{"id":441,"date":"2010-05-12T01:09:33","date_gmt":"2010-05-11T23:09:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=441"},"modified":"2010-05-12T01:09:33","modified_gmt":"2010-05-11T23:09:33","slug":"100-ojos-morenos-alma-de-mar-por-callie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=441","title":{"rendered":"100- Ojos morenos, Alma de mar. Por Callie"},"content":{"rendered":"<p>Un tiempo desapacible me acompa\u00f1a en mi solitario encuentro con el pasado. Sentado en la arena, con las piernas cruzadas, miro hacia el horizonte en espera de que el sol por fin se digne a aparecer entre la l\u00ednea que separa el cielo del mar.<!--more-->\u00a0Un mar embravecido de olas coronadas por restos de espuma blanca, que chocan en la orilla como queriendo avanzar hacia la ciudad dormida para despertarla con su algarab\u00eda de agua y sal.<\/p>\n<p>El primer rayo de sol empieza a asomar t\u00edmidamente y hace que despierte de mi simb\u00f3lica duermevela y cobre conciencia, de nuevo, de lo que he venido a hacer.<\/p>\n<p>Secretamente, deslizo mis manos a ambos bolsillos del gab\u00e1n para no olvidar mi tarea, y toco suavemente, para que no se deshagan en mis manos y me dejen sin mi \u00faltima voluntad, una carta arrugada, amarilla por el paso del tiempo, y una cadenita de plata, reliquia de a\u00f1os ha.<\/p>\n<p>Con la seguridad de que todo sigue en su lugar, rememoro esos d\u00edas pasados con sabor a vino a\u00f1ejo en los que viv\u00eda despreocupado en un pueblo del interior de Alicante, de vides y olivos, de meriendas campestres en nuestra casa de campo familiar, donde todos los d\u00edas eran iguales pero con matices de savia nueva a nuestro alrededor.<\/p>\n<p>D\u00edas felices hasta que la desgracia, como planta trepadora, se enrosc\u00f3 en nuestras vidas ahog\u00e1ndonos en su eterno apretar.<\/p>\n<p>Recuerdo esa noche, la de los primeros fr\u00edos. Tras la cena, los hombres de la casa,\u00a0 mi abuelo, mi padre, mi t\u00edo y mi hermano Agust\u00edn, se hab\u00edan acomodado frente a la gran chimenea que presid\u00eda el sal\u00f3n celebrando con an\u00eds la nueva incorporaci\u00f3n de mi hermano al mundo del trabajo, mientras las mujeres trajinaban en la cocina. A mi, que por entonces rondar\u00eda los diez a\u00f1os, me instaron para que me fuera a dormir, pero, con la audacia que da la juventud, me qued\u00e9 agazapado en las sombras de la escalera pues no quer\u00eda perderme tal celebraci\u00f3n. Los mayores, daban consejos al m\u00e1s joven de c\u00f3mo encarar su reci\u00e9n estrenado empleo en la recogida de la oliva mientras los tragos de an\u00eds iban y ven\u00edan sin descanso. Transcurridos muchos minutos, y con el consiguiente desenredo de lengua y memoria que da el alcohol, el tema vari\u00f3 hacia temas m\u00e1s \u00edntimos, y mi hermano, que hasta entonces hab\u00eda estado como sumido en una enso\u00f1aci\u00f3n, nombr\u00f3 por primera vez a su ni\u00f1a de ojos morenos.<\/p>\n<p>Ese verano viaj\u00f3 a Cantabria con otro de nuestros t\u00edos, el que viv\u00eda en la ciudad, para ayudarlo en unos negocios que ten\u00eda que atender en la zona. Y, en uno de esos pueblos pintorescos de cielo oscuro y aroma a salitre, paseando al amanecer por una playa de fina arena, vio a la ni\u00f1a m\u00e1s bella que jam\u00e1s cruz\u00f3 por su mirada; de piel blanca como la espuma de mar, caminar et\u00e9reo, pelo como la brea y ojos del color del pan moreno, recog\u00eda conchas en la orilla mientras las olas del mar derramaban su tributo en sus delgados pies descalzos, como cortes\u00eda a una princesa de cuento.<\/p>\n<p>Se enamoraron nada m\u00e1s verse y, durante los d\u00edas que permaneci\u00f3 en el pueblo, se aprendieron el uno al otro con miradas, palabras y hechos. Le despedida fue un hasta luego, mi hermano jur\u00f3 que volver\u00eda a buscarla en cuanto consiguiera un empleo para hacerla suya eternamente y ella prometi\u00f3 esperarlo poniendo en su mano una concha color rosa p\u00e1lido con forma de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Mi hermano, enardecido ya por los efectos del an\u00eds, y con l\u00e1grimas en los ojos, mostr\u00f3 a todos los presentes la peque\u00f1a concha que, con su primer sueldo, hab\u00eda engarzado en una fina cadena de plata y, en un arrebato, se subi\u00f3 a la silla y la colg\u00f3 de un clavo que sobresal\u00eda hac\u00eda ya a\u00f1os de una de las vigas de madera del techo, jurando que no lo descolgar\u00eda hasta que su ni\u00f1a, de ojos como el pan moreno, cruzara de su mano el umbral de la casa.<\/p>\n<p>Todos rieron viendo las haza\u00f1as de Agust\u00edn y, tras tomar una \u00faltima copita, se despidieron con alegres chanzas mirando la cadena que colgaba, a\u00fan tintineante, del techo de nuestro hogar.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s fue su estado de enso\u00f1aci\u00f3n, quiz\u00e1s el an\u00eds en sus venas, aunque yo quiero pensar que mirando a la luna vio el rostro de su amada y quiso alcanzarla para no perderla, lo que hizo que su motocicleta se saliera de una curva y acabara en el fondo de un barranco; y necesito convencerme de que esa ni\u00f1a que recog\u00eda conchas a la orilla del mar, lo acompa\u00f1\u00f3 en su descenso hasta el \u00faltimo suspiro.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, abandonamos la casa y nos trasladamos al pueblo, en un intento de normalizar nuestras vidas destrozadas, y pasamos los a\u00f1os en un estado de semiinconsciencia de seguir hacia adelante pero, al mismo tiempo, de no olvidar el pasado.<\/p>\n<p>Cuando mi madre muri\u00f3, la inercia me llev\u00f3 a acercarme a ella como nunca lo hab\u00eda hecho en mi vida, buscando entre sus cosas alg\u00fan atisbo que la hiciera inmortal, y lo que encontr\u00e9, fue su intento de pervivir en los sue\u00f1os de su hijo fallecido. En un caj\u00f3n de la mesita junto a su cama, hall\u00e9 una carta de aspecto apolillado, s\u00edmbolo de muchas d\u00e9cadas de guardar su secreto bajo llave, con letras desva\u00eddas por las l\u00e1grimas derramadas, de la ni\u00f1a de ojos morenos que recog\u00eda conchas al amanecer.<\/p>\n<p>A mis sesenta a\u00f1os, a altas horas de la noche, sus palabras me acompa\u00f1an en las horas de insomnio y las percibo como m\u00edas, hasta que logre o tenga el valor de devolverlas a su leg\u00edtima due\u00f1a:<\/p>\n<p>\u201c<em>Aunque dicen que la memoria es ef\u00edmera, jam\u00e1s he olvidado la sinceridad de tus ojos cuando me prometiste tu amor y, si el destino ha conjurado otros caminos para separarnos, m\u00e1s fuertes son nuestros corazones que luchar\u00e1n por volvernos a unir. <\/em><\/p>\n<p><em>Siempre esperar\u00e9 volver a verte mientras los rayos del sol sigan cada d\u00eda apareciendo entre el cielo y el mar\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cTu ni\u00f1a de ojos morenos\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Hace unas semanas que volv\u00ed a la casa de campo de la familia, a\u00fan en mi poder a pesar de las ofertas de compra que me han hecho a lo largo de los a\u00f1os, y aunque no haya pisado dentro de sus paredes por largo tiempo, me parecer\u00eda un sacrilegio el deshacerme de ella.<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente en ruinas, la maleza hab\u00eda acampado a su alrededor impidiendo la visi\u00f3n del z\u00f3calo de piedra que la circundaba. Tras cruzar el umbral, la nostalgia se apoder\u00f3 de m\u00ed ser y tuve que detenerme a calmar mi respiraci\u00f3n sofocada en un ahogo repentino de recuerdos y olores familiares fruto de mi memoria, desinhibida ahora por ese entorno de una ni\u00f1ez que todos ansiamos recuperar.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 al sal\u00f3n, que segu\u00eda presidido por la enorme chimenea y, antes de mirar hacia el techo, tuve que relajar mi acelerado coraz\u00f3n, respirar con tiento y aflojar la tensi\u00f3n de mis hombros.<\/p>\n<p>Segu\u00eda all\u00ed. La cadenita de plata colgaba de la viga de madera meciendo, en su eterno vaiv\u00e9n, la p\u00e1lida concha rosada s\u00edmbolo del amor de mi hermano, de su felicidad, de tiempos mejores.<\/p>\n<p>Y rezando una plegaria para que pudiera perdonarme por lo que iba a hacer, la descolgu\u00e9 para llevarla conmigo en un \u00faltimo viaje.<\/p>\n<p>Ahora me encuentro en esa playa, con el sol elev\u00e1ndose poco a poco en un tapiz de colores ocres y rojizos, y la veo venir caminando descalza por la orilla asiendo, en sus arrugados dedos, una cesta de mimbre repleta de las conchas que le ha regalado el mar.<\/p>\n<p>Y voy hacia ella, atisbando en sus ojos morenos, la ni\u00f1a que un d\u00eda fue.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un tiempo desapacible me acompa\u00f1a en mi solitario encuentro con el pasado. 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