{"id":60,"date":"2007-03-19T20:53:44","date_gmt":"2007-03-19T19:53:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=60"},"modified":"2007-03-19T20:53:44","modified_gmt":"2007-03-19T19:53:44","slug":"39-cuando-la-pasion-crece-con-espinas-por-juan-espanol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=60","title":{"rendered":"39- Cuando la Pasi\u00f3n crece con Espinas.  Por Juan Espa\u00f1ol"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F60&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Se lanz\u00f3 a saltos escaleras abajo dejando atr\u00e1s los moratones y los gritos, que intent\u00f3 estrangular con el estr\u00e9pito del portazo. <!--more-->Tom\u00e1s sali\u00f3 a la calle en estampida, como una fiera que escapa de su trampa, pero unos metros m\u00e1s all\u00e1 se detuvo en seco. Respir\u00f3. Era una de esas noches tranquilas de invierno, de niebla y silencio en las calles. Dej\u00f3 que la lluvia le resbalara en la cara, apenas un segundo, y record\u00f3 que no hab\u00eda cogido las llaves, as\u00ed que se apresur\u00f3 de vuelta hacia la entrada justo a tiempo de interceptar la puerta para evitar que el automatismo la cerrase. Se qued\u00f3 en el umbral, sin saber exactamente qu\u00e9 hac\u00eda all\u00ed, cuando repar\u00f3 en el agrio olor que lo impregnaba todo. Era el asfalto nuevo de la calle, cuyas emanaciones se levantaban como un vaho y se mezclaban entre la niebla; pens\u00f3 que lo hab\u00edan hecho aposta, asfaltar, en ese malhumorado y gris d\u00eda de su vida, en que el mundo entero estaba contra \u00e9l, cuando aquellas part\u00edculas arom\u00e1ticas ingresaron en su nariz con objeto de provocarle una tos insistente y ahogadiza, que culmin\u00f3 en un v\u00f3mito pardo y pastoso. \u2013Adi\u00f3s a la pizza de anchoas- murmur\u00f3 con irritaci\u00f3n entre salivajos.<br \/>\nA\u00fan no eran las dos. Lo sab\u00eda por las campanadas del reloj de la torre. Era lo \u00fanico que agradec\u00eda del paisaje de cables, ventanas, tejados y antenas que recordaba desde la azotea. No subi\u00f3, como hab\u00eda hecho en multitud de ocasiones, a fumar, a no pensar. Se adentr\u00f3 en el portal, y se sent\u00f3 en el segundo escal\u00f3n. Sac\u00f3 un cigarrillo. Habr\u00eda sacado algo m\u00e1s fuerte de tenerlo; llevaba tres meses sin meterse nada en las venas, pero esta noche habr\u00eda roto el pacto de tener con qu\u00e9. Un compromiso que ten\u00eda consigo mismo, de dejar todo aquello y regresar. No hab\u00eda tenido suerte desde entonces, desde que empez\u00f3 a picarse la hero\u00edna, desde que empez\u00f3 a fumar coca y mar\u00eda, desde que termin\u00f3 su empleo en el vivero, desde que le encontraron las plantas de marihuana, desde que\u2026 -\u00bfquieres?- Le pareci\u00f3 escuchar desde el recuerdo en aquel mismo pasillo. Ella estaba sentada, donde \u00e9l ahora, y Tom\u00e1s llegaba a casa cansado, y solo, siempre solo.<br \/>\nY as\u00ed empez\u00f3 su otra vida, sin saberlo, sin sentirlo, sin esperarlo ni desearlo; y en poco tiempo se le meti\u00f3 en el cuerpo, primero por la boca y los pulmones, despu\u00e9s, por las venas, hasta que le ocup\u00f3 todas las entra\u00f1as. Dijo que s\u00ed, que nunca lo hab\u00eda probado. Ella era una mujer menuda y bonita, la vecina del tercero, no sab\u00eda nada m\u00e1s. Vecinos de los que nunca coinciden en la escalera, que viven sus vidas sin ocuparse de lo ajeno, y ajenos al resto del mundo. Dijo que s\u00ed, porque no eran muchas las oportunidades que ten\u00eda de conocer chicas, y porque en ese momento record\u00f3 la insistencia de su madre cuando la llamaba al pueblo por tel\u00e9fono; palabras de madre, sobre cu\u00e1ndo ver\u00eda la hora en que su hijo buscar\u00eda una mujer para no estar solo en el mundo, que estar solo en el mundo era lo peor que pod\u00eda pasarle, y que no imaginaba nada m\u00e1s triste que morir solo. Y \u00e9l le daba largas con que no ten\u00eda tiempo, ni dinero, que qui\u00e9n iba a querer a un hombre como \u00e9l, enamorado de las plantas y las flores\u2026 Y dijo que s\u00ed, compartieron unas caladas, y a los pocos meses se mud\u00f3 al tercero. \u00c9l era un hombre afable, tranquilo, pero cuando las cosas cambiaron, cuando el dinero escaseaba, cuando Jaci le exig\u00eda su dosis, cuando no encontraba trabajo, se le instalaba en el pensamiento la inquina del mundo contra \u00e9l, y se volv\u00eda violento. A menudo perd\u00eda el control, le costaba trabajo pensar, reaccionaba desorbitadamente por nimiedades.<br \/>\nNo era la primera vez que suced\u00eda; discut\u00edan, se golpeaban, un portazo, y uno de los dos sal\u00eda a traspi\u00e9s a la azotea o a la calle. Al rato volv\u00eda, diciendo que un d\u00eda ya no regresar\u00eda m\u00e1s, que ser\u00eda el \u00faltimo, se abrazaban y sellaban la reconciliaci\u00f3n entreg\u00e1ndose en la cama, haciendo el amor con prisas, con furor y ansia.<br \/>\nTom\u00e1s no sab\u00eda afrontar la vida que le hab\u00eda tocado. Recordaba a su madre hincada de rodillas para lavar los pies a su padre al volver del trabajo en el campo. Ese era el papel de hombre que hab\u00eda aprendido, y el papel de mujer que esperaba de Jaci. Jacinta, en apariencia fr\u00e1gil como una flor, ten\u00eda un genio terrible del que hac\u00eda acopio para estallar en cualquier momento en que viera torcerse sus planes y expectativas. Viv\u00eda de lo que daba la calle, mendigando en las estaciones de metro, robando propinas descuidadas en las mesas, recogiendo el cambio olvidado en m\u00e1quinas de tabaco\u2026 y de vez en cuando se prostitu\u00eda en los lavabos de alg\u00fan local. Todo aquello le daba suficiente para malcomer, y para la droga.<br \/>\nNo es que fuese una mujer f\u00e1cil, se jactaba de un orgullo impert\u00e9rrito, y siempre supo poner las cosas en su sitio, atajar los problemas antes de que se complicasen demasiado, sab\u00eda esquivar los golpes de la vida, pero con Tom\u00e1s, fue diferente; no supo esquivar aquella primera patada en el est\u00f3mago. Despu\u00e9s, ya nada ten\u00eda importancia. No recordaba exactamente cu\u00e1ndo empezaron las palizas serias. Al poco de conocerse, entre bromas y ri\u00f1as, con rec\u00edprocas galletas y manotazos, que luego convert\u00edan en detonante para asistir a su sesi\u00f3n desenfrenada de sexo. No en pocas ocasiones hubo sangre, en los labios, en las orejas, y Tom\u00e1s la lam\u00eda entonces con procacidad, con las miradas clavadas como felinos acechando su presa, y se dejaban llevar por las pasiones, lejos de la realidad que los gobernaba.<br \/>\nPero fue a m\u00e1s, a peor. Tom\u00e1s se pon\u00eda como loco, henchida y roja toda la cara, empapaba la camiseta en sudor, los ojos inyectados por la rabia y los pu\u00f1os tan apretados que se clavaba las u\u00f1as en la palma. Era un le\u00f3n, atrapado por el chapapote de su vida, que luchaba por salir a flote y volar.<br \/>\nVolaban jarrones, tiestos, vasos, cajas o cualquier objeto que ella tuviera a su alcance, antes de que \u00e9l acortara el espacio hasta la distancia que necesitaba. El golpe de la carne no suena como en el cine, Jaci lo sab\u00eda bien, y ca\u00eda a plomo en el suelo y se hac\u00eda un ovillo, con la cara escondida bajo la solapa de la bata. Cuando Tom\u00e1s terminaba, trepaba a la azotea, y ella lo recog\u00eda todo y se curaba las heridas.<br \/>\nNo era f\u00e1cil, a pesar de todo, lo quer\u00eda. Quiz\u00e1 porque estaban solos, porque pensaba que era culpa de las drogas, y culpa de ella misma, que lo hab\u00eda metido en eso, y as\u00ed lo excusaba de sus arrebatos. O quiz\u00e1 porque le tra\u00eda su dosis y no la dejaba morir de hambre, o la cambiaba de ropa cuando se orinaba encima, y la mimaba si la abstinencia la hac\u00eda llorar, y porque tra\u00eda plantas con flores, para ocupar los rincones vac\u00edos de la casa.<br \/>\nRecordaba cuando se conocieron, abajo, en el portal, ella fumaba, y \u00e9l entr\u00f3 cabizbajo y arrastrando los pies. Le pareci\u00f3 un muchacho encantador, con las zapatillas sucias de barro, los vaqueros gastados y la camiseta a medio remeter. Llevaba el pelo enmara\u00f1ado, y acunaba como si fuese un ni\u00f1o, un tiesto cerca del pecho con unas flores incipientes de color malva. Algo dijo para llamar su atenci\u00f3n, y acabaron fumando juntos y despidi\u00e9ndose con un primer beso. Le supo a rosas. Rojas -le dijo- tu beso sabe a rosas rojas.<br \/>\nRosas con espinas. Estaba hecha un ovillo en el suelo del cuarto de ba\u00f1o, semidesnuda. Con dolor, se arranc\u00f3 con cuidado un fragmento de cristal que ten\u00eda hundido hasta el m\u00fasculo en el brazo. Sin duda del mueble que ahora estaba volcado a un lado y los espejos desencajados y partidos. Intent\u00f3 levantarse pero un dolor agudo en la pierna se lo impidi\u00f3. Record\u00f3 el sonido grave del crujir de huesos. Como los cristales quebrados, su pierna estaba deformada y desencajada en alg\u00fan sitio de la tibia. Lloraba, casi sin sollozo, en silencio, como si las l\u00e1grimas rebosaran de un manantial tras los ojos, de alg\u00fan lugar remoto del alma que ahora recuperaba la conciencia. Se arrastr\u00f3 hasta la cocina. Sab\u00eda que Tom\u00e1s volver\u00eda pronto, y sospechaba que esta vez, terminar\u00eda el trabajo. Lo hab\u00eda visto en sus ojos, en sus pupilas contra\u00eddas, concentradas en un punto fin\u00edsimo en el centro del ojo, y en la mirada impasible a las l\u00e1grimas y lamentos. \u2013Basta ya, basta ya\u2026- musitaba sin fuerzas, con las palabras atascadas en la garganta. Pero a \u00e9l no deb\u00eda bastarle, y continu\u00f3 golpeando con pu\u00f1os y pies al ovillo del suelo, y luego le dej\u00f3 caer un armario, que estall\u00f3 en mil cristales, y entre el resuello dijo algo como que iba a salir a respirar. Perra puta, quiz\u00e1 la llam\u00f3.<br \/>\nCuando lleg\u00f3 a la cocina, Jaci alarg\u00f3 el brazo hasta un caj\u00f3n, y extrajo a tientas un cuchillo, el m\u00e1s grande que ten\u00edan en casa. Se arrastr\u00f3 otra vez con premura, hasta el dormitorio, y se acurruc\u00f3 detr\u00e1s de la puerta. \u2013Nunca m\u00e1s me tocar\u00e1s, nunca m\u00e1s me tocar\u00e1s \u2013se repiti\u00f3. No la cerr\u00f3. Dej\u00f3 una apertura de dos palmos. Supon\u00eda que toda su vida se resumir\u00eda en dos minutos de las noticias de la ma\u00f1ana. Si hubiera podido elegir, habr\u00eda vivido. Trataba de recordar cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que estuvo riendo. Re\u00edr con ganas, con alegr\u00eda, como esa risa imparable en el colegio que se disparaba en la complicidad, como un resorte ante la travesura de alg\u00fan compa\u00f1ero y que les costaba un castigo sin salir al patio de recreo. Sinti\u00f3 una punzada de dolor. Sab\u00eda que algo andaba mal por dentro, que el mal no estaba alojado \u00fanicamente en la pierna. Ten\u00eda fr\u00edo, el est\u00f3mago encogido y duro, el pulso r\u00e1pido, no dejaba de casta\u00f1ear los dientes.<br \/>\nEscuch\u00f3 un fuerte golpe afuera, apret\u00f3 con fuerza el cuchillo. Por primera vez no tuvo miedo.<br \/>\nNo hab\u00edan pasado m\u00e1s de dos minutos, a\u00fan le palpitaba el coraz\u00f3n con ira, y Tom\u00e1s estrell\u00f3 en el suelo el cigarrillo, que se deshizo en chispas diminutas saltando en las baldosas. Ten\u00eda la conciencia secuestrada por la rabia, que alimentaba su delirio con la sa\u00f1a de la venganza. Venganza por la p\u00e9rdida, por la culpa, por todo aquello que cambi\u00f3 desde que la hab\u00eda conocido, por la vida que dej\u00f3 atr\u00e1s.<br \/>\nDos golpes de campana remontaron el aire, y entre la lluvia vinieron a arrancar a Tom\u00e1s de la aton\u00eda. Penetr\u00f3 en la oscuridad de las escaleras, subi\u00f3 el primer tramo como si calzara unas botas de plomo, pero luego aceler\u00f3 con decisi\u00f3n y gru\u00f1idos de bestia, y se lanz\u00f3 a saltos escaleras arriba, dej\u00e1ndose atr\u00e1s la conciencia y el alma. Con la lengua entre los dientes, dio una patada con tanta furia que hizo saltar la cerradura. Dispuesto a terminar para siempre, se adentr\u00f3 por las habitaciones sin dar con ella.<br \/>\nDesde el pasillo, vislumbr\u00f3 el dormitorio entreabierto con la luz de la mesita encendida.<br \/>\nAl fondo distingui\u00f3 el cuerpo de Jaci, medio escondido tras la puerta, y aplastado en el suelo como una sombra; una sombra sobre un gran charco de sangre. La conciencia se instal\u00f3 de nuevo en Tom\u00e1s. Cay\u00f3 de rodillas. Grit\u00f3. Grit\u00f3 su nombre por tres veces. Jaci, Jaci, Jaci!<br \/>\nY distingui\u00f3 entonces el brazo extendido, y el profundo corte en la mu\u00f1eca, y el cuchillo de cocina ensangrentado.<br \/>\nNo hubo m\u00e1s gritos. Se sent\u00f3 junto a ella y esper\u00f3 la llegada de la polic\u00eda, con el coraz\u00f3n desierto de amor.<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se lanz\u00f3 a saltos escaleras abajo dejando atr\u00e1s los moratones y los gritos, que intent\u00f3 estrangular con el estr\u00e9pito del portazo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-60","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/60","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=60"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/60\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=60"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=60"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=60"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}