{"id":1124,"date":"2011-07-15T09:33:19","date_gmt":"2011-07-15T07:33:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/?p=1124"},"modified":"2011-07-15T09:33:19","modified_gmt":"2011-07-15T07:33:19","slug":"167-bajo-el-balcon-por-agosto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/167-bajo-el-balcon-por-agosto\/","title":{"rendered":"167- Bajo el balc\u00f3n. Por Agosto"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">I<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cada ma\u00f1ana espero las primeras luces en el balc\u00f3n y me siento aqu\u00ed a escribir. Al principio lo que ocurr\u00eda ah\u00ed abajo, en la calle, me parec\u00eda un amontonamiento inconexo de actos ef\u00edmeros, emanaciones sin sentido de ese caos que resurge del silencio cuando la ciudad despierta.<!--more-->\u00a0Luego el espect\u00e1culo fue apareciendo. D\u00eda a d\u00eda la calle me iba revelando una especie de ballet aparentemente repetitivo y mec\u00e1nico, un desfile a simple vista previsible, machac\u00f3n como una m\u00fasica de relojer\u00eda. Poco antes de que abra el quiosco de prensa, un hombre calvo de unos cuarenta a\u00f1os, inquieto, muy delgado, est\u00e1 esperando en la acera para comprar el peri\u00f3dico. Va y viene impaciente o tira de un pa\u00f1uelo para limpiar y revisar una y otra vez al trasluz los cristales de unas gafas enormes de montura negra. He observado que este madrugador cliente del quiosco tarda en adaptar sus trajes a los cambios de estaci\u00f3n. Eso me ha hecho suponer que vive solo y no se preocupa demasiado de s\u00ed mismo. Tambi\u00e9n \u2013y esto no sabr\u00eda decirte por qu\u00e9\u2013 me ha parecido que se llama Emilio y lo he introducido como personaje en una historia que estoy empezando ahora.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Apenas Emilio ha desaparecido \u2013empieza a hojear el peri\u00f3dico por las \u00faltimas p\u00e1ginas mientras dobla la esquina a buen paso\u2013, un autob\u00fas urbano me oculta la imagen del quiosco durante unos instantes. Cuando vuelve a aparecer el quiosco, el autob\u00fas ha borrado de la parada una cola de pasajeros inm\u00f3viles. Son unos ocho o diez, casi siempre los mismos. Mientras esperan, solo un par de estudiantes somnolientos, despeinados, hablan alguna palabra o bromean empuj\u00e1ndose con desgana. Nadie m\u00e1s parece conocer a nadie en esa fila de miradas desencontradas que el autob\u00fas, como una enorme aspiradora, absorbe en su vientre y adentra en la ciudad.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Algunas veces he esperado que bajo el balc\u00f3n estallara de pronto la revelaci\u00f3n de algo inexplicable, que un viento imprevisto se levantara, que arrancase el quiosco y la parada del autob\u00fas, que barriera estas certezas cotidianas. Ahora s\u00e9 que de todo eso no se encarga el viento, sino el tiempo y la mirada. Mientras te escribo, una bandada de gorriones va y viene dibujando \u00e1giles tirabuzones sin rumbo. Se persiguen para aparearse, sobrevuelan la calle piando con chillidos estridentes o se dispersan al azar por el aire como vertiginosas serpentinas. Y los conozco, \u00bfentiendes? Vuelven todos los a\u00f1os. Algunos anidan en la cornisa de enfrente.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0II<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Emilio ten\u00eda \u00a0ya preparado el importe exacto en una mano. Con la otra tir\u00f3 del peri\u00f3dico, casi se lo arranc\u00f3 al vendedor. Hoy llevaba unos minutos de retraso. Se hab\u00eda encontrado el quiosco abierto. Incluso hab\u00eda tenido que hacer cola detr\u00e1s de dos estudiantes desgarbados, con ojos de sue\u00f1o, que compraban una interminable lista de extra\u00f1as chucher\u00edas cuyos nombres lo asombraron. Pens\u00f3 que cuando llegase al tren, si lograba sentarse anotar\u00eda esos nombres. Eran man\u00edas de escritor. De momento se los recitaba para no olvidarlos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Jadeante, dobl\u00f3 la esquina con el peri\u00f3dico bajo el brazo. Repetir la lista de chucher\u00edas lo ayudaba a apretar el paso: corazoncitos dorins, pastillas DRF, rellenolas, chicles jirafa, topolinos, caramelos fizz\u2026 El cercan\u00edas estaba a punto de salir. Aceler\u00f3 su marcha. Sab\u00eda bien que detr\u00e1s de ese tren, apenas doce minutos m\u00e1s tarde, vendr\u00eda otro, y otro m\u00e1s detr\u00e1s de ese. Por otra parte, abrir la tienda un poco despu\u00e9s no tendr\u00eda consecuencias, pero pensar estas cosas lo impulsaba inexplicablemente a correr: topolinos, caramelos fizz, mielcitas, dulcipicas, chicles puaj, paraguitas\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Frente a la estaci\u00f3n, el paso de peatones acababa de cerrarse para \u00e9l. Cuando intent\u00f3 cruzarlo por detr\u00e1s de una furgoneta, un taxi que sal\u00eda del sem\u00e1foro lo arroll\u00f3. Fue apenas nada, un empuj\u00f3n brusco que le tir\u00f3 las gafas y lo arroj\u00f3 medio inconsciente contra el bordillo, pero la escena llam\u00f3 la atenci\u00f3n y concentr\u00f3 a su alrededor a algunos transe\u00fantes curiosos, tal vez porque esa ma\u00f1ana se hab\u00eda levantado un viento desbocado que le estaba dispersando por el aire las hojas del peri\u00f3dico. Con la espalda apoyada contra un seto \u2013caramelos fizz, yoguritos, dulcipicas, chicles puaj, topolinos&#8230;\u2013, recobraba a duras penas su lista de chucher\u00edas cuando crey\u00f3 reconocer tras los cristales de un autob\u00fas a los dos muchachos del quiosco. Lo estaban se\u00f1alando con el dedo, se burlaban de \u00e9l con una risotada idiota que descubr\u00eda sus bocas, te\u00f1idas por completo de un intenso azul turquesa. Pens\u00f3 que estaba delirando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando lleg\u00f3 la ambulancia ya se encontraba algo mejor y convenci\u00f3 al camillero para que le permitiera desplazarse sentado junto al conductor. Emilio sab\u00eda que en estos casos los argumentos psicol\u00f3gicos no fallan:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2500 Si me tiendo en la camilla me pongo peor. Y sobre todo no toquen la sirena.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo llevaron de vuelta por el camino que siempre segu\u00eda para ir al trabajo, un recorrido familiar que lo tranquiliz\u00f3, en el que todo le resultaba previsible y acogedor y donde, como esperaba, al pasar por su habitual quiosco de prensa pudo reconocer a aquel personaje que, frente a \u00e9l, cada ma\u00f1ana escrib\u00eda sentado en un balc\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cada ma\u00f1ana espero las primeras luces en el balc\u00f3n y me siento aqu\u00ed a escribir. Al principio lo que ocurr\u00eda ah\u00ed abajo, en la calle, me parec\u00eda un amontonamiento inconexo de actos ef\u00edmeros, emanaciones sin sentido de ese caos que resurge del silencio cuando la ciudad despierta.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-1124","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1124","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1124"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1124\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1128,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1124\/revisions\/1128"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1124"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1124"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1124"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}