{"id":397,"date":"2011-06-15T21:46:27","date_gmt":"2011-06-15T19:46:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=397"},"modified":"2011-06-15T21:46:27","modified_gmt":"2011-06-15T19:46:27","slug":"42-la-historia-no-se-repite-por-granger-bloom","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/42-la-historia-no-se-repite-por-granger-bloom\/","title":{"rendered":"42- La historia no se repite. Por Granger Bloom"},"content":{"rendered":"<p>Una cris\u00e1lida transparente te acoge en su seno, ahora que has abandonado el acuoso y templado nido en el que a\u00fan deber\u00edas seguir creciendo. Eres mi hijo, s\u00ed, carne de mi carne y de la suya, la de tu madre que sigue luchando a brazo partido con la muerte. T\u00fa no lo sabes, pero ella quiz\u00e1s no llegue nunca a ver esa piel casi transparente y delicada a\u00fan cubierta del lanugo, que te da aspecto de cachorro humano.<!--more-->\u00a0Sigo sin poder quitar los ojos de tu cuerpo, peque\u00f1o, menudo, d\u00e9bil, que se agita entre las sondas y cables que intentan hacer que te agarres a la vida y no la sueltes. Est\u00e1s ah\u00ed, frente a m\u00ed, tan s\u00f3lo nos separa el cristal fr\u00edo del enorme ventanal de la sala en que me encuentro desde hace unos minutos, tan largos que parecen horas.<\/p>\n<p>La lucha sempiterna entre el bien y el mal corroe mis sentidos, eres mi hijo, un hijo deseado, querido y buscado desde hace tanto tiempo que ya casi ni me acuerdo, pero eres su hijo, y ella, tu madre est\u00e1 a punto de cruzar esa barrera que la separar\u00e1 definitivamente de nosotros.<\/p>\n<p>Los sentimientos chocan, rebotan en las paredes de mi cerebro y no encuentran salida. Est\u00e1s ah\u00ed, y yo aqu\u00ed, y entre los dos hay un abismo, un muro.<\/p>\n<p>Tu madre y yo ten\u00edamos un nombre preparado para ti, lo escogimos en alguna de las muchas noches insomnes en las que nos emocion\u00e1bamos pensando en que por fin \u00edbamos a ser padres. Barajamos muchos, pero al final tuvimos dos candidatos firmes entre los que escoger. Nos decidimos por \u00c1ngel frente a Iv\u00e1n, para evitar que tu vida empezara con un estigma, Pero si ella se va, quiz\u00e1 no sea capaz de llamarte por ese nombre nunca, no podr\u00e9 evitar verla sobre la cama, medio desnuda, acariciando su prominente vientre repiti\u00e9ndolo hasta sentir en su cuerpo el asentir del tuyo.<\/p>\n<p>La etimolog\u00eda de tu nombre me dice que eres un mensajero de Dios, ir\u00f3nico destino para alguien que ha llegado con tanta antelaci\u00f3n al mundo, que\u00a0 puede convertirse en mensajero del diablo sin saberlo, y sin haber tenido tiempo de escoger a quien servir.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda saber si soy capaz de cogerte, de tocarte, ahora no necesito plante\u00e1rmelo, la barrera f\u00edsica que te a\u00edsla de m\u00ed, me tranquiliza. Levantas tus brazos cuando un nuevo espasmo recorre ese cuerpo inconcluso, inmaduro\u00a0 que presentas al mundo y con ello me devuelves al presente, ese en el que ninguno de los dos ten\u00e9is futuro y que me hace agarrarme con fuerza al pasado, en el que la felicidad se paseaba entre nosotros, dejando un rastro amable tras su paso que se materializaba en las risas de tu madre al descubrir, una soleada ma\u00f1ana hace pocos d\u00edas, que ya casi no se ve\u00eda los pies. Felicidad al ver tu imagen borrosa en el monitor del ecografista que nos confirm\u00f3 que eras un var\u00f3n, sano, perfecto, que se chupaba con fruici\u00f3n el dedo pulgar de la manita derecha. Felicidad al sentirte bajo su piel.<\/p>\n<p>Mientras una enfermera te coloca un nuevo sensor tras rapar la sien derecha de tu diminuta cabeza, me descubro sonriendo en el reflejo del cristal, quiz\u00e1s no sea tan s\u00f3lo un\u00a0 acto de aquiescencia, quiz\u00e1s es la complicidad de mis deseos con el quehacer de sus manos. Me gusta sonre\u00edrte. T\u00fa no lo sabes, pero tu madre ha sido mi tabla de salvaci\u00f3n, nos encontramos en el momento justo, cuando estaba a punto de tirar la toalla.<\/p>\n<p>La vida no es f\u00e1cil, qu\u00e9 te voy a decir a ti, que has empezado lejos de los brazos amorosos de una madre, sin sentir el calor de su pecho y su leche dulce y caliente, sin las caricias de un padre at\u00f3nito por su paternidad. T\u00fa que te debates entre la vida y la muerte, sin estridencias ni aspavientos. No, vivir no es f\u00e1cil, no nacemos con un libro de instrucciones para aprender a asumir los golpes, para tragar los caramelos amargos, y para admitir que no somos un juguete fr\u00e1gil que a veces puede romperse. Hijo, me atrevo a llamarte as\u00ed y siento un escalofr\u00edo que recorre de arriba abajo mi ser deteni\u00e9ndose en cada poro, la vida guarda muchas veces secretos.<\/p>\n<p>Una enfermera se aproxima de nuevo a tu urna cristalina, pero no te dar\u00e1 un beso m\u00e1gico que rompa el maleficio de la muerte, eso s\u00f3lo pasa en los cuentos que quiz\u00e1s alguna vez pueda leerte, viene para conectarte\u00a0 a un respirador; ahora tu pecho sube al ritmo que pauta el instrumento y siento que con cada inspiraci\u00f3n te alejas definitivamente de mi. Llevo apenas nada vi\u00e9ndote, habl\u00e1ndote pero a\u00fan no s\u00e9 lo que es el roce de tu piel, y ese artefacto que ahora controla tus pulmones me hace pensar que deseo hacerlo, quiero saber c\u00f3mo es, quiero grabarla en mi mente mi peque\u00f1o, al fin voy comprendiendo que t\u00fa no tienes la culpa si ella se va. T\u00fa ser\u00e1s mi nueva tabla de salvaci\u00f3n si consigues vivir.<\/p>\n<p>No, ya no puedo culparte a ti. Est\u00e1s tan a merced del tiempo, tan indefenso, tan pr\u00f3ximo que no me lo puedo permitir. La mujer sonriente que te atiende derrocha dulzura, me mira, y son sus ojos claros\u00a0 los que me dicen que te ayude, que puedes lograrlo. Te deja de nuevo sobre el mullido lecho y viene hacia m\u00ed.<\/p>\n<p>Me dice que has nacido con tanta prisa que la membrana hialina que recubre tus pulmones a\u00fan no est\u00e1 desarrollada, que al caer por la escalera tu madre rompi\u00f3 aguas por la parte superior del saco amni\u00f3tico y que eso te ha provocado la infecci\u00f3n contra la que buscan un antibi\u00f3tico. Mientras la escucho, parece que soy el protagonista de una pel\u00edcula, irreal, ficticia, una mentira de la que no puedo escapar. Pero es real, como la inmadurez de tus \u00f3rganos y la dermatitis que te cubre de peque\u00f1as manchas rojas que yo en la distancia que nos separa no distingo. Me pide paciencia, tan s\u00f3lo veinticuatro horas, en ellas sabr\u00e1n si eres capaz de salir del barro que traba tus pies, y correr, correr hasta quedarte sin aliento en pos de tu vida.<\/p>\n<p>Me habla despacio, intenta que comprenda, que sea consciente de tu estado. Las indecisiones con las que me present\u00e9 ante ti, han dejado paso a una voluntad segura y firme que desea que salgas adelante y se lo digo, sin complejos. Se sorprende de mi franqueza y tras un segundo de asombro me agradece la sinceridad. Entonces decide ser igual de franca conmigo: tus posibilidades no son muchas, es tan simple como eso. Lo \u00fanico que puedo hacer es esperar, esperarte a ti y a ella, esperar que encuentre la cepa de bacterias que se ha hecho fuerte en tu cuerpo, esperar que toleres la medicaci\u00f3n, esperar que no pierdas el reflejo que sube y baja tus pulmones, esperar.<\/p>\n<p>Al ver mi abatimiento, se compadece\u00a0 de nuestras miserias. Coge el tel\u00e9fono y pregunta a una colega si puedo bajar, y verla, ver a tu madre s\u00ed, esa preciosa mam\u00e1 tuya que me hace tanta falta como a ti. Con la sonrisa hilvanada en los labios de cereza que hace un segundo me ped\u00edan paciencia, me regala un s\u00ed. Le cojo las manos, las dos entre las m\u00edas y corro a su encuentro tras dedicarte una mirada convencido de que no ser\u00e1 la \u00faltima.<\/p>\n<p>Son casi las cuatro de la ma\u00f1ana, el silencio se ha apoderado del hospital, s\u00f3lo se escucha el eco de mis pasos acelerados. La enfermera me recibe seria, ajena a nuestros problemas aunque\u00a0 en su indolencia distingo un punto de humanidad escondido, esperando que alguien lo encuentre; me conduce hasta ella. Perfundida y dormida no sabe que estoy a su lado, pero me da igual, al coger su mano quiero que sienta que es lo m\u00e1s importante de m\u00ed. Le digo bajito que te he visto, y que tiene que venir conmigo a ver nuestra obra de arte. No me importa mentir;\u00a0 te juro hijo que por ella no me importa hacerlo, le digo que todo va bien, que pronto abandonar\u00e1s la incubadora.<\/p>\n<p>La enfermera de observa, creo que ha visto una l\u00e1grima furtiva que escap\u00f3 sin mi consentimiento, y que esa es la causa del cambio en su actitud, mucho menos distante cuando vuelve para informarme de lo poco, que seg\u00fan ella, est\u00e1 autorizada a contarme. Sus constante vitales se hayan estabilizadas, me dice que si\u00a0 no hay m\u00e1s complicaciones, podr\u00eda salir del coma porque es algo que sucede a menudo en estos casos y escucharla hijo m\u00edo, arroja una tabla al mar en el que zozobro, una tabla de madera de balsa s\u00ed, pero una tabla.\u00a0 La enfermera me pregunta por ti, y casi sin poder mirar sus ojos me escucho diciendo que est\u00e1s conectado a muchas m\u00e1quinas, y que lo \u00faltimo que he visto es que a\u00f1ad\u00edan a tu lista de aparatos un respirador, su gesto habla por ella. No debe ser muy buen dato, ha fruncido los labios evidenciando la contrariedad, aunque los a\u00f1os de profesionalidad enseguida han venido a echarla un capote cuando me dice que lo mejor es ser paciente y confiar en las manos de los especialistas. Eso ya lo doy por supuesto, claro, en neonatolog\u00eda quieren siempre poner el punto final a la historia con un precioso final, pero la realidad es caprichosa, a veces demasiado.<\/p>\n<p>He vuelto a tu lado, a esa transparente e inc\u00f3moda barrera, y siento que el coraz\u00f3n palpita con fuerza. A\u00fan no te he tocado, a\u00fan no he sentido el peso de la paternidad sobre mis manos y sin embargo me has ganado, estoy rendido y s\u00e9 que tengo que pedirte perd\u00f3n por poner sobre tus hombros el peso de una responsabilidad que nunca ha sido tuya. Sin embargo, me aterra ped\u00edrtelo porque no quiero tener paralelismo alguno con mi padre, y no quiero repetir lo que una vez, muy lejana en el tiempo y por razones diametralmente opuestas, mi padre hizo conmigo. Tu abuelo me pidi\u00f3 perd\u00f3n una \u00fanica vez en su vida,\u00a0 debes saber que no se lo conced\u00ed entonces y que hoy, contigo enfrente, es a\u00fan m\u00e1s imposible.<\/p>\n<p>Si no toqu\u00e9 fondo en el fango de la charca en la que me pudr\u00eda, fue por tu madre, ella apareci\u00f3 como las hadas buenas en las pesadillas, justo a tiempo de ense\u00f1arme a ver el arco\u00edris en la tormenta. Ella no supli\u00f3 el vac\u00edo, no ese agujero negro me acompa\u00f1ar\u00e1 siempre, ella cre\u00f3 un universo paralelo al que pude trasladar mi vida para empezar de cero, de su mano, entre sus besos.<\/p>\n<p>La enfermera se aproxima de nuevo, mi peque\u00f1o \u00c1ngel y en el semblante relajado de su amable rostro intuyo buenas noticias. La luz del sol comienza t\u00edmidamente a hacerse un hueco entre las nubes, como la vida vuelve a encontrarse c\u00f3moda en el cuerpo de tu madre que ha salido del coma. El d\u00eda vuelve, se hace fuerte y toma posiciones; y yo sigo mir\u00e1ndote embelesado. Has empezado a llorar,\u00a0 y haces que sienta en mis ojos ese calor que precede a las l\u00e1grimas, tienes que seguir, mi \u00e1ngel, llorando, grit\u00e1ndole al mundo que est\u00e1s aqu\u00ed y que tu padre te necesita entre los vivos.<\/p>\n<p>\u00a0A\u00fan no es tiempo de que vayas a ver a tu abuela, mi madre, que desde hace demasiado tiempo est\u00e1 entre los muertos. Fue tu propio abuelo quien la condujo hasta ellos, cosi\u00e9ndola a pu\u00f1aladas por la sinraz\u00f3n de los celos.\u00a0 Ahora entender\u00e1s que no pueda perdonar jam\u00e1s a ese despojo, a ese animal del que reniego y por quien ya ni siquiera odio.<\/p>\n<p>No \u00c1ngel,\u00a0 t\u00fa no tendr\u00e1s que ir, como tendr\u00e9 que hacer yo, al cementerio para decirle a tu madre que ya es abuela. De ese monstruoso ser s\u00f3lo he heredado los ojos azules.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una cris\u00e1lida transparente te acoge en su seno, ahora que has abandonado el acuoso y templado nido en el que a\u00fan deber\u00edas seguir creciendo. Eres mi hijo, s\u00ed, carne de mi carne y de la suya, la de tu madre que sigue luchando a brazo partido con la muerte. T\u00fa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-397","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/397","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=397"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/397\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":402,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/397\/revisions\/402"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=397"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=397"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=397"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}