{"id":80,"date":"2007-03-21T19:47:46","date_gmt":"2007-03-21T18:47:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=80"},"modified":"2007-03-21T19:47:46","modified_gmt":"2007-03-21T18:47:46","slug":"59-las-tres-gracias-por-rubens","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=80","title":{"rendered":"59- Las tres gracias. Por Rubens"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F80&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">El cartel anunciaba una marca de ron cubano. Desde que lo vio por primera vez, mientras desayunaba en la cafeter\u00eda junto a la oficina, sus ma\u00f1anas huyeron de la rutina.<!--more-->\u00a0Cada d\u00eda buscaba el sitio adecuado para sentarse y contemplarlo a placer; lo hab\u00edan colocado en un lugar donde apenas destacaba \u2014junto a la puerta posterior\u2014, cuando deber\u00edan haberlo enmarcado y ponerlo en un altar. \u00a1Mejor as\u00ed!, sin competencia para observarlo; y tampoco tendr\u00eda que escuchar los comentarios soeces de algunos clientes. Que nadie lo enturbiara con su obscena o indiferente mirada.<br \/>\nEl cartel no exhib\u00eda colores llamativos, ni siquiera resaltaba las letras de la bebida que promocionaba; pero sus creadores deb\u00edan ser unos magos, pues el mensaje era tan ardiente y excitante como el ron anunciado en \u00e9l. Muchos bebedores se apresurar\u00edan a tomarlo, solo por el gancho de aquel dise\u00f1o tan art\u00edstico.<br \/>\nAquellos tres espl\u00e9ndidos cuerpos de mujeres, fotografiadas de espaldas y apoyadas en la barra de un bar, se mostraban naturales, sin retoque de ordenador ni truco de fot\u00f3grafo que las hiciera parecer de pl\u00e1stico. Estaban muy juntas, c\u00f3mplices del placentero momento que compart\u00edan, con vestidos similares y zapatos de tac\u00f3n alto de aguja. La seda de tonos metalizados, plata y oro, se ce\u00f1\u00eda como una segunda piel, envolviendo sus rotundas y generosas curvas, y dejaba al descubierto los hombros y brazos, para resaltar sus bronceados. Las tres eran de cabellera morena y piel canela, no quedaba lugar a dudas de su origen caribe\u00f1o. Los vestidos, prendidos en los hombros, recalaban en las bah\u00edas de sus estrechas cinturas y acariciaban voluptuosamente aquellos redondos planetas de sus nalgas. La tela, m\u00e1s abajo, ca\u00eda en un \u00fanico y liger\u00edsimo pliegue resaltando al aire las hermosas y torneadas piernas.<br \/>\nNinguna top-model hubiera podido competir con el erotismo y la sensualidad que emanaba de aquel cartel fascinante. Pens\u00f3 con nostalgia que hac\u00eda mucho tiempo que su compa\u00f1era no usaba vestidos atractivos ni ropa interior sexy, ni siquiera en la intimidad; era muy friolera y sus camisones \u201cde cuello vuelto\u201d \u2014seg\u00fan la expresi\u00f3n que le oy\u00f3 un d\u00eda cuando hablaba con una amiga\u2014 estaban confeccionados con una tela afelpada, bastante \u00e1spera por los lavados. No recordaba cu\u00e1ndo la coqueter\u00eda hab\u00eda desaparecido de sus armarios. El deseo se hallaba hibernando en naftalina. Admit\u00eda que se quer\u00edan, pero echaba de menos aquella chispa de pasi\u00f3n de los comienzos. Cuando iba por el segundo caf\u00e9, se le amotin\u00f3 el deseo. Con des\u00e1nimo volvi\u00f3 a la rutina del trabajo, esperando un milagro cuando regresara a casa.<br \/>\nSus relaciones amorosas se hab\u00edan convertido en una especie de forcejeo apacible, m\u00e1s propio de un ejercicio de gimnasia. Ya no hablaban de los viejos tiempos, en los que el sexo dejaba a la pareja exhausta y donde la imaginaci\u00f3n recurr\u00eda a las fantas\u00edas m\u00e1s atrevidas: el champ\u00e1n ca\u00eda en cascada por los senos y desaguaba en la suave vellosidad que la esponja de su boca absorb\u00eda, los ba\u00f1os compartidos entre esencias y velas arom\u00e1ticas, las apasionantes veladas en la cocina con toda la nevera al servicio de los sentidos\u2026 Ahora, el preludio de sus noches era monocorde y rutinario. La pareja se hab\u00eda resignado a sentir como la gente que ya lleva muchos a\u00f1os juntos: , sol\u00eda escuchar. Sin embargo, desde que descubri\u00f3 el cartel fantaseaba con frecuencia y notaba un cosquilleo a la altura de los ri\u00f1ones, que se aplacaba con la \u00faltima calada del cigarrillo antes de volver a la oficina; y, m\u00e1s tarde, al darse la vuelta en el lecho.<\/p>\n<p>Cada ma\u00f1ana se preguntaba cu\u00e1l de las tres gracias caribe\u00f1as \u2014as\u00ed las llamaba\u2014 ser\u00eda m\u00e1s guapa, c\u00f3mo ser\u00edan sus ojos, la carnosidad coralina de sus labios, el arranque de sus pechos, los escotes insinuantes\u2026 Aunque, al ser tan parecidas por detr\u00e1s, quiz\u00e1 tambi\u00e9n fueran semejantes por delante. Pero lo que de verdad importaba era lo que mostraba la foto, bastaba dejarse seducir por cada uno de esos hombros desnudos, por esas nalgas enguantadas en seda, por esas piernas que ergu\u00edan sobre tacones de aguja&#8230;; casi pod\u00eda adivinar el contoneo del baile de sus caderas\u2026 Hab\u00eda le\u00eddo acerca de los viajes que algunas agencias organizaban a los pa\u00edses del Caribe. El inter\u00e9s de los viajeros por esos destinos era el turismo sexual. \u00bfQu\u00e9 placeres obtendr\u00edan con esas hembras de sol y miel, y qu\u00e9 podr\u00edan ense\u00f1ar ellas que aqu\u00ed no se hubiera experimentado? Quiz\u00e1s un sexo m\u00e1s permisivo, m\u00e1s libertino, m\u00e1s desinhibido.<\/p>\n<p>Se preguntaba por qu\u00e9 el cartel retrataba a tres mujeres\u2026 \u00bfAcaso no hab\u00eda sido tema recurrente en los pintores? Desde muy joven, cuando visit\u00f3 el Museo del Prado, le llam\u00f3 la atenci\u00f3n el cuadro \u201cLas Tres Gracias\u201d de Rubens. Aunque siempre pens\u00f3 que le sobraban carnes, ya capt\u00f3 en las hijas del dios Zeus y de la ninfa Eurymone la delicadeza de aquellos cuerpos de carnes perladas, amorosamente enlazados con los brazos, el velo y las miradas de las muchachas. Para reflejar la sensualidad, Rubens pint\u00f3 las siluetas con l\u00edneas sinuosas, que resaltaban el moldeado de sus carnes y les confer\u00edan morbidez y frescura. Ya el pintor Rafael hab\u00eda realizado con anterioridad un cuadro de las tres Gracias, en el que se inspir\u00f3 Rubens; pero en aquella composici\u00f3n las mujeres se muestran m\u00e1s fr\u00edas y distantes, son de una belleza cl\u00e1sica. Quiz\u00e1 tres mujeres pueden ser perfectas para un tri\u00e1ngulo amoroso \u2014reflexionaba\u2014. S\u00f3lo dos ser\u00eda fuente de conflictos, por la rivalidad y celos entre ellas. En su vida amorosa tuvo experiencias sexuales con dos mujeres a la vez, y reconoc\u00eda que hab\u00edan terminado mal. Pero quiz\u00e1 tres fuera el n\u00famero perfecto. Si hasta lo pintaban los artistas\u2026<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana entr\u00f3 en el bar para desayunar y no estaba el cartel. Pregunt\u00f3 a la camarera y \u00e9sta dijo que unas feministas hab\u00edan venido con una orden del juzgado, en la que se prohib\u00eda porque atentaba contra la dignidad de la mujer al considerarla un objeto sexual. Aquel d\u00eda no tom\u00f3 caf\u00e9 y recorri\u00f3 todos los bares de las calles pr\u00f3ximas con la esperanza de que quedara alguno olvidado por la inexplicable censura. \u00a1C\u00f3mo alguien pod\u00eda considerar aquellas bellezas retratadas como algo que se pudiera prohibir! La Humanidad estaba perdiendo el gozo por los sentidos, el placer de las sensaciones\u2026 A este paso, se tendr\u00edan que resignar a contemplar los escarceos amorosos de los pavos reales, o de los papagayos en la tele; o, acaso, estos censores pondr\u00edan el coito de las hienas como modelo a imitar: s\u00f3lo una vez al a\u00f1o y encima se r\u00eden.<\/p>\n<p>Esa noche de invierno, despu\u00e9s de ver la pel\u00edcula de la tele, la pareja se prepar\u00f3 para acostarse. Alicia se entretuvo en el ba\u00f1o m\u00e1s de lo habitual; mientras se lavaba los dientes recordaba con rabia el secuestro del cartel. Cuando regres\u00f3 al dormitorio, la recibi\u00f3 una tenue atm\u00f3sfera producida por velas arom\u00e1ticas que exhalaban un perfume a azahar, su preferido. Entr\u00f3 en la cama y se sorprendi\u00f3 gratamente al ver que su compa\u00f1era no se hab\u00eda puesto el habitual camis\u00f3n de felpa, sino que luc\u00eda uno de raso color marfile\u00f1o, como el de Kim Basinger en Nueve semanas y media, que tanto le fascinaba. Laura dej\u00f3 la revista que estaba leyendo, Alicia se acurruc\u00f3 a su lado y roz\u00f3 la suave tela con sus manos, las desliz\u00f3 uniendo sus brazos desnudos a los de su amiga, como si fueran uno s\u00f3lo, y aspir\u00f3 el perfume de su cabello al hundir su boca en \u00e9l. Aproxim\u00f3 con voluntad decidida sus pies ateridos y desamparados a los de su compa\u00f1era, desnudos y tibios. Fue recorriendo con sus dedos el suave empeine, la p\u00e9trea concavidad de las u\u00f1as, cosquille\u00f3 la blanda y arrugada planta y lim\u00f3 el borde del \u00e1spero tal\u00f3n. Poco a poco, sus pies, antes dormidos y sin conciencia de los l\u00edmites, fueron despertando con un ligero calorcillo.<br \/>\n\u2026 Lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s forma parte de los sue\u00f1os. Ambas dibujaron sobre el lienzo de sus cuerpos las tres Gracias de Rubens, las del excelso Rafael y las de las tres caribe\u00f1as, que Alicia convoc\u00f3 al lecho, y que tomaron cuerpo a trav\u00e9s de los susurros amorosos que verti\u00f3 en el o\u00eddo de la amante-amiga. Derribaron las barreras que tantos prejuicios hab\u00edan levantado, instal\u00e1ndose en sus vidas. Cada dedo se hizo pincel: siluete\u00f3 curvaturas, deline\u00f3 el claroscuro de sus caderas y dise\u00f1\u00f3 la abundante pradera que acoger\u00eda su deseo. Ninguna pregunt\u00f3 el por qu\u00e9 del arrebato y se dej\u00f3 llevar por el milagro. Y se sumergieron en un mar brav\u00edo que las deposit\u00f3, m\u00e1s tarde, suavemente en una dorada orilla&#8230; Sobre el suelo, la revista ca\u00edda mostraba en su contraportada el cartel de las tres Gracias caribe\u00f1as.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cartel anunciaba una marca de ron cubano. 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