{"id":566,"date":"2010-05-18T23:09:16","date_gmt":"2010-05-18T21:09:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=566"},"modified":"2010-05-18T23:09:16","modified_gmt":"2010-05-18T21:09:16","slug":"141-sala-de-espera-por-thiago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=566","title":{"rendered":"141- Sala de espera. Por Thiago"},"content":{"rendered":"<p><em>Los cinco tipos que esperaban en la puerta del bul\u00edn de las dos minas m\u00e1s populares del barrio de Flores se derret\u00edan bajo el calor de la tarde noche del despoblado verano porte\u00f1o.<!--more-->\u00a0El primero estaba pegado a la puerta de espaldas a la calle, como demostrando cierto orgullo de decir que estaba ah\u00ed porque no le quedaba otra, que a\u00fan ama a su mujer, pero que ella est\u00e1 esperando el d\u00e9cimo hijo y ya hace como un a\u00f1o que la gorda no se deja tocar. El segundo de la fila, estaba recostado de perfil contra una de las ventanas del apartamento, ten\u00eda una camisa medio anaranjada de mangas cortas, unos jeans bien ajustados color negro y unos mocasines tambi\u00e9n de color negro, pero con esas suelas molestas que al caminar rechinan contra el piso a cada paso. El tercero en cuesti\u00f3n, un tipo alto y flacucho, con la cara rancia y una barba de meses sin retocar, vest\u00eda una remera que en alg\u00fan lugar del tiempo habr\u00eda sido blanca, un pantal\u00f3n azul y unas zapatillas, de las cuales una era azul y la otra negra, creo. El cuarto de la fila, vestido de traje, bien afeitado y peinado a la gomina, con un malet\u00edn bien apretado debajo del sobaco y en su mano un pa\u00f1uelo para secar el goteo incesante que ca\u00eda por su frente. Y el \u00faltimo, un enano inquieto, se la pasaba dando patadas al piso y golpeando su cadera con los dos brazos a la vez, mostrando toda su impaciencia, apenas dejaba ver su rostro tapado por unos anteojos negros y una capucha.<br \/>\nCuando Mabel abre la puerta de entrada, salen dos tipos, en ambos su cara dec\u00eda que por unos pocos pesos la vida val\u00eda la pena vivirla. Y entonces los cinco de la fila se aprestan para entrar, no sin antes chequear sus bolsillos para asegurarse que ten\u00edan los mangos suficientes para pagarles a sus putas.<br \/>\nEl primero de la fila la saluda con un beso en la mejilla y as\u00ed van entrando los cinco que esperaban en la puerta, con excepci\u00f3n del enano que le come la boca a la puta sin dudar un instante y ella tampoco se niega. Todos ellos parecen conocer al detalle el bul\u00edn, y tambi\u00e9n parecen saber que van a tener que darle unos minutos a Mabel y Samanta para que se den un buen ba\u00f1o. Mientras tanto, los cinco personajes se quedan en la sala de espera que hay en la planta baja del lugar. \u00c9sta es un peque\u00f1o living rectangular con cinco sillas, tres de un lado y dos enfrente, una mesita de vidrio en medio y un revistero en cada extremo. En uno de los extremos, unas escaleras que llevan al primer piso donde est\u00e1n las dos habitaciones y un ba\u00f1o.<br \/>\nCon los cinco tipos sentados en el living, desde el primer piso bajan las risotadas hist\u00e9ricas de las dos minas, que a su vez se mezclan con el sonido de la lluvia de la ducha. Abajo el silencio es insostenible y eso est\u00e1 bien marcado en las caras depresivas de los hombres en la sala de espera.<br \/>\nCada uno imagina y conversa consigo mismo y con su propio sufrimiento.<\/em><em>\u00a0<\/em><em><br \/>\nSon todos mon\u00f3logos en voz baja, casi susurr\u00e1ndoselos a s\u00ed mismos, bien hacia dentro del pecho de cada uno de ellos. El enano putea en voz baja al flacucho, lo ve rid\u00edculo y fracasado, dice que seguro que no la pone hace m\u00e1s de un a\u00f1o y que por eso tiene la cara como un zapato, y que lo m\u00e1s seguro es que no sepa en cu\u00e1l de los tres agujeros la tiene que meter.<\/em><em>\u00a0<\/em><em><br \/>\nEl flacucho, se rasquetea la mejilla con todos sus dedos a la vez y con cara pensativa, va exponiendo su monologo a s\u00ed mismo, balbucea y en ciertas ocasiones hasta puedo leer sus labios. En cierta forma, se va riendo de cada uno de los cuatro personajes, del enano dice que est\u00e1 pasado de merca y por eso esta tan inquieto, que seguro la tiene tan grande que Mabelita le va a cobrar con recargo por da\u00f1os y perjuicios. Despu\u00e9s se encarga del hombre que tiene el malet\u00edn aun bajo el sobaco, dice que es un chorro de mala muerte y que transpira sin parar de los nervios que tiene porque lo debe andar buscando toda la polic\u00eda bonaerense, y que en el malet\u00edn tiene unos miles de d\u00f3lares bien fresquitos. Luego de refil\u00f3n otea hacia donde est\u00e1 el hombre de camisa anaranjada, y por dentro se muere de risa pensando lo rid\u00edculo que se ve vestido de esa manera, segundos m\u00e1s tarde se le escapa una carcajada y los otros cuatro lo miran con dientes apretados.<br \/>\nEl tipo de camisa naranja, mira el suelo y apoya su rostro en las palmas de su mano, mueve su cabeza a un lado y a otro, odi\u00e1ndose a s\u00ed mismo por estar metido all\u00ed dentro.<br \/>\nEntre tanto, arriba siguen las risas hist\u00e9ricas de Mabel y Samanta. Luego por la escalera las dos bajan al ritmo del taco aguja y las voces ya suavizadas a d\u00fao entonan una buena cumbia de barrio.<\/em><em>\u00a0<\/em><em><br \/>\nEl primero de la fila ya se regocija pensando en que ha llegado su momento de gloria y el tipo de camisa anaranjada confirma ese regocijo del primero llev\u00e1ndole una leve sonrisa a su rostro.<br \/>\nSamanta toma de la mano al primero y Mabelita al segundo, que de paso le tantea el culo para confirmar que todo estaba ah\u00ed bien firme. Suben a los besos, las putas no paran de re\u00edr hasta que cada una entra con su victima de turno a la habitaci\u00f3n. Ahora si arriba se arma el griter\u00edo, y abajo abunda el silencio entremezclado con el humo espeso del cigarrillo que se estaba fumando el enano y la impaciencia del resto.<\/em><em>\u00a0<\/em><em><br \/>\nDe golpe se escucha un cachetazo que baj\u00f3 la escalera con olor a latigazo seco sobre la espalda mojada de un esclavo, y es que Samanta le hab\u00eda advertido al hombre casado que por atr\u00e1s era otra tarifa y \u00e9l no lo quiso entender por las buenas, y por lo tanto ella dej\u00f3 de lado toda su femeneidad y le estamp\u00f3 un manotazo nada sutil. El primer manotazo fue el que baj\u00f3 doloroso por la escalera pero luego hubo un segundo estampido que dej\u00f3 bien en claro qui\u00e9n es la que manda a la hora de los bifes. Sin que hubiera podido siquiera echarse el primer polvo, Samanta lo despach\u00f3 a patadas desde la escalera hasta la puerta de salida, d\u00e1ndole una patada tras otras y maldiciendo a todos sus parientes uno por uno.<\/em><em>\u00a0<\/em><em><br \/>\nEn la otra habitaci\u00f3n, Mabel parec\u00eda disfrutar de una hermosa cabalgata encima del austero pero eficaz hombre de la camisa naranja. A medida que pasaban los minutos los gritos de la diva iban en aumento, hasta que todo concluy\u00f3 en inmenso suspiro a d\u00fao y al un\u00edsono, momento en el que ambos se dieron cuenta que el instante de gloria hab\u00eda acabado. Luego, ambos se visten sin decirse ni media palabra, lo m\u00e1s r\u00e1pido que pueden. El tipo sale a las corridas de la habitaci\u00f3n y Mabelita se mete en el ba\u00f1o a lavar parte de sus pecados y parte de su cuerpo. Empapada en sudor, dej\u00f3 caer sus l\u00e1grimas con la facilidad con la que se acuesta con los tipos que la visitan a diario. Moja un poco su rostro, se acomoda un poco el sost\u00e9n, saca una tanga nueva del ropero, y se pone un camis\u00f3n de seda rosa que un viejo amante le hab\u00eda regalado a\u00f1os atr\u00e1s.<br \/>\nAbajo, Samanta acaba de deshacerse del primero, pero va por m\u00e1s y toma la mano del enano, a quien sube a los apurones por la escalera y lo mete de prepo en el cuarto para probar sus dotes de buen amante.<br \/>\nEn la planta baja se escuchan primero los pasos acelerados del tipo de la camisa naranja, que pasa luego en medio de la sala de espera con el rostro sonrojado y m\u00e1s tarde da un portazo acorde a la situaci\u00f3n. Detr\u00e1s de \u00e9l se escucha el taconeo de Mabel que baja en busca de alguien que la haga gozar un poco m\u00e1s que el anterior. Elige inteligentemente al hombre que aun tiene debajo del sobaco su malet\u00edn. Lo sube de la mano con dulzura inusual y lo lleva dentro de su habitaci\u00f3n, y all\u00ed lo desnuda con desespero, desenfrenada y desesperada, le iba destrozando la ropa ante la mirada at\u00f3nita del hombre de traje impecable y el latir fuera de control de su coraz\u00f3n d\u00e9bil. Mabel lo tiene a su merced y de un empuj\u00f3n lo deja indefenso y desnudo sobre la cama. Se le tira encima y le hace el amor, a las carcajadas lo pasea de lado a lado de la cama y el pobre tipo que no puede seguir semejante ritmo se siente en la boca del infierno, se aturde, la situaci\u00f3n lo sobrepasa, y se entrega por fin al sublime momento de lujuria y placer del sexo con una puta de mil batallas. Los diez minutos de placer por los que hab\u00eda venido se hab\u00edan transformado en horas de batalla desigual, batalla en la que desde que recibi\u00f3 el primer golpazo no pod\u00eda aguantar que llegara el momento del knock out. Y as\u00ed se fue del cuarto de Mabel, derrotado y menospreciado en todos los aspectos del arte de amar. En silencio baj\u00f3 las escaleras, mirando el relucir de sus zapatos negros y sin dejar de apretar su malet\u00edn debajo del sobaco. Y mientras \u00e9l bajaba derrotado, escuchaba al enano d\u00e1ndole una c\u00e1tedra a Samanta, haci\u00e9ndola llorar de dolor, y llorar de placer, zamarre\u00e1ndola por toda la habitaci\u00f3n y encima record\u00e1ndole lo puta que es y lo buena que est\u00e1. Cuando el hombre llega a la planta baja, se escucha a Samanta decir que por atr\u00e1s no, y al enano replicando con un c\u00e1llate puta de mierda y hac\u00e9 lo que yo te digo. Mabel lo escucha y se mata de risa en medio de la sala de espera, mientras el flacucho de cara rancia aun no sabe qu\u00e9 carajo est\u00e1 haciendo ah\u00ed metido.<br \/>\nYa todos se han ido, s\u00f3lo queda Mabel que intenta montarse al flaco que anda perdido en sus pensamientos desalineados de todo sentido, y arriba Samanta que ha entrado en una batalla desigual con el enano endemoniado. Los diez minutos del desquiciado hab\u00edan pasado largamente pero \u00e9ste no iba a largar la batalla hasta ganarla por knock out, y es m\u00e1s, se le escuchaba a Samanta rogar por que el petiso acabara y a \u00e9ste re\u00edrse a carcajadas y decirle que lo vinieran a sacar con el ej\u00e9rcito porque \u00e9l nunca deja las cosas a medio hacer, y finalmente pareciera que es cierto, porque desde abajo, parece que la pelea no tendr\u00e1 fin.<br \/>\nMabel intenta con el flaco pero no hay caso, \u00e9ste saca la billetera y le da lo que le corresponde, luego un beso en la mejilla muy dulcemente y se va del lugar diciendo que el mundo est\u00e1 lleno de hijos de puta, pero tambi\u00e9n est\u00e1 lleno de putas con hijos. Y termin\u00f3 diciendo que ni el mundo ni las putas fueron hechos para \u00e9l.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los cinco tipos que esperaban en la puerta del bul\u00edn de las dos minas m\u00e1s populares del barrio de Flores se derret\u00edan bajo el calor de la tarde noche del despoblado verano porte\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-566","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-a-concurso"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/566","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=566"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/566\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=566"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=566"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=566"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}