“Algunas mujeres han nacido para que las mantengan”Pensó Eloisa envidiosamente,mientras sorbía su piña colada en la tumbona de la playa, en el estupendo Resort de Punta Cana al que habían llegado la noche antes.
Llevaba ya tres piñas coladas esa mañana, pero daba lo mismo. A fin de cuentas era todo incluido.
La protagonista de sus poco caritativos pensamientos siguió untándose crema solar tranquilamente, completamente ajena al interés despertado. Se trataba de una chica alta, delgada, presumiblemente italiana, y (como no podía ser de otra manera), con un cuerpo espectacular, y una bonita melena de pelo oscuro y lacio, que cuidaba como a las joyas de la corona.
A las mujeres como Eloísa, es decir, a las mujeres inteligentes y feas, las chicas como Dania, que así se llamaba la chica italiana, le daban repelús.
Dania llevaba un maravilloso bikini negro, con un aro plateado como adorno entre los dos senos. O quizás lo maravilloso no era el bikini, sino que Dania, como algunas otras pocas privilegiadas, tenía la virtud de convertir en maravilloso todo lo que caía sobre su cuerpo. En cambio la pobre Eloísa sobrevivía con un bikini multicolor, de braguita alta (para disimular la barriguilla) y cascos con un pelín de relleno, (para realzar el busto), al que nadie hubiera dirigido una segunda mirada. O, mejor dicho, nadie hubiera dirigido una segunda mirada a Eloísa, y eso que se había gastado una pasta en el bikini. Pobre Eloísa. En la tienda había pensado que le quedaba estupendamente, y tanto la dependienta, que era parte interesada, como su amiga Pili, que no lo era, habían estado de acuerdo en que le favorecía un montón.
Pero eso era en Madrid. Aquí, en Punta Cana, existían mujeres como Dania, por ejemplo, que seguramente que no lo hacían a propósito, pero que parecía que las habían inventado para dejar a las demás en mal lugar.
– Eloísa, ¿Me pones crema?¬le preguntó su amiga Pili, sacándola de sus pensamientos pelín malvados, todos a rebosar de energía negativa.
– Claro mujer – Respondió Eloísa.
– Oye, ¿Sabes que te sienta de maravilla el bikini?
– ¿Tu crees?
Pero que buena era Pili, pensó por milésima vez. Y eso que era mucho mas fea que ella, lo que hace mucho mas difícil el ejercicio de la bondad. Porque a fin de cuentas Eloísa era mas bien bajita y regordeta, y un poco mas ancha de caderas de la cuenta, pero tenía unos bonitos ojos azules, y de cara resultaba bastante mona. No para los hombres por lo visto, (Bien lo sabía Dios), pero si de manera mas o menos objetiva. Pero la pobre Pili tenía los ojos demasiado juntos, y su barbilla huidiza le daba un aire ligeramente ratonil. Y un cuerpo menudo e insignificante. A veces Eloísa pensaba, en esos raptos de maldad que le acometían de vez en cuando, que la providencia había colmado a Pili de virtudes espirituales para compensar la carencia absoluta de encantos físicos que había concedido a la pobre mujer.
Pero era un encanto de persona. Todos los que la conocían, absolutamente todos, la adoraban. Tanto ellos como ellas, a poco de conocerla, la convertían automáticamente en una de sus mejores amigas. Se podía contar con ella para todo. Bueno, para todo excepto para enamorarse. Para eso ellos solían preferirlas de otro tipo. Tipo Dania, se podría decir.
DOS
El inmenso restaurante del hotel estaba a tope. Como muchas de las instalaciones del hotel, era un gran espacio cubierto con una ligera techumbre de cañizo, sin paredes, para que corriera el fresco. Del techo colgaban grandes ventiladores. A Eloisa y a Pili las acomodaron en una mesa de un rincón, junto a una baranda de madera que bordeaba el césped, casi escondidas detrás de una enorme planta. Las mujeres estaban bastante acostumbradas a que las sentaran siempre en los peores sitios. Las etiquetaban de solteronas y las discriminaban de manera automática en todas partes, casi sin darse cuenta. O quizás los camareros tenían bastante claro que de ellas no había que esperar mucha propina.
– En cambio fíjate adonde la han sentado a “ella”, y eso que han llegado después que nosotras¬susurró Pili.
Por supuesto “ella” era Dania. La habían conocido en recepción, nada mas llegar al hotel. Acababa de entrar al restaurante, deslumbrante con un escueto vestido naranja, acompañada de su novio español, que era casi tan vistoso como ella. A la pareja les habían dado una de las mejores mesas, al lado de la de ellas, pero ¡Que diferencia! La de Dania era mas grande y estaba en una especie de balcón, sobre un pequeño estanque, y bien a la vista, para que se viera bien lo guapos que eran. Daban caché al restaurante.
Al parecer con la planta no las habían visto, porque eran muy educados, siempre saludaban. Mejor. A ratos les llegaban retazos de su conversación.
-…… y mira, la verdad, me dan una pena horrorosa, las pobres tan solas, ya mayorcitas… – Decía Dania.
-Y tan feas…. – Respondía él riendo.
-Mira que eres malo. Pero ¿Verdad que lo son?. Pero no te lo pierdas, esta mañana he pasado por su lado y le estaba diciendo una a la otra “Querida, el bikini te sienta de maravilla” y la otra respondía “Oh, ¿Tu crees? Muchas gracias”. Al parecer estaba convencida de que iba divina. Con ese culo tan inmenso, madre mía, si debe gastar al menos la talla 46.
-Pues anda que la amiga…
Eloisa se sintió palidecer y se levantó de golpe. No estaba dispuesta a que hirieran también los sentimientos de Pili. ¿Pero que podía hacer?. ¿Levantarse y darle un bofetón a la gilipollas esa, y ya de camino informarle que ella solo gastaba la 44? Sería hacer el ridículo.
– Vamos Pili, acompáñame al buffet¬Y la levantó de un tirón.
En ese momento ellos las vieron. Se oyó una exclamación ahogada.
Pili miró a su amiga de reojo y la siguió. Se sentaron en otra mesa, en la otra punta del restaurante.
TRES
A la mañana siguiente se encontraron de nuevo a Dania en la playa, coqueteando con varios socorristas cerca de la orilla. Al parecer el novio supermacizo no había bajado aún. Estaba increíblemente atractiva con un pequeño bikini blanco, y los socorristas la escuchaban, y la miraban, (sobre todo la miraban), embobados.
Eloísa se sintió invadir por el desánimo. Después del incidente del día anterior, las vacaciones habían perdido de golpe todo su glamour. Le daba la sensación de que cada vez que viera a Dania iba a recordar el comentario, y a sentirse de nuevo como una solterona poco atractiva, y no como una madurita sexy, que era como le gustaba considerarse a si misma cuando estaba de buen humor. El caso es que estaba segura de que Pili también los había oído, y sin embargo se la veía llena de energía. Claro, como no se habían metido con ella… Sacudió la cabeza e intentó cambiar el chip. Había que intentar disfrutar de las vacaciones, que caramba.
En ese momento Pili se levantó de la tumbona, toda ella huesos embutidos en un elegante bañador negro, y le tocó el brazo, intentando animarla:
¬Ala despierta, bella durmiente, y vamos a darnos un baño. Y de camino le echamos un vistazo a esos socorristas.
¬No me apetece, de verdad¬respondió Eloísa. Lo que en realidad no le apetecía era acercarse a la estúpida esa.
¬Venga, vamos, déjate de historias. ¡Levanta! Ahora vas a ver lo que es bueno.
La verdad es que Pili se comportaba de una manera muy extraña. Eloisa la miró asombrada y la siguió sin rechistar. De camino al agua, su amiga se acercaba peligrosamente a la estúpida, así que Eloísa se rezagó.
Pili se dirigió directamente a la italiana. La cara de la chica al verla acercarse cambió de color.
¬Perdona, preciosa, que te moleste, pero solo quería decirte una cosita¬le expetó Pili.
¬Dime…¬A la chica apenas le salía la voz del cuerpo.
¬No es nada importante, solo quería avisarte de que tienes una manchita roja en el bañador. En el trasero – Aclaró mirando a los socorristas – Se ve bastante.
¬¡Mamma mía!¬Y en un segundo Dania se colocó ambas manos sobre el
trasero y salió disparada hacia el agua, realizando la carrerita mas ridícula de
su vida.
Eloisa recordaría esa imagen durante el resto de su vida con indescriptible satisfacción. De hecho, se convirtió en un eficaz antidepresivo, con el que combatir los malos momentos. Mientras, los socorristas se partían de risa, mirando a Pili. Pero que mujer mas mala, pensaban.
Pero Eloísa no pensaba igual. “Pero que buena que es Pili”. Pensó por enésima vez. La mejor amiga del mundo.