Desde el instante que fui concebido empezó mi caminar como callejero en esta vida terrenal, batallando cada día para poder subsistir en un mundo lleno de tonalidades, las cuales algunas son de colores vivos y otras de gamas grises.
Al instante de nacer el primer saludo de bienvenida que me dieron fue: una bofetada en la cola, este formalismo lo realizado el medico de mi ciudad, en ese momento pensé que él estaba enojado conmigo por tal actitud; se me paso por la cabeza, la idea de que él reacciono conmigo así, debido a que le ensucie la sabana de la cama del hospital, pero en realidad era para saber si iba a ser cantante o no, si hubieran oído el llanto que ejecute, habrían dicho que ni para cantar el himno nacional
Días después en el hospital me obsequiaron unos regalitos con la autorización de mis padres, Tatiana la enfermera le dijo a mi mamá que era tiempo de colocarlos, entonces me tomo de sus brazos llevándome a otra habitación, en ese lugar habían unas hermosas inyecciones que me acariciaron de nuevo los glúteos, lagrimas caían de mis ojos, al ver esto ella me expresó al oído que era por mi bienestar y salud, mi corazón decía pero a qué precio.
Estando en mi casa distinguí muchas voces, todos decían tan lindo el bebe, mientras yo me dedicaba a lo mío y era a tomar buena leche materna, en el transcurrir del día me cambiaban los pañales, cuando tenía tres años de edad, mi mamá acabo con mi adicción al seno colocándole ají, esa fue mi primera experiencia de que todo tiene un limite en esta vida.
Siendo aún pequeño entre a estudiar al jardín, era un sitio donde interactuaba con otros niños, jugaba y al mismo tiempo estudiaba, a la hora del descanso, me sentaba en el patio y enseguida abría el maletín que tenia en su interior el refrigerio; al rato venían otros chicos y me pegaban en la barriga, siendo golpes que me sacaban el aire, para luego ellos llevarse mis alimentos, varios minutos duraba yo tendido en el piso del dolor y sufrimiento, se me salían las lagrimas, después me levantaba para irme a mi hogar, al siguiente día le dije a mi mamá que no quería regresar, pero ella me dijo: debes seguir estudiando, ser valiente y esforzarte, para que puedas hacer tus sueños realidad, te lo expreso porque yo creo en ti y se a donde llegaras, esas palabras me dieron nuevas fuerzas para terminar mi jardín, pero antes me correspondía pagar el mal que me hicieron con bien, utilice la técnica del dialogo y les dije a esos niños que si les gustaba la comida que traía, ellos dijeron que si, les respondí: que para mi seria un privilegio compartirla con ellos sin ningún problema, desde ahí se convirtieron en mis amigos y con el acto anterior el callejero sembró en los corazones de aquellos chiquillos la semilla de la paz.
El tiempo pasó y siendo aún niño salía a pasear por las calles de mi ciudad, observaba la vestimenta, edificaciones y tradiciones culturales que tenía la población, cada paso que daba era una huella histórica que se escribía en mi memoria, convirtiéndose en mensajes de conocimientos que nutrían las neuronas de mi cerebro.
Me acuerdo que en las tardes nos encontrábamos con mis amigos para jugar microfútbol, la cancha de nosotros se conformaban por las calles de la ciudad, estas eran planas e inclinadas, la situación se presentaba porque el alcalde construyo los escenarios lejos de la ciudad, él como si tenía carro y nosotros a duras penas una bicicleta revieja, la cual pesaba más que un matrimonio a la fuerza, nuestro balón tenía apariencia de coco y peinado de loco, al golpearlo con el pie salía a volar a los techos de Don Pedro, este hombre era un personaje que a cada rato nos amenazaba con su peinilla que en realidad era un cuchillo, él decía que al salir de la casa prefería que se le quedara la cédula (DNI) y no su arma de guillotina, un mes de mayo el sujeto ya mencionado destruyo a nuestro balón especial descargando su enojo en el, en las siguientes semanas extrañamos mucho a nuestra pelota despelucada.
Un lunes mis padres me llevaron a inscribirme a la escuela, pasamos por el riachuelo de la ciudad, miraba como la naturaleza empezaba a dar señales de reclamación por el daño que se le estaba haciendo con nuestra cruel humanidad, llegamos al instituto educativo, allí nos atendieron una señoras que parecieran haber nacido en la época de la revolución industrial, en mi parecer pensaba que uno necesitaba profesores modernos para poder inspirarse en el estudio, con el fin de dar excelentes resultados, fueron cinco años que iba escalando de grados, fue allí que aprendí a leer y a escribir, conocí por medio de los libros a un quijote que es un caballero luchando en su mundo paralelo e imaginario, también asimile que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, que caperucita era más inocente que las señoritas de quince de la calle del pasaje cruz, comprendí que es más resistente una casa de ladrillos que una de paja y con mi adquirir académico aprendí muchas cosas más.
A la edad de doce años entre a la formación secundaria o colegio, desde el primer día me interrelacione con mis demás compañeros, los cuales tenían comportamientos distintos, con el transcurrir de los días supe que la cigüeña no traía a los bebes, ni el que el cartero los entregaba, ni que uno nacía de un repollo, me alegre porque la verdad como siempre reino sobre la mentira, lo cierto es que el hombre y la mujer tienen relaciones intimas cuando se aman dando como producto un bebe, es algo tan sencillo pero tan difícil de explicar por los adultos con pedagogía. Callejeando por las distintas áreas del saber conocí a un señor llamado algebra baldor, un libro de matemáticas lleno de problemas donde uno se rompe la cabeza buscándole la salida, para luego con el tiempo descubrir que al final estaba la solución, más adelante me presentaron a tres señoras llamadas marías que su alias era matemática, física y química, yo decía estas damas deben ser solteras porque le molestan la vida a uno a cada rato, gracias a Dios pude terminar bien mi bachillerato.
Siendo joven ingreso a la universidad, es el sitio donde se acabo lo benditos uniformes, se termino el horario estricto que había que cumplir y el estar encerrado en un plantel como pájaro enjaulado, se podía respirar aire de libertad y armonía, donde nadie te estaba criticando la manera de vestir, ni la condición de actuar y mucho menos la forma de estudiar, fue el tiempo donde pude capacitarme en lo que quería, lugar a donde uno aprende a tomar sus propias decisiones asumiendo los efectos de las mismas, además es el lugar donde te terminan de preparar sobre el tema de cómo callejear y a defenderte en la jungla de cemento, territorio donde los impulsos humanos predominan al razonamiento, pasaron varios años y finalice los estudios universitarios, ya tenía el titulo de callejero profesional.
Con el tiempo viaje a diferentes ciudades, zonas que yo no había visitado jamás, llegué a muchas conclusiones como por ejemplo: que para un callejero profesional hay un callejero avispado, fueron momento de altas y bajas, como todo en la vida, hasta que un día me canse de estar viviendo conforme a mis deseos, me auto examiné y supe que había un hueco en mi corazón, era tan grande que ni el sonido de los pájaros me traía el perdón y en mi caminar humano me di cuenta que ese vacío solo lo llena Dios.
En la actualidad soy un hombre callejero que ando por las carreteras, avenidas, pasajes y veredas proclamando que el único que le da un propósito, un plan y razón para nuestras vidas es Dios. Siendo el único Ser que me tomo de su mano derecha llenándome de Paz; de Fe y Amor.