{"id":88,"date":"2007-03-23T15:05:05","date_gmt":"2007-03-23T14:05:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=88"},"modified":"2007-03-23T15:05:05","modified_gmt":"2007-03-23T14:05:05","slug":"66-tierras-de-piedras-y-ajos-por-raimundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=88","title":{"rendered":"66- Tierras de piedras y ajos. Por Raimundo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F88&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Ya hace seis a\u00f1os me trajeron aqu\u00ed motivos laborales. No ha sido tiempo bastante para acostumbrarme a llamar pueblos a las aldeas, pero si el suficiente para dejar de considerar personas a muchos de sus moradores.<!--more-->\u00a0Como llegu\u00e9 curtido, enseguida aprend\u00ed a esquivar el car\u00e1cter hura\u00f1o de estas gentes. Tard\u00e9 poco en cambiar mi forma inicial, de por si cort\u00e9s, de relacionarme con ellas. Fueron urgentes las necesidades de salir inc\u00f3lume del contacto con tanta alma m\u00edsera. He conseguido que casi nadie me quiera, pero tambi\u00e9n que sean pocos los que no me respeten. Entorno vital perfecto, porque su cari\u00f1o nunca est\u00e1 exento de inter\u00e9s, y el miedo a la represalia es el mejor remedio para evitar la agresi\u00f3n, como saben todos los que gustan ver documentales de animales y cualquiera que permanezca en uno de estos lugarejos una temporada.<\/p>\n<p>La vida en las aldeas, me resisto a darlas mayor jerarqu\u00eda, est\u00e1 enrarecida por una casta de personajes malencarados, arrugados y soberbios. Acoquinan a las buenas personas que no se atreven a enfrentarse con ellos, y recluyen en sus casas a quienes, m\u00e1s prudentes o m\u00e1s asqueados, viven ajenos a todo. Son gentes inc\u00f3modas en el trato, orgullosas de sus prejuicios y malvadas frente al d\u00e9bil. Transmisoras a sus hijos y nietos de maledicencias, resquemores y odios larvados de los que desconocen causa, sin que esto sea raz\u00f3n suficiente para no despellejar al vecino. Sin embargo, frente al extra\u00f1o pocas veces se atreven a evidenciar su xenofobia de tribu, al menos hasta que comprueban si pueden agredirle sin riesgo. Est\u00e1n dominadas por un at\u00e1vico ideario que identifica al visitante con la amenaza y sufren por la necesidad de mantenerlo vigilado. Acaso sea porque tener perder sus reba\u00f1os o que pisoteen sus huertos, como en la \u00e9poca medieval, aunque el forastero de ahora sea un turista que considere sus ovejas bichos malolientes y prefiera pasear sobre hierba, arena o asfalto antes que mancharse los zapatos entre terrones mojados y abonados con esti\u00e9rcol.<\/p>\n<p>Su catadura moral debe achacarse a la cultura migratoria, que hace a los m\u00e1s h\u00e1biles candidatos a salir escapados de los ambientes en que se criaron. Mientras logran irse, incuban las maldades que mantendr\u00e1n latentes hasta que mueran, siempre a la espera de una oportunidad para hacer da\u00f1o. Entretanto, aceptan desplantes, malos humores, desprecios y mezquindades, ya que se saben, fuera de sus cubiles, inv\u00e1lidos. Desprecian lo que desconocen y est\u00e1n dominados por la envidia. Sus h\u00e1bitos no los cambian por nada\u2026, hasta que recorren mundo\u2026, ganan el dinero suficiente para arreglar la casa de los abuelos\u2026, y ya no vuelven m\u00e1s que unos d\u00edas de vacaciones\u2026, para murmurar de los que se quedaron y vejarles con sus insidias.<\/p>\n<p>Mi trabajo consiste en comprobar que las especificaciones t\u00e9cnicas de los proyectos de edificaci\u00f3n se cumplen. Por esta raz\u00f3n visito las urbanizaciones, que en aras a la creaci\u00f3n de empleo precario y de machacar los campos cercanos a las carreteras, llenan de adosados estas tierras. Para los promotores, que dicen satisfacer las necesidades de una poblaci\u00f3n que consideran indudablemente llenar\u00e1 los adosados, y de paso justifican sus trapicheos, el negocio es rentable. Puede que tambi\u00e9n sea beneficioso para las aldeas, pues si la enga\u00f1ifa en la que sospecho vivimos se mantiene, y realmente entran los hipotecados a habitar las casitas, cambiar\u00e1 el paisaje humano. Los lugare\u00f1os perder\u00e1n las alcald\u00edas y el ambiente de inquisici\u00f3n que aqu\u00ed se respira se disipar\u00e1 junto con el clientelismo obsceno que le mantiene a\u00fan en el aire.<\/p>\n<p>No me gusta mi labor pero me pagan por ella, y en el sueldo viene incluido que cada dos por tres pernocte en el hostal m\u00e1s cercano a las obras. Padezco del est\u00f3mago y s\u00e9 que en las farmacias fuera de la capital de la provincia s\u00f3lo mantienen almacenadas las medicinas imprescindibles. Cuando necesito permanecer una o dos semanas en la misma poblaci\u00f3n, me acerco a la botica del lugar para encargar mis pastillas. Habitualmente me dicen que las tendr\u00e1n a primera hora de la tarde del d\u00eda siguiente, pero yo prefiero ir a buscarlas a \u00faltima hora y evitar tener que volver.<\/p>\n<p>Una de las primeras cosas que me sorprendieron de esta tierra es que cualquiera puede mantener un negocio abierto, aunque su personalidad sea absolutamente incompatible con el trato humano, con el \u00fanico requisito de situar el local suficientemente incomunicado. Para los paisanos, es tal la pereza a desplazarse, que aguantan de todo con tal de no acercarse a la ciudad, que por escueta que sea ha recibido la visita de la Santa Competencia, y entrar en el mundo amable del comercio. Lo m\u00e1s reciente que me ha ocurrido, y que corrobora mis anteriores asertos, fue hace poco, a mediados de febrero.<\/p>\n<p>Temprano, la niebla se hab\u00eda adue\u00f1ado de la tarde. No se pod\u00eda trabajar en el tajo, y las mediciones que deb\u00eda realizar se complicaron. Me resign\u00e9 a pasar la noche en el hotel que hab\u00eda visto a la entrada de la poblaci\u00f3n. Reserv\u00e9 habitaci\u00f3n y pregunt\u00e9 d\u00f3nde estaba la farmacia. Las indicaciones me llevaron a la plaza. Aparqu\u00e9 el coche, quise volver a preguntar pero no vi a nadie, y opt\u00e9 por seguir la calle que vi m\u00e1s ancha. Llegado a la segunda esquina adivin\u00e9 al fondo de un callej\u00f3n la cruz verde de una botica.<\/p>\n<p>La tienda era peque\u00f1a, de no m\u00e1s de nueve metros cuadrados, que inclu\u00edan el mostrador y el pasillo que utilizaba el farmac\u00e9utico. El primero estaba hecho de madera, con la cimera de la anchura de la mesa de un comedor, en ella reposaban folletos de propaganda, cepillos, untes para colorear el cabello, cremas varias, cintas de colores, pendientes, anillos, y toda suerte de art\u00edculos directamente relacionados con otro tipo de establecimiento. El pasillo era inc\u00f3modo para el p\u00fablico, al que encog\u00eda el espacio disponible, y para el propio boticario, que se perd\u00eda en su desproporci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s ocupaba sitio una b\u00e1scula de pie, de las que tambi\u00e9n tallan, un taburete de servicio para un aparato de medir la presi\u00f3n sangu\u00ednea, colocado encima de una mesilla, y un expositor con su correspondiente soporte. Estaba hecho del recorte en cart\u00f3n de la silueta, a tama\u00f1o natural, de una joven, de mediana altura, vista de frente. En la foto pegada, que anunciaba un dent\u00edfrico, cargado de cloruros, fluoruros y abrillantadores, destacaban sus dientes, en una boca exageradamente abierta, en apertura semejante a la forzada en el sill\u00f3n de un dentista. Eran blancos, perfectos y grandes. Incre\u00edbles e inhumanos. Me pareci\u00f3 que el publicista hab\u00eda exagerado hasta en su n\u00famero, pues de ser la dentadura real, dudo mucho que su desgraciada due\u00f1a pudiera cerrar la boca. Obviando lo criticado, la modelo estaba bien formada. Llevaba un vestido verde, corto y escotado que dejaba vez sus brazos. Estos, los dos, acababan en manos, como es normal. En una de ellas ten\u00eda un cepillo dental y en la otra el tubo de pasta. Cruzaba los antebrazos frente al pecho y ostentaba los art\u00edculos de aseo tal como la reina de Egipto sus s\u00edmbolos de realeza.<\/p>\n<p>Me preced\u00eda en el turno un hombre de unos treinta a\u00f1os. Se hab\u00eda vestido con prisa, zapatillas de andar por casa y camisa, bien metida por delante pero por atr\u00e1s fuera del pantal\u00f3n. A pesar del fr\u00edo de la calle no llevaba abrigo. Hablaba por el m\u00f3vil con su mujer, a la que llamaba Elenita. Por lo o\u00eddo, -ella le contestaba a gritos que se entend\u00edan todos-, padec\u00eda picores en sus intimidades. Juli\u00e1n, el marido, trataba de calmarla y de acallar sus clamores, pues era consciente que todos escuch\u00e1bamos las dolencias de Elena. Todos menos a uno, el farmac\u00e9utico.<\/p>\n<p>Este era un hombre de mediana edad, de pelo ensortijado, rubio y con indicios de calvicie en la coronilla. No levantaba la vista del mostrador y rebuscaba entre el desorden de un mont\u00f3n de recetas. Detr\u00e1s de mi, hab\u00eda entrado un viejo, que se sent\u00f3 en el taburete, se puso \u00e9l mismo la almohadilla del medidor en el antebrazo, meti\u00f3 una moneda en la m\u00e1quina, esper\u00f3 que el papelito con la lectura de la tensi\u00f3n saliera, y se coloc\u00f3 a mi lado sin mediar saludo. Poco despu\u00e9s una mujer se sum\u00f3 a nosotros. Y casi seguido otra, acompa\u00f1ada de su hijo.<\/p>\n<p>Con un: \u201c- Joder que me pica\u201d, termin\u00f3 Elena la conversaci\u00f3n. Por unos instantes, s\u00f3lo se oy\u00f3 el ruido que produc\u00eda el boticario pasando con violencia las p\u00e1ginas de un libro. Era del grosor de una gu\u00eda telef\u00f3nica de una mediana ciudad, y del mismo tama\u00f1o, forma, y calidad de papel. Sin criterio,- estoy seguro-, buscaba en las primeras y las \u00faltimas hojas, olvidando las centrales. Cuando eleg\u00eda una, se ayudaba del dedo coraz\u00f3n para no perder los renglones y los recorr\u00eda todos. A la vez hablaba sin parar. Seg\u00fan se entend\u00eda, hab\u00eda encontrado un remedio que no tendr\u00eda, \u201c- Hasta las primeras horas de la tarde del d\u00eda siguiente\u201d; y como Juli\u00e1n mostraba prisa,\u201d \u2013 Ya pod\u00eda haber venido ayer. Es usted como todos. Siempre para el final\u201d, trataba de encontrar su sustituto. Se comportaba como un autista, ajeno a nosotros y sobre todo al pobre hombre, del que no admit\u00eda r\u00e9plica.<\/p>\n<p>Recuerdo alguna de sus frases, que no todas, algo l\u00f3gico pues es complicado que queden en el cerebro tama\u00f1os absurdos.<\/p>\n<p>&#8211; La pieza que tengo. Es que no tengo. No tiene precinto.<\/p>\n<p>&#8211; M\u00e1s o menos son equivalentes. Pero necesitan receta. Como si no los tuviera.<\/p>\n<p>&#8211; Son cosas fuertes que no dejan de ser fuertes. Hay que tener cuidado con ellas. Ya se sabe.<\/p>\n<p>&#8211; \u2026con hierro amarillo&#8230; c\u00e1psulas duras\u2026 \u00a1Esta vale! No\u2026es muy fuerte. Tampoco.<\/p>\n<p>&#8211; Veinticinco euros. Una pomada. Es cara. No se la aconsejo.<\/p>\n<p>A esto \u00faltimo balbuce\u00f3 Juli\u00e1n que le parec\u00eda bien el precio. Su interrupci\u00f3n molest\u00f3 de tal forma al boticario que por espacio de cinco listados guard\u00f3 silencio. Mientras, me acerqu\u00e9 curioso al mostrador. De repente cerr\u00f3 de golpe el libro, y pude leer en la cubierta: Cat\u00e1logo de medicamentos. Consejero Plus 2006.<\/p>\n<p>&#8211; Vamos con los extranjeros &#8211; pronunci\u00f3 rotundo, sacando otro tomo, este menos grueso, al que procedi\u00f3 a maltratar como al anterior.<\/p>\n<p>&#8211; Es mejor buscarlo en Internet. Pero ya sabe\u2026a estas horas ponerse a encender los aparatos\u2026tardan un poquito. Y tenemos prisa, \u00bfno? \u2013 continu\u00f3 su mon\u00f3logo.<\/p>\n<p>En esto, son\u00f3 el tel\u00e9fono. Se entendi\u00f3 muy claramente que Elena dudada de la capacidad de su marido, por m\u00e1s que Juli\u00e1n pusiera la mano tapando la voz. Qued\u00f3 evidente cuando le llam\u00f3 imb\u00e9cil. No debi\u00f3 dolerle el insulto, que a mi juicio era acertado, pero de pura verg\u00fcenza a sus vecinos, que hab\u00edan entendido lo que de \u00e9l ella pensaba, se enfad\u00f3. \u00a1Por fin!, pens\u00e9 para mis adentros.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Me marcho! \u00a1Ya est\u00e1 bien! \u2013 se atrevi\u00f3 a medio gritar. Pero el farmac\u00e9utico le contest\u00f3 con una orden tajante.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Espere! &#8211; Ladr\u00f3, y desapareci\u00f3 tras la cortinilla que comunicaba la estancia con el almac\u00e9n.<\/p>\n<p>Tard\u00f3 un rato en volver. Juli\u00e1n ten\u00eda la mirada esperanzada. Su gesto era serio, digno, teatral, pretendiendo demostrarnos que era un hombre paciente y cabal. Pero su cara cambi\u00f3 al poco, cuando apareci\u00f3 el s\u00e1dico de la bata blanca. Hac\u00eda sonar las pastillas de una caja que hab\u00eda sacado de la rebotica, y que meneaba al lado de la oreja, deleit\u00e1ndose con el ritmo.<\/p>\n<p>&#8211; Esto es bueno. Lo mejor. Pero no lo tengo referenciado y no se lo puedo vender. Me parece que estaba encargado. No me acuerdo. No estoy seguro pero es para devolver \u2013 dijo, con una sonrisa mal\u00e9vola.<\/p>\n<p>&#8211; No. No me diga nada, &#8211; mir\u00f3 con gesto desafiante a Juli\u00e1n -, tengo un desorden atroz. Pero si es para devolver\u2026, es para devolver \u2013 acab\u00f3.<\/p>\n<p>Se parapet\u00f3 tras el mostrador. Fij\u00f3 la mirada en un punto de la pared, detr\u00e1s del pobre hombre, un palmo por encima de su cabeza. Luego, lentamente lade\u00f3 la suya buscando la sonrisa c\u00f3mplice de la faraona del cartel. La encontr\u00f3 y permaneci\u00f3 entusiasmado. As\u00ed estaba cuando son\u00f3 otra vez el m\u00f3vil.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya hace seis a\u00f1os me trajeron aqu\u00ed motivos laborales. 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