{"id":69,"date":"2007-03-21T18:36:10","date_gmt":"2007-03-21T17:36:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=69"},"modified":"2007-03-21T18:36:10","modified_gmt":"2007-03-21T17:36:10","slug":"48-la-ultima-sesion-por-dante-aciago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=69","title":{"rendered":"48- La \u00faltima sesi\u00f3n. Por Dante Aciago"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F69&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Nelson Noches deja caer su cuerpo, pesadamente, sobre la agrietada butaca de cuero e intenta estirar sus piernas perezosamente.<!--more-->\u00a0Le duelen. La humedad, musita descorazonado. La humedad y los a\u00f1os, concluye. Se reincorpora un poco para frotarse las rodillas pero se queda a medio camino. Exhala un entrecortado suspiro que huele a remordimientos enmohecidos. La espalda tambi\u00e9n le duele. Se recuesta sobre el gastado respaldo, la espuma cruje. Intenta pensar en algo digno de ese momento, pero no lo consigue.<br \/>\nLa pantalla est\u00e1 oscura, inalcanzable, potencialidad de un quim\u00e9rico sue\u00f1o que puede llegar a ser. Unas pocas cabezas seniles sobresalen de las butacas como grotescos hongos ovalados entre hierbajos de pl\u00e1stico y cuero refulgentes. Cabezas solitarias, inanimadas, meditativas, seguramente sin contenido, que miran directamente al frente sin balancearse. Deformes huevos que flotan sobre una antigua bruma m\u00e1gica compuesta de chistes malos y de palomitas demasiado saladas.<br \/>\nNelson respira con fuerza e intenta inhalar ese m\u00edstico b\u00e1lsamo que aquella ajada sala de cine desprende. Su bufido se disipa lentamente entre las respiraciones acompasadas, densas y h\u00famedas, de la sala, el ruido de alguien comiendo palomitas y el lejano rumor de unos pasos que, poco a poco, se acercan y terminan con el esponjoso crujido de una butaca. Sonr\u00ede: lo ha conseguido. Es entonces, esperando que el sue\u00f1o se ilumine delante de sus gafas, cuando Nelson Noches se siente realmente vivo.<br \/>\nEl proyector se enciende al fin y el celuloide empieza a rodar. Nelson sale, flem\u00e1tico, de su sopor y se recoloca en su butaca con aspereza. Las primeras secuencias de la pel\u00edcula empiezan a desfilar por delante de sus ojos. Perfila una frugal sonrisa apretando sus labios: se acuerda mejor de lo que cre\u00eda de la pel\u00edcula. El protagonista toma otra vez el camino equivocado. Caer\u00eda mil veces m\u00e1s en ese error y lo remendar\u00eda otras tantas, justo en el momento exacto para salvar al mundo.<br \/>\nLas rodillas siguen doli\u00e9ndole a Nelson, pero la pel\u00edcula es m\u00e1s real que el dolor. Al fin y al cabo, como la vida, el dolor es pasajero, un molesto acompa\u00f1ante, pero no un compa\u00f1ero de viaje eterno. Y la pel\u00edcula es eterna. Puede la cinta llegar a su fin y puede esperar semanas, tal vez meses, a que otras manos la pongan de nuevo en el proyector y otros ojos la vean. Esos ojos ser\u00e1n los que hagan volver a nacer a sus personajes, ser\u00e1n los que los hagan volver a vivir, ser\u00e1n los que los hagan eternos. Los ojos, el espectador, bosteza Nelson: los peque\u00f1os dioses que regalan la inmortalidad. El material del que est\u00e1n hechos los sue\u00f1os.<br \/>\nPorque, \u00bfqu\u00e9 es ser inmortal sino volver a nacer y volver a vivir cada vez que se enciende el proyector y el cobrizo celuloide rueda? Volver a andar distra\u00eddo por las calles ajeno de las peripecias que se va a vivir al principio, las dudas al comienzo de la aventura luego, el miedo y el riesgo que dan sentido a la existencia\u2026 Y volver a re\u00edr t\u00edmidamente en las situaciones embarazosas, y volver a llorar en el \u00faltimo beso, el beso con el que la pantalla se torna a negra, el p\u00fablico se levanta de entre la bruma para aplaudir y la cinta vuelve a la estanter\u00eda esperando la inmortalidad. Y, sin embargo, cada vez que Nelson vuelve a verlas, vuelven a ser m\u00e1s aut\u00e9nticas que su propia vida.<br \/>\nLa pel\u00edcula acaba, Nelson se pone su abrigo y sale al exterior. Ya se ha hecho de noche, se sorprende. Con los a\u00f1os el tiempo parece tener m\u00e1s prisa, comenta en voz alta a las farolas y a los coches que pasan a toda velocidad a su lado. Las nubes y la luminosidad que irradia la ciudad encapotan el cielo de funestos tonos anaranjados. Nelson no ve la luna ni ninguna estrella: s\u00f3lo es capaz de distinguir el d\u00e9bil rastro del celuloide a\u00fan en marcha reflejado entre los altos edificios. Un fr\u00edo inclemente recorre la calle, se cuela entre las fibras de la ropa, atraviesa la piel, congela la sangre y empapa los huesos. Unas palomas, ajenas al viento, revolotean tristemente entre restos de verdura podrida y de acartonados peri\u00f3dicos viejos. Nelson se refugia dentro de su abrigo y cruza la calle con paso vacilante.<br \/>\nCuando era ni\u00f1o siempre se preguntaba, despu\u00e9s de volver a ver una pel\u00edcula, c\u00f3mo era qu\u00e9 los personajes volv\u00edan a actuar exactamente de la misma manera equivocada. \u00bfEs que no aprend\u00edan?, se preguntaba con curiosidad. \u00bfO es que realmente les gustaba tropezar una vez tras otra con la misma piedra? Es que cuando rebobinan la cinta, acab\u00f3 por descubrir despu\u00e9s de darle muchas vueltas a la pregunta ayudado por la m\u00edstica de la que s\u00f3lo los ni\u00f1os peque\u00f1os son capaces, tambi\u00e9n los pensamientos se rebobinaban. Y, es l\u00f3gico pensar que, las decisiones, incluso las m\u00e1s repentinas, siempre se repiten si se encuentra uno exactamente en la misma situaci\u00f3n y con los mismos pensamientos en la cabeza. Pero bien, \u00bfcu\u00e1ndo se iba a encontrar uno exactamente en la misma situaci\u00f3n y con los mismos pensamientos en la cabeza si no era en una pel\u00edcula una vez rebobinada? Nelson se rasca la barbilla, satisfecho. Casi pod\u00eda asegurar que, con los a\u00f1os, su sabidur\u00eda, en lugar de crecer, se hab\u00eda diluido en un conocimiento cada vez m\u00e1s espec\u00edfico.<br \/>\nPero, bien mirado, \u00bfqui\u00e9n le puede asegurar \u2013se pregunta Nelson, subi\u00e9ndose a la acera y dirigiendo sus pasos hacia el portal de su casa- qu\u00e9 su vida no fuera otro argumento desali\u00f1ado de una pel\u00edcula? \u00bfAcaso no volver\u00eda a coger \u00e9l los mismos caminos tortuosos, a decidir de forma precipitada y err\u00f3nea, a tropezarse con la misma piedra una vez tras otra, si su vida fuese rebobinada y volviese a pasar, fotograma a fotograma, por delante de sus ojos? \u00bfY no lo volver\u00edan a hacer las personas con las que se estaba cruzando? Y, como las decisiones son \u00fanicamente fruto del pasado y de la compleja alquimia del cerebro, \u00bfno significaba eso quiz\u00e1s que las decisiones, la libertad, el destino estuvieran ya escritos, justo desde el momento de nacer o de incluso antes, en una hilera interminable de celuloide? \u00bfNo estar\u00eda acaso predestinado a pensar esta magn\u00e1nima tonter\u00eda que justo est\u00e1 pensando ahora? \u00bfHa desenmascarado quiz\u00e1s el misterio, el gran enga\u00f1o, del universo?<br \/>\nNo\u2026, dice en voz alta. Para nada. Simplemente est\u00e1 delirando, concluye. Sin embargo, esa l\u00ednea de pensamiento le est\u00e1 gustando. En la gran pel\u00edcula del universo que justo ha acabado de descubrir, \u00bfhay sitio para el suspense? Al fin y al cabo, no sirve de nada actuar ya que el resultado ya est\u00e1 escrito en las mol\u00e9culas de su cuerpo y en los \u00e1tomos del universo. Incluso ya est\u00e1 dictaminado a qu\u00e9 le va a llevar esta disertaci\u00f3n, se esfuerce en ella o no. Da un manotazo en el aire: eso no le acaba de gustar. \u00bfPor qu\u00e9 diminuto resquicio entrar\u00eda entonces la di\u00e1fana luz que siempre le ha iluminado de qu\u00e9 nuestro destino ser\u00e1 fruto de nuestro esfuerzo? \u00bfEn qu\u00e9 peque\u00f1a grieta cabe la libertad?<br \/>\nNelson se estremece: eso debe ser exactamente lo que deben vivir los personajes de las pel\u00edculas cada vez que la cinta es rebobinada y se vuelve a proyectar, piensa. El destino ya est\u00e1 escrito. Da igual emprender el viaje o quedarse dormitando en el confortable sof\u00e1 del despacho: el final del camino ha sido ya dictaminado. \u00bfY quien le puede asegurar a Nelson que su vida no ser\u00e1 rebobinada de improvisto y que volver\u00e1 a pasar escurri\u00e9ndose entre sus h\u00famedos dedos otra vez? \u00bfY qui\u00e9n le puede asegurar que esto no ha pasado ya? As\u00ed, acaba apuntillando Nelson, \u00bfcu\u00e1l era la diferencia entre esos personajes y \u00e9l?<br \/>\nNelson llega al portal de su casa, saca la llave del bolsillo derecho del pantal\u00f3n, la hace girar r\u00edtmicamente, empuja la puerta, entra. Sube las escaleras una a una, disfrutando a cada pelda\u00f1o c\u00f3mo su peso se le incrusta en las rodillas, soportando miles de agujas oxidadas clav\u00e1ndosele en los cart\u00edlagos. Finalmente llega a su piso, deja el abrigo encima de la mesa del comedor y se prepara parsimoniosamente un trago. Observa atento, casi sorprendido por la fragilidad del espect\u00e1culo, c\u00f3mo el whisky a\u00f1ejo impacta contra los hielos y los resquebraja. Clava su mirada en la vidriosa danza del dorado l\u00edquido precipit\u00e1ndose dentro de la fr\u00eda copa e intenta no pesta\u00f1ear ni tragar saliva. Hubiese roto el hechizo y aquello no se lo hubiese perdonado jam\u00e1s.<br \/>\nSe contenta llenando el vaso hasta la mitad. Cierra los ojos, lo remueve y se deleita del lejano ronroneo de los hielos choc\u00e1ndose contra el templado vidrio. Alcanza su sof\u00e1 favorito, se reclina lentamente, intentando no mover innecesariamente su espalda, en su sill\u00f3n. Se acomoda. Levanta el vaso hasta ponerlo a la altura de sus ojos. Entre los tintes ocres que emana ve al hielo formando remolinos al derretirse dentro del esp\u00edritu escoc\u00e9s. Nelson Noches esboza una t\u00edmida sonrisa. Acerca el vaso lentamente a su boca y le da un peque\u00f1o sorbo. Cierra los ojos para experimentar con m\u00e1s intensidad c\u00f3mo el whisky puro le abrasa la lengua. Desgraciadamente el placer se disuelve lentamente c\u00f3mo el whisky se diluye en su saliva. Traga, se acerca el vaso a sus labios, da otro sorbo.<br \/>\nS\u00fabitamente, sus pensamientos vuelven a la pel\u00edcula que ha acabado de ver. Aquella era de las que le gustaban, una de las buenas que hab\u00eda visto infinitud de veces. Esboz\u00f3 una sonrisa al preguntarse que pensar\u00eda el protagonista si por casualidad descubriese que su vida era pasada y rebobinada una vez tras otra, al margen de su conciencia \u00bfQu\u00e9 opinar\u00eda sobre el hecho de que las inacabables veces que arriesgaba su vida no era para salvar el mundo sino para entretener a unos espectadores que \u00e9l jam\u00e1s alcanzar\u00eda a conocer?<br \/>\nSe estaba preguntando demasiadas tonter\u00edas, acaba Nelson por musitar. Tonter\u00edas con las que su mente inquieta se afana por llenar el silencio. Si no es m\u00e1s que unas bobinas de celuloide pasando por delante del proyector\u2026 Veinticuatro fotogramas por segundo\u2026 Retazos de c\u00fapricos sue\u00f1os impresos en una gran pantalla blanquecina\u2026 Ficci\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, Nelson vuelve a pensar sobre aquella pel\u00edcula que hab\u00eda imaginado antes, aquella donde los personajes miran otra pel\u00edcula. Unas personas que miran una pel\u00edcula, riendo tranquilamente, sin imaginar que tambi\u00e9n ellos no eran m\u00e1s que otros personajes que eran observados, desprevenidos, por un ignoto espectador, por Nelson Noches. Se sinti\u00f3 importante moment\u00e1neamente, mientras apuraba otro vaso de whisky solo.<br \/>\nPero, bien mirado -le atormenta s\u00fabitamente, como un rel\u00e1mpago que resquebraja sus sue\u00f1os- \u00bfno podr\u00eda ser \u00e9l tambi\u00e9n un personaje dentro de esa pel\u00edcula que es mirada por unos espectadores que tambi\u00e9n resultan ser personajes de una segunda pel\u00edcula? \u00bfNo volver\u00eda acaso \u00e9l a tomar las mismas decisiones, emprender los mismos caminos, a cometer las mismas estupideces si su vida fuese rebobinada y todo, absolutamente todo volviese a su inicio? \u00bfY qui\u00e9n le asegura que alguien no le est\u00e9 mirando exactamente en este momento, mientras se est\u00e1 preguntando todo esto, un espectador que \u00e9l jam\u00e1s llegar\u00e1 a vislumbrar? \u00bfQu\u00e9 le diferenciaba de un personaje de una pel\u00edcula rancia?<br \/>\nNelson vuelve a imaginar una pel\u00edcula donde los personajes miran otra pel\u00edcula. Pero en esa pel\u00edcula te tiene a ti, lector, por personaje. Pensabas que controlabas los avatares y las desgracias de Nelson Noches, pero es \u00e9l quien realmente te controla a ti. El carrete de esta pel\u00edcula se extiende a la edad del universo y en \u00e9l ocupas un rid\u00edculo fotograma, y te atreves a afirmar que est\u00e1s vivo\u2026 Incluso te atreves a imaginar un cielo. Pero no es la primera vez que sientes esta opresi\u00f3n, ni siquiera es la primera vez que la imaginas. Ignoras, feliz, que tu cinta tambi\u00e9n ser\u00e1 rebobinada y ser\u00e1 proyectada mil veces en una vetusta sala de cine vac\u00eda llena de polvo, donde nadie r\u00ede los chistes ni hay palomitas por el suelo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nelson Noches deja caer su cuerpo, pesadamente, sobre la agrietada butaca de cuero e intenta estirar sus piernas perezosamente.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-69","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/69","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=69"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/69\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=69"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=69"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=69"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}