{"id":163,"date":"2010-04-25T10:00:13","date_gmt":"2010-04-25T08:00:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=163"},"modified":"2010-04-24T23:11:51","modified_gmt":"2010-04-24T21:11:51","slug":"22-isabelita-por-la-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/7certamen\/?p=163","title":{"rendered":"22- Isabelita. Por La Ciudad"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todav\u00eda conservo el peque\u00f1o libro de las Rimas de B\u00e9cquer. Sigue conmigo, ha sido testigo de mis alegr\u00edas, de mi soledad y de mis tristezas, me ha acompa\u00f1ado a lo largo de la vida.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por cuestiones de trabajo de mi padre, tuvimos que salir de la ciudad donde viv\u00edamos, para irnos a radicar a la capital. Ten\u00eda yo doce a\u00f1os de edad, era el mayor de tres hermanos: mi hermana Carmela de seis y mi hermano Jos\u00e9 de cuatro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mis hermanos, quiz\u00e1 por su corta edad, no sintieron la tristeza que se siente cuando tienes que partir para emigrar hacia otro lugar. Por el contrario, mi madre no se consolaba por haber tenido que dejar a su madre y a sus hermanas, yo sent\u00eda y comprend\u00eda su tristeza, como si fuera m\u00eda, pues dejaba atr\u00e1s amigos, abuelos, t\u00edos y primos, a mis queridos maestros y sobre todo a Isabelita, mi primer amor, ese que piensas que es el amor para toda tu vida. Isabelita, una ni\u00f1a de trenzas rubias y hermosos ojos verdes. En esos momentos comprend\u00ed cuanto de nosotros se quedaba en mi ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya en el tren, en el trayecto rumbo a la capital, mam\u00e1 me consolaba como si fuera yo el m\u00e1s peque\u00f1o de sus hijos y al mismo tiempo se consolaba conmigo, pues sab\u00eda bien que yo entend\u00eda su tristeza. Mi padre hab\u00eda llegado un mes antes a la capital, en donde nos esperar\u00eda en la estaci\u00f3n del tren.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los primeros d\u00edas no tuvimos tiempo de dar cabida a nuestras tristezas, despu\u00e9s de haber llegado a una casa de hu\u00e9spedes cerca de la estaci\u00f3n de trenes, mi madre y yo nos dimos a la tarea de buscar la que iba a ser nuestra vivienda. Una vez instalados en un peque\u00f1o departamento de la colonia Santa Mar\u00eda, mam\u00e1 comenz\u00f3 a buscar escuela para mis hermanos y para m\u00ed, que ya iba yo a entrar a la secundaria. Con nuestra nueva casa, con nuestras nuevas escuelas y nuevos amigos nos fuimos consolando de la tristeza por lo que hab\u00edamos dejado detr\u00e1s, o al menos la tristeza iba aminor\u00e1ndose un poco. Adem\u00e1s est\u00e1bamos asombrados de descubrir d\u00eda con d\u00eda a la ciudad capital, admirar sus enormes edificios, sus monumentos y sus bellos jardines, mi padre procuraba llevarnos al cine y al teatro, hermosos cines y teatros los de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00f3lo hab\u00eda algo que no se me olvidaba: el afecto que sent\u00eda por Isabelita, la ni\u00f1a de trenzas rubias y hermosos ojos verdes, Isabelita era tierna y afectuosa, llena de cualidades y muy estudiosa, adem\u00e1s aficionada a la poes\u00eda, a pesar de su corta edad. Cuando nos despedimos, Isabelita me dio, como \u201cregalo de viaje\u201d, un peque\u00f1o libro con las Rimas de B\u00e9cquer con una flor seca dentro de \u00e9l, como se acostumbraba en esa \u00e9poca. La ni\u00f1a estaba hecha un mar de llanto, me ped\u00eda que le escribiera, que no me olvidara de ella, pues si lo hac\u00eda, se morir\u00eda de tristeza. Promet\u00ed escribirle una carta para contarle los pormenores de nuestro viaje y para que supiera que ya hab\u00eda ingresado a la secundaria, adem\u00e1s para decirle lo mucho que la extra\u00f1aba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En cuanto tuve dinero para el timbre postal y supe el camino al correo, para ir y regresar sin perderme, en lo que me parec\u00eda una enorme ciudad, llev\u00e9 la carta. Todav\u00eda recuerdo la emoci\u00f3n que sent\u00ed cuando deposit\u00e9 mi primera carta en el buz\u00f3n del correo central. Luego empec\u00e9 a contar las horas y a imaginarme el rumbo de esa carta, a imaginarme, momento a momento, por d\u00f3nde ir\u00eda la misiva. Despu\u00e9s le envi\u00e9 muchas otras cartas m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En aquellos a\u00f1os, el correo y el tel\u00e9grafo, adem\u00e1s del tel\u00e9fono (el que resultaba excesivamente caro) eran los \u00fanicos medios para comunicarte con tus seres queridos y casi no hab\u00eda d\u00eda en que el cartero no se apareciera por el edificio en donde viv\u00edamos, por supuesto que cuando lo o\u00eda tocar su silbato, anunciado su llegada, me emocionara esperando la respuesta a mis cartas. Pasaron las semanas y los meses y la respuesta no llegaba, creo que mi madre se daba cuenta de mi tristeza, pero quiz\u00e1 pensaba que era el efecto de mi crecimiento o mi desarrollo, pues en aquel tiempo empec\u00e9 a crecer m\u00e1s de la cuenta y a convertirme en un chiquillo flaco y desgarbado que no sab\u00eda que hacer con sus extremidades inferiores. Adem\u00e1s el pelo corto y la cara llena de espinillas, hac\u00edan verme poco agraciado, al mirarme en el espejo, pensaba en lo que dir\u00eda Isabelita si viera mi nuevo aspecto, pero finalmente llegaba yo a la conclusi\u00f3n que poco habr\u00eda de importarle, pues no hab\u00eda contestado ninguna de mis amorosas cartas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La que si recib\u00eda cartas era mi madre, no hab\u00eda semana en que no le llegara cuando menos una, su madre, sus hermanas y hasta sus t\u00edas y cu\u00f1ados manten\u00edan correspondencia con ella. Mi madre sol\u00eda leerme sus cartas, o cuando menos parte de ellas, pero no encontraba ninguna referencia sobre Isabelita, y como iba a encontrarla, si seguramente mis familiares no la conoc\u00edan o no sab\u00edan de su existencia y aunque supieran de ella, no se iban a ocupar mayormente de una chiquilla, adem\u00e1s yo no preguntaba por ella ni ped\u00eda referencias de su existencia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hab\u00eda pasado un a\u00f1o desde que dejamos mi ciudad y mi inter\u00e9s en los estudios, en la lectura y en el cine, me hicieron archivar en mi mente el recuerdo de Isabelita, a la que consideraba una ingrata o desconsiderada por no haber contestado mis cartas o por haberse olvidado de m\u00ed, aunque en ocasiones me entraba la duda de si habr\u00eda recibido mis cartas o no. En la escuela y en el barrio hab\u00eda hecho nuevos amigos y no faltaba alguna ni\u00f1a que se fijara en m\u00ed, pero yo no me interesaba en esas cuestiones, hab\u00eda muchas cosas que ocupaban mi mente, adem\u00e1s me estaba dando por escribir algunos versos y cuentos. Creo que Isabelita sembr\u00f3 en m\u00ed el gusto por la poes\u00eda y la lectura. Ten\u00eda yo la firme idea de convertirme alg\u00fan d\u00eda en un escritor famoso. Cuando acomodaba mis libros o mis cosas, sal\u00eda a relucir el peque\u00f1o libro de poemas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0Hac\u00eda ya doce a\u00f1os desde que salimos de nuestra ciudad, mis hermanos y yo ya hab\u00edamos hecho buena parte de nuestra corta vida en la capital, sobre todo ellos que ya se consideraban capitalinos. Mi padre y mi madre volv\u00edan a nuestra ciudad en cuanto pod\u00edan, pero Carmelita, Jos\u00e9 y yo siempre ten\u00edamos pretextos para no acompa\u00f1arlos. Hab\u00eda terminado mis estudios universitarios en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras, ya ten\u00eda yo un buen trabajo en una agencia de publicidad como redactor de textos para los anuncios, pero aquello de llegar a ser un escritor famoso todav\u00eda estaba muy lejos de convertirse en realidad y no era otra cosa m\u00e1s que una quimera, comenzaba a comprender que no es f\u00e1cil abrirse camino en el mundo de las letras. Sin embargo no perd\u00eda la esperanza de convertirme, alg\u00fan d\u00eda, en un famoso escritor y poder ofrecerle a Isabelita mi nombre y mi fama.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Volv\u00ed a mi peque\u00f1a ciudad cuando falleci\u00f3 mi abuela materna, no pod\u00edamos hacer algo mejor que acompa\u00f1ar a mi madre al sepelio de la querida abuela, hicimos a un lado el trabajo y los pretextos y con gusto la acompa\u00f1amos en tan penoso momento. Fue ah\u00ed cuando surgi\u00f3 en m\u00ed la inquietud de saber que habr\u00eda sido de Isabelita, aquella ni\u00f1a de trenzas rubias y hermosos ojos verdes. Me di cuenta de que no me hab\u00eda olvidado totalmente de ella, ah\u00ed estaba su recuerdo, guardado en mi mente y en mi coraz\u00f3n. Puse entre mis cosas de viaje aquel peque\u00f1o libro de versos, que era una prueba de su amor hacia m\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo que yo consideraba mi peque\u00f1a ciudad se hab\u00eda convertido ya en una gran ciudad, como muchas de la provincia de mi pa\u00eds, del aeropuerto hasta la casa de mis t\u00edas me fui dando cuenta de su progreso gracias a zonas residenciales que no exist\u00edan cuando yo era ni\u00f1o. Si la ciudad hab\u00eda cambiado, \u00bfC\u00f3mo habr\u00eda cambiado Isabelita? \u00bfSe habr\u00eda casado? \u00bfSeguir\u00eda viviendo en esa ciudad?, \u00bfEn el mismo barrio, en la misma casa? \u2013 eran algunas de las preguntas que me hac\u00eda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las exequias de mi abuela me di a la tarea de buscar a Alejandro, compa\u00f1ero de la primaria y uno de mis mejores amigos de aquel tiempo, su padre ten\u00eda una carpinter\u00eda que segu\u00eda estando en el mismo lugar, no me fue dif\u00edcil ponerme en contacto con mi amigo de la infancia. Qued\u00e9 con Alejandro de vernos por la tarde, a la salida de su trabajo, para comer y tomarnos unas refrescantes cervezas (en mi ciudad hac\u00eda mucho calor casi todo el tiempo) en un lugar que yo recordaba, en el mero centro de la ciudad, pero que en aquel tiempo, s\u00f3lo pod\u00edamos verlo por fuera debido a nuestra corta edad.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me vi con Alejandro en el lugar convenido. Nos sentamos en una de las mesas del exterior y ordenamos un par de cervezas. Mi amigo segu\u00eda siendo un muchacho sencillo y jovial, le dio mucho gusto verme y m\u00e1s gusto que lo hubiera buscado. Despu\u00e9s de que platicamos de lo que hab\u00eda sido de nuestras vidas y de lo que est\u00e1bamos haciendo, de que me pusiera al tanto de los compa\u00f1eros que terminaron con nosotros la educaci\u00f3n primaria, ca\u00ed inevitablemente en preguntarle por Isabelita, \u00e9l ya lo esperaba, sonri\u00f3 un tanto malicioso. \u2013Isabelita es ahora una funcionaria muy importante y con un gran futuro pol\u00edtico, trabaja en donde yo lo hago, en el ayuntamiento de la ciudad, seguramente la veremos en un momento m\u00e1s, ella acostumbra comer en este lugar. En ese momento comenc\u00e9 a ponerme nervioso, doce a\u00f1os hab\u00edan pasado y yo estaba como un chamaco frente a su primera cita de amor. No pod\u00eda ocultar mi nerviosismo ante mi amigo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Efectivamente, Isabelita se apareci\u00f3 instantes despu\u00e9s, era una mujer muy bella e interesante, de porte altivo y distinguido. Segu\u00eda peinando su hermosa cabellera rubia con un par de trenzas que ahora un\u00eda en un chongo que le daba m\u00e1s personalidad. Al verla llegar, Alejandro se levant\u00f3 a saludarla, yo hice lo mismo,<\/p>\n<p>\u2013Licenciada Robledo, \u00bfrecuerda usted a Everardo? \u00e9l estudi\u00f3 la primaria con nosotros.<\/p>\n<p>La bella joven levant\u00f3 la vista y me vio, como tratando de acordarse de m\u00ed, pero se ve\u00eda que no me recordaba.<\/p>\n<p>\u2013Creo que s\u00ed, c\u00f3mo est\u00e1 usted\u2026<\/p>\n<p>S\u00f3lo acert\u00e9 a contestarle el consabido bien, gracias, luego ella se disculp\u00f3 diciendo que la esperaban en el interior del lugar y que ven\u00eda retrasada.<\/p>\n<p>Cuando se despidi\u00f3, Alejandro not\u00f3 mi turbaci\u00f3n y amablemente busc\u00f3 una disculpa para ella\u2026 \u2013Vamos hombre, seguramente se acordar\u00e1 m\u00e1s tarde y vendr\u00e1 a platicar contigo. Yo estaba seguro de que no lo har\u00eda, se ve\u00eda que era una mujer triunfadora y seguramente ya tendr\u00eda un compromiso con alguien que estuviera a su altura. Met\u00ed una de mis manos a la bolsa del ligero saco y palp\u00e9 con mis dedos el libro que me hab\u00eda dado Isabelita, \u201ccomo regalo de viaje\u201d.<\/p>\n<p>Soy ahora un escritor afamado, autor de varias novelas de \u00e9xito. Tengo el reconocimiento de mucha gente, pero no soy feliz. No la he olvidado, fue la mujer de mis sue\u00f1os e ilusiones, aunque tuve amores y amor\u00edos, no quise entablar una relaci\u00f3n en serio con ninguna mujer, me negu\u00e9 la oportunidad de tener una esposa que me hubiera dado hijos y proporcionado la felicidad que yo, tontamente, dej\u00e9 pasar por el recuerdo de Isabelita, una ni\u00f1a dulce, sensible, de trenzas rubias y hermosos ojos verdes que hab\u00eda llorado tristemente mi partida.<span id=\"_marker\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todav\u00eda conservo el peque\u00f1o libro de las Rimas de B\u00e9cquer. 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