{"id":453,"date":"2010-05-12T01:44:02","date_gmt":"2010-05-11T23:44:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=453"},"modified":"2010-05-12T01:44:02","modified_gmt":"2010-05-11T23:44:02","slug":"105-dieciseis-del-nueve-del-setenta-y-nueve-por-juanangel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=453","title":{"rendered":"105-Diecis\u00e9is del nueve del setenta y nueve. Por Juanangel"},"content":{"rendered":"<p>Las gotas de lluvia tamborilean en las losas de m\u00e1rmol y de granito, no as\u00ed en las de piedra. <!--more-->A \u00e9l poco le importa que el agua lo empape y se cale en sus ajados huesos, pues son muchos los a\u00f1os ya vividos, muchas las tormentas que azotaron su espalda, y tiempo lo que adolece de desaz\u00f3n y penumbra.<\/p>\n<p>Con su lento caminar se adentra entre las callejuelas que laber\u00ednticamente componen el lugar, los cipreses decoran ambos m\u00e1rgenes y las tumbas se agolpan una tras otra en un sinf\u00edn de estampas esparcidas por el suelo. Recuerda cuando aquel lugar no era m\u00e1s que un peque\u00f1o poblado de almas errantes cubiertas de flores. Ahora el campo santo avanza imperiosamente comiendo el terreno que los hombres dispusieron entre la vida y la muerte.<\/p>\n<p>Le ha comentado Anselmo, el portero del cementerio, que el ayuntamiento va a expropiar los terrenos anexos de la parte norte, los que m\u00e1s cerca quedan de la ciudad. \u201cAlg\u00fan d\u00eda, este mundo que conocemos ser\u00e1 para el universo lo que antes era el cementerio para la ciudad, un reducto de materia inerte, lejos de todo, donde descansan los restos de quienes alg\u00fan d\u00eda fueron\u201d, afirma. Su profesi\u00f3n lo ha transformado de devoto cristiano a fil\u00f3sofo materialista. \u201cNi usted ni yo lo veremos\u201d, le contesta. \u201cNadie lo ver\u00e1. Por lo que la afirmaci\u00f3n, ya de por s\u00ed, carece de sentido \u00bfno cree?, aunque sea algo que suceder\u00e1 de todas maneras\u201d, apostilla el portero.<\/p>\n<p>Contin\u00faa lloviendo, aunque de forma d\u00e9bil, \u00e9l, tan previsor en sus tiempos mozos, hab\u00eda dejado el paraguas en casa. Poco a poco se va acercando a la tumba de su mujer. Ella para siempre a la espera. Siente gran a\u00f1oranza al recordarla, echa en falta su presencia, su rostro, sus palabras. A la altura de la tumba se agacha con dificultad, los huesos entumecidos se resiente en la genuflexi\u00f3n. Sus dedos acarician cada una de las letras que compon\u00edan su nombre, grabadas en la l\u00e1pida a fin de pasar a la posteridad. La voz se quiebra cuando trata de decirle que la sigue queriendo como el primer d\u00eda y, como siempre, rompe a llorar sin consuelo alguno.<\/p>\n<p>Cuando era joven, y despu\u00e9s cuando pas\u00f3 a ser un adulto responsable y padre de familia, mantuvo una actitud de entereza ante la muerte. No lloraba y conten\u00eda las l\u00e1grimas en una botella que escond\u00eda, all\u00ed donde nadie tuviera acceso. Despu\u00e9s de que ella falleciera la botella revent\u00f3 e inund\u00f3 de l\u00e1grimas a todos los presentes, el llanto era una fuente inagotable de tristeza y desesperanza. Estuvo llorando durante varios d\u00edas, con peque\u00f1os intervalos a modo de descanso donde los ojos enrojecidos y h\u00famedos manten\u00edan la constancia. Por las noches, en sue\u00f1os lloraba sobre la almohada donde ella reposaba su cabeza.<\/p>\n<p>Hoy no ha tra\u00eddo flores. Debido a la lluvia el quiosco que hay a la entrada del cementerio ha cerrado. A ella le gustaban las rosas, daba igual el color, pero siempre rosas. \u00c9l las llevaba para que decoraran su \u00faltima morada, porque sab\u00eda que a ella le hubiese gustado que as\u00ed fuese. Si exist\u00eda el cielo y la vida eterna, ella estar\u00eda sonriendo tierna y agradecida ante aquellos peque\u00f1os gestos. Se puso en pie y recorri\u00f3 con la mirada la fecha de su muerte, maldiciendo el 16 del 9 del 79, cuando el destino los separ\u00f3 para siempre. Se apresur\u00f3 a secarse las l\u00e1grimas, confundidas con las gotas de lluvia, cuando not\u00f3 una presencia que, tras \u00e9l, apoyaba la mano en su hombro y lo cubr\u00eda con un paraguas.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSe puede saber que est\u00e1s haciendo aqu\u00ed sin paraguas? Vas a coger una pulmon\u00eda, \u00bfes qu\u00e9 quieres caer enfermo?\u201d, estuvo a punto de contestarle que s\u00ed, que lo que quer\u00eda era morir de una maldita vez, y dejar de sufrir la agon\u00eda que supone respirar cuando no hay aire. \u201cLo siento\u201d, fue lo \u00fanico capaz de decir, aunque no tuviera sentido. \u201cVenga pap\u00e1 te llevo a casa\u201d, su hija lo sujeto del brazo y tir\u00f3 de \u00e9l hac\u00eda atr\u00e1s. \u00c9l quiso oponer resistencia, quedarse all\u00ed el tiempo que considerara oportuno, gritarle a su hija que dejase de tratarlo como a un ni\u00f1o, que si quer\u00eda imponer su autoridad maternal lo \u00fanico que ten\u00eda que hacer era convertirse en madre, pero no pod\u00eda y se dej\u00f3 arrastrar.<\/p>\n<p>Mientras se dirig\u00edan a extramuros de aquella ciudad eterna, donde gobierna la muerte, la lluvia se volvi\u00f3 m\u00e1s violenta. \u201cMenos mal que he llegado a tiempo, f\u00edjate como llueve ahora\u201d, las palabras de su hija se confund\u00edan con el sonido de la lluvia. El agua se derramaba formando una tupida cortina antes sus ojos, igual que la ma\u00f1ana del entierro.<\/p>\n<p>Fue todo tan r\u00e1pido que apenas pudo despedirse. La fugacidad del acto fue un alivio para muchos de los presentes, no as\u00ed para \u00e9l que no deseaba perder el amor de su vida en las profundidades de una fosa. La lluvia alent\u00f3 al sacerdote que los acompa\u00f1aba a no pronunciar palabra alguna, a los operarios a trabajar con la mayor de las premuras, a los acompa\u00f1antes a abandonar el recinto a la carrera, y a su hija a alejarlo de all\u00ed, en cuanto considero que hab\u00eda pasado un tiempo prudencial, con la misma rigidez con la que ahora lo introduc\u00eda en el interior de su veh\u00edculo.<\/p>\n<p>El coche se aleja y \u00e9l tiene la sensaci\u00f3n de abandono que lo acompa\u00f1a cada vez que deja atr\u00e1s aquel lugar. Su hija deja que el volumen de la radio ahogue el inc\u00f3modo silencio que casi siempre los acompa\u00f1a. \u00c9l tampoco tiene ganas de hablar, y con ella la comunicaci\u00f3n nunca fue algo habitual. Siempre se mantuvieron distantes, padre e hija, era ella, la madre, la que hac\u00eda de nexo, la que apretaba los nudos cuando estos se descompon\u00edan, la que tej\u00eda remiendos cuando algo se romp\u00eda, la que daba cohesi\u00f3n cuando no hab\u00eda uni\u00f3n.<\/p>\n<p>En el tanatorio discuti\u00f3 con ella porque los dos se cre\u00edan los \u00fanicos responsables y protagonistas de aquel evento. Vestida de luto solemne, con gafas de sol incluidas, al final venci\u00f3 y se hizo cargo de todos los pormenores: eligi\u00f3 el\u00a0 ata\u00fad, recibi\u00f3 a los familiares y amigos, llam\u00f3 al sacerdote para que oficiara el entierro, pas\u00f3 all\u00ed toda la noche velando a su madre y despidi\u00f3 a aquellos que no quisieron acompa\u00f1arlos durante el amargo trago. Mientras tanto, \u00e9l estuvo sentado frente a las cortinas que ocultaban el cad\u00e1ver de su mujer, llorando. Lo que m\u00e1s recordaba de aquel d\u00eda era el intenso olor a humo de tabaco, a humedad que desprend\u00edan las paredes, y al cuero de los sof\u00e1s antiguos que hab\u00eda en la habitaci\u00f3n. Un hedor a muerte al que costaba acostumbrarse.<\/p>\n<p>\u201cPap\u00e1, no puedes seguir viviendo s\u00f3lo en casa. Necesitas a alguien que cuide de ti\u201d, cuantas veces le hab\u00eda hecho esa apreciaci\u00f3n desde que su mujer faltaba. \u201cEstoy bien, no te preocupes\u201d, cuantas veces le hab\u00eda contestado. La m\u00fasica sigue fluyendo por el interior del veh\u00edculo.<\/p>\n<p>El edificio donde vive es muy antiguo, tiene cuatro plantas y no hay ascensor. \u00c9l, su mujer y su hija viv\u00edan en el tercero, ahora solo vive \u00e9l. Suben los altos escalones con lentitud, \u00e9l descansa en cada planta para tomar aire y recuperar el resuello. Ella lo mira con desesperaci\u00f3n e impaciencia. Cuando por fin terminan la ascendente traves\u00eda entran en el g\u00e9lido hogar, all\u00ed\u00a0 donde no existe el orden ni la raz\u00f3n. \u201cPero, \u00bfQu\u00e9 es esto pap\u00e1?\u201d, pone el grito en el cielo ante lo que sus ojos atisban. \u201cNada, tranquila, yo me apa\u00f1o as\u00ed. Solo tengo que recoger un par de cosas y ya est\u00e1\u201d. El estado de la vivienda es lamentable, la suciedad golpea en el rostro del visitante. Hay peri\u00f3dicos y revistas en el suelo y encima del sof\u00e1, y los platos, vasos y cubiertos sucios se amontonan encima de la mesa junto a restos de comida. Su hija se apresta a recorrer el resto de la casa. La cama lleva deshecha m\u00e1s tiempo del que puede imaginar. La cocina y el ba\u00f1o no se limpian desde hace muchas semanas. La dejadez es tal que ella no lo puede soportar y desde la otra punta de la casa lanza un aullido que estremece los cimientos del hogar. \u00c9l espera la tormenta despu\u00e9s de haber escuchado el trueno.<\/p>\n<p>\u201cPap\u00e1 ven aqu\u00ed un momento\u201d, cansado se acerca hasta su habitaci\u00f3n, la que compart\u00eda con ella. Cuando mira el lecho la ve, durmiendo, con el cuerpo encogido en postura fetal y con las manos debajo de la almohada, su postura habitual, as\u00ed fue como la encontr\u00f3. Cre\u00eda que dorm\u00eda y la dejo descansar, \u00e9l ven\u00eda de la f\u00e1brica de terminar el turno de noche. Desayun\u00f3 y estuvo un rato viendo las primeras noticias de la ma\u00f1ana en el televisor. Durante unos minutos se qued\u00f3 traspuesto en el sof\u00e1, por lo que decidi\u00f3 que ya era hora de dormir. No le gustaba dormir de d\u00eda pero su cuerpo necesitaba descanso y horas de sue\u00f1o. Le prepar\u00f3 un caf\u00e9, como siempre, como todas las ma\u00f1anas y se lo llev\u00f3 a la cama, pero ella no despert\u00f3. El vaso de caf\u00e9 cay\u00f3 a tierra y explot\u00f3, como lo hizo su coraz\u00f3n. Los cristales bogaban a trav\u00e9s del r\u00edo negro que se dibuj\u00f3 en el suelo. La abraz\u00f3, la zarande\u00f3, la bes\u00f3, pero ella no dio signo alguno de respuesta. Su piel estaba p\u00e1lida, sus p\u00e1rpados cerrados en la placidez, su ternura se hab\u00eda convertido en g\u00e9lida faz mortuoria y sus brazos sin vida ca\u00edan inertes hac\u00eda atr\u00e1s, mientras \u00e9l la abrazaba y apretaba contra su pecho ahogado en un llanto desolador.<\/p>\n<p>\u201cSe acab\u00f3 pap\u00e1, voy a poner fin a esta situaci\u00f3n, no puedes seguir viviendo solo. Te vienes conmigo\u201d, \u00e9l no respondi\u00f3, la rotundidad y firmeza de las palabras de su hija no admit\u00edan replica alguna. Le ofreci\u00f3 una mirada c\u00e1ndida, agach\u00f3 la cabeza y con la docilidad de un perro se acurruc\u00f3 sobre ella, se frot\u00f3 sobre sus piernas y suspir\u00f3 una y otra vez. Sinti\u00f3 que por fin, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, pod\u00eda volver a respirar. Quiz\u00e1 la tristeza se pudiera compartir, la melancol\u00eda se podr\u00eda diluir en un taza de t\u00e9, y el cari\u00f1o de una hija aplacar\u00eda la ganas de morir.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s, la lluvia hab\u00eda arreciado y la primavera afloraba por la ventana empa\u00f1ada de la habitaci\u00f3n. Mirando a trav\u00e9s del cristal pens\u00f3 que el infierno no estaba tan lejos de lo que se cree. Que el sufrimiento solo existe aqu\u00ed y ahora. Recorri\u00f3 la estancia\u00a0 donde estaba encerrado y volvi\u00f3 a llorar como la \u00faltima vez que la abraz\u00f3 sentado sobre su cama, el diecis\u00e9is del nueve del setenta y nueve.<\/p>\n<p>Setenta y nueve, eran las personas que viv\u00edan con \u00e9l, abandonadas a su soledad y hacinadas en Villa Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Nueve, los d\u00edas que tard\u00f3 su hija en vender la casa.<\/p>\n<p>Y diecis\u00e9is, los d\u00edas que vivi\u00f3 con su hija hasta que fue internado en aquella \u00faltima morada&#8230;<strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las gotas de lluvia tamborilean en las losas de m\u00e1rmol y de granito, no as\u00ed en las de piedra.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-453","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-a-concurso"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/453","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=453"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/453\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=453"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=453"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=453"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}