{"id":1153,"date":"2011-07-15T20:45:42","date_gmt":"2011-07-15T18:45:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=1153"},"modified":"2011-07-15T20:45:42","modified_gmt":"2011-07-15T18:45:42","slug":"173-personas-que-saludan-por-john-jairo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/173-personas-que-saludan-por-john-jairo\/","title":{"rendered":"173- Personas que saludan. Por John Jairo"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Personas que saludan. Ese tipo de personas. Pueden encontrarse en cualquier espacio, cualquier entorno. Ese tipo de personas que saludan, sin rubor, con familiaridad, con naturalidad. Las que te saludan cuando te las cruzas en una acera, en una cafeter\u00eda, en el rellano de tu centro de trabajo, o de ocio, o en el autob\u00fas que sol\u00e9is coger ambos.<!--more-->\u00a0Da igual, esa peculiaridad, &#8216;que sol\u00e9is coger ambos&#8217;, es lo que crea el v\u00ednculo y crea la familiaridad, puesto que nada m\u00e1s os une y nada m\u00e1s, jurar\u00edas, os hab\u00e9is dicho nunca. Esas personas que saludan sin conocerse. Tal vez, o no, dado que puede ser una, la &#8216;persona a&#8217;, digamos, la que exclusivamente pertenece al grupo de personas que saludan; no la otra, que puede ser cualquier otra cosa, puede pertenecer a cualquier otro grupo, puede ser una persona que silba por la calle o una persona que balbucea por la calle o una persona que va siempre por la acera de la sombra y que siempre, indefectiblemente, cruza una acera cuando un hueco entre dos edificios proyecta sobre la acera por la que iba los rayos directos del sol. No. Este tipo de personas no tiene necesariamente por qu\u00e9 saludar a no ser que se vea arrastrada por el saludo de otra persona, la &#8216;persona a&#8217;, digamos, que no cabe duda pertenece al grupo de personas que s\u00ed saludan. La otra persona, digamos la &#8216;persona b&#8217;, la que no pertenece al grupo de personas que saludan, puede ser todo lo opuesto, puede pertenecer al tipo de personas que no saludan y que incluso puede subdividirse o bien en personas despistadas que no tienen habilidad para el reconocimiento facial o bien en personas soberbias que hacen como que no te ven para no tener que saludar. Pero el efecto de un saludo directo como el que puede hacer la &#8216;persona a&#8217;, la que pertenece a ese grupo de personas que s\u00ed saludan, es inevitable, ese saludo hace que est\u00e9s obligado a responder aunque no quieras. Ese es el poder de este tipo de personas, tir\u00e1nicas, ego\u00edstas, engre\u00eddas, que creen que merecen tu saludo, que te extraen ese saludo casi a la fuerza; anticip\u00e1ndose a tu reacci\u00f3n ya est\u00e1n ellos con su saludo afable y amigable que no es m\u00e1s que un contrato forzado para que t\u00fa respondas a ese saludo sin siquiera solicitarlo ni desearlo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Una vez que se establece ese saludo se establece un protocolo inviolable al que se est\u00e1 obligado a recurrir cada vez que estas dos personas se encuentran en esa misma situaci\u00f3n. Y puede ser que nunca hayan cruzado una palabra, puede ser que lleven a\u00f1os coincidiendo habitualmente en la misma l\u00ednea de metro, de bus, la misma esquina donde se cruzan sus itinerarios y de trabajo. Es muy f\u00e1cil para la &#8216;persona a&#8217;, la que saluda, la que est\u00e1 habituada a saludar, pensar que es su obligaci\u00f3n saludar a esa persona con la que el azar ha querido hacerle coincidir repetidas veces, la &#8216;persona b&#8217;. Un saludo es un saludo, no es un arma, no es un insulto, no es una losa. O s\u00ed, pero no para las personas que saludan aunque no se conozcan. Al fin y al cabo pueden ser personas a las que ves m\u00e1s que a tus propios amigos e incluso familiares, sobre todo si se es del tipo de personas que evitan a algunos familiares para sobrevivir. Es un decir, no es necesariamente el caso de la &#8216;persona b&#8217;, que al fin y al cabo ha entrado, aunque sea por invitaci\u00f3n, de manera fortuita, al grupo de personas que saludan, puesto que una vez quiso corresponder al amable saludo de una persona que no le conoc\u00eda para nada y a partir de entonces ha correspondido siempre a ese saludo cada vez que &#8216;persona a&#8217; la ha identificado en medio de los usuarios del autob\u00fas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hay una conexi\u00f3n, no se puede negar, un nexo, o un acto de comunicaci\u00f3n m\u00ednimo. La cantidad de informaci\u00f3n contenida en ese saludo puede ser \u00ednfima. No necesariamente tiene que\u00a0 haber una atracci\u00f3n personal, una subida inconsciente del \u00edndice de hormonas o feromonas en el cerebro de &#8216;persona a&#8217; al ver de nuevo a &#8216;persona b&#8217;, una leve tensi\u00f3n sexual; puede ser un simple inter\u00e9s emp\u00e1tico, puede ser el mismo acto comunicativo de dos hormigas que cruzan sus antenas al encontrarse a la salida del hormiguero, o dos perros que se olisquean en un parque, ya est\u00e1. Pero ese nexo permanece indeleble el mismo tiempo en el que ha mantenido las tres \u00faltimas relaciones sentimentales que pueden incluirse en el grupo de relaciones estables pero no tan estables como para no romperse cuando aparece la palabra &#8216;hijos&#8217;. Porque la &#8216;persona a&#8217; puede pertenecer perfectamente a ese grupo de igual manera que pertenece al grupo de personas que saludan. Y dentro de su c\u00edrculo de personas que responden a su saludo sin conocerle nada hay que indique que &#8216;persona b&#8217; no pertenece al mismo grupo de personas que huyen cuando aparece la palabra &#8216;hijos&#8217;, ya que en todos estos a\u00f1os no la ha visto nunca con un ni\u00f1o de la mano ni mucho menos embarazada. Se acordar\u00eda, ya que tambi\u00e9n pertenece con orgullo a ese grupo de personas que s\u00ed cede su asiento en el autob\u00fas a embarazadas, ancianos y minusv\u00e1lidos. Pero nunca se ha visto en la necesidad de ceder su asiento a &#8216;persona b&#8217;. Considera el grupo de personas que ceden su asiento a las damas demasiado rancio y tampoco ha habido nada entre &#8216;persona a&#8217; y &#8216;persona b&#8217; como para permitirse la licencia de cederle el asiento a alguien sin conocerla realmente. Es suficiente, juzga, con saludar sin conocerse. No se han dado las circunstancias para progresar en su conexi\u00f3n y nada parece indicar que ese simple nexo de simpat\u00eda se convierta en un flujo de comunicaci\u00f3n sin m\u00e1s. O tal vez s\u00ed, qui\u00e9n sabe, al fin y al cabo es una cuesti\u00f3n estad\u00edstica, algor\u00edtmica, de cu\u00e1ndo sus horarios de trabajo les hacen coincidir en la misma l\u00ednea de autob\u00fas, ya que depende de la semana en que &#8216;persona a&#8217; trabaja de ma\u00f1ana o de tarde y el d\u00eda de la semana en que libra &#8216;persona b&#8217; o incluso el d\u00eda en que ambos tienen que quedarse a hacer inventario en sus respectivos trabajos. Todo eso es lo que hace que sean realmente pocas las veces que &#8216;persona a&#8217; y &#8216;persona b&#8217; coinciden en el autob\u00fas. Y por ello son pocas las veces que &#8216;persona a&#8217; tiene posibilidad de saludar a &#8216;persona b&#8217; aunque nunca hayan hablado entre s\u00ed. Tal vez un d\u00eda, por simple azar, por una combinaci\u00f3n distinta a la habitual, en vez de encontrarse ambos a la salida de sus respectivos trabajos en la misma l\u00ednea de autob\u00fas de siempre, puede que se encuentren en otro lugar, pongamos un ascensor. Podr\u00eda haber sido cualquier otro, podr\u00eda haber sido el rellano de una escalera, la sala de espera de un dentista recomendado, una sala de cine semivac\u00eda con una pel\u00edcula suficientemente especial como para despertar una afinidad insospechada; no, pongamos que &#8216;persona a&#8217; sube a un ascensor que baja y ya dentro nota la mirada de alguien a su lado. Son treinta y dos plantas, tal vez han bajado diez pero queda mucho tiempo. Gira la cabeza hacia la persona que la mira con una leve sonrisa y un presto saludo al que responde, puesto que al fin y al cabo \u00e9l mismo es de las personas que saludan sin conocerse, y cree identificar a la otra persona como miembro del mismo grupo de personas, sin duda. Pero la mirada sostenida empieza a ser impertinente, a su parecer. Hasta que la otra persona se da cuenta de que no la ha reconocido, como la &#8216;persona b&#8217;, la de la l\u00ednea de autob\u00fas en la que coinciden. &#8216;Persona a&#8217; la mira entonces, avergonzado, ya que deber\u00eda haber sido \u00e9l el primero en saludar y en reconocer a &#8216;persona b&#8217;. Pero no ha sido as\u00ed, al contrario. El lugar no era el correcto, el protocolo de saludo est\u00e1 establecido en un autob\u00fas, fuera de \u00e9l ha sido incapaz de ubicarla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Y entonces, entre la planta viente y la diez, quiz\u00e1s movido por la verg\u00fcenza, se ha visto en la necesidad de hablar, y ha dicho: &#8216;parece que va a hacer buen tiempo&#8230;, por las tormentas&#8230;, parece que van a acabar&#8230;, lo prefiero&#8230;, me aturullan&#8217;. Y entonces se ha dado cuenta de la mirada perpleja de &#8216;persona b&#8217;, que le ha observado con el pensamiento de que jam\u00e1s hubiera dicho que &#8216;persona a&#8217; pertenec\u00eda al grupo de personas aborrecibles que en los ascensores solo saben hablar del tiempo. Un juicio que &#8216;persona a&#8217; ha adivinado sin necesidad de poderes mentalistas, ya que \u00e9l mismo aborrece a las personas aborrecibles que en los ascensores solo saben hablar del tiempo. Ha estado tentado de desdecirse para dejar claro a &#8216;persona b&#8217; que no es desde luego de ese tipo de personas que solo saben hablar del tiempo en los ascensores. Pero lo ha considerado in\u00fatil.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8216;Persona a&#8217; sabe, sin tener poderes adivinatorios, que la pr\u00f3xima vez que se encuentre a &#8216;persona b&#8217; no va a ser capaz de saludarla. No por nada, simplemente por el temor de que por primera vez &#8216;persona b&#8217; no responda a su saludo, como podr\u00eda pasar, perfectamente. O tal vez no, no lo sabe, no la conoce tanto como para adivinar su reacci\u00f3n. Pero el simple temor a no recibir respuesta su saludo le aterra, hasta el punto de estar dispuesto a convertirse en una de esas personas que hacen como que no te ven para no saludarte, o de las personas que leen en el autob\u00fas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sabe que es demasiado tarde como para recuperar ese punto de conexi\u00f3n. Esa mirada, tal vez, dejaba de ser la de dos hormigas que se cruzan a la salida del hormiguero \u2013o dos perros que se olisquean en un parque\u2013 para convertirse en un flujo de empat\u00eda por un encuentro casual, en un ascensor, digamos, realmente azaroso y por ello in\u00e9dito, sin las ataduras del protocolo de dos personas que se saludan sin conocerse en el autob\u00fas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Personas que saludan. Ese tipo de personas. Pueden encontrarse en cualquier espacio, cualquier entorno. 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