Icono del sitio 7 Certamen de Narrativa Breve 2010

69- Atlas. Por Atlas

Volteo a ver al cielo por reflejo, aun sabiendo que ahí no está mi mirada. Extrañamente me cuesta trabajo recordar que el cielo no es más que un cascarón, otro tipo de litoral. Quizá no todos estén conscientes, pero las personas nunca van a dejar de pensar (y vivir) en términos de una habitación. Si acaso esta les parece enorme o inconveniente, ellas se dedicarán en un impulso de seguridad sedentaria a construir con adobe o con recuerdo alguna más pequeña. Impulso que no es demostración de la finitud humana, sino de una imperativa circunscripción. Del que como cartógrafo accidental (accidental porque todo esto lo aprendí mirando al cielo) confieso nunca haber sido partícipe.

Alma y mirada son dos palabras para la misma cosa, que siempre tiene los colores de la habitación donde se encuentra. Como mi alma que descansa en una rama de intermedia altura, camuflada con los colores del bosque aunque yo esté volteando al cielo. Exhaustos como nos encontramos, no es de extrañarse que obtenga algún placer de mi alma furtiva o de lo recluido del claro al que llegamos. No soportaríamos la violencia de otros pensamientos, de otras miradas. Menos ahora que el pánico debe de ser el motor detrás de ellas… si acaso viven aún. Quizá a nosotros no nos quede mucho tiempo tampoco. Despego los ojos del cielo (¿qué caso tiene?, ahí no está mi mirada.) y los cierro para intentar concentrarme.

Pensamiento, alma y mirada son tres palabras para la misma cosa, pero ¿por qué detenerse ahí? «Pensamiento, alma, mirada, dirección, intensión, sentido, deseo» saltan sin problemas a la mente, y siempre tienen el color del cuarto en el que están. Y si mi alma empieza a proyectar  a una mujer resplandeciente es porque ya no está en el claro, no del todo. El cambio de habitaciones es tan veloz, y se está tan habituado a él, que la transición parece instantánea. Existen dos posibilidades: La primera es que el tránsito entre cuarto y cuarto sea discreto y tan pronto como uno puede estar en París, al momento siguiente bien podría estar en Almoloya. La segunda es que entre cuarto y cuarto existe una infinidad de cuartos periféricos.  Lo cierto es que en un momento  específico sólo pueden existir dos cosas: el cuarto y lo que está fuera. Por salud mental hay que obviar la cuestión de si en verdad existe algo fuera del cuarto o no. Basta con señalar que esta suposición no es más que un acto de fe.

Poco a poco pierdo la concentración. Acostumbré por años, como todos los delfines y todos los astrónomos, a dormir con un ojo abierto y la mitad del cerebro despierto. Así, sin quererlo, aprendí a hacer mapas. Pero ahora mi mirada no está en el cielo y mi pensamiento dibuja habitaciones  que no recuerdo haber visitado, y otras que quizá debería dejar de hacerlo. Pensamiento-alma-dirección-intensión-sentido-deseo-y… Y aquí hay que parar porque si sigo tirando de este hilo se va a descoser la habitación y, probablemente, también yo. Pero dejar de indagar justo cuando me quedé en «deseo» sería como dejar de rascarse la costra justo cuando empezó a doler. Finalmente no es como si importara mucho a estas alturas. Todas las cosas vivas usan los huesos para saber cuando algo se avecina, especialmente las viejas. Esta mañana estaba mirando al cielo como me es debido, como siempre lo he hecho, hasta que sentí como si alguien tirara simultáneamente de todos los huesos de mi cuerpo. Mi mirada dejó de estar en el cielo antes de que mi cabeza se moviera un milímetro y cuando me di cuenta me invadió el terror. Pensamiento, alma, dirección, intensión, sentido, deseo y fuerza de voluntad eran palabras pintadas de gris tormenta y había que correr de lo que venía. Encontrar una habitación incolapsable.

El claro sigue desierto y mi mirada vigila el único sendero que llega a él posada en su rama. Este único sendero no es garantía de nada. Las habitaciones nunca tienen puertas definidas, sólo ventanas. Ventanas y almas ingenuas que creen en la defenestración (Sobre esto se ha dicho que el Infierno es quedarse atrapado en un cuarto con otros pensamientos-almas-miradas-direcciones-intensiones-sentidos-deseos ajenos a los propios.). En cualquier momento podría aparecer alguien ¿Y entonces que haría? ¿Y si me encontrasen dormido? Mi pensamiento se retuerce en su sitio, empieza a chirriar. Cuando era astrónomo me di cuenta de la maldad de la gente, sus intenciones corrosivas se te prenden al cuerpo y empiezan a mordisquearte. Sólo están buscando un punto débil por el mero placer de encontrarlo, de encontrarte. Además podrían reconocerme, ubicarme fuera de mi puesto, y eso les inundaría de rabia.

Si pudiéramos trazar la trayectoria de una sola alma-mente-mirada-dirección-intención-sentido-deseo, listar la sucesión de habitaciones recorridas, a eso se le llamaría «Biografía». Una Biografía no sólo requeriría de una minuciosidad brutal y de un esfuerzo descomunal, requeriría omnipresencia. Pero si esto fuera una posibilidad y existiera más de una Biografía también se debería de crear una «Ciencia de las Intersecciones» que, por efectos de cinemática y probabilidad, determine a que alma le corresponde tal o cual trayectoria cuando estas se cruzan. Si «La Biografía» y «La Ciencia de las Intersecciones» fueran ideas ejecutables sabría donde estoy, adonde ir. Pero mi deseo está en el árbol, más allá de regodearse por ser sostenido después de tanto tiempo sosteniendo; espera. Lo comprenda yo o no. No me di cuenta del momento en que dejé de estar despierto, mi alma ahora es también memoria.

Pensamiento, memoria, deseo. Dirección, fuerza de voluntad, alma. Sentido, intensión, intención, identidad. Sueño con permutaciones de palabras y en el sueño entiendo. El cielo se cae, las palabras se caen, y no importa, todo sigue siendo tal cual es. Las almas son los mapas de las habitaciones. Las habitaciones no existen, pero las almas si. Y me despierto en el claro a medio anochecer. En la piel de mi alma brilla una constelación que me embarga de de alguna nostalgia. Entiendo ahora que mi alma no me llevó hasta este lugar porque fuera seguro, o siquiera en aras de escapar. Vinimos aquí para encontrarnos con alguien. Con este atardecer. Vinimos para ver el alma del sol crear y matar a Hesperis. Por esto traicioné mi puesto, por esto nos condené a todos, no queda sombra de duda. Lo que si queda es una densa oscuridad. Mi mirada se incendia e ilumina el claro, ahora no existe nada más, no existe algún afuera. Aparecen como si fueran un hecho, como si siempre hubieran estado ahí, miles de criaturas opacas y horribles. Estas son todas las almas que quedan de la humanidad y vienen a reclamar su venganza. Mi deseo es una supernova, incinera todas las almas que puede, pero son demasiadas. El árbol se sacude, todas las intenciones que quedan en el mundo se empeñan en tirarlo. Las habitaciones no existen, pero las almas si; si hubo algún colapso fue por su propia flaqueza, la debilidad intrínseca de su mundo, no por la mía.

Traidor, asesino, monstruo son tres palabras para la misma cosa, y esa cosa soy yo. Mi nombre es Atlas y hoy descubrí que tengo alma.

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