{"id":253,"date":"2011-06-04T08:51:41","date_gmt":"2011-06-04T06:51:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=253"},"modified":"2011-06-04T08:51:41","modified_gmt":"2011-06-04T06:51:41","slug":"17-una-reunion-de-ficcion-por-lola-dawn","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/17-una-reunion-de-ficcion-por-lola-dawn\/","title":{"rendered":"17- Una reuni\u00f3n de ficci\u00f3n. Por Lola Dawn"},"content":{"rendered":"<p>El se\u00f1or Fonseca se desliza entre las estanter\u00edas en un baile ritual que realiza cada noche antes de volver a casa. Sus manos, entes visibles de manchas lunares, revolotean sin descanso atrapando las min\u00fasculas motas de polvo con el \u00fanico acompa\u00f1amiento capaz de seguirlo en su empe\u00f1o: un plumero fino de n\u00edveas plumas blancas como suspiros de un \u00e1ngel, que roza con sus alas los miles de libros que reposan en las baldas en espera de alg\u00fan lector.<!--more--><\/p>\n<p>Cuando acaba, satisfecho con su trabajo, se inclina rindiendo tributo a esas p\u00e1ginas y, recogiendo su sombrero desgastado, se despide hasta el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Es en ese momento, mientras todo el mundo duerme, cuando la librer\u00eda cobra realmente vida, cuando el misterio innato de los libros se revela creando una vida paralela de personajes inmortales que se proyectan m\u00e1s all\u00e1 de sus propias experiencias literarias.<\/p>\n<p>-\u00a1Voto a br\u00edos! Cre\u00ed que nunca abandonar\u00eda el barco.<\/p>\n<p>-Vamos, vamos, John Silver, unos minutos de espera no matan a nadie<\/p>\n<p>-Espl\u00e9ndida como siempre, se\u00f1orita O\u00b4Hara. Pero nuestra reuni\u00f3n debe continuar antes de que el joven grumete cometa una locura y yo pierda de vista mi tesoro.<\/p>\n<p>-Pongo a Dios por testigo que Hamlet no es un chico impulsivo y no creo que haya tanta prisa. De todas formas, ma\u00f1ana ser\u00e1 otro d\u00eda.<\/p>\n<p>Ambos se dirigen cogidos del brazo hacia donde celebran sus reuniones todas las noches. Mientras, a su alrededor, la librer\u00eda va cobrando vida a un ritmo fren\u00e9tico. Por doquier vemos movimiento, viejos y j\u00f3venes personajes inundan las salas en un bullicioso collage de caras, vestimentas, colores y sue\u00f1os. Al tiempo que griegos y troyanos se preparan, como siempre desde hace siglos, para batallar por Helena, unos j\u00f3venes vampiros comienzan su partido de b\u00e9isbol; una chica rara y esquel\u00e9tica arrastra un bid\u00f3n de gasolina mientras persigue implacable a un hombre embozado verdugo de chicas de vida alegre en Londres; un ni\u00f1o agita su varita frente a un monstruo hecho a pedazos de otras vidas y un don Juan enamorado clama sus versos de amor arrodillado junto a una Jane Eyre at\u00f3nita; Dante observa los pecados cometidos desde un rinc\u00f3n y campanilla vuela chispeante, emocionada al atisbar entre un grupo de orcos, a su fiel amigo Robin de los bosques.<\/p>\n<p>Pero volvamos un momento la vista hacia donde el joven Hamlet explica su pesar al grupo que se re\u00fane todas las noches para impartir su sabidur\u00eda entre las viejas paredes de la librer\u00eda.<\/p>\n<p>-Mi padre volvi\u00f3 a m\u00ed por la noche y dijo que fue mi t\u00edo el causante de su muerte.<\/p>\n<p>-\u00a1Que le corten la cabeza!<\/p>\n<p>-Esa es tu soluci\u00f3n para todo, vieja arp\u00eda. A\u00f1os ha que te oigo decir siempre lo mismo cuando la soluci\u00f3n est\u00e1 clara ante mis ojos. Ofrezco mi f\u00e9rreo brazo, mi lanza y a mi Rocinante para reparar el agravio cometido; bien conocida es mi val\u00eda all\u00ed donde otros caballeros se han rendido y, junto a mi fiel escudero, me comprometo a realizar esta tan grandiosa gesta.<\/p>\n<p>-\u00a1Ya sali\u00f3 el viejo loco! La soluci\u00f3n se halla en las manos de esta vieja, querido Hamlet. Olvida esa trama y c\u00e9ntrate en Ofelia que, como a los buenos de Calisto y Melibea, puedo trazar un plan para que ella acabe rendida a tus pies.<\/p>\n<p>-No hagas caso de lo que te dicen, pues esta vida es sue\u00f1o y los sue\u00f1os, sue\u00f1os son.<\/p>\n<p>-\u00bfHa entendido usted algo se\u00f1ora Karenina?<\/p>\n<p>-\u00a1Oh, doctor Jekill! Es usted tan silencioso que no le o\u00ed llegar. Me acerqu\u00e9 a la reuni\u00f3n para ver si Vronsky se hallaba en ella y encuentro el caso muy interesante. Pero, por favor, d\u00edganos su opini\u00f3n doctor.<\/p>\n<p>-Como m\u00e9dico reputado, creo que lo fundamental es saber como muri\u00f3. \u00bfQu\u00e9 opina usted monsieur Poirot?<\/p>\n<p>-Creo que tan importante es saber la causa, como indagar a quien beneficiaba su muerte. D\u00edgame joven Hamlet: \u00bfQu\u00e9 fue lo que mat\u00f3 a vuestro se\u00f1or padre?<\/p>\n<p>-Veneno.<\/p>\n<p>-Elemental, querido Watson. Todos los indicios apuntan hacia ello.<\/p>\n<p>-Esto no debe volver a pasar.<\/p>\n<p>-\u00a1Nunca m\u00e1s!<\/p>\n<p>-No chilles tanto p\u00e1jaro de mal ag\u00fcero. En Camelot, esta cuesti\u00f3n se dirimir\u00eda desde la mesa redonda de nuestro noble Arturo y \u2026.<\/p>\n<p>Todas estas diatribas son repentinamente interrumpidas por el sonido tintineante de unas llaves rascando la cerradura de la puerta principal. Don Faustino Ismael Fonseca vuelve a estas tard\u00edas horas de la madrugada, tras tomarse un par de copitas de jerez con unos amigos de profesi\u00f3n, a recoger su olvidada chaqueta del perchero de la trastienda.<\/p>\n<p>Todos y cada uno de nuestros amigos de ficci\u00f3n, despu\u00e9s de la estupefacci\u00f3n inicial, corren como alma que lleva el diablo a la calidez de sus p\u00e1ginas, en un batiburrillo de codazos y empujones, lanz\u00e1ndose, sin contemplaciones y de cabeza, a sus moradas impresas. Tanto es as\u00ed, que ninguno es consciente de donde va a parar, ni las consecuencias que, sin duda, acabar\u00e1n afectando a la vida del pobre don Faustino.<\/p>\n<p>El librero, deleit\u00e1ndose antes de entrar con el aroma de sus queridos libros, encamina sus pasos decididos al fondo de la tienda sin sentir la necesidad de iluminar su camino, ya que, los a\u00f1os pasados entre esas paredes, le confieren una especie de sexto sentido al moverse a trav\u00e9s de ese laberinto de estanter\u00edas, compa\u00f1eras desde su ni\u00f1ez, herencia de tiempos pasados.<\/p>\n<p>Un susurro detiene su intenci\u00f3n. Algo se ha movido, con un suspiro velado, en los confines de ese santuario de palabras, retorciendo las entra\u00f1as del se\u00f1or Fonseca con un miedo instintivo de polvo seco y l\u00fagubres presagios.<\/p>\n<p>Paso a paso, a tientas entre la penumbra, logra alcanzar la clavija de una desnuda bombilla amarillenta que oscila a escasos diez cent\u00edmetros de su cabeza y, cuya luz, resulta ser no m\u00e1s que un h\u00e1lito de luci\u00e9rnaga fugaz.<\/p>\n<p>Montones de libros yace desparramados por el suelo de la librer\u00eda en un caos de papel, cuero y cart\u00f3n, como ruinas de una ciudad destruida por el fragor de las bombas.<\/p>\n<p>L\u00e1grimas de pena luchan por traspasar el umbral de los ojos del se\u00f1or Fonseca mientras se agacha a recoger a sus m\u00e1s preciados amigos, su tesoro de horas felices, en resumen, su vida.<\/p>\n<p>Con un pu\u00f1ado de ellos acomodados amorosamente en su regazo, se dispone a ordenarlos de nuevo en sus respectivas baldas cuando una fr\u00eda sensaci\u00f3n sube por su espina dorsal para acomodarse como una losa en su nuca. Los mira fijamente por un momento, hasta que sus temblorosas manos, con vida m\u00e1s all\u00e1 de la propia consciencia de don Faustino, los lanzan al vac\u00edo como si de ascuas ardientes se tratara y, con un alarido que nace del fondo de su alma, abandona corriendo la librer\u00eda y no para hasta que, en la seguridad que le brinda su morada, su mujer lo llama \u201cviejo loco borracho\u201d mientras \u00e9l balbuc\u00e9a incoherencias de libros malditos que tratan de nublar sus sentidos rozando el margen de la locura.<\/p>\n<p>Pero volvamos a donde han quedado desparramados esos libros como zapatos viejos olvidados y fijemos nuestra mirada en ellos. Repas\u00e9moslos uno a uno y regocij\u00e9monos \u00a0-ya que nosotros s\u00ed conocemos su historia- \u00a0por el miedo de don Faustino Ismael Fonseca. Esos peque\u00f1os tesoros, esos inolvidables personajes, han sufrido una gran confusi\u00f3n que queda plasmada en sus lomos: Don Quijote y la piedra filosofal, La vuelta al mundo con una cerilla y un bid\u00f3n de gasolina, Al\u00ed Bab\u00e1 y los diez negritos, La isla de Baskerville, El se\u00f1or del centro de la tierra, Regreso a los tiempos del c\u00f3lera, La llamada de una noche de verano y as\u00ed seguir\u00edamos, en un sinf\u00edn de mundos imaginarios, que nos ahogar\u00edan en un mar de deleite ante la perspectiva de crear nuevas historias, nuevos rumbos, nuevos giros m\u00e1s all\u00e1 de la propia esencia literaria con la que se crearon esos libros maravillosos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El se\u00f1or Fonseca se desliza entre las estanter\u00edas en un baile ritual que realiza cada noche antes de volver a casa. 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