{"id":72,"date":"2007-03-21T19:01:47","date_gmt":"2007-03-21T18:01:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=72"},"modified":"2007-03-21T19:01:47","modified_gmt":"2007-03-21T18:01:47","slug":"51-el-cruce-por-cruzado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=72","title":{"rendered":"51- El cruce. Por Cruzado"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F72&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">\u201cDe nuebo: m\u00e1s choros son los encuentros en el tiempo\u201d, enfatiz\u00f3 el Lolo; los dem\u00e1s alzaron las copas y dijeron \u201csalud por todos los encuentros\u201d. <!--more-->Ni por un momento dudaban de la democracia, neologismo a medio usar, algo gastado ya.<\/p>\n<p>Se celebraba la reuni\u00f3n anual de los ex alumnos, consistente en una cena. A\u00f1o tras a\u00f1o merm\u00f3 la asistencia. Quienes no se hab\u00edan largado a otras tierras, estaban bajo ellas, si no desparramados en cualquier hueco del pa\u00eds. De los veinte del primer a\u00f1o, ocho eran los regulares. Hoy vinieron tres.<\/p>\n<p>El Lolo abandon\u00f3 los estudios de filosof\u00eda a ra\u00edz de una depre que le com\u00eda el coco, inflamaba el cutis, y, sobre todo obligaba a pensar en la Amelia, siendo que ella miraba a trav\u00e9s de \u00e9l igualito que cuando vitrineaba por joder.<\/p>\n<p>Pepe Horchata, apodo ir\u00f3nico en vista de los hervores sangu\u00edneos al ver perder al Colo-Colo ante la \u201cU\u201d y cuando intercambiaba pareceres con la polic\u00eda, donde indefectiblemente llevaba la peor parte, trabajaba en la exportaci\u00f3n de camarones deshidratados y viv\u00eda a lo grande despu\u00e9s de varios lustros de andar a palos con el \u00e1guila y no ver una. Horacio, el Cola de Chancho, por la tradici\u00f3n de llegar tarde a lo que fuera, viv\u00eda de pr\u00e9stamos, cuando no de lo que aportaba la fortuna y de trabajitos que sal\u00edan y se perd\u00edan a id\u00e9ntica velocidad, sin tomarse la molestia de avisar cu\u00e1ndo volv\u00edan. En el Cerro Alegre se desarrollaba su existencia, ni por \u00e9sas al comp\u00e1s de la alegr\u00eda.<\/p>\n<p>\u201cMira, \u00f1ato, los encuentros geogr\u00e1ficos no garantizan nada. Bos y ella pasan por aqu\u00ed, bos la mirai, ella no te be. \u00bfEstamos? Los encuentros en el tiempo, en cambio, coordinan las almas. \u00bfDe qu\u00e9 te sirbe tenerla a cent\u00edmetros si segu\u00eds siendo inbisible? \u00a1No sirben!\u201d, peror\u00f3 el Lolo. \u00a1Chis! \u00bfY qui\u00e9n est\u00e1 sirbando?\u201d, acot\u00f3 Pepe Horchata muerto de la risa.<\/p>\n<p>Pasadas las diez se abrieron los caminos. Pepe Horchata y el Cola de Chancho se alejaron dibujando zetas de tanto ponerle entre pera y bigote. El Lolo los contempl\u00f3 un rato. \u201cHasta el a\u00f1o que viene\u201d, articul\u00f3 la mera agitaci\u00f3n de labios.<\/p>\n<p>\u201cDarling, wake up! It\u2019s about time to&#8230;\u201d, anunci\u00f3 una voz entusiasta camino de la cocina. De una nevera color crema, sac\u00f3 tres lonjas de tocino, dos huevos, un tomate y dos salsichas enrojecidas. Arthur entr\u00f3 al ba\u00f1o, abri\u00f3 la claraboya, hizo los ejercicios para mantener tiesos los abdominales, m\u00e1s que nada en su sitio, verific\u00f3 el tono muscular de los b\u00edceps y determin\u00f3 lucir barbita. El espejo de marco dorado esparci\u00f3 su cara en una sala amplia, dotada de ba\u00f1era en forma de concha de osti\u00f3n, fuera de spa, en la cual sol\u00eda retozar horas en tiempos de estr\u00e9s. A la salida se hallaba el ropero verde claro, donde un surtido de trajes aguardaba la hora de ser usado. Del rinc\u00f3n destinado a los zapatos, levant\u00f3 el par que iba a tono, se visti\u00f3 tarareando la \u00faltima de Elton Jones y vir\u00f3 la cabeza al o\u00edr que Rose Mary, su mujer, le recordaba la cena en casa de Helen.<\/p>\n<p>En otro tiempo soterraba esta ma\u00f1ana de invierno en que el Lolo, hasta las narices de todo, de \u00e9l mismo en primer t\u00e9rmino, si hoy mismo acortaba el calvario, s\u00e1bado viciado por presencias indeseables y ausencias cr\u00f3nicas, como lo pueden ser la falta de pan, de algo que ponerle encima, t\u00e9, az\u00facar, gas, y electricidad, en que se preguntaba la forma de enga\u00f1ar las tripas. Menos mal que anoche cen\u00f3 por tres. Ya no se atrev\u00eda a dar nuevos sablazos, para ser exactos le deb\u00eda a medio mundo. En cuanto al tel\u00e9fono, estaba de adorno.<\/p>\n<p>Antes de despedir a Arthur, Rose Mary, la rubia de apetecible figura, revestida en bata de seda roja, le encarg\u00f3 traer un garfio fuerte, del cual pensaba colgar la planta ex\u00f3tica que hab\u00eda adquirido hace poco en el mercadillo de Paddington. Vista a la ensenada ten\u00eda el departamento de tres ambientes, producto de una h\u00e1bil transacci\u00f3n, ante todo de la imposibilidad de cancelar deudas el due\u00f1o anterior, quien acab\u00f3 sus d\u00edas en un asilo para menesterosos.<\/p>\n<p>En una tienda, que los vidrios del exterior anunciaban discretamente, se le\u00eda en negro y dorado \u201cReal State Arthur Rogers\u201d. Saludados los vecinos, sac\u00f3 el manojo de llaves, destrab\u00f3 las cerraduras, encendi\u00f3 las luces y accion\u00f3 la contestadora autom\u00e1tica al paso que volv\u00eda a tarear la melod\u00eda de esta ma\u00f1ana. A las diez envi\u00f3 a Charly al centro comercial en North Sydney y le encarg\u00f3 dos garfios de acero, adem\u00e1s de dos metros de nylon resistente.<\/p>\n<p>Si no fuera por la Amelia, compa\u00f1era de curso y amor plat\u00f3nico en uno, durante tres a\u00f1os de filosof\u00eda, a quien enviaba mensajes de amor por las noches y miradas l\u00e1nguidas en la sala, ya hubiera puesto fin el Lolo a una vida compuesta de golpes chicos, medianos y grandes.<\/p>\n<p>Puso fin a la esperanza divisarla del brazo de un personaje moderno, ver la hinchaz\u00f3n del vientre, sacar la cuenta que, de aqu\u00ed a tres meses, era madre y recalentar el proyecto. \u00bfQu\u00e9 perd\u00eda despu\u00e9s de todo? \u00bfLa vida? Hace tiempo que no le pertenec\u00eda. Fuerzas superiores a \u00e9l, se la arrastraban d\u00eda y noche. Al menos esta determinaci\u00f3n estaba a\u00fan en sus manos. Adi\u00f3s mundo jodido y jodedor. Nada perd\u00eda con morir por decisi\u00f3n propia. Si el presente se agrietaba, y por las raspaduras \u00fanicamente afloraba el pasado, la mano de estuco siguiente, destinada a cubrirlas, iba a arreglar la situaci\u00f3n hasta surgir las pr\u00f3ximas fisuras. Hoy mismo se apertrechaba de un buen garfio y dos metros de cuerda \u201cmade in afuera\u201d. Al puerto fue a comprarla. En palabras del vendedor, colgaba una vaca y no se romp\u00eda.<\/p>\n<p>A las once llam\u00f3 Susan. Entre otras cosas quer\u00eda saber qu\u00e9 ten\u00eda planeado para esta tarde. Quedaron al mediod\u00eda en el restaurante de siempre. A las doce y media se aperson\u00f3 en su oficina la joven casta\u00f1a de figura atl\u00e9tica, ap\u00f3stol de la alimentaci\u00f3n macrobi\u00f3tica, salvo cuando la invad\u00edan las ganas de almorzar en compa\u00f1\u00eda de Arthur en el Taj Mahal. Lo primero que hizo fue indicarle en el reloj de pulsera que ya eran m\u00e1s de las doce y media. Deshecho en disculpas, se dej\u00f3 abrazar por la chica que hab\u00eda apagado el letrero de ne\u00f3n, volteado el letrero a \u201ccerrado\u201d, echado llave por dentro, apenas hubo transpuesto el umbral. En virtud del apuro de ella, se dej\u00f3 conducir al saloncito de los clientes bien forrados y la complaci\u00f3 por detr\u00e1s y por delante, movidas que arrancaron chillidos gozosos en la joven. Acto seguido, se visti\u00f3 y un poco de agua fresca por aqu\u00ed, una manito de perfume por all\u00e1, devolvieron la sobriedad. \u201cEntonces, nos vemos ma\u00f1ana\u201d, a\u00f1adi\u00f3 Susan, m\u00e1s esperanzada que ayer, al marcharse.<\/p>\n<p>El Lolo se subi\u00f3 a la escalera de madera vieja que le hab\u00eda facilitado el maestro Artemio, el pintor del barrio, verific\u00f3 que la extensi\u00f3n a la casa del maestro estaba en orden, compar\u00f3 broca y di\u00e1metro del garfio y perfor\u00f3 el cielo raso. Una vez introducido, lo atornill\u00f3 a tope en el agujero, desliz\u00f3 la cuerda importada, e hizo un lazo, donde introdujo el cuello. No fue necesario librarse de la escalera, visto que se rompi\u00f3 un pelda\u00f1o y qued\u00f3 colgando. Si era cierto lo que contaban, de a una ve\u00eda las instant\u00e1neas de una vida cretina, procesi\u00f3n de cosas que se dijeron y se descartaron no bien volvieron a cerrarse esos labios que mejor se nutr\u00edan de asuntos baratos, y mediocridades a gusto del consumidor moderno.<\/p>\n<p>Cuando Arthur recibi\u00f3 la llamada del banco confirmando el otorgamiento del cr\u00e9dito que ascend\u00eda a diez millones de d\u00f3lares, supo que era una persona importante. Propietario de veinte inmuebles, representaba adem\u00e1s los intereses de 30 VIP\u2019s. D\u00eda exitoso, en que alquil\u00f3 diez penthouses, y vendi\u00f3 dos casas junto a la playa. A las diez era la parrillada en cada de Helen y Jim. Antes s\u00ed deb\u00eda perforar el cielo raso y empotrar un garfio resistente en casa; despu\u00e9s de la fiesta ni pensarlo.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que Helen se iba a hacer la tonta al verle y aguardar el momento propicio. En la \u00faltima fiesta se la mand\u00f3 al pecho en la alacena del s\u00f3tano. Dijo ella que la buj\u00eda no quer\u00eda funcionar, ten\u00eda mucho miedo y Jim estaba pendiente de la parrilla. Arriba, recostados en el c\u00e9sped, estaban los invitados en honor a una transacci\u00f3n de Arthur que hizo crecer la cuenta bancaria de Helen y las ganas de pertenecerle donde le bajara el entusiasmo. Ni alcanzaron a cerrar la puerta.<\/p>\n<p>El Lolo se vio en la cuna, oy\u00f3 pelear a sus padres, vio a su padre llevar a su t\u00eda a la cama, despu\u00e9s fundirse con la plata, conforme su madre lo abandonaba en casa de una pariente lejana que se mor\u00eda de las ganas de tener ni\u00f1os. El jard\u00edn infantil, la primaria y secundaria, la vez que dio el bachillerato, las pololas iniciales, despu\u00e9s las actividades izquierdistas en la universidad porque anhelaba vivir en un mundo mejor, el hombre nuevo, desfilaron ante sus ojos. El colmo de la ridiculez, si no una tomada de pelo, fue verse junto a una rubia despampanante, tomar conciencia de que era su mujer, que le llov\u00edan las mujeres, viv\u00eda en un departamento de pel\u00edcula con vista al mar, y no en una pocilga, de la cual lo lanzaban a la calle el d\u00eda menos pensado por deber tantos meses, y que estaba m\u00e1s solo que la una. Hasta la muerte se burlaba de su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Rose Mary acerc\u00f3 la escalera de aluminio, le pas\u00f3 el taladro, el juego de brocas, desenrroll\u00f3 la cuerda. Cuando Arthur perforaba el agujero, son\u00f3 el tel\u00e9fono. Como hac\u00eda sol, decidi\u00f3 atenderlo en la terraza. En tanto Rose Mary se entregaba a los cotorreos vespertinos, atornillaba Arthur el garfio, deslizaba la cuerda por \u00e9l, formaba un lacito. No fuera a enredarse de nuevo, la deposit\u00f3 encima del hombro y dio el primer tir\u00f3n. Faltaba consistencia. Algo hab\u00eda en la rosca del garfio que no funcionaba de la forma prevista. Subi\u00f3 unas gradas y dio el segundo apret\u00f3n seguido de un tir\u00f3n. Tampoco qued\u00f3 satisfecho. Resolvi\u00f3 afianzarlo hasta no m\u00e1s. En ese momento vio a un ser ajeno a sus experiencias en v\u00edas de perder la vida. Lejos se ve\u00eda, sin embargo, demasiado cerca de \u00e9l, sensaci\u00f3n tanto m\u00e1s abstrusa, cuanto que \u00e9l era rico, y \u00e9se bicho suspendido del cielo raso, era m\u00e1s pobre que las ratas.<\/p>\n<p>No pod\u00eda ser real lo que estaba viendo. Seguramente tom\u00f3 mucho vino al almuerzo, despu\u00e9s al firmar el convenio, ya que \u00e9l era un australiano nacido en Sydney, de padres ingleses, titular de siete cuentas en los bancos principales, y el t\u00edo \u00e9se, lo m\u00e1s probable un inmigrante del sur de Europa o un sudamericano, no ten\u00eda donde caerse muerto.<\/p>\n<p>Realidad o fantas\u00eda, la cosa es que realiz\u00f3 un movimiento de seguro torpe, o, poco afortunado, y el lacito que iba a sujetar del techo la planta ex\u00f3tica, por esos caprichos de la vida oprim\u00eda ahora su garganta impidiendo el habla y recuperar terreno, ya que sin querer hab\u00eda dado una patada a la escalera y su cuerpo oscilaba de izquierda a derecha.<\/p>\n<p>Al cabo de unos minutos se rompieron ambas cuerdas, Arthur y Horacio regresaron a la vida. Mientras la versi\u00f3n australiana pensaba interponer ma\u00f1ana mismo una demanda por fraude, desinformaci\u00f3n y poca calidad del producto, la chilena agregaba este fracaso a una lista demasiado extensa como para hablar de lista. Total, uno m\u00e1s, uno menos, qu\u00e9 importaba a estas alturas.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cDe nuebo: m\u00e1s choros son los encuentros en el tiempo\u201d, enfatiz\u00f3 el Lolo; los dem\u00e1s alzaron las copas y dijeron \u201csalud por todos los encuentros\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-72","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/72","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=72"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/72\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=72"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=72"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=72"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}