91-Sueños. Por Froveo

Hace un tiempo ya que Augustus decidió llamarse a si mismo Augusto, su nombre de emperador romano con el que lo habían llamado por tanto tiempo perdió su poder en la era en la que le tocaba vivir ahora. Es un joven con la madurez de un anciano, o por lo menos siente que arrastra consigo muchos años vividos; en su rostro se pueden observar expresiones de cansancio de otras épocas; en sus manos se pueden ver líneas de otras vidas; quizá por todo ello es que se permitió actualizar su nombre, para dejar atrás experiencias remotas.

  Cómo no tratar de guardar en el olvido vivencias y sentimientos que afectaron de modo muy cruel los tiernos años de un niño introvertido, un niño que a pesar de comunicarse más abiertamente con los adultos pudo confiar ciegamente en la amistad de uno de sus pares, pero acabó terriblemente decepcionado. Su amigo del alma de ese entonces, a quien admiraba, sometió a un niñito más pequeño a sus más bajos deseos; junto a sus cómplices abusó de él a cambio de un obsequio prometido. Augusto quedó perplejo ante semejante acto y no tuvo el valor para enfrentarlos, sólo cerró la puerta y se alejó de ellos para siempre, con el corazón destrozado por perder de esta forma a su amigo y porque sabía que no habría puerta que pudiera cerrar en su memoria para dejar atrás lo ocurrido. Con el tiempo reconocería en la admiración que sentía por aquel niño su primera sensación de amor y la consecuente amargura de perder tan bello sentimiento. Así como en esta ocasión hubo otras en las que quiso recurrir a su madre, su protectora, su guardiana; de pequeño solía tener malos sueños en los que era perseguido, despertaba con temor y corría a su cama donde siempre encontraba un lugar calentito junto a ella. La autocrítica con respecto a esto lo llevó a tomar conciencia de su edad dentro de los sueños, y es así que en ellos aprendió a controlarlos y desde entonces pudo volar para escapar de aquello que lo acosara; sin embargo le tomó un tiempo y varios sueños no caer una vez que se elevaba. Logrado ello, creyó haberse independizado de su madre y no volvió jamás a su cama, pero aun ya maduro cuenta con ese lugar calentito que ella siempre tendrá para él en su corazón.

  Después de un par de años tuvo un sueño que creyó era de alguien más, un sueño robado, un sueño que lo dejó perplejo y a la vez le dio un sentimiento placentero. Era un joven enamorado de su novia, vivían en un departamento bonito y se sentía un hombre pleno; sin embargo dentro de esta experiencia onírica sabía que esta jamás podría ser su vida, que en su realidad nunca sería posible, pero a pesar de ello despertó feliz. Pensó en su madre una vez más, en como explicarle su condición, en como sincerarse con ella para confesarle sus sentimientos más ocultos. Sabía que ella lo comprendería, que su amor entendería cualquier situación que él le planteara; quiso ser niño de nuevo para poder acurrucarse en su cama y dejar así toda angustia que sintiera; tuvo miedo de defraudarla a pesar de que para ella siempre sería su niñito amado y que no habría nada de lo que no se sintiera orgullosa.

  Su amiga del alma, su mayor confidente, es quien siempre lo ha apoyado incondicionalmente. El sabe que puede confiar en ella ciegamente, que todo lo escucha y nada juzga, que estará a su lado cada vez que la necesite. Junto a esta compañera de encuentros ha pasado largas horas de charlas, mates y cigarrillos; han tratado de cambiar el mundo más de una vez; se mostraron sus escritos de amores y desamores y han compartido momentos de dicha y desdicha también. A esta amiga le ha narrado sus desventuras de amor, sus decepciones, sus nostalgias, sus deseos. Ella le ha transmitido paciencia, esperanza, le ha dicho que no se rindiera, que tarde o temprano llegaría la persona que lo amaría porque a pesar de que él se menospreciara ella sabía que era merecedor de felicidad. Y no se equivocó.

  Augusto encontró en un muchacho poco más joven que él a quien había esperado hacía tanto tiempo. Un ser especial, atento, dulce; quien llenó su pequeño mundo y allí se quedó para hacerlo sentir amado. Con él aprendió a compartir dejando de lado su egoísmo; supo lo que es tener un lugar en una cama ajena y despertar con un beso tibio cada mañana; arregló sus horarios solitarios para crear un espacio de encuentros; entendió que la tolerancia es buena dejando de lado un poco su sarcasmo, y más que nada conoció lo que es amar y ser amado, lo mejor de todo es que lo disfrutó y aun lo hace. Por este joven ha derramado algunas lágrimas cuando no consiguen ponerse de acuerdo, pero también ha reído mucho como hacia tiempo no lo hacía. Con él ha planeado un futuro que puede ser posible y no como aquel sueño prestado de años atrás; en fin, se siente feliz y capaz de lograrlo todo.

  Sin embargo hay algo a lo que ha debido renunciar no sin mucho dolor, algo que le oprime el pecho cada vez que lo recuerda pero que día a día y con la ayuda de su amado trata de dejar en el olvido, aquello que cree sería su bien más preciado: los hijos que no tendrá jamás. A este dolor tan grande trata de reemplazarlos con sus hijos del alma: sus escritos; cada cuento que crea es su legado, lleva su nombre, es inmortal. Puede compartirlos con el mundo entero si quisiera que no tendrá celos, puede amarlos sin preferencia y con ella también si lo deseara, puede atesorarlos por siempre que nunca se apartarán de él.

  ¿Cuál es el sueño más deseado de Augusto? Hacer realidad aquél de dedicarse por completo a la literatura, a ser padre de más líneas nacidas de su creación, a ver a sus hijos del corazón crecer y manifestarse en libros. Y cuando habla de los sueños sostiene que estos entran en el orden de misterio pero también de posibilidades como el nacimiento y la muerte; cree también que son la ruptura con el mundo físico, es como ensimismarse tanto en ellos que uno termina siendo su propio mundo, es aislarse. A pesar de que este es el significado que ha encontrado para tratar de explicar el sueño cuando duerme, no hay gran diferencia cuando habla de su sueño despierto, el aislamiento que este puede llegar a provocarle es como el del otro, con igual o mayores fantasías y seguro sí con más deseos de llegar a lograrlo; poco a poco, con mucho esfuerzo pero sobretodo con mucho más amor.

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3 comentarios

  1. ME HA PARECIDO UNA HISTORIA UN POCO TRISTE UN POCO DULCE. EL TENER QUE RESIGNARSE A NO PODER CUMPLIR AQUELLOS DESEOS QUE TANTO ANSIAMOS PRODUCE CIERTA MELANCOLIA. ME HA GUSTADO MUCHO COMO SE VA DESARROLLANDO EL RELATO PARA LLEGAR A UN FIN ESPERANZADOR, SE PODRIA DECIR COMO LA VIDA MISMA.

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  2. Una hermosa historia, un tanto triste y melancólica, pero llena de sentimientos y sobre todo llena de amor: AMOR POR LA LITERATURA, AMOR POR LA ESCRITURA. Te felicito Froveo y te deseo lo mejor de la vida

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  3. Siempre es difícil ser diferente, ser consciente de esa diferencia y saber que en muchas ocasiones no será entendida, ni compartida, ni considerada. Las palabras sobre el papel puede ser una buena terapia, pero hay que ir un poco más allá. Abrir las ventanas. No hay nada que ocultar. Felicidades y suerte con el relato.

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