{"id":758,"date":"2011-07-06T00:00:28","date_gmt":"2011-07-05T22:00:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=758"},"modified":"2011-07-05T22:28:26","modified_gmt":"2011-07-05T20:28:26","slug":"100-nuevo-correo-recibido-por-baikonour","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/100-nuevo-correo-recibido-por-baikonour\/","title":{"rendered":"100- Nuevo correo recibido. Por Baikonour"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Estaba en plena tarea con la hoja de c\u00e1lculo cu\u00e1ndo en la esquina inferior derecha del monitor apareci\u00f3 el mensaje de \u201cNuevo correo recibido\u201d. Chasque\u00f3 la lengua con fastidio, molesto por la distracci\u00f3n. El maldito recuadro, poderoso, parec\u00eda tener un im\u00e1n sobre los ojos; le resultaba imposible apartarlos de la esquina, sustraerse a su influjo. Desisti\u00f3 de continuar con su tarea y puls\u00f3 la previsualizaci\u00f3n..<!--more--><\/p>\n<p>De: RRHH<\/p>\n<p>Para: Luis Mediavilla<\/p>\n<p>Asunto: Convocatoria despacho RRHH hoy 15:00<\/p>\n<p>El s\u00fabito incremento de la tensi\u00f3n arterial golpeteo con fuerza en sus sienes, mientras el diafragma se negaba a bajar y dejar entrar aire en los pulmones. El ruido de los teclados de sus compa\u00f1eros enmudeci\u00f3 s\u00fabitamente, y su campo de visi\u00f3n se redujo a la pantalla de 17 pulgadas que ten\u00eda justo enfrente. Ley\u00f3 y reley\u00f3 varias veces el encabezado, incr\u00e9dulo, sin poder abrir por completo el correo. Su instinto de supervivencia, adormecido por los diez largos a\u00f1os pasados en la empresa, subiendo con tes\u00f3n de puesto en puesto; despertaba de su letargo. Recibir un correo de ese tipo un viernes a las dos de la tarde no puede significar nada bueno, le dec\u00eda esa vocecilla. Unos segundos (o eternidades) despu\u00e9s, se arm\u00f3 de valor y despleg\u00f3 el texto completo. La primera reacci\u00f3n fue de alivio al ver la brevedad del texto, en el que b\u00e1sicamente se reiteraba la informaci\u00f3n: ten\u00eda que presentarse a las 15:00 en el despacho de personal. Ninguna otra aclaraci\u00f3n ni explicaci\u00f3n accesoria. Si hab\u00eda, no obstante, un \u00faltimo regalo para su reci\u00e9n estrenada taquicardia. Al final del mensaje, y bajo el texto interrogante de \u201c\u00bfAcepta la convocatoria?\u201d aparec\u00edan dos botones de voto, el verde del SI y el rojo del NO. Incluso cre\u00eda percibir cierto retint\u00edn en la mec\u00e1nica pregunta. El puntero saltaba de una casilla a la otra, indeciso como la mente en la que pugnaban los instintos enfrentados.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Incapaz de decidir, retir\u00f3 la mano y levant\u00f3 la vista. Recorri\u00f3 la sala con la mirada anhelante, buscando alguna se\u00f1a de complicidad, una cara amiga con la que descargar los nervios. Ninguno de sus compa\u00f1eros parec\u00eda haberse dado cuenta de la angustia que le embargaba en aqu\u00e9l momento. Ni siquiera el chismoso de Recuero, que habitualmente oteaba su entorno como si fuera un b\u00faho, movimientos de cabeza incluidos, daba se\u00f1ales de inquietud. Estaba enfrascado en su trabajo como pocas veces recordaba haberle visto. Desech\u00f3 la idea de buscar alguien amigo con el que comentar lo que le atenazaba. La corbata le apretaba con sa\u00f1a el cuello, ci\u00f1endo el cuello de una camisa que empezaba a empaparse sudor. Se levant\u00f3 y fue al ba\u00f1o; se moj\u00f3 la cara y el frescor del agua ayudo a sosegar un tanto su \u00e1nimo. Mientras se secaba las manos se mir\u00f3 en el amplio espejo, que le devolvi\u00f3 la imagen de un ser p\u00e1lido, desencajado, encogido sobre s\u00ed mismo. Estaba totalmente fuera de si, necesitaba sacarse como fuera aquello de su interior.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sali\u00f3 del ba\u00f1o, pero el recuerdo del amenazante ordenador le imped\u00eda volver a su puesto. Busc\u00f3 en su memoria alg\u00fan otro escondite. Subi\u00f3 a la planta superior, donde estaba la m\u00e1quina del caf\u00e9, solo para comprobar que no ten\u00eda monedas. Pens\u00f3 en ped\u00edrselas a alguno de los compa\u00f1eros que hab\u00eda en la sala, pero finalmente se content\u00f3 con incorporarse a uno de los corrillos sin prestar la m\u00e1s m\u00ednima atenci\u00f3n a la conversaci\u00f3n. No se sent\u00eda en condiciones de charlar indolentemente sobre alguna noticia absurda de ultima hora. Sent\u00eda el ambiente extra\u00f1o, tirante, muy distinto a la calidez que estaba buscando. En vez de tomar caf\u00e9 se bebi\u00f3 sus propios pensamientos, digiriendo la amenaza que hab\u00eda recibido. La sudoraci\u00f3n y el ritmo card\u00edaco empezaron a disminuir, mientras en su lucha interna, el bando del miedo retroced\u00eda ante el avance de la furia y la rabia. Al salir atropelladamente de la sala, casi choca con Vazquez, de contabilidad.<\/p>\n<p>-\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el fuego, hombre?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo dices?<\/p>\n<p>-Que d\u00f3nde esta el fuego. Que ya me dir\u00e1s si no a donde vas con tanta prisa. -V\u00e1zquez no era mal tipo, pero su sentido del humor era cuando menos peculiar. El se hacia much\u00edsima gracia, siempre se estaba riendo, pero pocos en la oficina le catalogar\u00edan como una persona divertida.<\/p>\n<p>-Ah, si, eso&#8230;. es que tengo un correo urgente que contestar.<\/p>\n<p>-Peste de correos y de ordenadores. Parece que ya solo sabemos comunicarnos con esos malditos cacharritos. Yo me niego. Si alguien quiere algo, por lo menos que me llame por tel\u00e9fono, y me lo diga de propia palabra. Mira, hoy, por ejemplo, llevo todo el d\u00eda sin abrir el correo.<\/p>\n<p>-T\u00fa es que eres muy tuyo V\u00e1zquez \u2013 y otros varios adjetivos que se me est\u00e1n ocurriendo en este momento-; pero es que tu puesto te lo permite. A ti te dan tus cuentas y una calculadora y eres feliz, no necesitas mas.<\/p>\n<p>-Pues haberte pedido contabilidad, cuando entraste en la empresa, que bien que te diste prisa en entrar en compras, <em>jodio.<\/em><\/p>\n<p>Estaba empezando a sentirse incomodo. Aparte de por su humor, V\u00e1zquez era conocido por lo pesado que pod\u00eda llegar a ser. Era capaz de estar horas hablando sobre cualquier cosa y con cualquiera. El hecho de que hubieran entrado en la empresa con escasas semanas de diferencia le invitaba a tomarse unas confianzas que malditas sean las ganas que tenia de d\u00e1rselas. Mir\u00f3 el reloj descaradamente, por ver si se daba por aludido. Segundos despu\u00e9s, y ante la persistente verborrea, salt\u00e1ndose cualquier norma de educaci\u00f3n le esquiv\u00f3 con un quiebro de cintura y le dej\u00f3 con la palabra en la boca.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Imbuido en nuevos \u00e1nimos, baj\u00f3 las escaleras de dos en dos y se sent\u00f3 decidido ante su escritorio. Agit\u00f3 el rat\u00f3n para hacer despertar a su durmiente monitor, y puls\u00f3 firmemente sobre el SI, decidido a enfrentarse con lo que hiciera falta. Al cerrarse la pantalla del correo, reapareci\u00f3 la hoja de c\u00e1lculo inacabada. Qued\u00f3 perplejo durante unos instantes. Despu\u00e9s, clic\u00f3 con furia sobre el aspa de cerrar, sin ninguna gana de trabajar en aquello que hac\u00eda escasa media hora parec\u00eda ser lo m\u00e1s importante del mundo. Apareci\u00f3 el fondo de pantalla y la Ducati que ten\u00eda como imagen, objeto de deseo que nunca se di\u00f3 el gustazo de satisfacer. Pase\u00f3 la mirada por los iconos hasta encontrar el que buscaba. Pas\u00f3 un rato deambulando por las carpetas de archivos personales, revisando las cosas que hab\u00eda ido acumulando con el paso del tiempo. Hizo una selecci\u00f3n que pas\u00f3 al pendrive que guardaba en el caj\u00f3n, pero era imposible guardarlo todo. Sencillamente, no ten\u00eda espacio. Multitud de archivos, documentos, fotos, canciones\u2026 todos sucumbieron al frenes\u00ed de su dedo \u00edndice y el bot\u00f3n de \u201cSuprimir\u201d. Cuando termin\u00f3 con los archivos personales, a\u00fan le quedaba un cuarto de hora para la cita que anticipaba fat\u00eddica. Al parar, se dio cuenta de que estaba sudoroso, con la respiraci\u00f3n agitada. Se forz\u00f3 a si mismo a detenerse unos instantes y recuperar la serenidad. Descolg\u00f3 el tel\u00e9fono que ten\u00eda en su mesa y marc\u00f3 el n\u00famero de su mujer.<\/p>\n<p>-Hola cari\u00f1o, \u00bfque estas haciendo?<\/p>\n<p>-&#8230;.<\/p>\n<p>-Estaba pensando que, si te apetece, pod\u00edamos ir a comer a la arrocer\u00eda esa que te gusta tanto.<\/p>\n<p>-&#8230;<\/p>\n<p>-No, hoy no tendr\u00e9 que volver a la oficina por la tarde. Tendr\u00e1n que aguantarse y pasar sin mi. La tarde de hoy es solo para nosotros. Vete pensando adonde iremos despu\u00e9s.<\/p>\n<p>-&#8230;.<\/p>\n<p>-Quedamos all\u00ed a las tres y media, el primero que llegue que vaya pidiendo mesa.<\/p>\n<p>Cuando colg\u00f3, se pas\u00f3 la mano por la frente. El sudor que la perlaba momentos antes hab\u00eda desaparecido. Se encontraba mucho mejor, reconciliado consigo mismo. Recapacit\u00f3 durante unos segundos, los suficientes para retomar el rat\u00f3n y mandar la flechita parpadeante a la otra punta de la pantalla, justo d\u00f3nde un icono colorido indicaba \u201cProyectos\u201d. Una sinfon\u00eda de chasquidos mec\u00e1nicos y zumbidos del disco duro protagonizaron los siguientes minutos. Se mov\u00eda por el sistema de archivos con la precisi\u00f3n de un cirujano; cortando, sajando y amputando con su misma determinaci\u00f3n. El reloj del escritorio iba desgranando los minutos a la misma velocidad que desaparec\u00edan los megabytes de informaci\u00f3n. Cumplido el l\u00edmite horario, sonri\u00f3 satisfecho consigo mismo y se recost\u00f3 en el asiento. Tremendamente relajado, fue, ahora s\u00ed, consciente del extra\u00f1o revuelo que se percib\u00eda en la oficina. El ir y venir de la gente, los grupitos en torno a algunos puestos, las sonrisas e incluso alguna carcajada superaban las habituales un viernes por la tarde a aquellas horas. Parpade\u00f3 perplejo en su sitio, casi olvid\u00f3 la obligatoria visita pendiente. Le intrigaba a santo de qu\u00e9 tanto revuelo, pero no ten\u00eda tiempo para averiguaciones; y ademas, era algo que ya no le incumb\u00eda. Apag\u00f3 el ordenador, recogi\u00f3 la mesa y se levant\u00f3. Tom\u00f3 la chaqueta del perchero y tras cruzar la oficina con una media sonrisa bail\u00e1ndole en la cara, sali\u00f3 al descansillo. Puls\u00f3 el bot\u00f3n para llamar al ascensor, ya que recursos humanos se encontraba cinco plantas m\u00e1s arriba. Mientras esperaba tatareando una cancioncilla, lleg\u00f3 a su lado Cristina, la recepcionista de la planta. Le saludo fr\u00edamente, como siempre, mientras pegaba con celo un folio en la pared.<\/p>\n<p>\u201cSe comunica al personal que debido a un virus inform\u00e1tico, se ha producido un falso envi\u00f3 masivo de correos suplantando la cuenta de Recursos Humanos. Los afectados p\u00f3nganse en contacto con el departamento de inform\u00e1tica para que revisen sus equipos\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Estaba en plena tarea con la hoja de c\u00e1lculo cu\u00e1ndo en la esquina inferior derecha del monitor apareci\u00f3 el mensaje de \u201cNuevo correo recibido\u201d. Chasque\u00f3 la lengua con fastidio, molesto por la distracci\u00f3n. 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