193-Rojo. Por Nínive

-Buenas tardes, soy la profesora de Paula, ¿es la casa de sus abuelos?-

– Sí, ¿qué pasa?, ¿la niña está bien?, ¿no se habrá puesto malita otra vez?-

-Nada, no se asuste, su nieta se encuentra perfectamente, ¿es usted su abuelo?-

-Sí, sí, soy yo.-respondió sin haberse desprendido del todo de cierta intranquilidad.

-¿Podría usted venir a recoger a Paula?-

 

Los abuelos fueron a recoger a la niña esa tarde a la guardería y después la llevaron a merendar con sus primos y a jugar con ellos al parque. Allí la dejaron entreteniéndose, en una tarde, que para una niña, guardaba como única meta la diversión,  sin tener que preocuparse de nada, en ese dulce y finito estado infantil.  

Ellos se fueron a la casa de su hija.

Entraron despacio por la puerta de la cocina y vieron el suelo rojo. Tan brillante. Resultaba satinado. De las baldosas saltaban destellos carmín como la plata salta del mar cuando golpean los rayos del sol su superficie. Sobre las baldosas cubiertas de carmesí gotitas más oscuras resaltaban como lunares bordados. 

El abuelo recordó el día que fue con su hija a escoger el suelo de esa cocina que tenía frente a sí, que ahora pisaba la extensión limitada de su sentir y  de su pensar.

-Papá, creo que finalmente voy a escoger el rojo.-

-El que tú quieras hija, pero el rojo yo lo veo un poquito triste para el suelo de una cocina, ¿no te parece? Aunque bueno siempre fue tu color preferido.-

 

El abuelo volvió a mirar ese suelo, le parecía ahora más rojo que cuando lo compró con su hija.

La abuela entró en la cocina, venía del baño cargada con un cubo con agua y varios trapos viejos.

-¿Crees que con esto nos bastará para quitar toda la sangre?-

El abuelo recordó en ese momento la llamada que habían recibido después de hablar con la profesora de Paula.

-¿Es usted Miguel Garrido?-

-Sí soy yo.-

-Señor le llamo de la Policía Nacional.-

Una vez que limpiaron todo el suelo rojo de la cocina, los abuelos se marcharon a recoger a la niña. Esa noche dormiría, como el resto de las noches que encerraba su infancia, en la casa de sus abuelos, en la misma habitación en la que creció su madre.

La mañana siguiente todos los periódicos, nacidos la noche anterior, narraban el asesinato de otra mujer a manos de su pareja.

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3 comentarios

  1. Interesante la forma de contar una historia de las que,por desgracia, aparecen con frecuencia en los periódicos. El rojo más triste y doloroso. Mucha suerte.

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  2. Sutil en la descripción, breve, pero impactante.
    Suerte.

    El mío es el 190.

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  3. Impactante tu historia, nunca me ha gustado mucho el rojo, ahora menos. Suerte Nínive

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