El poeta se encontraba sentado en el filo del precipicio del faro, donde la vista era totalmente hermosa, mostrando el paisaje del río, pero no esa noche, esa noche reinaba la pena y el dolor, gritándole a la oscuridad sin luna y a las estrellas que no nacían, el poeta le decía – ¡¡Por qué, por qué me la han arrebatado!! – gritaba en cada ahogado grito en llanto, – Si era una reina, una princesa, porque, si era la mismísima belleza-, le gritaba al callado cielo oscuro, luego miro la botella de Whisky que era su única compañera, tomo la pluma y empezó a escribir en el último papel, la poesía que decía así:
Esta poesía nunca terminará:
Nunca terminará esta poesía
Por que mi musa he perdido
La espontaneidad ha desparecido
El amor se ha desvanecido
Como una estrella perdida del oriente
Nacida en el occidente
Que perfora el cielo
Donde lloran palabras que nunca se escucharon y las frases jamás escritas
De un amor nunca olvidado siempre vivido
Anhelo a mi beldad
Que por siempre pábulo será de mí respirar
Inconcluso será mi final
Si a mi amada no puedo volver encontrar
Y las aves algo cantaran
Dirán que esta poesía nunca terminará
Cuando escribía las ultimas palabras, la tinta ya se manchaba y se corría por las lagrimas, tomo el ultimo largo trago de la botella de Whisky, pero de repente sintió la presencia de ella, era verdad su amada estaba detrás de el, mirándolo de esa forma tan pura que tenia, pero por error el poeta ya se había arrojado al precipicio, vio como su amada lloraba y le gritaba- ¡¡Porqué, porqué!!-, cuando el amanecer empezaba a levantarse en el hermoso faro, el poeta vio en cada segundo de su caída la beldad de su amada, la miel de su mirar, la blanca figura angelical, su bello cabello rojizos ahora desparramados por el viento, la textura de sus besos, el rebaño de su pecho, y el vestido rojo con cual se había vestido la ultima noche, esa vestimenta tan apreciada por ella y que a el le encantaba la forma sensual que le quedaba. Pero el poeta entre lágrimas y entre gritos de su amada, pensó diciéndose así mismo -¡¡Que tonto he sido, no he tomado los recaudos, las conclusiones, no he sabido la verdad, por eso este lamentar!!-.
Pero era verdad se imagino en las horas anteriores, cuando en aquel viejo hospital decían que su amada lo había abandonado, el por cobarde no tuvo el valor de preguntar, ¿Es verdad?, ¿Qué sucedió? ¿Porqué?, ese por qué, que tantas veces se lo había preguntado a la noche oscura, no se lo había preguntado en el viejo hospital, lo que recordaba era el saliendo, llorando y corriendo de ese espantoso lugar, dirigiéndose a la pequeña casa que con su amada compartían, solo entro rápido, seguía recordando, busco el Whisky, una pluma y un papel, el mismo que su amada compraba para que escribiera las frases más románticas, para luego recitárselas en un hermoso atardecer a su amada. Se despidió de todos los hermosos momentos compartidos con su princesa, sabiendo que las frases ya no existían por su culpa, por ser cobarde, por no pensar, por no esperar.
El mismo entre dolor, pensaba, yo la he abandonado, en soledad y pena la he dejado, que tonto he sido, se decía y miraba a su amada que cada vez se alejaba mas en su caída, el diciéndole te amo mi querida y sabiendo que ella decía lo mismo, eran tantas las lagrimas que se adueñaban de su mirar, que tuvo que pestañar y cuando lo hizo encontró un alivio, un respiro, porque al mirar hacia el faro, que ya se llenaba de luz matinal, sólo una gaviota solitaria se encontraba en el lugar de su amada y el poeta en su caída cada vez más próxima contra las piedras del río, supo con tranquilidad, que era su corazón, su mente, la tristeza y el dolor que en forma de despedida la habían imaginado.