{"id":44,"date":"2008-03-08T13:19:04","date_gmt":"2008-03-08T12:19:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/5certamen\/?p=44"},"modified":"2008-05-15T14:44:41","modified_gmt":"2008-05-15T13:44:41","slug":"27-la-habitacion-de-pensar-por-delgadina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/5certamen\/?p=44","title":{"rendered":"27- La habitaci\u00f3n de pensar. Por Delgadina"},"content":{"rendered":"<p>Ella subi\u00f3 en la parada de siempre, con los mismos ojos cansados de mirada angustiada. Como siempre la examin\u00e9 con atenci\u00f3n, repas\u00e9 con cuidado sus ropas, su peinado. <!--more-->Repar\u00e9 en esa belleza que ocultaba tras un aspecto descuidado y anodino. Como cada d\u00eda hice conjeturas sobre su vida, si estar\u00eda casada o era madre soltera. En aquel mes que llev\u00e1bamos coincidiendo en el tren hab\u00eda imaginado m\u00e1s de veinte historias diferentes para ella, pero sus ojos marrones parec\u00edan desmentirlas todas, algo insondable en ellos la alejaban de la vulgaridad.<\/p>\n<p>\u00a0Hoy hemos cruzado las miradas, dir\u00eda que por primera vez; ella siempre anda enfrascada en un libro, parece leer con ansia, como si se le acabara el tiempo, no levanta la vista en todo el trayecto y pasa las hojas con avidez. Pero hoy la he notado rara, en seguida se ha cansado del libro, lo ha cerrado dej\u00e1ndolo reposar sobre sus piernas; nos ha mirado a todos, al resto del pasaje, como si fu\u00e9ramos extra\u00f1os, con la curiosidad inquieta de un extranjero en un pa\u00eds desconocido. Como si nos viera por primera vez, como si hasta ese momento no hubi\u00e9ramos estado all\u00ed, como si no hubi\u00e9semos existido nunca.<\/p>\n<p>En ese instante nuestros ojos se encontraron, se detuvieron a contemplarse, s\u00f3lo fueron segundos, los suficientes para comprender que me hab\u00eda descubierto, que reconoci\u00f3 en mi mirada el inter\u00e9s que durante d\u00edas hab\u00eda sentido por ella. Jurar\u00eda que la vi sonre\u00edr cuando apart\u00f3 la vista, para fijarla momentos despu\u00e9s en un punto indefinido del vag\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Perdone, \u00e9sta es su parada, <\/em>me o\u00ed decirle desde mi asiento, casi gritando. Ella me mir\u00f3 sorprendida. <em>\u00bfC\u00f3mo dice?, <\/em>\u00a0me pregunt\u00f3. Yo, a\u00fan perplejo por el sonido perfecto de su voz, le aclar\u00e9: S<em>iempre se baja aqu\u00ed, todos los d\u00edas. <\/em>Y ella respondi\u00f3:<em> Hoy voy a otro sitio, gracias;<\/em> dej\u00e1ndome sumido en la m\u00e1s profunda consternaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hund\u00ed la nariz en el peri\u00f3dico tratando de pasar desapercibido, aunque nadie se hab\u00eda interesado demasiado por nuestro cruce de palabras. Esper\u00e9 ansioso que llegara mi parada, avergonzado de mi actitud. La imaginaci\u00f3n empezaba a jugarme malas pasadas, hab\u00eda fantaseado tanto con aquella chica que ya formaba parte de mi vida; sin embargo ella ni siquiera hab\u00eda reparado en m\u00ed hasta ese momento. \u00bfQu\u00e9 estar\u00eda pensando ahora?, no me atrev\u00eda a mirarla. Por fin el tren se detuvo, agarr\u00e9 mi malet\u00edn y sal\u00ed a la estaci\u00f3n sin desviar la vista hacia ella en ning\u00fan momento. Mientras alcanzaba la salida al exterior reflexionaba sobre mi vida, ser cajero en un banco no es precisamente una profesi\u00f3n interesante, quiz\u00e1s eso me llevaba a construir un mundo irreal compuesto por personajes robados a la realidad cotidiana.<\/p>\n<p>\u00a0No not\u00e9 que me segu\u00eda hasta que toc\u00f3 mi hombro, di un respingo y la mir\u00e9 con los ojos muy abiertos por la sorpresa. <em>Gracias<\/em>, me dijo, <em>normalmente nadie se preocupa por m\u00ed.<\/em>Segu\u00edamos caminando, ahora uno al lado del otro; yo buscando una explicaci\u00f3n l\u00f3gica para mi actitud anterior. <em>Soy muy observador, <\/em>dije al fin<em>, me gusta fijarme en la gente y ver en qu\u00e9 parada se baja cada uno<\/em>.<\/p>\n<p>Ella no contest\u00f3, continu\u00f3 andando con una sonrisa en los labios, sin decir nada. Me acompa\u00f1\u00f3 hasta la puerta del banco, all\u00ed se despidi\u00f3 con un beso en la mejilla. <em>Hasta ma\u00f1ana,\u00a0 <\/em>dijo.<\/p>\n<p>Pas\u00e9 todo el d\u00eda inquieto, me gan\u00e9 varias reprimendas del director, mi imaginaci\u00f3n funcionaba al m\u00e1ximo tratando de buscar respuestas l\u00f3gicas a lo que hab\u00eda sucedido con aquella chica. Gracias a mis despistes se produjo un descuadre en caja que me oblig\u00f3 a quedarme por la tarde, me olvid\u00e9 de almorzar, cuando llegu\u00e9 a casa a\u00fan estaba bajo el efecto hipn\u00f3tico de aquella mujer.<\/p>\n<p>Subi\u00f3 en la parada de siempre, se sent\u00f3 en el sitio acostumbrado y abri\u00f3 un libro. Yo buscaba sus ojos, sin atreverme a decirle nada. Ella parec\u00eda haber olvidado el incidente del d\u00eda anterior y segu\u00eda enfrascada en su novela. Al llegar a su parada habitual se baj\u00f3 sin decirme adi\u00f3s, sin mirarme.<\/p>\n<p>Una desaz\u00f3n interior me invadi\u00f3, llenando cada poro de mi cuerpo. Esa noche hab\u00eda so\u00f1ado con ella; en mi sue\u00f1o volv\u00eda a acompa\u00f1arme, se cog\u00eda a mi brazo y me besaba en los labios al despedirnos. Sus ojos ya no zozobraban de tristeza, miraban claros y esperanzados a los m\u00edos. Aquella ma\u00f1ana me afeit\u00e9 con esmero, eleg\u00ed la ropa que a ella le gustar\u00eda, m\u00e1s desenfadada y casual que d\u00edas anteriores, me contempl\u00e9 en el espejo y observ\u00e9 mi rostro detenidamente, cada vez me parec\u00eda m\u00e1s a mi padre, las arrugas me iban disfrazando de \u00e9l. Pronto cumplir\u00eda cuarenta y cinco a\u00f1os y nadie me comprar\u00eda una tarta, ni un regalo. Comprend\u00ed entonces que me agarraba a aquella chica como a una tabla de salvaci\u00f3n, como la \u00faltima oportunidad, qu\u00e9 tonter\u00eda.<\/p>\n<p>Me arrastr\u00e9 hasta el banco, mi aspecto provocar\u00eda algunas sonrisas, jam\u00e1s me presentaba con camiseta y vaqueros, siempre tan formal con la corbata y la chaqueta. Nunca pude pasar de cajero, so\u00f1ar despierto es incompatible con progresar.<\/p>\n<p><em>Me puede cambiar este billete,<\/em> dijo aquella voz inconfundible. Levant\u00e9 la vista y all\u00ed estaba, con la sonrisa de ayer. <em>Perdona que no te saludara en el tren, mi marido me esp\u00eda, creo me ha puesto un detective. <\/em>Ella hablaba, pero yo no comprend\u00eda sus palabras, s\u00f3lo me importaba el hecho de que hab\u00eda vuelto, me podr\u00eda estar diciendo que llegaba el fin del mundo y yo me quedar\u00eda embelesado, escuchando sus palabras, sin poder moverme ni hacer nada. Le di el dinero, sus dedos me rozaron al cogerlo, lo meti\u00f3 en la cartera y se march\u00f3, no sin antes decirme <em>hasta ma\u00f1ana.<\/em>De vuelta a casa reflexiono sobre sus palabras, est\u00e1 casada y su marido la vigila, son cosas que no se dicen al primer extra\u00f1o que te encuentras, son cosas que permanecen en la intimidad.<\/p>\n<p>De nuevo el tren, de nuevo ella subiendo, de nuevo su indiferencia. Pero hoy es distinto; yo s\u00e9 que tiene un motivo para no hablarme y la mir\u00f3 feliz, disfrutando de su belleza, de su nariz altiva, de sus labios gordezuelos que hablan de ansias, de deseo. Fantaseo con su cuerpo, juego a desvestirla, desabrocho los botones de su blusa y me extas\u00edo en la contemplaci\u00f3n de su piel blanca, desnuda, c\u00e1lida. La veo bajarse del vag\u00f3n y no me preocupo, s\u00e9 que volveremos a encontrarnos.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana pasa, me desespero, la gente que se acerca a la ventanilla no tiene inter\u00e9s para m\u00ed, no disfruto con el juego de imaginar sus vidas como otros d\u00edas. Decido quedarme a comer en el restaurante de la esquina, tienen un men\u00fa por diez euros que no est\u00e1 nada mal, a veces como all\u00ed, en una mesita situada junto a la ventana; es la mesa de los solitarios, peque\u00f1a y arrinconada, nunca la hab\u00eda compartido con nadie, hasta ese d\u00eda. Porque cuando llego, all\u00ed est\u00e1 ella con la angustia desbord\u00e1ndole los ojos. <em>\u00bfPodemos comer juntos?<\/em>Hablaba con ligereza de su vida, como si no fuera de ella, com\u00eda sin apetito masticando muy bien los alimentos mientras me miraba con inter\u00e9s, analizando todas mis reacciones.<\/p>\n<p>Conf\u00edo en ti y quiero contarte una cosa, me pareces una buena persona; s\u00ed, seguro que lo eres\u2026 S\u00e9 que me observas en el tren,\u00a0 y tengo que disimular porque mi marido me vigila, me esp\u00eda, no puedo mirar a ning\u00fan hombre. Pero necesito hablar, desahogarme, no puedo retener dentro tanto miedo, tanta incomprensi\u00f3n. Est\u00e1 enfermo, cualquier d\u00eda acabar\u00e1 mat\u00e1ndome en un infundado ataque de celos\u2026Dej\u00f3 de hablar para mirar compulsivamente alrededor, repasando la cara de los comensales y de los camareros; al fin se calm\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u2026 <em>Cuando se le antoja me encierra una temporada en casa, en la habitaci\u00f3n de pensar, as\u00ed la llama \u00e9l. S\u00f3lo hay un camastro en el suelo y un vaso con agua, la ventana est\u00e1 cerrada a cal y canto y \u00e9l decide cu\u00e1ndo es de d\u00eda y cu\u00e1ndo es de noche para m\u00ed. El vaso es de pl\u00e1stico para que no se me ocurra hacer alguna locura. En una esquina ha instalado un peque\u00f1o retrete port\u00e1til, parecido al que usan los ni\u00f1os cuando est\u00e1n aprendiendo a orinar sin pa\u00f1ales. La \u00faltima vez estuve casi un mes, claro que el tiempo real no lo supe hasta que sal\u00ed. Me encerr\u00f3 porque me entretuve hablando con el chico que nos tra\u00eda la compra, creo que me pregunt\u00f3 por una direcci\u00f3n y no acababa de entender mis explicaciones, era extranjero. Cuando cerr\u00e9 la puerta me golpe\u00f3 y me llev\u00f3 hasta la habitaci\u00f3n de pensar, sin decir ni una palabra\u2026.<\/em> Estaba muy seria, pero no lloraba; la mirada fija en la servilleta que estrujaba entre sus manos. Yo permanec\u00ed en silencio, no sab\u00eda qu\u00e9 decir, as\u00ed que esper\u00e9 a que continuara su historia.<\/p>\n<p>\u2026<em>Hace un mes mi madre enferm\u00f3, le supliqu\u00e9 que me dejara ir a verla, a hacerle compa\u00f1\u00eda en su casa. Gracias a mi madre logr\u00e9 salir de casa, coger el metro cada ma\u00f1ana y alejarme de mi c\u00e1rcel. Pronto descubr\u00ed que me hab\u00eda puesto un detective. Se lo recrimin\u00e9, le dije que se gastaba nuestro dinero en tonter\u00edas, que dejara de desconfiar en m\u00ed. Lo neg\u00f3 todo, pero s\u00e9 que ment\u00eda, ni siquiera trat\u00f3 de pegarme\u2026<\/em> Otra pausa, yo segu\u00eda buscando alguna palabra de consuelo, pero ninguna me parec\u00eda lo suficientemente buena. <em>\u2026ahora tengo un problema, mi madre ha muerto esta ma\u00f1ana, nadie lo sabe a\u00fan. Si se lo digo a \u00e9l preparar\u00e1 el entierro y ya no tendr\u00e9 excusa para salir de mi casa; y me morir\u00e9, s\u00e9 que no podr\u00e9 aguantar un invierno m\u00e1s all\u00ed, sola\u2026<\/em> Ahora le acaricio una mano, la noto fr\u00eda; en una ocasi\u00f3n la hab\u00eda imaginado as\u00ed, una mujer maltratada, que buscaba ansiosa un apoyo donde aferrarse para salir de la situaci\u00f3n en la que se encontraba. <em>Podemos ir a la polic\u00eda y denunciarle, <\/em>me escuch\u00e9 decir sin demasiada convicci\u00f3n<em>. No tengo pruebas y \u00e9l es un hombre de prestigio, con buenos abogados, \u00bfme ayudar\u00e1s?<br \/>\n<\/em>Cuando dije que s\u00ed todav\u00eda no sab\u00eda muy bien lo que ella esperaba de m\u00ed, ni siquiera conoc\u00eda su nombre, no nos hab\u00edamos presentado formalmente, pero la acompa\u00f1\u00e9 a la tienda de electrodom\u00e9sticos y despu\u00e9s a casa de su madre.<\/p>\n<p>La mujer aparentaba estar dormida, arropada bajo las mantas, cuando me acerqu\u00e9, la palidez de su rostro disip\u00f3 cualquier duda sobre su muerte. Se parec\u00eda levemente a Elena, as\u00ed se llamaba ella, como una m\u00e1scara ajada por los a\u00f1os. Pasamos la tarde vel\u00e1ndola, no es que Elena no estuviera triste pero tampoco la vi acongojada, me explic\u00f3 que su madre sufr\u00eda grandes dolores y que la muerte hab\u00eda sido un alivio para ella. <em>Nunca supo por el infierno que estoy pasando, s\u00e9 fue feliz de tenerme a su lado.<\/em><\/p>\n<p>El timbre son\u00f3 a las seis, dos fornidos operarios soltaron la caja que porteaban y nos preguntaron d\u00f3nde quer\u00edamos instalarlo. En la cocina no cab\u00eda, as\u00ed que Elena dijo que all\u00ed mismo, en el sal\u00f3n. Se miraron extra\u00f1ados, pero procedieron al desembalaje y nos explicaron las instrucciones. Cuando se marcharon, Elena abri\u00f3 la puerta del congelador vertical y sac\u00f3 uno por uno los cajones, comprob\u00f3 el espacio que quedaba dentro introduci\u00e9ndose en el hueco y asinti\u00f3 con satisfacci\u00f3n. Entre los dos cogimos el cuerpo r\u00edgido de la difunta y lo metimos dentro del congelador; nos cost\u00f3 trabajo, acabamos sudando, Elena lloraba y le ped\u00eda perd\u00f3n a su madre. S<em>\u00f3lo ser\u00e1n unos meses, mam\u00e1<\/em>, le susurraba al cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>\u00a0Ahora nos seguimos encontrando en el tren, cada ma\u00f1ana espero ansioso a que entre por la puerta y ocupe su sitio; me contengo al mirarla, ella ni se fija en m\u00ed. Cada noche sue\u00f1o que su marido descubre la mentira y la encierra en la habitaci\u00f3n de pensar; pero cuando aparece, el miedo se disipa y aguardo ilusionado nuestro encuentro de las tardes. All\u00ed, en el sal\u00f3n, protegidos por un congelador, nos amamos en silencio, disfrutando del tiempo que nos quede.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ella subi\u00f3 en la parada de siempre, con los mismos ojos cansados de mirada angustiada. 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