{"id":259,"date":"2011-06-05T00:00:31","date_gmt":"2011-06-04T22:00:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=259"},"modified":"2011-06-04T23:28:48","modified_gmt":"2011-06-04T21:28:48","slug":"18-la-audicion-por-lokita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/18-la-audicion-por-lokita\/","title":{"rendered":"18- La Audici\u00f3n. Por Lokita"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cLo siento, pero no puedo hacerlo\u201d. Estas fueron las palabras que salieron del coraz\u00f3n de Susan, no de sus labios, el d\u00eda que Madame Louise, la directora del estudio de ballet, le ley\u00f3 la carta que acababa de recibir. El membrete del sobre ven\u00eda escrito a m\u00e1quina, en color verde oscuro y con caligraf\u00eda inglesa. La carta proced\u00eda de la secretaria del director del Royal Ballet de Londres y contestaba a la solicitud que Madame Louise hab\u00eda realizado en nombre de Susan para asistir a la audici\u00f3n que tendr\u00eda lugar el pr\u00f3ximo mes de Julio.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Madame Louise estaba euf\u00f3rica: hac\u00eda a\u00f1os que no ten\u00eda una alumna tan brillante como Susan. Las notas que hab\u00eda conseguido este a\u00f1o en el estudio y los videos que hab\u00eda enviado justificaban con creces su admisi\u00f3n para la prueba de fuego. La directora hab\u00eda recibido la buena noticia a primera hora de la ma\u00f1ana. Repas\u00f3 con devoci\u00f3n el historial de Susan y esper\u00f3 ansiosa la llegada de la tarde. Cuando escuch\u00f3 el sonido de los \u00faltimos acordes del piano, que indicaban el final de la clase, abri\u00f3 con cuidado la puerta y entr\u00f3 silenciosamente en la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aunque la ocasi\u00f3n lo mereciera y su cargo como directora lo respaldase, se abstuvo de hacer aspavientos y de entrar a la carrera. Habr\u00eda sido imperdonable en cualquier \u00e1mbito de la vida inglesa manifestar este tipo de sentimientos, y m\u00e1s a\u00fan en el mundo de la danza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando irrumpi\u00f3 en la clase, Miss Thelma, la pianista, estaba recogiendo sus partituras y Miss Esther, la profesora, repasaba con una alumna unos pasos en el centro de la habitaci\u00f3n. El suave murmullo que el raso de las zapatillas produc\u00eda al arrastrarse sobre la tarima acarici\u00f3 su coraz\u00f3n y atrajo su mirada. La alumna tendr\u00eda unos doce a\u00f1os y sus piernas eran fuertes y sosten\u00edan un cuerpo menudo y et\u00e9reo, como deb\u00eda ser el de una bailarina. Desde la espalda, bien musculada, arrancaba un cuello largo pero firme, sobre el que giraba al son del vals la cabeza, peinada con un mo\u00f1o muy tirante, que le daba un aspecto sutilmente severo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Detr\u00e1s de esos aparentemente sencillos pasos de baile, se amontonaban horas y horas de barra y de centro, de privaciones y de sacrificios. Madame Louise record\u00f3 con inesperada cercan\u00eda esos a\u00f1os de renuncias voluntarias con orgullo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Retomando el asunto que le tra\u00eda al estudio con tanta urgencia, busc\u00f3 a Susan con la mirada. En una esquina, la imagen de la chica haciendo estiramientos sobre la barra, se multiplicaba en el espejo. Madame Louise le pidi\u00f3 que la escuchase atentamente sin dejar de trabajar.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n de Susan fue cambiando por momentos seg\u00fan recib\u00eda los detalles de la buena noticia, partiendo desde el asombro hasta desembocar en incredulidad. En ning\u00fan momento la alegr\u00eda se abri\u00f3 paso entre sus labios ni abrillant\u00f3 su mirada.<\/p>\n<p>Susan hab\u00eda crecido entre tut\u00fas y zapatillas de raso. Su madre, Maureen, hab\u00eda sido bailarina de una compa\u00f1\u00eda de segunda, igual que su abuela. Pertenec\u00eda,\u00a0 pues, a una generaci\u00f3n de bailarinas con m\u00e1s aspiraciones que suerte. De esas que van arrastrando sus zapatillas de punta sobre las maderas \u00e1speras y sin encerar de los teatros de pueblo de toda Inglaterra. Escenarios mal apuntillados y cuyas astillas daban al traste con el mejor raso de la emblem\u00e1tica casa Freed.<\/p>\n<p>Maureen dej\u00f3 de viajar con la compa\u00f1\u00eda cuando se qued\u00f3 embarazada, pero se incorpor\u00f3 a la academia cuando Susan naci\u00f3. La chica nunca conoci\u00f3 a su padre. Las abandon\u00f3 en cuanto ella lleg\u00f3.<\/p>\n<p>Aparte de su madre y las enfermeras del hospital, lo primero que Susan vio en su vida fue un escaparate de ropa de ballet. El piano, la m\u00fasica cl\u00e1sica y los golpes de bast\u00f3n de la profesora de turno, envolvieron sus primeros recuerdos. En todos sus cumplea\u00f1os recib\u00eda tut\u00fas y zapatillas de media punta. Y cada visita de su abuela, a menudo ven\u00eda acompa\u00f1ada de medias, calentadores y horquillas para recogerse el pelo.<\/p>\n<p>No pod\u00eda pedir m\u00e1s. Su vida era divertida, su madre llenaba de pasos de baile los pasillos y le dedicaba todo su tiempo libre.<\/p>\n<p>Todo era perfecto. Hasta que naci\u00f3 Eileen.<\/p>\n<p>Su hermana naci\u00f3 cuando ella cumpli\u00f3 seis a\u00f1os. Su vida sufri\u00f3 un cambio vertiginoso. Las noches se llenaron de llantos y los d\u00edas de gritos incoherentes. Desaparecieron los\u201cpetit jett\u00e9s\u201dde su madre por el pasillo y grandes semic\u00edrculos azulados se dibujaron bajo sus ojos.<\/p>\n<p>Seg\u00fan crec\u00eda Eileen, la desesperaci\u00f3n de Maureen iba en aumento. No consegu\u00eda conectar con la ni\u00f1a. No le sacaba ni una palabra y no lograba que la mirase cuando le hablaba. S\u00f3lo obten\u00eda sonidos guturales e ininteligibles. Eileen pasaba las noches gritando sin motivo y, a veces, se quedaba sentada balance\u00e1ndose hacia delante y hacia atr\u00e1s durante horas.<\/p>\n<p>Maureen oblig\u00f3 a Susan a dormir con la ni\u00f1a y a dedicarle todo el tiempo libre del que \u00e9sta dispon\u00eda, esperando que la situaci\u00f3n mejorase. Susan intent\u00f3 conectar con su hermana, pero por m\u00e1s que intentaba llamar su atenci\u00f3n, no recib\u00eda de ella m\u00e1s que alguna que otra mirada ocasional. La situaci\u00f3n comenz\u00f3 a desgarrarla\u00a0 por dentro. Se gener\u00f3 en ella un proceso de culpas. Pens\u00f3 que el error estaba en ella, que no ten\u00eda la facilidad suficiente para expresarse de forma que la peque\u00f1a la entendiera. Dedujo que no sab\u00eda relacionarse con los dem\u00e1s. Esto desencaden\u00f3 un sentimiento de inferioridad y de verg\u00fcenza que fueron encaminando a Susan hacia el silencio como \u00fanica soluci\u00f3n. Sin que su madre lo percibiese, las palabras fueron alej\u00e1ndose de sus labios. Cuando a Eileen le diagnosticaron un autismo muy avanzado, la peque\u00f1a hab\u00eda cumplido nueve a\u00f1os y su hermana\u00a0 quince.<\/p>\n<p>Susan culpaba en silencio a su madre de lo que le ocurr\u00eda: fue ella quien se olvid\u00f3 de bailar, de re\u00edr. Ella borr\u00f3 su voz durante a\u00f1os de los o\u00eddos de Susan y a cambio le ofreci\u00f3 el consuelo de la m\u00fasica. La priv\u00f3 de sus caricias y a cambio le regal\u00f3 el ballet.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo Susan se refugi\u00f3 en su habitaci\u00f3n. All\u00ed no necesitaba hablar y se encontraba a salvo de las miradas interpelativas de la gente. S\u00f3lo en su habitaci\u00f3n y en clase de ballet pod\u00eda expresarse c\u00f3mo realmente sab\u00eda: con su cuerpo.<\/p>\n<p>No necesitaba las palabras. Sus piernas hablaban por ella, trazando c\u00edrculos en el suelo de madera rojiza y en el aire. Sus brazos se elevaban como acariciando una ef\u00edmera imagen junto a ella, y sus pies se bat\u00edan\u00a0 al saltar tan r\u00e1pidamente que nadie habr\u00eda conseguido distinguir uno de otro en plena ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tan pronto se cansaba de practicar saltos en el aire, se tumbaba en la cama boca arriba y miraba la pared de enfrente donde, entre sombras para que sus colores no se alterasen, estaban colgados sus tut\u00fas y dispuestas sobe las repisas de madera, hileras de zapatillas. A la derecha, un enorme p\u00f3ster de los pies de Nureyev cubr\u00eda el resto de la pared. Mientras el adagio de Albinoni segu\u00eda sonando, so\u00f1aba con actuar alg\u00fan d\u00eda en un teatro lleno de gente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y ahora ten\u00eda ante ella la oportunidad m\u00e1s importante de su vida. \u00a1Una audici\u00f3n para el Royal Ballet! Nunca hubiera esperado una noticia como \u00e9sta. Sab\u00eda por su madre y su abuela la importancia que \u00e9sta ten\u00eda para una bailarina. Ellas no llegaron ni a rozar siquiera esta oportunidad.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los ojos de Madame Louise la miraban al principio esperanzados, luego suplicantes. Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os con Susan, sab\u00eda los problemas familiares por los que hab\u00eda tenido que pasar y el da\u00f1o que \u00e9stos hab\u00edan causado en su peque\u00f1o coraz\u00f3n. A Madame Louise le hab\u00eda bastado una mirada de la ni\u00f1a para saber qu\u00e9 pasaba por su cabeza en cada momento. Un lazo mucho m\u00e1s profundo que el que un\u00eda a los miembros de una familia, se hab\u00eda ido tejiendo entre las dos con el paso de los a\u00f1os. Por eso a la vieja bailarina no le extra\u00f1aron las l\u00e1grimas que ba\u00f1aron las mejillas de Susan. Se acerc\u00f3 a ella y colocando una mano sobre la barra de madera, acarici\u00f3 con la otra su cabeza. No pronunci\u00f3 ni una sola palabra. No quer\u00eda romper aquel momento m\u00e1gico del que ella en parte se sent\u00eda responsable. Cerr\u00f3 los ojos, hizo un gesto de asentimiento con la cabeza y se volvi\u00f3 hacia la puerta.<\/p>\n<p>Durante el camino de vuelta a casa, Susan no estaba segura de que todo hubiese sido real. S\u00f3lo el sobre con el remite del Royal Ballet era la prueba de que no hab\u00eda sido un sue\u00f1o. Lleg\u00f3 a su casa\u00a0 y vio a su madre. Estaba adormilada y apoyaba la cabeza sobre su mano derecha. Sus pies descalzos se escond\u00edan entre los cojines de cuadros que se amontonaban en el sof\u00e1. Desde que la tristeza le rob\u00f3 el baile, no se peinaba con el pelo tirante y sus rizos hab\u00edan vuelto a aparecer.<\/p>\n<p>Por primera vez encontr\u00f3 a su madre atractiva. Como si el sufrimiento por Eileen s\u00f3lo le hubiera roto el alma y el cuerpo y se hubiera detenido al llegar a su rostro. Tropez\u00f3 con la tapa de cristal de la mesa y Maureen abri\u00f3 los ojos. Susan le lanz\u00f3 la carta que hac\u00eda una hora escasa le hab\u00eda dado la directora del estudio y \u00a0se dirigi\u00f3 a la cocina a prepararse la cena.<\/p>\n<p>Pasaron unos minutos antes de que Maureen entrase en la habitaci\u00f3n. Susan descubri\u00f3 en ella una mirada brillante, mezcla de orgullo, arrepentimiento y alegr\u00eda. Las l\u00e1grimas se derramaban sin escr\u00fapulos sobre sus mejillas. Se acerc\u00f3 a Susan y la estrech\u00f3 entre sus brazos.<\/p>\n<p>Susan se encontr\u00f3 sin saber qu\u00e9 hacer. Transport\u00f3 hasta su mente los recuerdos de su infancia y los sentimientos m\u00e1s diversos llegaron a ella como en una cinta transportadora: sinti\u00f3 los c\u00e1lidos besos y los abrazos con que su madre desped\u00eda sus d\u00edas; escuch\u00f3, como en sue\u00f1os, los aplausos con que su madre premiaba sus actuaciones en el colegio. Aspir\u00f3 su aroma, sinti\u00f3 su calor y en la lejan\u00eda, adivin\u00f3 sus pasos de baile atravesando el pasillo mientras tarareaba una sonata de Schubert.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 como si cientos de cables el\u00e9ctricos la recorrieran por dentro. Sus brazos se elevaron con la misma dulzura que empleaba al bailar y acariciaron los ojos h\u00famedos de su madre. Se acerc\u00f3 a su cuerpo y adivin\u00f3 en \u00e9l el mismo amor de siempre, su agitaci\u00f3n, su dolor olvidado. Escuch\u00f3 su llanto entrecortado y aunque ahora no eran necesarias las palabras para entenderse, Susan sinti\u00f3 que su coraz\u00f3n enviaba hacia sus labios miles de palabras que se agolpaban en su mente esperando que ella las ordenase para salir de su encierro.<\/p>\n<p>\u00a0Al ver el esfuerzo de Susan, su madre puso un dedo sobre sus labios y se acerc\u00f3 a la mesita donde ten\u00edan el equipo de m\u00fasica. El adagio de Albinoni llen\u00f3 de recuerdos la habitaci\u00f3n. Se quitaron los zapatos y comenzaron a bailar. Como antes. Como si todo no hubiese sido m\u00e1s que un mal sue\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cLo siento, pero no puedo hacerlo\u201d. Estas fueron las palabras que salieron del coraz\u00f3n de Susan, no de sus labios, el d\u00eda que Madame Louise, la directora del estudio de ballet, le ley\u00f3 la carta que acababa de recibir. 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