768"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/768\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":772,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/768\/revisions\/772"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=768"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=768"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=768"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}