{"id":442,"date":"2011-06-18T08:57:20","date_gmt":"2011-06-18T06:57:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=442"},"modified":"2011-06-18T08:57:20","modified_gmt":"2011-06-18T06:57:20","slug":"49-un-cuento-comentado-por-titus-groan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/49-un-cuento-comentado-por-titus-groan\/","title":{"rendered":"49- Un cuento comentado. Por Titus Groan"},"content":{"rendered":"<p>Escrib\u00ed mi primer cuento con seis a\u00f1os; nada m\u00e1s aprender a escribir quise <em>escribir<\/em>. A esa tierna edad tuve mi primer arrebato literario, primer s\u00edntoma de un trastorno que a lo largo de mi vida padecer\u00eda m\u00e1s veces y al que he acabado finalmente sucumbiendo.<!--more-->\u00a0No s\u00e9 porqu\u00e9, mientras mis hermanos pululaban por la calle, yo me dedicaba a escribir en un cuaderno de anillas con las tapas grises las historias que me hubiera gustado que me contaran y que nadie me contaba; y as\u00ed tuve que asumir la ingrata pero perentoria tarea de contarlas yo. Pas\u00e9 tardes enteras emborronando p\u00e1ginas en vez de andar pateando un bal\u00f3n como ahora paso las noches en vez de buscarme una novia.<\/p>\n<p>Uno de esos cuentos que apenas ocupar\u00eda dos carillas es, m\u00e1s o menos, una obra maestra. No lo conservo, se debi\u00f3 perder hace mucho tiempo junto al cuaderno de anillas con las tapas grises, pero todav\u00eda lo recuerdo: se titulaba <em>El hombre que vend\u00eda globos<\/em> y era un cuento polic\u00edaco. El sugestivo t\u00edtulo es el primer indicio de la calidad del cuento.<\/p>\n<p>Recuerdo palabra por palabra la primera frase del cuento: <em>En una<\/em> <em>esquina de mi barrio hab\u00eda un gitano que vend\u00eda globos<\/em>. La historia era ficticia pero los personajes reales: en una esquina de mi barrio un gitano vend\u00eda globos, se instalaba a la salida del mercado con su racimo de globos de colores atado a una pesada botella de helio con forma de torpedo para hincharlos. Era gitano, no lo puedo evitar, no sab\u00eda yo en esos d\u00edas de correcciones pol\u00edticas, y era un gitano alto, malcarado, con un bigotito canalla y algunos dientes de oro. Vest\u00eda siempre con una ra\u00edda chaqueta marr\u00f3n y cubr\u00eda su engomada cabeza con un sombrero de fieltro del mismo sucio color. Su aspecto me resultaba tan amenazador, tanto miedo me daba, que algunos s\u00e1bados no me atrev\u00eda a comprarle el globito colorado con el duro que me daba mi padre si la calle no estaba llena de gente que me hiciera sentir a salvo, y por m\u00e1s que me armaba de valor no lograba acercarme a menos de diez pasos de \u00e9l y ten\u00eda que volver a casa sin mi globito derrotado por mis temores.<\/p>\n<p>Resulta que en el barrio un d\u00eda desapareci\u00f3 un ni\u00f1o, en el barrio de mi cuento no en el barrio real (que al fin y al cabo son el mismo), sali\u00f3 una tarde de su casa y no volvi\u00f3. Lo buscaron por todas partes, preguntaron a\u00a0 los vecinos y llamaron a la polic\u00eda, pero no lo encontraron. Todo el barrio se inquiet\u00f3.<\/p>\n<p>A la semana siguiente desapareci\u00f3 otro ni\u00f1o y otro m\u00e1s la siguiente y despu\u00e9s otro m\u00e1s. Todos en el barrio andaban como sin sombra y se preguntaban d\u00f3nde estaban los ni\u00f1os perdidos, pero no estaban perdidos estaban MUERTOS. El hombre que vend\u00eda globos les hab\u00eda aplicado el m\u00e9todo. El m\u00e9todo no era sangriento, no dejaba rastro y resultaba f\u00e1cil: los ni\u00f1os iban a la esquina a comprarle un globo al hombre que vend\u00eda globos, uno de esos inflados con helio que flotan en el aire y que los tienes que llevar atados de un cordel para que no se escapen, y si el hombre que vend\u00eda globos ve\u00eda que la calle estaba desierta y no hab\u00eda testigos entonces ataba un cordel en la mu\u00f1eca del ni\u00f1o con todo el racimo de globos y el ni\u00f1o se elevaba del suelo por el poder ascensional del helio y sub\u00eda por encima de los \u00e1rboles, por encima de los edificios, por encima de las nubes hasta que s\u00f3lo era un puntito en el cielo, se alejaba de la Tierra hasta que la Tierra era s\u00f3lo un puntito en el cielo y vagaba en el oscuro y fr\u00edo espacio, solo y desamparado, hasta que mor\u00eda de sed y de hambre y su carne se descompon\u00eda y s\u00f3lo quedaba el esqueleto flotando sin rumbo en el espacio.<\/p>\n<p>Nadie conoc\u00eda el m\u00e9todo, nadie sospechaba del gitano que vend\u00eda globos; nadie, salvo yo. Por un proceso inductivo muy sencillo hab\u00eda descubierto al asesino y su metodolog\u00eda. El proceso inductivo part\u00eda de una verdad incuestionable: el gitano era muy malo, <em>ergo <\/em>el gitano era el asesino; un argumento irreprochable, irrefutable, elemental. El m\u00e9todo era \u00fanicamente una consecuencia natural y atroz de su profesi\u00f3n, si hubiera sido carnicero, y no vendedor de globos, el m\u00e9todo hubiera sido distinto.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0S\u00e9 que no tengo que decirlo pero lo voy a decir: yo s\u00f3lo era un ni\u00f1o de seis a\u00f1os y no sab\u00eda nada de la Ley de la gravedad ni del ox\u00edgeno ni de las capas de la atm\u00f3sfera\u2026 ni de nada de esos asuntos que pod\u00edan desbaratar la trama de mi cuento. Para m\u00ed el m\u00e9todo era tan posible como amenazador, esa muerte era horrible porque era real; mi infantil imaginaci\u00f3n no pod\u00eda imaginar una forma de morir m\u00e1s atroz. Cuando era peque\u00f1o un angustiante sue\u00f1o me persegu\u00eda, al principio no ten\u00eda nada de extraordinario, so\u00f1aba con una escena cotidiana, pod\u00eda estar en el parque o dando un paseo, pero en seguida present\u00eda que algo iba a ocurrir; y ocurr\u00eda: sutilmente una fuerza me atra\u00eda, una fuerza invisible e irresistible tiraba de mi hac\u00eda arriba, levantando mis pies del suelo; trataba de agarrarme a algo anclado en el suelo, un \u00e1rbol o un banco, pero la fuerza anti-gravedad tiraba de m\u00ed de forma invencible y me soltaba del ancla a mi amado suelo y me empujaba hac\u00eda arriba y me hac\u00eda subir y subir cada vez m\u00e1s y yo dejaba de ver mi casa y dejaba de ver mi barrio y me llevaba muy lejos y cuando estaba a punto de perderme en el espacio me despertaba y sent\u00eda en el est\u00f3mago la misma sensaci\u00f3n que cuando bajaba por el tobog\u00e1n. Ese sue\u00f1o se me repet\u00eda a menudo, quiz\u00e1 un psicoanalista o un taumaturgo lo hubiera interpretado de alguna manera, pero para m\u00ed solo era una pesadilla, aunque una muy angustiosa y terrible. Cuando me despertaba me daba por imaginar lo que suceder\u00eda si hubiera seguido subiendo y llegara hasta el espacio y no encontrara all\u00ed a nadie, y me quedara solo y desamparado,\u00a0 lejos de mis padres y de mis hermanos, sin agua, sin comida y sin camino de vuelta, y volv\u00eda a sentir tanto p\u00e1nico y tanta angustia que me hac\u00eda estremecer debajo de las s\u00e1banas.<\/p>\n<p>El mal\u00e9fico gitano, como todas las personas malas de verdad, odiaba a los ni\u00f1os y su plan era exterminarnos. Yo- el del cuento, que era yo pero m\u00e1s valiente- no pod\u00eda dejar que los ni\u00f1os siguieran muriendo y tom\u00e9 una decisi\u00f3n temeraria: resolv\u00ed enfrentarme a \u00e9l con sus propias armas. Compr\u00e9 una cerbatana de pl\u00e1stico en la panader\u00eda de mi barrio y me llen\u00e9 los bolsillos de proyectiles, y una tarde que amenazaba tormenta y el cielo estaba oscuro de tantas nubes y las calles desiertas pues todos se hab\u00edan metido en sus casas para refugiarse de la lluvia, fui a la esquina donde el gitano vend\u00eda globos y le ped\u00ed un globito rojo. \u00c9l mir\u00f3 a un lado y a otro de la calle, at\u00f3 un cordel con tres nudos a mi mu\u00f1eca y sent\u00ed como un mont\u00f3n de globos me impulsaban hacia arriba, pero antes de subir muy alto agarr\u00e9 al gitano del cuello de la chaqueta y lo arrastr\u00e9 conmigo por el aire. El gitano se debat\u00eda, pero lo ten\u00eda bien agarrado. Cuando flot\u00e1bamos por encima de los edificios de siete pisos lo solt\u00e9 y cay\u00f3 como una piedra hasta el suelo. Luego yo fui explotando los globos uno a uno escupiendo los proyectiles con mi cerbatana y aterric\u00e9 suavemente en un descampado cerca de mi casa. Empezaba a llover y me apresur\u00e9 para llegar a casa. Fin.<\/p>\n<p>El cuento ten\u00eda que terminar bien, los ni\u00f1os dejaron de desaparecer y la tranquilidad y la alegr\u00eda volvieron al barrio. En una vieja v\u00eda abandonada encontraron el cad\u00e1ver del gitano con el cr\u00e1neo partido. Una muerte extra\u00f1a, pero todos pensaron que hab\u00eda sido un accidente.<\/p>\n<p>Yo, por mi parte, dej\u00e9 de tener esa pesadilla que me persegu\u00eda y tambi\u00e9n dej\u00e9 de escribir cuentos por una temporada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrib\u00ed mi primer cuento con seis a\u00f1os; nada m\u00e1s aprender a escribir quise escribir. 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