{"id":97,"date":"2007-03-26T18:36:54","date_gmt":"2007-03-26T17:36:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=97"},"modified":"2018-03-01T21:52:48","modified_gmt":"2018-03-01T20:52:48","slug":"74-manana-o-alicia-en-el-pais-de-los-cinco-dias-por-resee-maior","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=97","title":{"rendered":"74- Ma\u00f1ana o Alicia en el pa\u00eds de los cinco d\u00edas. Por Resee Maior"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F97&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Alicia tiene un cuerpo peque\u00f1o, o al menos eso es lo que ella cree. Es as\u00ed d\u00eda a d\u00eda. Pasea de la mano de su madre y se siente fascinada por la gente grande.<!--more-->\u00a0A sus cinco a\u00f1os, contempla el mundo y sus habitantes desde abajo, absorta mientras asimila todo cuanto le rodea. La gente grande tiene el rostro serio, no como el de mam\u00e1 cuando le canta canciones para que se duerma, o cuando le hace cosquillas despu\u00e9s de comer. Habitualmente, suelen sonre\u00edr cuando se dirigen a ella, pero los ojos nunca cambian, se mantienen intratables, y le dan miedo. Admira a su madre por el modo en que se desenvuelve en ese mundo. Hoy va con su madre a la ciudad para visitar a su nana. Nadie las ha saludado desde que bajaron del tranv\u00eda, nadie las conoce aqu\u00ed. Tropiezan con muchas personas. Al llegar a un portal llaman al timbre. Esperan. Alicia mira tras la falda de su madre y su mirada se topa con unos ojos que la contemplan desde su misma altura. No ve en ellos sino tristeza. Sentada en el poyete de la entrada, una mujer vestida completamente de negro sostiene entre sus brazos a un ni\u00f1o de la misma edad que ella. La puerta de madera se abre y cruzan el umbral. Alicia no puede dejar de mirar hacia atr\u00e1s. Sonr\u00ede. Su rostro se ilumina y cree percibir un brillo en los ojos de su observadora. Alicia aun no sabe que el negro es el color del luto y que las l\u00e1grimas centellean mientras recorren el rostro.<br \/>\nNana es una persona mayor, tiene la cara surcada de arrugas. Se alegra cuando las ve entrar en su habitaci\u00f3n, y reparte besos y abrazos desde su lecho. Alicia se ilusiona cuando le dan una cajita de n\u00e1car, en su interior encuentra dos pendientes dorados con sendas perlas blancas. Sus ojos resplandecen m\u00e1s que el sol. Sale del cuarto con su tata Raquel y juegan con el regalo en el comedor. Horas m\u00e1s tarde se van. La boca de su madre perfila una sonrisa y le habla con dulzura, sus ojos le gritan llanto&#8230; Ma\u00f1ana aprender\u00e1.<\/p>\n<p>A Alicia, una gitana le ha predicho que pronto encontrar\u00e1 su estrella, y la ha encontrado en una bandera. En Cuba, unos hombres con barba han bajado de las monta\u00f1as tras dos a\u00f1os de lucha, y han tra\u00eddo esperanza a todos los desheredados del mundo. En la facultad todos hablan de ese pa\u00eds lejano, que hace tiempo fue una provincia de ultramar. Unos los tachan de forajidos, otros los exaltan como h\u00e9roes. Alicia los admira, no puede evitar opinar sobre ellos, los defiende cuando tiene ocasi\u00f3n de hacerlo, no se muerde la lengua y no permite que nadie la calle. En medio de una discusi\u00f3n acalorada ha descubierto unos ojos que la contemplan, la perturban. Tras esa mirada, descubre algo m\u00e1s que un amigo, encuentra un compa\u00f1ero, un c\u00f3mplice, un amor. Juntos imaginan un viaje a Cuba, conciben mil empresas para formar parte de la \u201cRevoluci\u00f3n\u201d, para aportar su esfuerzo. Quieren formar parte de la chispa que inicie una llama tal que abrase el mundo&#8230; Ma\u00f1ana marchar\u00e1.<\/p>\n<p>Alicia ya tiene un trabajo. Est\u00e1 muy entusiasmada con su nueva vida. Nuevos amigos, nuevos retos, nuevas ilusiones. Descubre con asombro cuanto disfruta trabajando. Sus ideas se proyectan en sus acciones. Sus acciones se proyectan en sus amigos. Alicia, sin saberlo, posee una habilidad innata: hace que la gente que la rodea se sienta bien. All\u00ed, en el trabajo, vislumbra un nuevo amor, forma una familia. Los a\u00f1os discurren felices.<br \/>\nUn d\u00eda, Alicia tropieza con la reina de corazones. El juicio es r\u00e1pido. El veredicto: culpable; la sentencia: que le corten la cabeza. Piensa en huir, pero nunca se ha rendido. En la lucha malogra un embarazo. Los amigos se convierten en compa\u00f1eros, luego en conocidos. Las ilusiones pasan a ser frustraciones. Su familia se convierte en su refugio, su trabajo en un mal menor. Los a\u00f1os transcurren lentos&#8230; Ma\u00f1ana aprender\u00e1.<\/p>\n<p>Alicia tiene un cuerpo peque\u00f1o y lo sabe. Es as\u00ed d\u00eda a d\u00eda. Acostada en su cama espera la visita de su nieta y de Isabel, su biznieta. A sus noventa y siete a\u00f1os contempla el mundo y sus habitantes absorta mientras interpreta todo cuanto le rodea. La gente sigue con el rostro serio, no como el de su madre cuando le cantaba canciones para que durmiera, o cuando le hac\u00eda cosquillas despu\u00e9s de comer; ahora sabe el porqu\u00e9. Habitualmente, suelen sonre\u00edr cuando se dirigen hacia ella, pero los ojos nunca cambian, se mantienen intratables, se conmueve por ellos. Llaman a la puerta. Alguien la abre y un torbellino de cinco a\u00f1os entra corriendo hasta el quicio de su habitaci\u00f3n. Una cabecita se asoma por la puerta. En su cara, una sonrisa que se contagia hace juego con la inocencia de su mirada. Alicia le responde con la misma sonrisa y la misma mirada. Le hace gestos a Isabel para que se acerque a la cama. La abraza y la besa. Paula, su madre, tambi\u00e9n se aproxima. Le dice algo al o\u00eddo, y antes de que pueda protestar, mete la mano bajo la almohada y saca una cajita de n\u00e1car. Isabel la abre y encuentra dos pendientes dorados con sendas perlas blancas. Alicia resplandece contemplando la escena. La peque\u00f1a sale del cuarto y se pierde de vista. Las horas pasan mientras habla con Paula. Una sonrisa se dibuja en el rostro de su nieta, pero los ojos no saben mentir y una lagrima la traiciona. Por fin la dejan sola, ya es tarde. Hace tiempo que el sue\u00f1o no le viene hasta bien entrada la madrugada, as\u00ed que aprovecha el tiempo para hablar con sus recuerdos. Lorena, su madre; Sandro, su primer amor; Carlos, el hijo que no lleg\u00f3 a nacer; y tantos otros nunca faltan a la cita. Charlan de todo un poco, de hijas que se convierten en abuelas, de viajes que nunca se completan, de amores ahogados por la distancia, de ni\u00f1os que pagan los errores de los padres. Experiencia y filosof\u00eda confundidas, vida y sabidur\u00eda fusionadas. La rueda del mundo sigue girando. Alicia se duerme. La nostalgia y el agotamiento la reclaman&#8230; Ma\u00f1ana marchar\u00e1.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alicia tiene un cuerpo peque\u00f1o, o al menos eso es lo que ella cree. Es as\u00ed d\u00eda a d\u00eda. 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