- 7 Certamen de Narrativa Breve 2010 - https://www.canal-literatura.com/7certamen -

109- Maybe. Por Bob

Soy Bob. Bob a secas. Hay millones de Bob. Yo soy uno de ellos. Bob. Y ella cantó para mí. Janis Joplin. Cantó como nunca. Porque yo la conocía. Me gustaba. Janis me gustaba antes de que se liara con los negros. Me gustaba antes de que cantara blues. Antes de que bebiera. Antes de que nadie la conociera como yo. Pero ella decía que no. No eran tiempos como ahora. Se dejaba seguir sin pensar en el acoso. Yo la seguía y ella cantaba Maybe. Quizá algún día te quiera. Quizá en la siguiente ronda. Y mientras su voz se rasgaba en el aire, yo esperaba a que tuviera ojos para mí. Maybe. La guitarra y su voz. No es cierto que fuera el alcohol el que despertaba sus cuerdas vocales. Únicas. Quizá templadas a una determinada temperatura. Las notas le salían perfectas, tristes, enigmáticas. Yo la escuchaba en los bares de Louisiana. Teníamos nuestra ruta. Ella, los suyos y Bob. Maybe. Quizá. Oh you might understand. Oh, podrás entender. No podía entenderme. El amor es ciego. Bob no tenía nada que explicar. Me encantaba la melena larga, la sonrisa, la rebeldía. Yo no estudiaba con ella. Para Bellas Artes había que tener madera. Bob no. A mí las manos no me servían. Tampoco sabía de música. Eso nos distanciaba. Janis cantaba. Tenía mil amigos músicos. Aprendía guitarra. La acariciaba como nunca me acariciaría a mí. I guess I might have done something wrong. Supongo que habré cometido un error. Yo también hacía cosas mal. La seguía. La seguía a todas horas. Janis miraba y Bob era su sombra. Gritaba con la canción lo que no se atrevía a decirme. Maybe. Quizá deberías largarte. Quizá me vaya yo. Lejos. A San Francisco. O quizá me vaya con otro. Con Peter. Un jodido Peter que dejó plantada a mi Janis. Un jodido impresentable. Porque Janis gritaba Maybe. Quizá no debería haberme enamorado. Quizá, tal vez, quizá, tal vez, querido. Con su corazón roto aún agujeraba sus brazos de porcelana. A mí me daba pena verla así, como una muñeca de trapo. Desmejorada. Con apenas treinta y cinco kilos de peso. Pero Bob hay muchos. Yo soy Bob. Único. Ella cantaba para mí. Yo esperaba. Janis sería mía. Doesn’t ever seem to matter. A mí no me importaba. Quería quitarle la botella. Decirle que entre mis brazos no temblaría jamás. Janis temblaba. La soledad se le diluía en las venas. La hacía llorar. Lloraba en el escenario. Delante de los periodistas. Y cuándo me despachaba de su lado. Quizá. Maybe. Blues. Gritos de llamada y respuesta. Tristeza. Sentí celos porque ella no sólo cantaba para mí. Su público se quedaba boquiabierto. Fuerte y rebelde. Su cama vacía. En el escenario, personas a millares. Y Bob. En la primera fila. Tenía que escuchar su voz prodigiosa. Agarraba el micro con fuerza. Cerraba los ojos. Las notas le salían de adentro. Esencia pura. Mi Janis. Maybe. Quizá. Quizá la heroína la ayudaba a mantenerse en pie. Quizá la dejó por la misma valentía. Por mí, tal vez. Estaba ciega. Yo estaba allí. Bob. Esperando. Cargando las maletas para salir de gira. Escuchando el clamor del público. Los aplausos eran para ella. Se los merecía. Los míos se mezclaban con los de los demás. Ya no eran únicos. Quise haber sido David Niehoyse. Ella le quiso. Saber qué se sentía al sentirse querido por Janis. Se fueron a la selva de Brasil. Fue difícil seguirles pero Bob hay a miles. Bob. Maybe. Quizá debería haberme quedado en Río de Janeiro. Quizá debería haber aprendido a tocar el saxofón. Quizá no debería haberme obsesionado tanto. Maybe. Maybe. Maybe. Resonaban todos en mi cabeza. Janis. Toda una vida tras ella y se escurría como una babosa. Decidí esperar mi oportunidad. Merecía la pena ser paciente. Aguardar. Seguir vigilando. Fue un cuatro de octubre del setenta. Compré guantes en una tienda. Lo preparé todo. Maybe. Desgarraba el alma. Quizá no me quería. Bob es único. No llegué a contar las copas. Pasaban de doce, seguro. Perdí la cuenta de la forma más tonta. Janis festejó su éxito hasta embriagarse. Tenía que regresar a casa. Allí estaba Bob, como siempre. Dispuesto a levantarla del suelo. A enderezarla. Le ofrecí seguir celebrando su fiesta. Con heroína gratis. Se la regalaba yo. Bob. Y ella, mi Janis, me aceptó. Maybe. Quizá tuviera una oportunidad. Un beso. Una noche con ella. No sé cómo me descubrió. Como sus retinas enfocaron mi rostro. Bob. Sufrí su rechazo, la muy puta. El empujón me atravesó el alma. A Bob. Rechazar a Bob. Mi heroína era treinta y ocho veces más pura. Janis, mi Janis. Maybe, maybe, maybe, yeach. Llevaba mi jeringuilla. Fue un regalo dulce. Quise que cantara para mí. Cantó cada vez más suave. Conseguí un beso suyo. Un beso que vale más que Cheap Trills, su álbum que  fue disco de oro en tres días. El beso de Janis fue oro desde el mismo instante que sus labios rozaron los míos. Estuve allí hasta que dejó de respirar. La abracé hasta que la alcanzó el frío. No hubo más misterio que ése. Yo la maté. Bob. Un Bob entre miles. Maybe. Quizá no debí hacerlo. Maybe. Quizá crean que confesando, libero mi culpa. Mil veces la habría matado para sentir que sus letras se desgranaban en el aire. Yo perseguía su sombra. Le borré el miedo y la soledad. Yo, Bob, rescaté a la Dama Blanca del Blues para dejarla cabalgando en una ola. Sometimes. Para siempre. 

Nota: Janis Joplin fue encontrada muerta por sobredosis de heroína de una pureza del cuarenta por ciento dieciocho horas después de su muerte. Jamás se encontró la jeringuilla por lo que sigue siendo un misterio si hubo alguien más con ella y quién fue. Tenía veintisiete años.