{"id":99,"date":"2007-03-28T12:16:58","date_gmt":"2007-03-28T11:16:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=99"},"modified":"2007-03-28T12:21:26","modified_gmt":"2007-03-28T11:21:26","slug":"76-el-filo-de-una-hoja-barbera-en-la-garganta-por-tiry-hawer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=99","title":{"rendered":"76-El filo de una hoja barbera en la garganta. Por Tiry Hawer"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F99&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A Eusebio Salcedo le toc\u00f3 Africa, y tomar parte en la batalla de los \u00abCastillejos\u201d. Al romperse los primeros fuegos en la sangrienta ri\u00f1a \u00e9l iba a la vanguardia de la tropa y era el que enarbolaba la bandera.<!--more-->\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" title=\"M\u00e1s...\" height=\"10\" alt=\"M\u00e1s...\" src=\"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-includes\/js\/tinymce\/themes\/advanced\/images\/spacer.gif\" width=\"870\" name=\"mce_plugin_wordpress_more\" \/><br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Salta a la grupa conmigo&#8230;! \u00a1Y levanta bien alto esa divisa! -le grit\u00f3 Prim, que hab\u00eda hecho caracolear y dar media vuelta al caballo-.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando todo concluy\u00f3, el general Prim llam\u00f3 a un soldado que pasaba cerca:<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el abanderado que cabalg\u00f3 conmigo en la batalla?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Est\u00e1 en el hospital de campa\u00f1a, mi general.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Algo despu\u00e9s Prim hizo se\u00f1a al capit\u00e1n m\u00e9dico para que le siguiese.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Capit\u00e1n, \u00bfha visto usted la herida de ese muchacho?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -S\u00ed, mi general. Un f\u00e9mur. Hay que amputar sin p\u00e9rdida de tiempo.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfAmputar?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Le ser\u00e9 franco, mi general, tiene s\u00f3lo dos probabilidades a su favor.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfLe preguntamos, y que \u00e9l decida si cort\u00e1rsela o no?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando entraron, Prim, sin andarse con rodeos, le espet\u00f3:<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Si piensas seguir en la milicia, te asciendo a cabo por m\u00e9ritos de guerra.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Muchas\u2026muchas gracias, mi general, pero me faltan dos meses para la licencia.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfY qu\u00e9 te gustar\u00eda ser cuando est\u00e9s en tu pueblo?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Pues, mi general, gustarme&#8230;la verdad, me gustar\u00eda, ser&#8230; cartero.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Te prometo que por mi parte no quedar\u00e1.<br \/>\n<span \/>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un reloj despertador y una leve cojera se trajo de Africa Eusebio. El reloj lo colocaba cada noche sobre la c\u00f3moda porque era m\u00e1s que nada un recuerdo de la tierra de morer\u00eda. Y por pura rutina tambi\u00e9n, por man\u00eda, porque le parec\u00eda que no conciliaba el sue\u00f1o como es debido si no lo ve\u00eda cada noche en el sitio que ten\u00eda asignado y escuchaba sus pasos, su \u00abandar\u00bb interminable y mon\u00f3tono, pero que a \u00e9l se le antojaba poco menos que m\u00fasica celestial. Encend\u00eda la lumbre en cuanto se levantaba, se llenaba un taz\u00f3n de caf\u00e9, que iba apurando a sorbos lentos con los ojos medio cerrados. Despu\u00e9s cog\u00eda una vara que sol\u00eda poner en la percha, y encajaba entre el pulgar y el \u00edndice la correa de la cartera de cuero que pend\u00eda del respaldo de una silla. \u00a0Aquella ma\u00f1ana hizo el cartero lo de siempre, y cuando dio en traspasar el umbral, poco falt\u00f3 para que tropezara con su vecino Josu\u00e9 Gal\u00e1n, que ven\u00eda a verle.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Carambola, Eusebio&#8230; \u00a1vaya un beso que nos hemos podido dar sin querer!<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -La culpa la tienes t\u00fa por tus prisas -le contest\u00f3 el cartero-.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Acud\u00eda presto temiendo no pescarte ya en casa.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El perro que iba con Josu\u00e9 empez\u00f3 a olisquear los pantalones del cartero.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Chucho! -exclam\u00f3- y lo apart\u00f3 de un golpe con el pie.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Eusebio profesaba tenaz aversi\u00f3n a los perros, y no le faltaban razones. Todav\u00eda ten\u00eda las se\u00f1ales que le dej\u00f3 uno en una pierna.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfEs que se te ha olvidado echar al buz\u00f3n algo\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -No es eso. \u00bfT\u00fa desde la carretera divisas cuando vas y vienes mi sandial?\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El perro segu\u00eda terco en olisquear. Eusebio levant\u00f3 la vara, y el animal salt\u00f3 como un rayo.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Que no hace nada, hombre!\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Cuando no hacen nada es cuando est\u00e1n a cien metros de distancia, o tienen el bozal puesto.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Bueno, ves el sandial cuando vas al cruce, \u00bfes as\u00ed?\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Se ve muy bien. \u00bfAd\u00f3nde quieres ir a parar?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Tengo cepos all\u00ed. Las liebres me est\u00e1n haciendo un da\u00f1o grande. Cuando vengas, ac\u00e9rcate por si cay\u00f3 alguna. He tra\u00eddo las alforjas para que metas un par de sand\u00edas.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -De acuerdo, y d\u00e9jate de alforjas.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Pero hombre, \u00bftanto trabajo te cuesta?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Trae ac\u00e1 si te empe\u00f1as.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hizo el cartero la entrega y recogida de la correspondencia, y al regreso abandon\u00f3 la carretera. A unos metros de la cabecera de la \u00absuerte\u00bb plantada de sandias, se entretuvo mirando las guirnaldas que formaban las plantas. Sigui\u00f3 andando, se agach\u00f3 y separ\u00f3 una sand\u00eda de la madre. Ech\u00f3 mano a la navaja, la clav\u00f3 en la esfera aguanosa, y en sus manos aparecieron dos lunas gemelas, rojas como sangre, orladas con una diadema blanca, y con las pipas negras incrustadas en los cr\u00e1teres como imaginarios meteoritos. De pronto se percat\u00f3 del milano que volaba rayando c\u00edrculos en lo alto. \u00ab\u00a1Use!&#8230;\u00bfqu\u00e9 andar\u00e1s buscando?\u201d Se levant\u00f3, y estuvo vigilando la linde. \u201cAquello&#8230;el caso es que para liebre parece demasiado bulto. Pero, \u00bfy si Josu\u00e9 tiene los cepos por ese lado\u201d.\u00a0 De pronto&#8230;<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Vaya, hombre, \u00bfqu\u00e9 te ha tra\u00eddo por aqu\u00ed, desgraciado?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El perro estaba sobre el costado de una mata, y hab\u00eda levantado la cabeza cuando le oy\u00f3..<br \/>\n\u00a0 \u00a0\u00a0-Pero infeliz&#8230; \u00a1vaya dentellada!&#8230; Bueno, y ahora qu\u00e9. \u00bfPor donde empiezo yo contigo?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0 El cartero se hab\u00eda ido acercando despacio, y ten\u00eda el can a sus pies.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0 -Ya s\u00e9 que a ti no se te puede culpar, pero guardo muy malos recuerdos de los de tu casta. Y si eres de esos con malas pulgas, y cuanto trate de tocarte la mano para ver el da\u00f1o que te ha hecho el cepo&#8230; \u00a1\u00a1guau!! Me largas un mordisco y me haces otra se\u00f1al como la que me dejaron en tiempos sobre la pierna.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El perro, gimoteando, le miraba con los ojos h\u00famedos. Luego peg\u00f3 el hocico al suelo.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0 -Debes tener hasta calentura con ese destrozo. Si te pego una pedrada en la cabeza, todo pasa r\u00e1pido. Me pongo detr\u00e1s para que no me veas, y&#8230;\u00a1\u00a1zas!! Ni te enteras. As\u00ed t\u00fa dejas de penar, y yo no me expongo a tener otra como la del mordisco, que fue&#8230; \u00a1no sabes lo desagradable que fue!\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0 El perro lade\u00f3 la cabeza y empez\u00f3 a lamer la llaga que hasta los huesos le hab\u00edan hecho los hierros. Despu\u00e9s mir\u00f3 al cartero. En los ojos ten\u00eda el animal como una niebla de l\u00e1grimas.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Maldita sea!&#8230; tambi\u00e9n deb\u00edan poder llorar los perros. As\u00ed no me costar\u00eda tanta desaz\u00f3n matarlo.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Eusebio, a espaldas del perro, ten\u00eda ya levantada la piedra con las dos manos, y el animal, inesperadamente, volvi\u00f3 la cabeza y se le qued\u00f3 mirando. Movi\u00f3 luego las orejas, y de nuevo adopt\u00f3 la postura de antes, con la quijada rasera al suelo, larga, estirada&#8230;.Con la piedra en alto el cartero dudaba. Una piedra redonda como una hogaza. Con ella sobre la cabeza sufr\u00eda la batalla de si estrellarla o no entre las orejas. Era un s\u00ed y un no, una duda dolorosa, el da\u00f1o, el \u00a1filo de una hoja barbera en la garganta!<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Meca&#8230;yo \u00a0no puedo hacer esto!-exclam\u00f3, y dej\u00f3 caer todo el peso de la piedra a sus espaldas-.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hinc\u00f3 de rodillas junto al perro y fue alargando la mano hasta tocarle la cabeza. El can sac\u00f3 la lengua y le roz\u00f3 la mu\u00f1eca, ech\u00f3 las orejas atr\u00e1s, y se le encend\u00edan brillos fugaces en los ojos.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfC\u00f3mo te llamas? Bueno, perdona; reconozco que soy un bruto. Pretender que me lo digas \u00a1Cualquiera sabe, eh mozo! Pero si te has de venir conmigo tendr\u00e9 que ponerte un nombre. En fin, primero ver de sacarte la mano de esa mand\u00edbula de tibur\u00f3n. Aunque temo quedes como el soldado, s\u00e1lvese la comparanza, que le\u00ed en una enciclopedia, al que llamaban el \u00abmanco de Lepanto\u00bb. Hombre, ahora que miento Lepanto, no s\u00e9 c\u00f3mo te llamas , pero en adelante ese ser\u00e1 tu nombre.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Apoy\u00f3 el pie de la pierna sana sobre el nervio que ballestea los arcos del cepo, y fue abriendo hasta que el animal qued\u00f3 libre. Gimiendo, cay\u00f3 de costado con la pata delantera mordida temblando en el aire.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Por san Froil\u00e1n bendito, si te ha quedado eso como el badajo de un cencerro!<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se acerc\u00f3 a un espantap\u00e1jaros en medio del sandial, y de las ca\u00f1as que lo formaban cort\u00f3 tres regletas. Del fald\u00f3n de la camisa rasg\u00f3 dos tiras.\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Lepanto, dijo mirando al perro, cuando mi mujer se d\u00e9 cuenta del remiendo que precisa la camisa\u2026bueno, mejor es no pensar y ver qu\u00e9 puedo hacer contigo.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El animal, de escasa talla, mal que bien lo pudo meter en uno de los bolsillos de la alforja. En el otro una sand\u00eda como contrapeso. Ya calle arriba acerc\u00e1ndose a la plaza, se cruz\u00f3 con una mujer que sal\u00eda de la botica.\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfQu\u00e9 pasa? -le pregunt\u00f3 cuando la vio llorosa. \u00bfEs que no est\u00e1 mejor el cr\u00edo?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Nada de mejor, al contrario, cada d\u00eda peor. El m\u00e9dico ya no sabe qu\u00e9 hacer con \u00e9l. Dice que no tiene nada patil\u00f3gico, s\u00f3lo esa tristeza y esa desgana. \u00a1Ay, como Dios no haga un milagro&#8230;!\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Oiga, Carlota, \u00bfsabe lo que estoy pensando? \u00bfSabe lo que se me ha ocurrido ahora de pronto?<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfC\u00f3mo? pensando&#8230; ocurrido&#8230; Ay, perdone, pero como estoy tan trastornada no s\u00e9 qu\u00e9 me quiere decir, la verdad.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Pues que yo traigo otro enfermo, un herido, que viene a ser lo mismo. Y tambi\u00e9n necesita reposo.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfUn herido? \u00bfOtro enfermo? \u00a1Ay, por la Virgen de los Dolores, Eusebio, no tengo yo el \u00e1nimo para bromas!<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Es que no se trata de ninguna broma, mujer. Quiz\u00e1 sea ese el milagro que t\u00fa pides.<br \/>\n\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0Ech\u00f3 las alforjas fuera del hombro y mostr\u00f3 a la mujer el perro.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfPor qu\u00e9 no ser \u00e9ste el milagro, Carlota? A lo mejor se curan ambos s\u00f3lo con estar juntos.<br \/>\n<span \/>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 D\u00edas despu\u00e9s se encontraron otra vez la mujer y el cartero.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Eusebio, por la Virgen Sant\u00edsima. P\u00eddame la vida, y se la doy&#8230;\u00a1pero d\u00e9jele el perro! Le ha devuelto la alegr\u00eda y las ganas de vivir. Si le viera, \u00a1est\u00e1 como resucitado!\u00a0 Pida, pida&#8230;<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -A m\u00ed no necesita darme nada, mujer. De las gracias a Dios, que debi\u00f3 mandar un \u00e1ngel, aunque yo no le viera, y sujet\u00f3 la piedra en el momento cr\u00edtico. El perro es de su hijo, d\u00edgaselo.<br \/>\n<span \/>\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando la mujer iba medio loca de contenta, casi corriendo, le grit\u00f3 el cartero:<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Carlota, d\u00edgale tambi\u00e9n que se llama Lepanto!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A Eusebio Salcedo le toc\u00f3 Africa, y tomar parte en la batalla de los \u00abCastillejos\u201d. Al romperse los primeros fuegos en la sangrienta ri\u00f1a \u00e9l iba a la vanguardia de la tropa y era el que enarbolaba la bandera.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-99","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/99","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=99"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/99\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=99"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=99"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=99"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}