{"id":77,"date":"2007-03-21T19:36:45","date_gmt":"2007-03-21T18:36:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=77"},"modified":"2007-03-21T19:36:45","modified_gmt":"2007-03-21T18:36:45","slug":"56-con-olor-a-regaliz-por-hecate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=77","title":{"rendered":"56- Con olor a regaliz. Por H\u00e9cate"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F77&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Me pregunto si diecisiete d\u00edas son suficientes para una despedida, o quiz\u00e1s si son demasiados cuando llegan as\u00ed, de repente, sin pedir permiso, lanzados desde la cuadrangular esfera de un reloj imposible, en el que las horas se estrechan en un ritmo de auroras desbocadas.<!--more--><br \/>\nDiecisiete d\u00edas con sus diecisiete noches, diecisiete lunas irremediables que estiraban su reguero blanco a lo largo de un cielo de cera, espeso y apretado que no quer\u00edamos mirar, un cielo perdido entre la marejada insalvable de cientos de nubes de cereza que deszumaban la \u00fanica realidad posible.<br \/>\nEra abril, comenzamos a andar muy despacio ara\u00f1ando el fr\u00edo de esa primavera retrasada que hab\u00eda hecho enmudecer a los almendros. Yo empec\u00e9 a contar uno a uno los adoquines extendidos bajo mis pies, en el intento vano de mantener mi cabeza ajena a las palabras reci\u00e9n escuchadas. Encendimos un cigarrillo a medias calle abajo, esperando, sin decirlo, que aquel humo transparente y huidizo nos llevara muy lejos, lejos de aquella calle sin nombre, de aquel silencio, de aquellos bodoques que se iban hilando en el aire, tan lejos como pudiera, sobre todo muy lejos de aquel taxi que en pocos instantes pondr\u00eda en marcha un tac\u00f3metro galopante, registrando el tiempo que mediaba entre la vida y la vida sin ti.<br \/>\nQuisiste detenerte en casa. No te hab\u00edas llevado nada m\u00e1s que las llaves desdobladas en el bolsillo y un presentimiento huidizo carcomi\u00e9ndote la planta de los pies, era la excusa perfecta, la raz\u00f3n que necesitabas para tener que volver, como si hubieras intuido desde el principio lo que iba a ocurrir. Yo no quise parar, ahora lo lamento, fue el miedo, la sombra paralizante y estr\u00e1bica del miedo lo que me hizo negarte el volver all\u00ed, a tu casa, a tu peque\u00f1o rinc\u00f3n, a los templados boleros que siempre andaban bailando el aire, a las buganvillas violetas que rizaban la terraza. De d\u00f3nde sacar las fuerzas necesarias para entrar y salir como si no pasara nada de tu habitaci\u00f3n sabiendo que lo que esperaba afuera, a la vuelta de la esquina, era la sin raz\u00f3n de un adi\u00f3s atragantado en un hospital cualquiera.<br \/>\nNo insististe, me conoc\u00edas demasiado bien. En los tres cuartos de hora que dur\u00f3 el trayecto tus pupilas se aferraron a mis ojos volcando un mar entero de aguas azules en mi rostro, vaciando la sal de miles de agujas en ese espacio que empezaba a desmoronarse, y yo mientras rezaba, en silencio, sin mirarte, para que aquel coche, que atravesaba a trompicones Madrid, nos devolviera alguna vez al trepar p\u00e1lido de las buganvillas.<br \/>\nPodr\u00eda llenar folios y folios escribiendo sobre aquel duelo que sobrevol\u00f3 el aire asfixiando cualquier esperanza, de esos pocos d\u00edas que el destino nos dej\u00f3 como migajas desperdigadas en las palmas de las manos, de los gestos mudos, de lo mucho que dijimos, sin necesidad de palabras en la quietud de aquella habitaci\u00f3n albina y desconcertante. Podr\u00eda decirte que te quiero m\u00e1s que a nada y m\u00e1s que a nadie, que cada uno de los minutos que pasaban iban marcando una cruz insalvable en un calendario cuyos n\u00fameros iban marcha atr\u00e1s ; m\u00e1s no lo har\u00e9, hoy prefiero recordar aquel verano con olor a regaliz que me ense\u00f1\u00f3 como eras, que me hizo quererte.<br \/>\nElla se march\u00f3. No recuerdo bien el mes, ni la estaci\u00f3n del a\u00f1o, ni si hac\u00eda fr\u00edo o calor, no podr\u00eda precisar si era de d\u00eda o de noche, ni siquiera en qu\u00e9 lugar de la casa me encontraba cuando escuch\u00e9 al cerrarse, el crujir violento de la puerta, s\u00f3lo s\u00e9 que aquel sonido sordo y hueco penetr\u00f3 en mi cabeza como un maremoto de espumas plomizas y que cuando la memoria me arrastra de nuevo su olvido, vuelvo a ser la misma ni\u00f1a asustadiza que sin saberlo vio flotar entre sus manos los peque\u00f1os peces de colores que a\u00fan jugueteaban dentro de su pecera.<br \/>\nFueron d\u00edas de dolor, pero no de ese dolor que se puede gritar hasta que la garganta se desgarra, era un dolor seco y amargo, punzante, fronterizo entre la locura y la realidad, era un dolor traspasado, err\u00e1tico, aquel que s\u00f3lo puede surgir de la espera, del callar, del no entender, de toda la desesperanza junta.<br \/>\nMam\u00e1 no volvi\u00f3. Su enfermedad la hizo huir de toda la cotidianeidad que hasta ahora la hab\u00eda mantenido a nuestro lado. Pasaban los minutos, los meses, los a\u00f1os y nunca regresaba con su delantal cargado de nueces a la hora de la cena y su irracional obsesi\u00f3n por ordenar la mesa reci\u00e9n puesta, sus dedos mov\u00edan una vez tras otra los platos, vasos y cubiertos hasta que quedaban equidistantes, perfectamente alineados bajo el mantel de manzanas rojas.<br \/>\nTardamos en acostumbrarnos, fue una eternidad, un vivir en el infierno, un saberme muy peque\u00f1a y a la vez muy grande, un perder en un segundo los lazos que se enroscaban en mi pelo.<br \/>\nEl olor a regaliz era mi olor preferido en aquellas largas tardes, en el que la oscuridad se hab\u00eda impuesto sin que ninguno de los dos fu\u00e9ramos conscientes de ello. Sentada sobre tu sill\u00f3n, con las rodillas clavadas en la cara, trenzaba mi mirada a lo ancho de las cuatro paredes color crema, intentando extender la soledad m\u00e1s all\u00e1 de mis pies y mis u\u00f1as carcomidas. Con una lentitud pasmosa desmembraba el regaliz sacando las tiras amargas, chupando con ah\u00ednco ese trozo de golosina pegajosa que me dejaba la lengua cuarteada. Era tu olor, el olor del regreso a casa, el sabor dulz\u00f3n de tus besos columpi\u00e1ndose en mi mejilla, el verde de tus ojos cuando retirabas el pelo de mi frente, el sonido de tus palabras al decirme que no me preocupara&#8230;<br \/>\nY c\u00f3mo no refugiarme en ti, y c\u00f3mo no entenderla a ella. Mis catorce a\u00f1os luchaban por ir sobreviviendo en un presente que no se aven\u00eda a razones. Apilaba en el duermevela de mis noches las risas que irisabas con tus brazos, y siempre t\u00fa y despu\u00e9s t\u00fa, a mi lado, detr\u00e1s, delante pero siempre cerca, sofocando mis l\u00e1grimas, disfrazando mis dudas, desdoblando las certezas con tu especial manera de esperar.<br \/>\nCrec\u00ed con todo ese olor a regaliz cosido al dobladillo de mi falda, hilvanado a mis sentidos y sobre todo aprend\u00ed a vivir con esos ojos tuyos llenos de miles de aguas azules verti\u00e9ndose en mi rostro, que dec\u00edan siempre y sin descanso -No te preocupes, el tiempo no se queda con nada, volver\u00e1-.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me pregunto si diecisiete d\u00edas son suficientes para una despedida, o quiz\u00e1s si son demasiados cuando llegan as\u00ed, de repente, sin pedir permiso, lanzados desde la cuadrangular esfera de un reloj imposible, en el que las horas se estrechan en un ritmo de auroras desbocadas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-77","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/77","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=77"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/77\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=77"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=77"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=77"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}