{"id":447,"date":"2011-06-18T09:03:27","date_gmt":"2011-06-18T07:03:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=447"},"modified":"2011-06-18T09:03:27","modified_gmt":"2011-06-18T07:03:27","slug":"50-la-meta-por-sara-rojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/50-la-meta-por-sara-rojas\/","title":{"rendered":"50- La meta. Por Sara Rojas"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0Al torcer la curva la recta le pareci\u00f3 infinita. Hasta ese momento, llegar a la curva era una meta inmediata que le motivaba y le animaba. Sin embargo, al rebasarla, se descorazon\u00f3 al ver que la recta ascend\u00eda ligeramente para luego perderse y ocultarse a la vista.<!--more--><\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed\u00a0 pod\u00eda intuir que el camino segu\u00eda all\u00ed.<\/p>\n<p>Dej\u00f3 atr\u00e1s esa hilera de pinos que tanto respiro le hab\u00edan dado y la crueldad del sol se ceb\u00f3 con sus ya maltrechos hombros. Aquella ma\u00f1ana, al levantarse y elegir la ropa nada hac\u00eda presagiar que el sol le iba a hacer tanto da\u00f1o, de haber sido as\u00ed, de haberse imaginado por un momento lo que iba a ocurrir, desde luego que aquella no habr\u00eda sido la mejor opci\u00f3n.<\/p>\n<p>El agradable y pac\u00edfico canto de los p\u00e1jaros, ajenos a lo que all\u00ed ocurr\u00eda, se hab\u00eda perdido al dejar atr\u00e1s aquello que parec\u00eda un para\u00edso en medio del desierto.<\/p>\n<p>Ahora se abr\u00eda ante \u00e9l un interminable camino, de nivel irregular, con piedras que har\u00edan perder el ritmo, aquello de lo que depend\u00eda en ese momento.<\/p>\n<p>Le dol\u00edan horriblemente las piernas, los pies sudados, se deslizaban en cada zancada produci\u00e9ndole un desagradable y h\u00famedo dolor. Todo el peso de su cuerpo se volcaba hacia delante haciendo que apareciera en su cara una mueca de profundo sufrimiento.<\/p>\n<p>Pero no pod\u00eda dejar que las fuerzas se le escaparan. Ten\u00eda que mantener la concentraci\u00f3n pese al horrible esfuerzo. \u00a1Los ten\u00eda justo detr\u00e1s! Sent\u00eda su aliento en el cogote, sus respiraciones entrecortadas y tan angustiadas como la de \u00e9l. Casi pod\u00eda oler su sudor, sent\u00eda como el suelo se tambaleaba a su espalda cada vez que uno de ellos dejaba caer su pierna.<\/p>\n<p>Por un momento trat\u00f3 de mantener la mente fr\u00eda y pens\u00f3 \u201cellos deben estar tan agotados como yo. La ventaja es m\u00eda que voy por delante. S\u00f3lo dependo de m\u00ed \u201c, pero era un consuelo agonizante. Parec\u00eda que el peque\u00f1o grupo que se hab\u00eda formado hac\u00edan de ariete del primero, el que ten\u00eda justo detr\u00e1s, del que pod\u00eda oler su apestoso olor a sudor con tanta claridad como el suyo propio.<\/p>\n<p>Unos metros atr\u00e1s, cuando llevaba algo m\u00e1s de ventaja que ahora, se hab\u00eda permitido mirar de soslayo y pudo ver el perfil del que ten\u00eda m\u00e1s cerca. Era alto y fuerte, no tan atl\u00e9tico como \u00e9l sino m\u00e1s bien, bruto y pesado. Pero mov\u00eda su cuerpo con bastante soltura y agilidad. No era tan fibroso pero aquellos pu\u00f1os cerrados con las venas palpitando bajo la piel y los m\u00fasculos marcados como en un estudio de anatom\u00eda, aquellos pu\u00f1os\u00a0 que se hab\u00edan clavado en su fugaz mirada, le ten\u00edan aterrorizado. Sin duda era alguien fuerte y perseverante y lo peor, le mov\u00eda un motivo muy poderoso. Darle alcance.<\/p>\n<p>Miraba el suelo sin levantar la cabeza para escrutar el firme que ten\u00eda bajo sus pies y que ninguna piedra le hiciera perder el equilibrio. Le record\u00f3 a su ni\u00f1ez, cuando\u00a0 montaba en bicicleta y ascend\u00eda largas pendientes y bajaba la mirada. Ve\u00eda a sus pies como el color marr\u00f3n de la tierra del suelo hac\u00eda l\u00edneas oscuras verticales que parec\u00edan adquirir movimiento a medida que aumentaba la velocidad. Lo hac\u00eda tambi\u00e9n cuando montaba de paquete en la moto de su hermano. Miraba el asfalto para sentir mejor la velocidad. A veces se mareaba, pero era divertido.<\/p>\n<p>Ahora no se lo parec\u00eda. Todo lo contrario. Ve\u00eda aquellas rayas oscuras que se desvanec\u00edan y aparec\u00edan de nuevo las temidas piedras. Se deb\u00eda, ni m\u00e1s ni menos a que su carrera era lenta, lent\u00edsima.<\/p>\n<p>Trataba de acompasar la respiraci\u00f3n, controlarla, oxigenar bien sus m\u00fasculos para que no dejaran de funcionar, para que no le fallaran. Pero el calor era asfixiante. Era un at\u00edpico d\u00eda de mayo con m\u00e1s de treinta grados en la sombra. Lo que le faltaba.<\/p>\n<p>Sus perseguidores tambi\u00e9n perd\u00edan fuelle. Eso era una buena noticia y tras pasar el peque\u00f1o mont\u00edculo pareci\u00f3 que corr\u00eda \u00e9l solo por aquella carretera. El alivio y la peque\u00f1a pendiente sirvieron para empujarle cuesta abajo, aumentando la velocidad y tambi\u00e9n la ventaja.<\/p>\n<p>Quiso disfrutar de ese fugaz momento en el que se hab\u00eda librado de los perseguidores y aspiro profundamente una generosa bocanada de aire caliente. Tanto llen\u00f3 los pulmones que sinti\u00f3 un mareo. Pero aument\u00f3 la velocidad como la bici que baja sin control por una cuesta empujada s\u00f3lo por la inercia, descontrolada. \u00a1Parec\u00eda que las piernas iban dos metros por delante de su tronco!<\/p>\n<p>Aquella divertida sensaci\u00f3n calm\u00f3 su terrible dolor de pies y de tobillos.<\/p>\n<p>Pero la diversi\u00f3n desapareci\u00f3 pronto cuando volvi\u00f3 a sentir el resollar de su perseguidor m\u00e1s cercano otra vez en su espalda.<\/p>\n<p>\u00a1Ya estaba all\u00ed! No hab\u00eda pasado ni cuatro segundos, tal vez cinco cuando volvi\u00f3 a escuchar las zancadas largas y r\u00edtmicas. Y otra vez aquel olor a humanidad salvaje.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n le empez\u00f3 a latir con mucha fuerza acompa\u00f1ado de unas gotas de sudor que recorr\u00edan su espalda y sus patillas. Era una de esas sensaciones asociadas a alg\u00fan suceso, a veces demasiado lejano, pero que, como los olores, cuando lo percibes te hacen recordar.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sido una noche de invierno. \u00c9l sal\u00eda de la biblioteca de la facultad, tarde, muy tarde, junto a otras personas que hab\u00edan estado estudiando pero a las que no conoc\u00eda de nada. Cada uno por su lado, desperdigados por la calle hasta que todos desaparecieron de su vista. No era una persona miedosa, m\u00e1s bien todo lo contrario, no se percataba de los peligros que pudieran acecharle porque siempre, inconscientemente, manten\u00eda la mente distra\u00edda. Por ese motivo caminaba tan despreocupadamente a pesar de la hora. Al doblar una esquina, recibi\u00f3 una r\u00e1faga helada de viento y se puso la capucha de la sudadera. M\u00e1s tarde sabr\u00eda que aquello le hab\u00eda salvado la vida.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 junto a una licorer\u00eda que permanec\u00eda abierta veinticuatro horas. Durante el d\u00eda estaba un se\u00f1or mayor que siempre hac\u00eda las cuentas de cabeza y lo traduc\u00eda todo a pesetas. Pero por la noche sol\u00eda estar un chaval joven, su hijo probablemente, que estudiaba en la misma universidad que \u00e9l pero con el que nunca hab\u00eda cruzado una palabra.<\/p>\n<p>Le sorprendi\u00f3 el silencio que hab\u00eda en la calle y seg\u00fan se acercaba a la tienda y se hac\u00eda m\u00e1s intensa la luz fluorescente del interior, algo le dec\u00eda que all\u00ed pasaba algo.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda fijado que por la noche sol\u00edan cerrar con una reja que se abr\u00eda de forma autom\u00e1tica desde el interior. Pero en ese momento la reja estaba abierta y atrancada con un palo de madera. Empez\u00f3 a caminar m\u00e1s despacio y despert\u00f3 sus sentidos. Al llegar al quicio de la puerta se par\u00f3 y escuch\u00f3 con atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como si fuera ahora mismo, volv\u00eda a recordar aquella sensaci\u00f3n de miedo, de incertidumbre, el sonido de las palpitaciones de su coraz\u00f3n como \u00fanico testigo de su p\u00e1nico. Escuch\u00f3 ruido de cristales y voces masculinas que susurraban mezcladas con un gran alboroto.<\/p>\n<p>De soslayo pudo ver al chaval tirado en el suelo como un mu\u00f1eco, con la cara desfigurada en medio de un charco de sangre, posiblemente machacada por el mismo palo sucio que atrancaba la puerta.<\/p>\n<p>No quiso ni pudo mirar m\u00e1s. Tampoco se plante\u00f3 darse la vuelta y volver por otro lado.\u00a0 Cruz\u00f3 el umbral de lado a lado de una sola zancada y corri\u00f3 tanto como pudo rezando por que los que hab\u00eda dentro no le hubieran visto.<\/p>\n<p>No fue as\u00ed y, como una mala broma del destino, se encontr\u00f3 en la misma escena que le ocupaba ahora. Corriendo y corriendo.<\/p>\n<p>De la licorer\u00eda salieron dos hombres y corrieron detr\u00e1s de \u00e9l. Al igual que ahora, el coraz\u00f3n era una m\u00e1quina que trabajaba a todo trapo y pod\u00eda sentir los latidos en sus propias orejas, en su cerebro, como si se fuera a salir del sitio.<\/p>\n<p>Los t\u00edos corr\u00edan detr\u00e1s de \u00e9l envalentonados y con los ojos inyectados en adrenalina.<\/p>\n<p>S\u00f3lo se permiti\u00f3 mirar para atr\u00e1s una vez para ver a qu\u00e9 distancia iban vez porque perd\u00eda el equilibrio y no pod\u00eda caerse si quer\u00eda seguir viviendo. Se dijo a s\u00ed mismo que su vida no pod\u00eda terminar ah\u00ed. Que todav\u00eda le quedaban muchas cosas por hacer. Sus sue\u00f1os de entonces, que sin dejar de ser sue\u00f1os para \u00e9l eran aspiraciones y metas. Con sus propias palabras,<em> vivir para dar al desagraciado lector una obra que sea m\u00e1s dif\u00edcil de leer que de escribir, <\/em>dec\u00eda siempre a sus amigos. Ese era su principal sue\u00f1o, el de escribir, junto con terminar la carrera. Y desde aquel momento, por qu\u00e9 no, hacerse atleta profesional\u2026<\/p>\n<p>Segu\u00eda avanzando metros por las calles, improvisando el recorrido para despistar a sus perseguidores.<\/p>\n<p>Por suerte para \u00e9l era jueves, noche de diversi\u00f3n universitaria y no muy lejos de all\u00ed hab\u00eda una zona de bares que, si la suerte no le daba la espalda, estar\u00eda a reventar.<\/p>\n<p>As\u00ed fue y al doblar una esquina se encontr\u00f3 con el gent\u00edo que, retando al fr\u00edo, fumaban y beb\u00edan formando grandes grupos que ocupaban toda la calle.<\/p>\n<p>Aprovechando la ventaja que llevaba, se quit\u00f3 la sudadera, la tir\u00f3 a un contenedor y se mezcl\u00f3 con los j\u00f3venes como si tal cosa. Todos le miraron la cara llena de sudor con aquel fr\u00edo y el gesto desencajado. Pero acto seguido segu\u00edan a sus cosas y lo ignoraron.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 hasta la barra y se sent\u00f3 como si tal cosa, mirando al camarero con cara de pocos amigos. Se qued\u00f3 mir\u00e1ndolo unos segundos, creyendo que le iba a descubrir o que al mirar para atr\u00e1s iba a tener a aquellos dos tipos a su espalda. No se acord\u00f3 del pobre chaval de la licorer\u00eda. No le import\u00f3 nada, salvo salvar el pellejo.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 una cerveza y se la bebi\u00f3 de un trago, oblig\u00e1ndose a no volver la cabeza, como si le hubieran puesto un palo en la espalda y fuera f\u00edsicamente imposible. Exagerando normalidad.<\/p>\n<p>Se mir\u00f3 la camiseta y se alegr\u00f3 de que fuera roja. Casi sonri\u00f3. La sudadera que hab\u00eda tirado en el contenedor era gris. Pod\u00eda haberle salido bien el truco.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s de aquello se preguntaba c\u00f3mo tuvo el valor de pensar con tanta frialdad, pero as\u00ed fue y eso le salvo la vida.<\/p>\n<p>No volvi\u00f3 a ver a aquellos t\u00edos. Al d\u00eda siguiente compr\u00f3 el peri\u00f3dico, escrudi\u00f1\u00f3 la noticia del robo para ver si dec\u00edan algo de detenciones o de testigos, pero no encontr\u00f3 nada que lo vinculara. Nunca se plante\u00f3 ir a la polic\u00eda. Ni si quiera tuvo jam\u00e1s un remordimiento. De aquella noche, la m\u00e1s larga de su vida, la que le tuvo sentado en una barra hasta que el camarero lo ech\u00f3, no le qued\u00f3 m\u00e1s recuerdo que la cara del chico de la licorer\u00eda y la de sus propias piernas corriendo como nunca lo hab\u00edan hecho.<\/p>\n<p>Hasta ahora.<\/p>\n<p>Se dio cuenta que mientras recordaba cosas del pasado hab\u00eda avanzado mucho. Pero tambi\u00e9n se dio cuenta de lo cansado que estaba.<\/p>\n<p>Ya no pod\u00eda m\u00e1s. Los calambres le produc\u00edan un dolor insoportable y sus pulmones no daban abasto. Se llenaban y se vaciaban. Se llenaban y se vaciaban. Su boca aspiraba, respiraba. Escuchaba sus jadeos y c\u00f3mo las orejas le palpitaban.<\/p>\n<p>Llegado a un punto del camino, asfixiado por el calor, vio unas luces al fondo. Quiz\u00e1 era lo m\u00e1s parecido a la luz blanca que dicen que uno ve antes de morir. Adem\u00e1s escuchaba voces y gritos. Luces, voces, gritos.<\/p>\n<p>Sin duda desvariaba.<\/p>\n<p>Por que se dio cuenta de que una sombra se posaba sobre su cabeza, a su espalda.<\/p>\n<p>Para su desconsuelo era su perseguidor que casi le hab\u00eda dado alcance. Pudo llegar a calcular que a esa distancia s\u00f3lo ten\u00eda que alagar la mano y\u2026 all\u00ed estaba \u00e9l.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tanto sufrimiento, despu\u00e9s de la extenuaci\u00f3n, de las alucinaciones, del esfuerzo, ah\u00ed estaba su perseguidor, a tan s\u00f3lo un metro de cruzar la cinta roja\u2026.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Al torcer la curva la recta le pareci\u00f3 infinita. Hasta ese momento, llegar a la curva era una meta inmediata que le motivaba y le animaba. 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