Icono del sitio V Certamen de Narrativa

148-El destino de un poeta. Por Chorrillano

Científicas mañanas del ayer
cautivaste al ayer, al hoy, al siempre
y ¡nunca! pediste disculpas
nunca pediste disculpas.
 Me cansé. Me cansé. Me he agotado. Qué tal éste. Está muy bien. ¡Oye, vieja! ¡Ven!

-¡¡Qué quieres, hijo!!

-Acércate a leer mis poemas, los voy a enviar a otro concurso y así ganaremos dinero, porque sabes que todo lo mío es tuyo.

-Sí, José María. Pero por qué sigues insistiendo en enviar poemas a concursos. Gánate dinero de una manera más… de una manera más segura.

-No, vieja, me llegará el momento, el premio de este concurso es ¡3000 nuevos soles! ¡3000 nuevos soles, vieja! Imagínate todo lo que nos podemos comprar con ese dinero.

-Sí, hijo… Dame tus poemas, los voy a leer –Consuelo le contesta resignada-. En la cocina está tu comida preparada, anda, aliméntate que estás flaco –el poeta se levanta de la silla, su madre le palmotea el trasero, se dirige desequilibradamente a comer, aún siente los estragos de la resaca de la noche anterior.

Mi hijo, es mi hijo, creo en tu talento pero deberías de buscar trabajo, tienes 23 años, estás a tiempo de buenos empleos, mientras pueda mantenerte lo haré, sería bueno que trabajes, claro, que dices que no te gusta, que te incomoda, y que no quieres llevar una vida oprimida, pero sería bueno si… qué dice tu poema:

La leyenda mágica de mi corazón
estupefacta a las mujeres, a las brujas, a las madres
leyendas del gusano que maté
leyendas del horrible ser que deshabité.
Hoy triunfé sobre la vida
y estoy más alto que aquélla.
Llámame triunfador, llámame amor
llámame espectro del mañana
que nunca llegarás a ver.
 Hijo, hijo, por el tipo de poemas que escribes, no creo que ganes ningún concurso, van varios en los que has participado y nada. ¡Cuándo te darás cuenta! ¡Aún estás joven! Pero mientras yo viva…:

¿Qué es la muerte?
¿es la solución a nuestros problemas?
¿qué es el dinero?
¿es la angustia de nuestra vida?
Mágica desaparición, tú nunca
aparecerás otra vez.
He aprendido a amar
he aprendido a dar, a compartir.
La mágica solución no aparecerá
ya no interesa.
Una vez que el Amor aparece, en vez,
nada interesa.
 -¡Vieja! –con la comida en la boca- ¡Vieja, dame dinero para imprimir los poemas y sacarle copias, comprar los sobres y el diskette!

-Ya, hijo –resignada le costea los gastos al engreído de su corazón-, termina de comer. ¿Quieres que te haga un jugo de papaya?

-¡Por supuesto, viejecita! Pero no le eches fresa, que me cae pesado.

-A ver, viejecita, tus bendiciones para mí y para los poemas, que traigan el dinero a casa.

-¡Bendiciones, bendiciones! –Consuelo sonríe, ama mucho a su único hijo, acepta y soporta las ideas locas que se le ocurren-. Que Dios nos escuche y nos dé alegría y bienestar.

-¡Amen, vieja! Ahora voy. Chao. De ahí voy donde mis amigos. Llegaré tarde.

-Hijo… -él cerró la puerta y no escucha nada-…chao. Cuídate.

José María enrumba otra vez hacia su destino, toma el autobús que lo deja a unas cuadras de la librería “El Segador” que organiza el concurso. Muy confiado se muestra, aparenta ser un ganador nato, son más de diez los concursos en los que ha participado y no ha aparecido ni en los finalistas.

Espera un rato en la cola, hay dos participantes más adelante suyo, un hombre y una mujer que a simple vista sobrepasan los cincuenta años, los ve sosteniendo los dos sobres con el contenido rival. La secretaria le recibe sus poemas y le entrega un recibo, José María besa ese papel y quiere que también su madre lo bese. Se retira con la esperanza en sus ojos. La secretaria coloca esos sobres con los otros cientos que se han ido acumulando en las últimas semanas, retorna a su escritorio y halla a otro participante con aspecto soñador listo para entregar su obra.

El poeta sale de ese local, mira extasiado el cielo y grita de euforia: “¡Ya gané!”, los otros concursantes le miran extrañados, tanto entusiasmo asusta. Ve que el cielo se está oscureciendo, es la hora de ir con sus amigos, también tienen su misma afición de escribir, pero no se atreven a participar en la aventura de los concursos, no están muy de acuerdo, prefieren publicar sus poemas y ser reconocidos por la crítica especializada. José María es un poco impaciente, no espera ese reconocimiento que sabe tal vez nunca llegue, dice que hay que tener “vara” para ello, contactos que conseguir, que hay una burocracia como en la política, “la política y la poesía son lo mismo”, les increpa, “yo no quiero pertenecer a esa clase”, cómo detesta a todos los poetas oficiales y reconocidos por los críticos literarios, es una manera de mantener discusiones ardientes con sus amigos de juerga y pasar la noche charlando entre rones y cañazos cuando no queda dinero para más.

***

-Vieja, vieja –zarandea con calma a su madre recostada en la cama-, hoy es el gran día, hoy dan los resultados del concurso. Dame para mi pasaje, tengo que ir a la librería para ver mi nombre puesto como ganador –han pasado dos meses desde que dejó su conjunto de poemas, en todo ese tiempo no ha trabajado ni se tomó la molestia de buscar empleo, lo que sí ha escrito mucho para otros concursos, ha mejorado su estilo, tiene composiciones de diferentes temáticas si las bases lo requieren.

-¿Tan rápido ha pasado el tiempo? –la señora se limpia las legañas de sus ojos- Hijito, pásame mi medicina y tráeme un vaso de agua –ella pronto se preocuparía pues sabe que cuando su hijo no gana un concurso se deprime mucho, en serio, se lo toma fatalmente, eso dura solamente un día, luego vuelve el entusiasmo, sin embargo, ustedes saben, madre es madre, y no le gusta ver a su hijo mal.

-Toma, mamacita, ¿estás bien?

-Un poco cansada, pero nada que estas pastillas no calmen. Toma, José María –le da el vuelto de ayer-, y te deseo mucha suerte –lo dice alegre para contagiarle ese entusiasmo a su hijo que sí lo necesita, lo besa en ambas mejillas y lo despide dándole más ánimos.

-¡Gracias, vieja, eres la mejor! –Consuelo se pone contenta de escucharle.

José María llega al local de “El Segador” y se da con la sorpresa que aún no está colocada la relación del concurso de poesía. Ya había un grupo de participantes esperando, y llegan más poco a poco. En la librería les informan que en aún tres horas publicarán el resultado. Algunos de los concursantes se van, otros dan vueltas por el sitio, unos se quedan a esperar allí mismo, conversan, otros se mantienen aislados, escuchando mp3, leyendo un libro, como José María que se queda solo, la ansiedad crece en su interior, examina a sus rivales, los hay de diferentes edades y condiciones, los distingue por la ropa, hay de todo tipo, los bohemios, los intelectuales, los oficinistas, los poetas oficiales, los aventurados que se meten a todo, es la primera vez que vive esto, sentir la atmósfera real de todos los que han participado. No se da cuenta que todos tienen en común el gusto de la poesía, la facultad de escribir, está muy ansioso y tiene pensamientos egoístas de ser el ganador, ha olvidado su gusto y afición que lo une al resto, únicamente piensa en el premio, “¡3000 soles!”, se dice pero no quiere dar rienda suelta a su imaginación, es de mala suerte, no se quiere visualizar como… “sshh, cállate, mente”, dice y piensa en otros detalles, como que no ha visto ninguna chica que le guste entre los competidores, “seguro no han venido, son chicas ‘light’, y esperarán mañana a ver el resultado”, sospecha, “o enviarán a alguien, me encantaría estar con una chica así”, inmediatamente mira su ropa ordinaria y se le despeja esa ilusión.

Se despierta, se había quedado dormido imaginando quién sabe qué, la multitud no está. Se pone de pie y va a revisar los resultados, está nerviosísimo. Camina lentamente, paso a paso, casi petrificado, se va acercando, está cada vez más cerca al papel pegado en el vidrio, mira de lejos las letras pequeñas, aún no distingue bien, “por favor, por favor”, suplica, suda, transpira, “¿gané, no gané?”, la emoción, el entusiasmo, la angustia, “vieja, viejita, estoy nervioso, ¡¡viejaaa!!, me muero, vieja, vieja”, ¡suena su celular!, se asusta, lo sacan del trance, estaba cerquita a distinguir las letras, contesta el teléfono.

-¡Hijito! ¡dónde estás! –es la madre, obviamente.

-¡Vieja, me has asustado!

-Tú me has asustado, dónde estás, uno de tus amigos también fue a ver los resultados, pero no te vio allí, dice que había mucha gente –José María se encuentra de espaldas a la hoja con el nombre ganador pegado en el vidrio.

-¿Sí? ¿Quién? Si yo he estado hace horas acá, me quedé dormido esperando sentado –se ríe, aliviando su tensión-, aún no he visto el resultado.

-… ¿Aún? ¿No sabes el resultado?

-No, viejita, estoy a una mano de verlo.

¿La Muerte se ríe? ¿se reiría de mí?
¿de mis caprichos, de mis temores?
Me muestro triunfante ante Aquélla,
sin miedo, más con esperanza,
la esperanza que me guía como luz
como tú, Mamá.
El eslabón de mi corazón que nunca falta.
 Después de doce concursos similares que no le dieron buenos resultados, José María le ha puesto mucha esperanza a éste; por consecuencia, si pierde, la frustración será mayor y corre el riesgo de intentar suicidarse, por su naturaleza trágica y autodestructiva, de hacer una gran locura con peligro para su vida. Al cambio, si gana, estará eufórico, lo celebrará inmensamente, irá a donde sus amigos para sacarles pica, se embriagará con ellos hasta quedar inconciente, también abrazará a Consuelo, su viejita, la besará, la adorará, le dará muchas gracias por confiar en él. Todos los poemas de su libro presentado son similares en calidad a los leídos por su madre. Las consecuencias que denlas por seguro sucederán son inevitables para el destino elegido de José María, la tragedia o la sorpresa…

***

A la mañana siguiente, Consuelo se despierta asustada, recuerda el sueño tan real, tan vívido, tan fantástico, como los sueños lo suelen ser, unas personas decidían el futuro de su José María y ella no podía hacer nada por evitar esa fatalidad, lo inevitable de la alegría o de la tristeza.

147- Una soledad en bisiesto. Por Emilio Gauna
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