Vivir es renunciar a los sueños, la testarudez del idealista lo obliga, obstinadamente, a continuar la lucha o el ejercicio de volver a soñar, a desear, a anhelar.
En su lecho de muerte reconoce el vano esfuerzo, el habito repetitivo a la eterna frustración, al infinito fracaso ocupó toda su vida; en su ultimo suspiro peca de ególatra y olvida la humildad que lo acompañó en todas sus decisiones, admira y aprecia la enorme y arrolladora voluntad que lo ayudo a superar cada capricho que los dioses le dedicaban.
Fue en ese momento cuando entendió que su alma, nutrida de derrotas y deseos, le pertenecía; sus ideales le dieron fuerza y su lucha la hizo invencible.
Sintió una ligera opresión y abandonó el mundo de los mortales. El paraíso fue siempre suyo
A FMC desde mi pecho hasta tu alma no media ninguna distancia. Mi pecho guarda tu alma y tu alma conserva mi amor.
Gracias eternas