{"id":371,"date":"2011-06-13T19:50:48","date_gmt":"2011-06-13T17:50:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=371"},"modified":"2011-06-13T19:50:48","modified_gmt":"2011-06-13T17:50:48","slug":"38-una-toalla-limpia-por-lucile-angellier","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/38-una-toalla-limpia-por-lucile-angellier\/","title":{"rendered":"38- Una toalla limpia. Por Lucile Angellier"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hombre se mir\u00f3 en el espejo complacido. Su rostro de \u00e1guila fam\u00e9lica no parec\u00eda disgustarle, ni siquiera la peque\u00f1a verruga que nac\u00eda al abrigo de su nariz, en el lado izquierdo de la cara. Enfrascado como estaba en mejorar su aspecto, a\u00fan no hab\u00eda reparado en la peque\u00f1a mancha negra que cambiar\u00eda su vida. <!--more-->Sus ojos plomizos buscaban con af\u00e1n aquellos pelos d\u00edscolos que se hab\u00edan atrevido a escapar de un afeitado met\u00f3dico,\u00a0 casi obsesivo.\u00a0 Los fue arrancando con las pinzas, uno a uno, sin mostrar dolor. Se ahuec\u00f3 el cabello de forma estrat\u00e9gica para evitar que su calvicie quedara a la vista, y ech\u00f3 una \u00faltima mirada al espejo. Justo al lado ley\u00f3 el t\u00edpico letrero sobre el cambio de las toallas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Estimado cliente, \u00bfsabe usted cu\u00e1ntas toallas se lavan al a\u00f1o en el mundo de forma innecesaria?, \u00bfse imagina la cantidad de agua que podr\u00eda ahorrarse?&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Bla, bla, bla\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 ten\u00eda que secarse \u00e9l dos veces con la misma toalla?\u00a0\u00a0 \u00bfAcaso no pagaba el ayuntamiento los doscientos euros que val\u00eda aquella habitaci\u00f3n? \u00bfNo era suficiente ese dinero para disponer de una toalla limpia y perfumada cada d\u00eda? Cogi\u00f3 la suya y la que hab\u00eda usado su mujer, que ella hab\u00eda dejado bien dispuesta en la barra, y las arroj\u00f3 al fondo de la ba\u00f1era. Qu\u00e9 bien le hab\u00eda venido la conciencia ecologista al gremio hostelero para ahorrarse una pasta en lavander\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Volvi\u00f3 a mirarse en el espejo, una vez m\u00e1s, no vio la mancha. Sin rastro de culpa se dirigi\u00f3 hasta el termostato del aire acondicionado y lo puso al m\u00e1ximo. Lo dejar\u00eda as\u00ed hasta que volvieran de la fiesta, ya de madrugada. Sonri\u00f3 pensando en el despilfarro; en su casa nunca lo har\u00eda, le dol\u00eda demasiado al bolsillo, aqu\u00ed ya estaba todo pagado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Observ\u00f3 fastidiado a su esposa, a\u00fan no hab\u00eda decidido qu\u00e9 ponerse para asistir a la fiesta, no entend\u00eda para qu\u00e9 se tomaba tantas molestias, si todo luc\u00eda mal en aquel cuerpo esculpido por los michelines. Era una gala destinada a recaudar fondos para la conservaci\u00f3n de los r\u00edos de la comarca. A \u00e9l, le aburr\u00edan estos acontecimientos sociales, pero su relevante puesto pol\u00edtico no le permit\u00eda faltar. <em>Nunca se sabe<\/em> <em>d\u00f3nde puede estar el voto<\/em>, se dijo, mientras ensayaba la sonrisa complacida que mostrar\u00eda a aquellos est\u00fapidos ecologistas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Por fin, su mujer se decidi\u00f3 por uno, negro; <em>buena elecci\u00f3n<\/em>, pens\u00f3, mientras recordaba que en la \u00faltima fiesta apareci\u00f3 con un vestido amarillo canario, nunca se hab\u00eda sentido tan avergonzado de estar casado con semejante foca. Se entretuvo en mirarla mientras ella se aplicaba la m\u00e1scara de pesta\u00f1as; llevaba demasiado maquillaje; sin embargo, insuficiente para ocultar las arrugas que cuarteaban su rostro. No le gustaba. En realidad, ya hac\u00eda tiempo que no sent\u00eda nada por ella, pero a\u00fan pod\u00eda serle \u00fatil. Pertenec\u00eda a la alta burgues\u00eda de la ciudad, ten\u00eda buenos contactos, sab\u00eda desenvolverse en las fiestas y gracias a ella hab\u00eda conseguido cerrar negocios muy lucrativos. As\u00ed que, a pesar de lo que le hab\u00eda prometido a Nikita, una prostituta del club Rose\u00b4s, por ahora no se divorciar\u00eda. Y si alg\u00fan d\u00eda lo hiciera, no ser\u00eda para casarse con una puta rusa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se hart\u00f3 de contemplar los afanes de su mujer por parecer hermosa y, con un gesto de hast\u00edo, mir\u00f3 lo que le rodeaba. M\u00e1rmol italiano, v\u00e1ter de dise\u00f1o, ba\u00f1era con jacuzzi&#8230; De pronto algo llam\u00f3 su atenci\u00f3n, vio con sorpresa que las toallas no estaban en el fondo,\u00a0 se encontraban colocadas de nuevo en la barra, dobladas con la pulcritud que derrochar\u00eda la m\u00e1s eficiente camarera de pisos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Clotilde, \u00bfPor qu\u00e9 has recogido las toallas?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014\u00bfQu\u00e9? Yo no he sido, pens\u00e9 que lo hab\u00edas hecho t\u00fa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014No digas tonter\u00edas, yo las dej\u00e9 en la ba\u00f1era, la m\u00eda y la tuya.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Lo mismo estabas distra\u00eddo y volviste a colocarlas \u2014dijo la mujer sin mucha convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014No me gusta que me gastes estas bromas, no vuelvas a hacerlo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sin a\u00f1adir nada m\u00e1s, las agarr\u00f3 con violencia, las arrug\u00f3 y volvi\u00f3 a lanzarlas dentro de la ba\u00f1era. Despu\u00e9s se afloj\u00f3 la camisa. Hac\u00eda demasiado calor. Cay\u00f3 en la cuenta de que s\u00f3lo un momento antes hab\u00eda puesto al m\u00e1ximo el termostato; una aver\u00eda, justo lo que le faltaba ahora. Clotilde a\u00fan tardar\u00eda unos minutos en arreglarse. Mir\u00f3 la rueda, y vio que la temperatura marcada era de 30\u00ba, mientras que \u00e9l lo hab\u00eda programado a 15\u00ba. Pens\u00f3 en gritarle a su esposa, pero se limit\u00f3 a bajar los grados.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Entr\u00f3 de nuevo al ba\u00f1o. Clotilde ya estaba fuera, coloc\u00e1ndose un vestido de fiesta demasiado ajustado que marcaba cruelmente sus redondeces.\u00a0 No le dijo nada, no quer\u00eda que se enfadase, necesitaba que esa noche lo ayudara a lidiar con los ecologistas. Sin ella se encontrar\u00eda en un aprieto. No sabr\u00eda c\u00f3mo defenderse de sus puyas; lo acusaban de urbanizar un terreno en tr\u00e1mite de calificaci\u00f3n de paraje natural. Total, porque all\u00ed volaban unas cuantas parejas de patos a solazarse y engendrar patitos, como si no hubiera ya suficientes aves migratorias en el mundo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ech\u00f3 un vistazo a la ba\u00f1era y comprob\u00f3 con enojo que las toallas estaban otra vez dobladas, bien colocaditas, como dos soldados a punto de inspecci\u00f3n. Las arroj\u00f3 al suelo, con rabia contenida. No le dijo nada a Clotilde. Ya llegar\u00eda el momento de vengarse.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se mir\u00f3 de nuevo en el espejo. Pod\u00eda pasar las horas as\u00ed, contempl\u00e1ndose, observando el reflejo acerado de sus ojos en aquella superficie bru\u00f1ida. Desde peque\u00f1o le hab\u00eda fascinado el mundo de los reflejos, la posibilidad de que existiera alguien id\u00e9ntico a \u00e9l; de que, en realidad, dentro de aquellos objetos fr\u00edos viviera otro ser, su doble. Fue entonces cuando repar\u00f3 en la peque\u00f1a mancha; parec\u00eda un resto de vaho, aunque ya hac\u00eda rato que terminaron de ducharse, deber\u00eda haber desaparecido. Se acerc\u00f3 m\u00e1s al espejo y la mancha tom\u00f3 forma, unos ojos, una nariz y una boca; todo negro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En aquel espejo viv\u00eda una cara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se retir\u00f3 de golpe, asustado por la impresi\u00f3n. Desde lejos segu\u00eda pareciendo una peque\u00f1a imperfecci\u00f3n provocada por el vapor, pero sab\u00eda que si se acercaba todo cambiar\u00eda.\u00a0 Un sudor fr\u00edo le recorri\u00f3 la frente, formando dos riachuelos grasientos que bordearon sus cejas. Mir\u00f3 hacia atr\u00e1s y comprob\u00f3 que segu\u00eda solo. Clotilde, que en ese momento se afanaba en combinar las joyas con su vestido, segu\u00eda en el dormitorio. Entonces, \u00bfqui\u00e9n hab\u00eda colocado las toallas?, \u00bfqui\u00e9n las hab\u00eda doblado con tanta meticulosidad sobre la barra?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Volv\u00eda a sentir calor.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se limpi\u00f3 la frente con energ\u00eda, sin preocuparse por el peinado, que hab\u00eda perdido parte de su arquitectura y ca\u00eda de cualquier manera sobre su cabeza, evidenciando la m\u00e1s que incipiente calva. <em>Qu\u00e9 m\u00e1s da<\/em>, pens\u00f3, <em>a Nikita no le importa mi pelo, s\u00f3lo mi dinero<\/em>. Sonri\u00f3 satisfecho. El recuerdo de la joven rusa le dio fuerzas para asomarse de nuevo al espejo, para acabar de convencerse de que aquel rostro negro s\u00f3lo era un desperfecto del mueble. Fue peor. Pudo ver como la boca se mov\u00eda, confiriendo a la cara una expresi\u00f3n de angustia, que le record\u00f3 al famoso cuadro de El grito. Se estaba volviendo loco o hab\u00eda o\u00eddo una voz que sal\u00eda del espejo, que se correspond\u00eda con el movimiento de aquellos labios perfilados en negro. Muy a su pesar se acerc\u00f3 un poco m\u00e1s, empujado por una fuerza desconocida. Segundos despu\u00e9s, cuando por fin consigui\u00f3 separarse del espejo, su rostro estaba desencajado por el miedo. No pudo moverse, se qued\u00f3 all\u00ed, inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0As\u00ed fue como lo encontr\u00f3 Clotilde, callado y quieto, como un ni\u00f1o peque\u00f1o al que acabaran de castigar. No respondi\u00f3 a ninguna de sus preguntas. Dej\u00f3 que ella le pusiera la chaqueta y se fueron a la fiesta. Nadie se atrevi\u00f3 a comentarlo delante de \u00e9l, pero todos lo observaban sorprendidos, el pol\u00edtico m\u00e1s locuaz de la ciudad no hab\u00eda abierto la boca en toda la noche, permaneci\u00f3 sentado en una de las zonas m\u00e1s apartadas, con la mirada perdida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Regresaron al hotel. Clotilde no sab\u00eda qu\u00e9 le pod\u00eda haber ocurrido a su marido en\u00a0 el cuarto de ba\u00f1o. No descartaba que se estuviera volviendo loco, esa man\u00eda suya de colocar las toallas y luego echarle la culpa a ella no le parec\u00eda muy normal. Lo dej\u00f3 acostado en la cama. Ni siquiera era capaz de desvestirse solo, as\u00ed que lo ayud\u00f3 a quitarse la chaqueta, la corbata, la camisa y los pantalones, todo de marca. Lo observ\u00f3 as\u00ed, en calzoncillos, y pens\u00f3 que hac\u00eda mucho tiempo que no lo quer\u00eda. No pod\u00eda soportar su orgullo, su prepotencia, sus enga\u00f1os. S\u00ed, sab\u00eda que los jueves, despu\u00e9s del pleno municipal, se iba a un <em>puticlub<\/em> de las afueras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Tras dejarlo acostado, entr\u00f3 en el ba\u00f1o y se admir\u00f3 del perfecto doblado de las toallas. Parec\u00eda que ni siquiera las hubieran usado. Aparte de eso, en apariencia, no hab\u00eda nada que pudiera haber llevado a su marido a ese estado catat\u00f3nico. Procedi\u00f3 a desmaquillarse, fue entonces cuando repar\u00f3 en la mancha de vaho e intent\u00f3 borrarla con el dorso de la mano; no se iba. Se acerc\u00f3 un poco m\u00e1s y pudo distinguir un rostro con ojos, nariz y sonrisa negra, como si fuera un dibujo a carboncillo. Le pareci\u00f3 o\u00edr un murmullo que sal\u00eda del espejo, acerc\u00f3 la oreja y escuch\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando sali\u00f3 del cuarto de ba\u00f1o ya no era la misma, mir\u00f3 el despojo en que se hab\u00eda convertido su marido, y no sinti\u00f3 l\u00e1stima por \u00e9l. En su cabeza a\u00fan resonaban los susurros del agua, un idioma desconocido que, asombrosamente, le result\u00f3 comprensible. Le habl\u00f3 de desiertos, de \u00e1rboles secos, de ni\u00f1os sedientos&#8230; Supo que nunca podr\u00eda olvidar esas palabras l\u00edquidas, que hab\u00edan calado hasta lo m\u00e1s profundo de su esp\u00edritu. Pudo sentir el fr\u00edo de la escarcha, el mismo que aprisiona las hojas de los \u00e1rboles, constri\u00f1\u00e9ndolas en su abrazo helado para luego liberarlas h\u00famedas y plenas. Entendi\u00f3 que en el alma de su marido no hab\u00eda suficiente calor humano para derretir ese abrazo, y que se quedar\u00eda as\u00ed, congelada para siempre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0A la ma\u00f1ana siguiente Clotilde se march\u00f3 del hotel, entreg\u00f3 las llaves y no avis\u00f3 en recepci\u00f3n de que su marido se hab\u00eda quedado all\u00ed, esperando&#8230;, una toalla limpia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hombre se mir\u00f3 en el espejo complacido. Su rostro de \u00e1guila fam\u00e9lica no parec\u00eda disgustarle, ni siquiera la peque\u00f1a verruga que nac\u00eda al abrigo de su nariz, en el lado izquierdo de la cara. 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