{"id":451,"date":"2011-06-18T22:39:00","date_gmt":"2011-06-18T20:39:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=451"},"modified":"2011-06-18T22:39:00","modified_gmt":"2011-06-18T20:39:00","slug":"51-la-ceremonia-por-gerardo-n-gandara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/51-la-ceremonia-por-gerardo-n-gandara\/","title":{"rendered":"51- La ceremonia. Por Gerardo N. Gandara"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con el fin de evitar lo sucedido cuando recib\u00ed el Premio de la Confederaci\u00f3n de C\u00e1maras de Comercio, al principio un poco en broma y al final ya muy en serio, hab\u00eda invertido muchas horas en explicarle a mi familia cuales eran mis deseos para esta ocasi\u00f3n. <!--more-->Pero todo fue en vano. Me podr\u00eda haber ahorrado el esfuerzo dado que, llegado el d\u00eda, ninguno de ellos demostraba haber tenido en consideraci\u00f3n mis opiniones. Cierto es que despu\u00e9s de aquella experiencia y por primera vez en a\u00f1os, no ser\u00eda yo quien iba a hacerse cargo de organizarlo todo.<\/p>\n<p>\ufeff\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \ufeff\ufeffBuen ejemplo de ello era el lugar escogido para la ceremonia. Conociendo los gustos de mi madre y su adicci\u00f3n a ostentar su estatus social, y s\u00f3lo por si finalmente ella interven\u00eda en la toma de decisiones, yo hab\u00eda insistido mucho en que se llevase a cabo en un sitio nada fastuoso, recogido y peque\u00f1o, donde se pudiese palpar f\u00edsicamente la intimidad que deber\u00eda de abrazarnos. Al final nos encontr\u00e1bamos en una sala seis veces m\u00e1s grande de la que hab\u00eda imaginado, tan Art Dec\u00f3, que parec\u00eda proyectada por Andr\u00e9 Groult. Suelos de tarima centenaria de roble americano meticulosamente encerados, cubiertos por cinco alfombras situadas de forma estrat\u00e9gica para que tanto estas como la tarima lucieran espl\u00e9ndidas a los ojos del visitante. Con una marcada inclinaci\u00f3n hacia un estilo descansado, sus sillas, anchas y acogedoras, estaban hechas en madera de amboina, procedente de las islas Molucas. Los cuatro sillones inmensos, tapizados en piel de zapa concienzudamente tratada para restarle su aspereza, estaban dispuestos formando dos de los cuatro \u00e1ngulos de un rect\u00e1ngulo imaginario. Adem\u00e1s del revestimiento textil de terciopelo burdeos, tres tapices, seis oleos de considerables dimensiones y un formidable espejo, que incitaba a mirarse en \u00e9l, decoraban las paredes del sal\u00f3n. Rozando los l\u00edmites de la perfecci\u00f3n, dos biombos, exquisitamente lacados en<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>los talleres de Jean Dunand, consegu\u00edan dividir el espacio de tal forma que nadie se viese obligado a compartir un minuto con quien no deseara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No s\u00f3lo hubiese preferido mucha menos gente de la que al final estaba all\u00ed, sino que, en algunos casos concretos, no pod\u00eda concebir que exhibieran la desfachatez necesaria para haberse presentado. Estaban Hugo y Luis, con sus nuevas novias. Ellos, ufanos, presumiendo de los millones obtenidos con la venta de nuestra empresa a los suecos y con ello la ruptura de nuestra sociedad. Ellas, j\u00f3venes, hermosas y luciendo unos vestidos tan ce\u00f1idos que les dificultaban disimular la calculadora que ten\u00edan entre las piernas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me supon\u00eda un esfuerzo inmenso entender como a\u00fan me sorprend\u00eda el cinismo de Andr\u00e9s, pero lo hac\u00eda. Hab\u00edan transcurrido diez a\u00f1os desde la \u00faltima vez que nos hab\u00edamos visto cara a cara, poco antes de entrar en la sala del Juzgado de lo Penal n\u00famero 12 de Barcelona. \u00c9l como imputado, yo como testigo de cargo. Andr\u00e9s era el prototipo de adulador inepto con exagerada autoestima, combinaci\u00f3n que constituye una bomba programada para estallar. Sin que nadie que mantuviera trato con \u00e9l pudiera explic\u00e1rselo, ascendi\u00f3 en la empresa para la que trabajaba hasta un cargo directivo de considerable relevancia. Yo le conoc\u00ed entonces, cuando se convirti\u00f3 en mi jefe, en el primer empleo que consegu\u00ed al llegar a la ciudad. En cuanto vislumbr\u00e9 sus maniobras y me percat\u00e9 de sus intenciones, me concentr\u00e9 en proteger mi posici\u00f3n y documentarme adecuadamente para el momento en que desde el Consejo de Administraci\u00f3n vinieran degollando. Superada su desconfianza inicial, logr\u00e9 convencerle de mi absoluta incompetencia. As\u00ed fue como se relaj\u00f3 y trenz\u00f3 la soga que se acabar\u00eda echando al cuello.\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad<\/p>\n<p>\u2014&#8230;reducci\u00f3n de pena por buena conducta&#8230; \u2014supuse que le comentaba, como susurrando, Andr\u00e9s a Hugo, mientras sus ojos delataban la lascivia que le provocaban las piernas de la novia de Luis. Me\u00a0 hubiese gustado que fuese capaz de notar mi sonrisa despectiva.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ellos se conoc\u00edan desde hac\u00eda mucho tiempo. Los hab\u00eda presentado yo, cuando a\u00fan trabajaba con Andr\u00e9s, a\u00f1os antes del juicio y de que la idea de Hugo, la capacidad organizativa de Luis y mis conocimientos de los mercados internacionales nos convirtieran en empresarios de \u00e9xito. Lo que me costaba armonizar era que se hablaran, aunque supongo que la forma en que hab\u00eda acabado mi relaci\u00f3n con cada uno de ellos les hac\u00eda tener algo en com\u00fan.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para compensar tanta presencia no deseada, en el extremo opuesto del sal\u00f3n<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>junto a la salamandra francesa de hierro forjado, donde crepitaba un fuego como de atrezo, se hallaban Pepe, Esteban e Isabel. A pesar de los veintid\u00f3s grados conseguidos con la climatizaci\u00f3n del local, ellos intentaban combatir un fr\u00edo al que no estaban acostumbrados y que se les colaba debajo de las u\u00f1as. Pepe viv\u00eda desde hac\u00eda treinta y cinco a\u00f1os en Panam\u00e1. Esteban e Isabel se hab\u00edan instalado en Jamaica medio siglo atr\u00e1s. Hablaban los tres y a Pepe se le notaba a lo lejos la incomodidad que le produc\u00eda el traje negro de alpaca, la corbata y el bot\u00f3n del cuello de la camisa abrochado. Si por un lado, no dejaba de cambiar el pie de apoyo, exhibiendo un movimiento pendular constante, por otro, colaba su dedo \u00edndice entre su cuello y el de la camisa para estirarlo con tanta decisi\u00f3n como exiguo disimulo. Cada pocos minutos Esteban le abrazaba, como intentado anclarle en una posici\u00f3n fija al suelo de roble encerado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A espaldas de ellos y observ\u00e1ndoles con desconcierto, se pod\u00eda ver al Profesor. Hab\u00eda llegado desde el hemisferio sur, trayendo consigo el olor que yo dejara atr\u00e1s hac\u00eda m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Nos un\u00eda una amistad inquebrantable, forjada en nuestra adolescencia y pulimentada de forma epistolar a lo largo de un cuarto de siglo. En veinticinco a\u00f1os no nos hab\u00edamos visto m\u00e1s de cinco veces. Toda una vida enhebrando intenciones de reunirnos sin que consigui\u00e9ramos dar las puntadas que nos unieran. Yo a\u00fan no me hab\u00eda perdonado mi ausencia el d\u00eda de su boda con la Doctora Costa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si el local era seis veces m\u00e1s grande que el que yo hubiese deseado, a nadie parec\u00eda importarle que hubiera cinco veces m\u00e1s gente que en mis pron\u00f3sticos m\u00e1s pesimistas, esos que hab\u00eda hecho contando con que nadie me hiciera caso, como al final sucedi\u00f3. A pesar de la falta de m\u00fasica, de que aquel lugar no pod\u00eda ser m\u00e1s opuesto al que yo hab\u00eda imaginado, del n\u00famero total de personas presentes y de que, en cualquier caso, yo hubiese dispuesto la iluminaci\u00f3n de forma diferente dado que me resultaba opaca en exceso, he de admitir que el ambiente general era de sosiego. Por eso me resultaban tan fuera de lugar la sucesi\u00f3n de discusiones con sordina que percib\u00eda entre los m\u00edos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Muy cerca de la puerta de entrada estaban Claudia, mi esposa, y Rosal\u00eda, mi hija mayor. A\u00fan sin lograr o\u00edr lo que se dec\u00edan, intent\u00e9 descubrirlo en sus gestos. Todos hab\u00edamos padecido, en alg\u00fan momento, la impulsividad de Rosal\u00eda. Su car\u00e1cter irreflexivo y su apego exacerbado a lo que ella considerara justo era lo que la hac\u00eda tan adorable como dif\u00edcil de llevar. Con ellas, al otro lado de la puerta de entrada, como d\u00e1ndole forma a un comit\u00e9 de bienvenida,<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>hablaban, entre medias sonrisas y gestos<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>de contrariedad, Diego, mi hijo, e In\u00e9s, la hija de Claudia. A su lado y afan\u00e1ndose por intervenir en la conversaci\u00f3n, Pablo, que hab\u00eda llegado a los dos a\u00f1os de casarme con Claudia, cuando ninguno de nosotros lo esperaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A solo cinco minutos de la hora fijada para comenzar, a\u00fan faltaban mis padres, aunque qui\u00e9n les conociera, sab\u00eda que estar\u00edan all\u00ed en el momento indicado, haciendo gala de una puntualidad exquisita. La Sra. Dorothy MacLean no llegar\u00eda tarde ni a su propia cita con el pat\u00edbulo. Si de algo se enorgullec\u00eda era de su r\u00edgida educaci\u00f3n de las tierras altas escocesas, en la que la puntualidad constitu\u00eda el menor signo de respeto al pr\u00f3jimo. Estaba convencido de que har\u00eda cuanto fuese necesario para superar todos los escollos que la enfermedad de mi padre le pusiera en su camino y llegar\u00edan para hacer una entrada, tan triunfal como discreta, segundos antes del momento se\u00f1alado. Quien me apenaba era el Sr. Loureiro, mi padre. Su demencia senil no solo no le dejar\u00eda entender el porqu\u00e9 de las prisas y la necesidad obsesiva de ser puntual, sino que tampoco le dejar\u00eda discernir qu\u00e9 hac\u00eda all\u00ed, entre tantos desconocidos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En lo que a m\u00ed respecta, y considerando que todo era much\u00edsimo m\u00e1s formal y protocolario de lo que yo hab\u00eda deseado, no desentonaba ni con el boato del lugar, ni con la compostura de los presentes. Tengo dudas si era un efecto de la iluminaci\u00f3n mortecina del local, pero hac\u00eda ya mucho tiempo que al mirarme a la cara no me ve\u00eda tan joven. Aunque estaba m\u00e1s p\u00e1lido de lo que hubiese preferido, no notaba las manchas que, ayudadas por mi pertinaz apego al tabaco, comenzaron a aparecer, como salpicadas sin orden por mi cutis, a partir de los cuarenta. Tampoco se apreciaban las ojeras que se hab\u00edan instalado para no marcharse, aprovechando el abandono paulatino de las horas diarias de sue\u00f1o. Tal como me gustaba, me ve\u00eda bien peinado sin que se notase el fijador y perfectamente afeitado. Me observaba y disfrutaba de mi media sonrisa, que provoca la aparici\u00f3n de dos hoyuelos, mi mejor arma de seducci\u00f3n. Ser\u00eda inadecuado culpar a la luz tenue de que no pudiera verme cara de buena persona, porque nunca la he tenido. Lo que en mi infancia fue una cara de ni\u00f1o travieso, al crecer se transform\u00f3 en aspecto de hijo de puta. Para que todo estuviese perfecto, me hubiese gustado tener la oportunidad de captar mi propia mirada, pero a\u00fan sin ese detalle puedo garantizar que la maquilladora del tanatorio hab\u00eda hecho un trabajo excelente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con el fin de evitar lo sucedido cuando recib\u00ed el Premio de la Confederaci\u00f3n de C\u00e1maras de Comercio, al principio un poco en broma y al final ya muy en serio, hab\u00eda invertido muchas horas en explicarle a mi familia cuales eran mis deseos para esta ocasi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-451","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/451","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=451"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/451\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":457,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/451\/revisions\/457"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=451"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=451"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=451"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}